CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 1
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA
A TENOR DE SUS MEMORIAS
1
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales (Universidad Carlos III)
RESUMEN
Con recurso a sus variopintos escritos autobiográficos, el presente
texto aborda el proceso de vocación, formación y desempeño profe-
sional del novelista granadino Francisco Ayala en su faceta de jurista,
como letrado de las Cortes que fue y profesor de Derecho Político,
antes de derivar académicamente en el exilio hacia la enseñanza e
investigación dentro de los campos de la Sociología y la Literatura.
P
ALABRAS CLAVE: Francisco Ayala, vocación, autobiografía, juristas,
profesión jurídica, exilio español
ABSTRACT
With recourse to his varied autobiographical writings, this text deals
with the process of vocation, training and professional performance
of the novelist from Granada Francisco Ayala in his role as a jurist: he
was a official lawyer of the parliamentary courts and a professor of
Political Law, before leading academically in exile towards teaching
and research within the fields of Sociology and Literature.
K
EYWORDS: Francisco Ayala, vocation, autobiography, jurists, legal
profession, Spanish exile
olo a manera de preámbulo, permítaseme apuntar que con Francisco
Ayala ante todo, fabulador del mayor relumbre en las letras hispanas
del siglo XXtiene este conferenciante alguna familiaridad de an-
1
Texto, ahora anotado, de la conferencia impartida el 28 de junio de 2022 en el salón de
la Biblioteca Viva de al-Ándalus, albergada por el Palacio del Bailío de Córdoba, con
ocasión del acto de clausura del curso académico 2021/2022 por el Instituto Español de
Ciencias Histórico-Jurídicas.
S
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
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tiguo por haberle leído ya en la más temprana mocedad San Juan de Dios o
El jardín de las delicias, trato literario al que aún cabe añadir cierto parentesco
o enlace digamos que por afinidad, prima hermana del escritor la abuela
materna Joaquina García-Duarte Fantoni de quien ahora, ayer, hace
treinta años que este que les habla tomó por esposa
2
. Ambos nietos del
médico y rector granadino Eduardo García Duarte
3
compartieron preci-
samente la mitificación, desde una paradisíaca infancia, de «las delicias» de
aquel «nuestro jardín» perteneciente a la mansión familiar que el niño Pa-
quito no llegó a conocer sino de oídas y a través de un lienzo pintado por
su madre: según lo añora Ayala, «[…] el jardín de la casa de mi abuelo, al
que yo nunca hube de asomarme»
4
(sí su mencionada prima, nueve años
mayor que él).
Voy a hacerles gracia de una biografía exhaustiva de este don Francisco
Ayala García-Duarte, cuyas gloriae mundi no solo las debe a su pluma de
prosista, sino que íntima y vocacionalmente él mismo se tiene por alguien
que en esencia «[…] se ha dedicado al ejercicio de las letras», mas algo y no
poco irá conformándose fragmentariamente al hilo de las consideraciones
que se hagan acerca «[…] de quien ha consagrado todos sus esfuerzos a la
tarea literaria, poniendo en ella las capacidades, mayores o menores, con
que la naturaleza pudo dotarle»
5
, sin que valga por entero de excusa el
propuesto intento de atender ahora con centralidad a su faceta formativa y
2
María del Mar GARCÍA TREVIÑO, «Glosa a la autora y su obra», introducción a
Joaquina García-Duarte Fantoni, Almoneda de cuentos, Murcia y Madrid, 2009, pp.
9-22. También, María Dolores SANTOS MORENO, «Granadinas olvidadas: María
de la Luz García-Duarte González», en Antonio Sánchez Trigueros y Manuel Ángel
Vázquez Medel (eds.), Francisco Ayala, escritor universal, Sevilla, 2001, pp. 210-211; y
Amelina CORREA RAMÓN, La familia de Francisco Ayala y su infancia, Granada,
2010, pp. 43-70.
3
Amelina CORREA RAMÓN, «Sobre el intelectual Eduardo García Duarte
(1830-1905), abuelo materno del escritor Francisco Ayala. Un documento histórico»,
Arbor: Ciencia, Pensamiento y Cultura CLXXXVII.750 (VII/VIII-2011), pp. 757-763.
4
Francisco AYALA, Recuerdos y olvidos (1906-2006), Madrid, 2006, p. 61. Comple-
méntese con id., El jardín de las delicias, Barcelona, 1972, pp. 95-98; id., «El tiempo y yo,
o el mundo a la espalda», Autobiografia(s). Obras completas II, ed. Carolyn Richmond,
Barcelona, 2007, pp. 746-748; id., De mis pasos en la tierra, Madrid, 2006, pp. 53-54,
70-71. Con todo lujo de detalles, CORREA RAMÓN, La familia…, pp. 41-70.
5
AYALA, Recuerdos…, pp. 21, 28.
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profesional como jurista, aquella discurrente de acuerdo con la propia
expresión– «in illo tempore, en el tiempo en que yo era estudiante, y cate-
drático de Derecho político, y todavía joven […]»
6
, pues no persistió en
ella más allá de la mitad del siglo largo que le abarcó su terreno peregrinar.
Mi indagación correrá con ventaja apoyada sobre las memorias que su
primer actor quiso titular Recuerdos y olvidos, pero no solamente, porque en
toda y cada página, fuere cual fuere su género literario, el mismo creador
siente que «uno escribe siempre su propia vida, sólo que, por pudor, la
escribe en jeroglífico»
7
, mas no deja de estar ahí, muchas veces implícita,
junto a aquellos otros títulos, intencionalmente memorialísticos, en que
llegará a asomar con la mayor explicitud, de tal suerte, por un modo u otro,
«[…] que dar razón de mi obra literaria equivale a dar razón de mi vida»
8
,
como esencia y destino aquella de esta, puesto «[…] que cualquier inven-
ción literaria es en lo fundamental autobiográfica: […] de un escritor, […]
sus escritos se nutren de la sustancia de su vida. […] Toda obra literaria es,
pues, en alguna medida autobiográfica»
9
y «hable de lo que hable, todo
escritor está hablando siempre de sí mismo»
10
. Si tamaño arbitrio parece
recomendable con miras a cualquier pesquisa acerca de este u otro autor, las
anteriores palabras suponen de más a más como el estímulo, la bendición
por parte del sujeto reminiscente para que se hurgue sin falta en esa otra
porción de textos de todo género para complemento y apoyo a sus cuarti-
llas más programáticamente testimoniales o –mejor– confesantes de la pro-
pia existencia.
Ante esta que lo es de hombre transeúnte a lo largo de toda una con-
flictiva centuria, tomemos pie de lo que bien sabemos: que se trata de una
de las firmas de mayor relieve en la literatura hispana del siglo XX, perte-
neciente a esa España peregrina
11
que hubo de acogerse a la hospitalidad
6
Id., «El tiempo…», p. 882.
7
Id., Cazador en el alba, Madrid, 1930, p. 10.
8
Id., «El tiempo…», p. 750.
9
Ibid., pp. 812-813. También, Rosa NAVARRO DURÁN y Ángel GARCÍA GA-
LIANO, Retrato de Francisco Ayala, Barcelona, 1996, p. 60.
10
AYALA, «El tiempo…», p. 758.
11
Aunque el sintagma, al que ha acudido también Francisco AYALA, Confrontaciones,
Barcelona, 1972, p. 232, se le toma a José ESTEBAN, La España peregrina, Madrid,
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americana durante la dictadura del general Franco. Antes de esto, residió
más o menos la mitad de sus años en la Granada que lo vio nacer y la otra
mitad en la capital del país, toda vez que cursa bachillerato en la ciudad
andaluza, período de expansión vital y creciente plenitud
12
en el que
–anticipémoslo– se le va a revelar su íntima vocación «más o menos a los
quince años»
13
, aunque sin plasmación, de ahí a poco, sobre su matrícula y
arribo a la Universidad Central, coincidente esta personal progresión edu-
cativa con el cambio de vecindad familiar, de modo que «en el año 1920 o a
principios del 21 […] en la esperanza de hallar más despejados horizontes,
un vivir más desahogado»
14
para la economía doméstica (en realidad corrían
ya las postrimerías de 1922
15
), pero simultáneamente él mismo, en la en-
crucijada de la mocedad y no digamos cuán a propósito, «[…] buscando
nuevas perspectivas, nos trasladamos a Madrid»
16
, para verse entonces
convertido, con cuanto conlleva de adaptación y apertura de posibilidades,
en «[…] un joven estudiante recién llegado de su provincia a la capital;
dentro de ese ambiente surgieron mis primeras publicaciones»
17
–evoca–,
primicias, pues, de aquella autognosis adolescente.
Para ilustrarnos sobre semejante proceso reflexivo, atendamos a las cla-
ves destiladas por el narrador: «la verdad es que no sé si mis escritos pre-
sentan o no rasgos por los que pueda inferirse mi condición de andaluz o,
más específicamente, de granadino; pero desde luego […]», muy buena
parte –y de la más valiosa de su producción está construida «[…] sobre mi
más remoto pasado personal: […] el período inicial de mi vida, desde el
nacimiento hasta la edad de dieciséis años, que transcurrió en esta mi ciudad
natal. Es un período formativo de muy decisivo carácter e importancia
máxima. Durante él se me hizo patente mi vocación por las letras […].
1988, véase, v. gr., Juan Bautista VILAR, La España del exilio: las emigraciones políticas
españolas en los siglos XIX y XX, Madrid, 2006, pp. 329-392, en particular sobre Ayala
pp. 337 y 386.
12
AYALA, Recuerdos…, pp. 72-73.
13
En Enriqueta ANTOLÍN, Ayala sin olvidos, Madrid, 1993, p. 149.
14
AYALA, Recuerdos…, p. 80.
15
Antonio ASTORGA, Francisco Ayala de viva voz: el escritor en sus entrevistas, Sevilla,
2015, p. 19.
16
AYALA, Recuerdos…, p. 52.
17
Id., «El tiempo…», p. 736.
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Había tenido la fortuna de venir al mundo en una familia donde la literatura
estaba incorporada a la vida cotidiana»
18
, un influjo «[…] alimentado por
lecturas diversas, y […] bajo la incitación de los más heterogéneos mode-
los», pero ante todo arraigado sobre el indefectible substrato psicológico y,
así, en la confidencia ayaliana, «de seguro, si me dirigí hacia el campo de las
letras fue porque persistía y había quedado fijado en mí ese deslumbra-
miento poético que es tan común en la niñez y que en la mayoría de los
casos, en los casos que debemos tener por normales, pronto se disipa o
atenúa para dejar espacio a más útiles ocupaciones y preocupacione
19
de
pragmático cariz.
A resultas, entonces, de ambiente tal operando sobre su peculiar genio,
«desde muy temprano en mi vida oí con claridad y escuché, y seguí sin
vacilar, la vocación que me llamaba hacia el cultivo de las artes y del pen-
samiento. Los habituales modelos heroicos de la infancia (ya sea caudillo
militar, o campeón deportivo, o heroico bombero) no sedujeron la mía,
sino más bien la apacible figura del literato»
20
, sin perder por esa tempranía
y esa claridad el genuino carácter de búsqueda introspectiva, porque si «[…]
el paso desde la libérrima fantasía infantil a la condicionada elección de una
actividad socialmente viable puede efectuarse mediante vacilaciones y tan-
teos», más que poder, con bastante frecuencia suele ser así en mayor o
menor grado y, hasta en su individual caso, «durante un cierto tiempo mis
inclinaciones artísticas me llevaron a probar la mano en la pintura, a la vez
que pergeñaba mis invenciones literarias; pero, por fin, éstas prevalecieron,
y así pedí y obtuve muy temprano carta de ciudadanía en la república de las
letras»
21
. Hay tanto de misterio envolviendo esta autodiscernida misión del
hombre en y para la comunidad que llega Ayala a dudar, no de esa inter-
pretación y respuesta suya a la llamada, sino de su milimétrico encaje en el
locus socio-cultural imperante: «no sé bien si es a esto a lo que se le llama
vocación. De cualquier manera, ello me condujo con toda naturalidad a
desear realizarme como adulto en el ejercicio de esa actividad que consti-
18
Ibid., pp. 740-741.
19
Ibid., p. 734.
20
Id., Recuerdos…, p. 667.
21
Id., «El tiempo…», p. 735 (por igual, pp. 714, 741). También, NAVARRO DURÁN
y GARCÍA GALIANO, Retrato…, p. 54.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
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tuía lo que se llamó la república de las letras, a ser un escritor»
22
… Co-
moquiera, de las variopintas consideraciones que nos brinda, aquí y allá,
bien se deduce que acometió en conciencia el intransferible sondeo de sus
naturales disposiciones: «no ignoro cuáles son mis capacidades. Cada cual
conoce, me parece a mí, sus propios talentos y sus deficiencias, aunque a
veces quiera ocultárselas a sí mismo, pues la cuestión no es nada simple.
Hay quien, por ejemplo, tiene una vocación decidida hacia algo para lo que
carece de dotes, y hay quien estando espléndidamente dotado para una
cosa, no le tiene sin embargo afición»
23
, en donde da muestras inequívocas
de calibrar con justeza lo que va de la aptitud a la actitud, una y otra in-
gredientes tan complementarios como precisos en orden a atinar con la
conveniente opción vital: solo con dar oídos a la pública voz y fama, fácil
será advertir que no marró en sí mismo.
Mas aún debe considerarse además otro tercer factor, porque, en camino
hacia la inserción funcional en el mundo avanza contándonos, «[…]
hubo de operarse en mí inicialmente la conjunción necesaria entre las
propensiones innatas del individuo y las estructuras que la sociedad le ofrece
para que se ajuste a sus pautas, eligiendo entre una pluralidad de opciones.
Pues aquellas propensiones innatas, sean cuales fueren, tienen que desple-
garse siempre a través de cauces preestablecidos, a los que se adaptan, mo-
dificándolos a su vez aun cuando sea en medida ínfima»
24
a través de alguna
fórmula de compromiso… Mientras que Ayala se vio desembarazado para
sus adentros ante «la dificultad de escoger nuestra vida» que inquietara al
poeta latino Ausonio
25
, en la proyección exterior sí que tuvo que manejarse
entre supeditaciones o, cuando menos, condicionamientos ambientales y,
no obstante que tan meridianamente «[…] mi vocación era irrefrenable»
26
,
a la par reconoce que «[…] nunca me apliqué con el debido celo a seguir la
carrera literaria que, sin embargo, me atrajo y elegí desde el principio como
22
AYALA, «El tiempo…», p. 734.
23
Id., Recuerdos…, pp. 70-71.
24
Id., «El tiempo…», pp. 734-735. En parte, con el mismo sentido, id., Recuerdos…, p. 65.
25
Décimo Magno AUSONIO, «Libro de églogas», Obras, ed.-trad. Antonio Alvar Ez-
querra, Madrid, 1990, t. I, p. 348.
26
AYALA, Recuerdos…, p. 65.
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la más adecuada a mi índole personal»
27
, optando entonces por una suerte
de desdoblamiento ocupacional a lo largo de senderos bifurcados no hacia
la divergencia, sino en paralelo: la profesión, pudiéramos decir que «se-
cundarizada» en su fuero interno, y la primada afición creativa.
Esta especie de transacción a que se halló abocado aflora medularmente
en sus multifocales disquisiciones sobre el ejercicio literario y
[…] la carrera de escritor, que en mi adolescencia se me aparecía como la
profesión a que yo estaba llamado. Pese a esa vocación precoz, y a la faci-
lidad para ingresar en ella que se me dio en mis comienzos, no ha sido
ésta, estrictamente hablando, mi profesión y mi carrera. Desde los pri-
meros pasos en ella sentí todavía de un modo vago que quería, sí, ser es-
critor, pero que no quería vivir del producto de mis escritos
28
,
de los «magros gajes» de la pluma
29
, sino escribir «libre de apremios externos
y en una disposición desembarazada», y, en efecto, «creo que […] esta
holgura me ha librado de incurrir en la repetición mecánica de recursos,
[…] mera retórica, trucos de artesanía inevitables cuando se trabaja para
hacer frente a las demandas de una profesió
30
, a «las servidumbres de la
dura necesida
31
, reacio, pues, el artista a granar en frutos de pane lucrando.
Y no pudiendo contar con recursos económicos que no fueran proce-
dentes de mi trabajo personal encaminé mis esfuerzos lucrativos por varias
vías, en circunstancias diversas, y del modo más continuo por la vía de la
enseñanza universitaria que me proporciona un terreno de acción pró-
ximo al centro de mi interés por la creación poética
32
.
O literatura de ficción, a la que confiesa tener demasiado respeto para
profesionalizarla
33
: antes bien, «[…] siendo mi vocación las letras, si había
de escucharla y seguirla todo lo demás tendría que supeditarse a su culti-
27
Id., «El tiempo…», p. 735.
28
Ibid., p. 738. De alcance concomitante, id., Confrontaciones, p. 148.
29
Id., «El tiempo…», p. 750.
30
Ibid., p. 739. También, NAVARRO DURÁN y GARCÍA GALIANO, Retrato…, p.
66.
31
AYALA, «El tiempo…», p. 750.
32
Ibid., pp. 738-739.
33
Id., Confrontaciones, p. 35.
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8 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
vo»… A cambio, por lo tanto, y en su respaldo, «entre estos oficios, el más
constante y el más afín a mi vocación ha sido el de profesor universitario:
profesor de ciencias políticas y profesor de literatura»
34
, para expresarlo más
en concreto, como «[…] una especie de compromiso entre los intereses de
quien se siente atraído por cuestiones intelectuales, y sobre todo cuestiones
literarias, poéticas, y la necesidad de tener una conexión práctica, econó-
micamente productiva, con la realidad del mundo»
35
para manutención de
los suyos. Contemplemos cómo llegó a ello, porque no deja de entrañar
otro ejercicio de criba entre alternativas y predilecciones a la luz de cierta
dosis de autoconocimiento
36
.
El año 1923 «[…] en la Universidad de Madrid, emprendí simultánea-
mente las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras»
37
; con mayor detalle,
«[…] me había matriculado al preparatorio de la carrera de Leyes, que lo era
el primero de Filosofía y Letras»
38
, pues, al comienzo, «había tenido la
intención de simultanear los estudios de Derecho con los de Filosofía y
Letras, pero la aspereza […]» de cierto docente «[…] me echó de esta ca-
rrera en el segundo año»
39
, así que, «[…] conformándome con el título de
abogado»
40
, y ya en exclusiva, «[…] empecé a cursar Derecho en el edificio
de la calle de San Bernardo, antiguo noviciado de los jesuitas»
41
. Bien se
advierte ya con cuánta contingencia cualquier rumbo que se tome habrá
luego de corregirse en mayor o menor grado en el brete de imponderables
eventualidades: llegado es, así, el punto y hora de ahondar en esta, por el
momento, decantada elección, entre la voluntad y las circunstancias, e
inquirir en el recuerdo del propio interesado cómo «[…] trata a tientas el
hombre de seguirla»
42
o insertarla en su circuyente medio social.
34
Id., «El tiempo…», p. 750.
35
En Rosario HIRIART, Conversaciones con Francisco Ayala, Granada, 2014, pp. 41-42.
36
Véase AYALA, «El tiempo…», p. 751; id., De mis pasos, pp. 59, 77.
37
Id., Recuerdos…, p. 71.
38
Ibid., p. 81; ibid.., p. 87.
39
Ibid., p. 124.
40
Ibid., p. 72.
41
Ibid., p. 93.
42
Id., De mis pasos…, p. 76.
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Por mucho que quizás quisiéramos extraer alguna inferencia de que el
único sobresaliente obtenido en su último curso de la Enseñanza Media
viniese a calificarle la asignatura de Rudimentos del Derecho
43
…, lo seguro
es que, antes al contrario, nos participa Ayala hasta qué extremo «es lo
cierto que si seguí la carrera de Leyes no fue porque su estudio me atrajera
especialmente; fue por consideraciones de orden práctico. Cuando, todavía
en Granada, estaba para terminar el Bachillerato tuve intenciones de ha-
cerme médico. Era la profesión prestigiosa de mi abuelo, tan venerado en la
familia; la lucrativa profesión de mi tío […], cuyo consultorio le permitía
llevar un fastuoso tren de vida; la de mi primo […]. Pero me bastó una
visita a la sala de disección del hospital para persuadirme de que jamás
podría seguir esos estudios. (De haber podido seguirlos, hubiera derivado
sin duda hacia las especialidades psiquiátricas, como en los jurídicos derivé
hacia las de índole filosófica)»
44
. No obstante, en la otra rama genealógica
también disponía de algún antecedente que emular en la jurispericia: «mi
abuelo paterno […] había sido magistrado, y se retiró como presidente,
según creo, de la Audiencia de Córdoba»
45
, en tanto que, uno más e igual
como «[…] algunos individuos de mi familia paterna […] ponían bajo su
nombre en el membrete de sus cartas o en sus tarjetas de visita el título de
propietario, desdeñando acaso el de abogado que un diploma académico sin
consecuencias prácticas les confería»
46
, también «mi padre había obtenido
ya ese diploma, pero no ejercía ninguna profesión y, por lo pronto, vivía de
las rentas cuantiosas heredadas de sus mayores, como descendiente de una
familia de terratenientes andaluces no desprovista tampoco de pretensiones
nobiliarias»
47
; si bien, por lo menos, «con su título de abogado […] viajó
éste a Madrid para concursar a una plaza de juez», solo que con tan in-
fructuoso resultado que, cuando bajo una mala administración se disipó
tamaña prosperidad heredada, hubo de parchear en cuanto jefe de familia
«[…] el desbarauste económico en que estábamos sumidos»
48
por medio de
algún que otro «empleo mínimo» u ocupaciones por recomendación de tal
43
ASTORGA, Francisco…, p. 16.
44
AYALA, Recuerdos…, pp. 126-127.
45
Ibid., pp. 45-46; ibid.., p. 51.
46
Ibid., pp. 126-127.
47
Ibid., p. 45.
48
Ibid., pp. 49-51.
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cual pariente, ineficaces siempre para enderezar de una vez por todas «[…]
la penosa situación económica en que, de manera crónica, se encontraba mi
familia»
49
: la ida a Madrid respondió a su colocación por influencia de
alguno de esos deudos en la oficina de cierta casa naviera inglesa, donde
permanecerá todo el lapso universitario de su primogénito, aunque de
entrada nos descubre este cómo, nada más llegar, «[…] tuve que interrum-
pir los estudios durante un curso para trabajar, contribuyendo de este modo
al sostenimiento […]» común y aun luego habrá de continuar «[…] dando
clases privadas y mediante otros trabajos análogos […] ganándome la vida al
mismo tiempo que cursaba la carrera de Derecho, en gran parte, como
alumno libre […]»
50
, mas ya comprobaremos que no implicó esto desapego
alguno hacia la facultad, sino que, allende su eventual asistencia al aula, será
sobre todo aventajado alumno de seminario.
Acaso ese «[…] fondo de penuria en medio de una parentela opulenta
que nos miraba con sentimientos de repudiación y lástima diversamente
mezclados»
51
tomara precisamente también su parte de incumbencia en la
elección de estudios superiores, conforme pasamos a contemplar: «cuando,
en Madrid ya, hubo que decidir en qué facultad me matricularía, me hizo
notar mi padre que a los egresados de Filosofía y Letras no se les ofrecían
más salidas que la carrera de Archivero-Bibliotecario y la cátedra, mientras
que los licenciados en Derecho quedaban habilitados tanto para ingresar en
alguno de los muchos cuerpos de la Administración pública como para el
ejercicio de la abogacía, y también, si esto les atraía más, para ser catedrá-
ticos. La cosa era demasiado evidente; tenía razón. Reducido, pues, a la
facultad de Derecho tras de mi huida frente al intratable […]» antipedagogo
latinista que en Letras le desalentara, «[…] en ella habían de ser las materias
filosóficas el objeto de mi preferencia»
52
–concluye–.
49
Ibid., p. 144.
50
Francisco AYALA, «Biografía profesional y política de Francisco Ayala», apud Luis
García Montero, «Antes, durante, después (Francisco Ayala y la Guerra Civil)», en id. y
Milena Rodríguez Gutiérrez (eds.), De este mundo y los otros. Estudios sobre Francisco
Ayala, Madrid, 2011, p. 100.
51
Id., Recuerdos…, pp. 51-52.
52
Ibid., p. 127. Igualmente, en HIRIART, Conversaciones…, p. 40.
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Así las cosas, entre 1924 y 1927 completa, en régimen no oficial, el plan
de estudios en todas sus materias, a falta del examen de reválida o grado ante
tribunal, que demora hasta el año 1929 y salda con nota de sobresaliente
53
,
idéntica a la que obtiene en los cursos de doctorado: «en conjunto, el ba-
lance de mi experiencia como estudiante universitario era favorable. En la
Facultad de Derecho de Madrid enseñaban por aquel tiempo hombres muy
eminentes […]»
54
: verbigracia, el civilista Felipe Sánchez-Román, el pena-
lista Luis Jiménez de Asúa, el romanista José Castillejo o el iuspolitólogo
Adolfo González Posada, claro es que «[…] con algunos ridículos rema-
nentes de pasadas rutinas»
55
en contrastante convivencia, ciertos «profesores
adocenados y mediocres»
56
como aquel tosco dómine de Filosofía y Letras
y de los que no hay para qué dar mayor razón ni realce… Sin duda, a partir
de los intereses del alumno, ora puestos en el saber, ora en el habilitador
diploma oficial
57
, «por otro lado, y también según los diferentes tempera-
mentos, la afición y el gusto que llevan a aprender bien algo pueden estar
relacionados con las circunstancias de ese aprendizaje y, en particular, con la
personalidad del enseñante»
58
. Cuando tanta afición mostrará siempre hacia
las Letras, como autor y como crítico (y hasta habrá de llegarle el retiro
laboral enseñando Literatura), esto dejó sentir determinante su peso
terminamos de leérseloen el abandono de una carrera más afín a sus
gustos y la definitiva centralización en la de Derecho. «Mientras habían
durado sus cursos mi tiempo estuvo repartido entre la Universidad, a la que
dedicaba horas de la mañana según las clases en las que tenía interés, di-
versos trabajos (en manera principal la asistencia como meritorio a una
pagaduría del Ministerio de Marina) que me proporcionaban pequeñas
cantidades de dinero, y luego, por las tardes, aquello que era el objeto de mi
mayor gusto: las conversaciones con amigos literatos en tertulias diversas» o
bien «[…] llevaba libros al parque del Retiro, próximo a casa, y allí estu-
diaba o leía novelas, versos […]»
59
, con frecuencia asimismo «[…] en la
53
AYALA, «Biografía…», p. 100.
54
Id., Recuerdos…, p. 128.
55
Ibid., p. 609.
56
Id., «El tiempo…», p. 767.
57
Ibid., p. 753.
58
Id., Recuerdos…, p. 71.
59
Ibid., p. 121.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
12 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
Biblioteca Nacional, cuyo salón ofrecía a la vez trabajo a la imaginación y
descanso al cuerpo, molido tal vez de andar recorriendo la ciudad» en ávido
vagabundeo, «[…] curioseando en lo que no costara dinero»
60
, y, en fin,
«figuraba yo […] por las tardes de escritor primerizo, mientras que por las
mañanas me atenía al papel de estudiante universitario»
61
, apurando en lo
factible el presente y labrando al tiempo un porvenir…
Con plena percepción del alcance medular y condicionante a menudo
de toda una existencia, se detiene el Ayala reminiscente ante un segundo
dilema en su proceso madurativo, el de su escogimiento profesional, el de la
adopción de un modus vivendi en que desplegar esa instrucción jurídica y
subvenir a las necesidades propias o familiares. Si en su caso la resolución
adoptada no pudo abarcar toda la vida laboral fue a consecuencia del ma-
chetazo que, con la guerra y subsiguiente expatriación, acusó la biografía de
tantos españoles, consunta su trayectoria legispericial hacia la mitad de los
años cincuenta
62
(si bien el viraje no revistió ni mucho menos radicalidad,
toda vez que las atenciones apenas bascularon de lo jurídico-político a lo
político-social). Dos décadas atrás, de cierto, «aquellos momentos […]
fueron muy decisivos para mí; me encontré en una verdadera encrucijada,
tenía que elegir camino, y la decisión no resultaba nada fácil»
63
ni mucho
menos, faltando a esas edades, como falta, toda experiencia.
Rampa de lanzamiento hacia el acomodo en la adultez,
[…] mi formación intelectual sistemática hubo de cumplirse desde el
comienzo en el campo de las disciplinas del Estado. No lo estimo una
desgracia. […] Mi contacto inicial con los estudios jurídico-políticos fue
resultado de la elección de carrera de un joven que había manifestado
muy tempranas disposiciones literarias. Dentro de las condiciones de la
sociedad española del segundo decenio del siglo el título de letrado, esto
60
Ibid., pp. 81, 84.
61
Ibid., p. 124.
62
Consúltese la síntesis, jurídica en planteamiento y orientación, de Sebastián MARTÍN,
«Ayala y García-Duarte, Francisco», en vv. aa., Diccionario de catedráticos españoles de De-
recho (1847-1984),
https://humanidadesdigitales.uc3m.es/s/catedraticos/item/14046, s. p.
63
AYALA, Recuerdos…, p. 149.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 13
es, de Licenciado en Derecho, abría las puertas, no sólo al ejercicio de la
abogacía, que nunca me inspiró atracción alguna, sino también hacia las
posiciones burocráticas y profesionales del Estado
64
,
como ya él mismo nos había hecho ostensible y como tan irritadamente
tenían denunciado, atentos a sus más perniciosas consecuencias sobre la
realidad oficial y social, algunos de los más sagaces intelectuales aplicados a
la diagnosis del sempiterno «problema nacional»
65
en sus múltiples –aunque
en íntima trabazónaspectos o variaciones, un problema supurante en este
punto hasta condensar en sus márgenes por empacho el que tilda Costa
como «proletariado de levita»
66
Entre semejante abanico, comenzó a tomar partido cuando, «[…] ya
dentro de la universidad, y ante el repertorio de estudios jurídico-sociales,
fueron las mayores posibilidades especulativas del Derecho público y de las
Ciencias políticas las que me inclinaron a su especial cultivo»
67
, esas prefe-
renciales materias filosóficas, campo para su genio elucubrador, de que
arriba nos daba razón. Hacia la coronación de su empeño por titularse, «en
el año 1927, a cuyo reemplazo pertenezco hice el servicio militar como
soldado de haber en la Brigada Obrera y Topográfica de Estado Mayor, en
Madrid»
68
, lo cual le permitió sostener sus actividades capitalinas y mini-
mizar la dilación de su mañana. Por un lado, desde esta misma fecha y «al
tiempo de concluir los cursos de la licenciatura en Derecho y graduarme de
abogado ya estaba trabajando como ayudante de cátedra en la de Derecho
Político, cuyo titular, don Adolfo Posada, era decano de la facultad. Siguió
siéndolo todavía después de jubilarse, hasta que estalló la guerra civil,
mientras Pérez Serrano le sucedía en la cátedra y yo a éste en la Auxiliaría.
A la generosidad de ambos debo el apoyo inicial en los primeros pasos de
64
Id., Los políticos, ed. Pedro Cerezo Galán, Madrid, 2008, pp. 35-36.
65
V. gr., Francisco GINER DE LOS RÍOS, La universidad española, Madrid, 1916, p. 203;
Lucas MALLADA, Los males de la patria y la futura revolución española, selec. Francisco José
Flores Arroyuelo, Madrid, 1969, p. 54; o Ricardo MACÍAS PICAVEA, El problema na-
cional: hechos, causas y remedios, ed. Fermín Solana, Madrid, 1972, p. 88.
66
Joaquín COSTA, Ideario, selec. José García Mercadal, Madrid, 1964, p. 140.
67
AYALA, Los políticos, p. 36.
68
Id., «Biografía…», p. 100.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
14 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
mi carrera docente»
69
. De estos albores rememora cómo «las primeras veces
que debí dictar mi lección en un aula abarrotada de muchachos los afronté
con verdadero pánico: era una hora de conferencia a cuerpo limpio […]»
70
,
mas no debió de irle tan mal cuando toda su trayectoria profesional persis-
tirá en tan arduo quehacer con superior reconocimiento
71
. Por otra parte,
el nuevo catedrático «[…] tenía un puesto destacado en la oficina jurídica
de la Compañía Arrendataria de Tabacos, monopolio del Estado, y me
propuso ingresar en el plantel de abogados de la Tabacalera, una oferta que,
dada mi inopia, constituía tentación demasiado fuerte», tanto que, pese a
sus ya formados planes,
le di al asunto infinitas vueltas en la cabeza, pues tenía ante mí la alterna-
tiva de una beca para salir al extranjero y preparar oposiciones a cátedra, lo
cual, tras años de sacrificio, no comportaría una posición tan espléndida
desde el punto de vista monetario como el ejercicio de la abogacía en las
condiciones que, desde luego e inmediatamente, se ponían a mi alcance.
Ahora bien, mal se le ocultaba que
[…] aceptar esta oferta, que en mis condiciones podía calificarse de fa-
bulosa, equivalía y esto lo sabía yo demasiado bien, y no quería enga-
ñarmea asumir un tren de vida y de actividad cuyos apremios debían
apartarme del ejercicio literario que era sin duda alguna mi vocación.
Sobre su ánimo las implicaciones que ello conllevaba para el sustento
familiar y precisamente ante la calidad de las personas dependientes de su
decisión, «[…] por fin, sin haberlo consultado con nadie, le di mi respuesta
negativa a don Nicolás Pérez Serrano: lo que yo deseaba era ampliar mis
69
Id., Recuerdos…, p. 149. Cotéjese con Adolfo [GONZÁLEZ] POSADA, Fragmentos de
mis memorias, Oviedo, 1983, p. 347. Y amplíese en José Luis MONEREO PÉREZ,
«González Posada, Adolfo», en Manuel J. Peláez (ed.-coord.), Diccionario crítico de juristas
españoles, portugueses y latinoamericanos, Zaragoza y Barcelona, 2005/2008, v. I, pp.
392-399; Jerónimo MOLINA CANO, «Pérez Serrano, Nicolás», ibidem, v. II, t. I, pp.
299-301.
70
AYALA, Recuerdos…, p. 179.
71
V. gr., Gemma DELICADO PUERTO y Tànit FERNÁNDEZ DE LA REGUERA
TAYÀ, Francisco Ayala en Chicago: acercamiento oral y escrito, Cáceres, 2017, pp. 3-58.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 15
estudios en el extranjero, y ser catedrático»
72
, no sin previamente ahogar
cierto remordimiento de conciencia en consideración de que «si yo hubiera
sido un buen hijo habría renunciado ahora a mis proyectos y, torciendo mi
plan de vida, habría asumido en tal coyuntura las obligaciones del pater
familias. Pero no fui un buen hijo, y resolví seguir mi propio camino»
73
y «a
estas alturas de la vida sigo creyendo que […] mi decisión fue acertada»
74
,
aunque la inminente contienda bélica, de cualquier forma, iba a volver
inútil casi todo cálculo… Y, en efecto, salió a su particular viaje de am-
pliación educativa el año 1929:
concluidos los cursos de mi carrera, se me planteaba ahora la cuestión de
emprender el obligado viaje al extranjero. Semejante peregrinación esco-
lar era tradición europea desde la Edad Media. En el Renacimiento, el
país hacia donde se encaminaba la búsqueda de más amplios, renovados
horizontes culturales era Italia […]; luego sería París; pero en la década de
1920, que es cuando yo debía «ampliar» en el extranjero mis estudios,
Alemania era todavía, aunque ya por muy poco tiempo, el regular punto
de destino para todo intelectual en formación
75
.
El nazismo estaba a poco de hacerse con el poder y distorsionar la faz, no
ya de esta nación, sino del continente entero y aun con secuelas de alcance
mundial. Pero, sí, aún «la meca de un joven universitario español que qui-
siera prepararse para la cátedra lo era en aquel entonces, con la mayor
probabilidad, Alemania. En cuanto a esto, no vacilé ni por un instante»
76
,
bien entendido que, aunque en principio «yo me proponía ir a Alemania
para hacer estudios de ciencia política, […], no me proponía seguir ofi-
cialmente cursos universitarios […] ni obtener ningún diploma o certifi-
cado»
77
, sino que, con mentalidad mucho más amplia,
72
AYALA, Recuerdos…, pp. 149-150. Complétese en HIRIART, Conversaciones…, pp.
40-41; y ANTOLÍN,
Ayala…, pp. 148-149.
73
AYALA, Recuerdos…, p. 152.
74
En HIRIART, Conversaciones, p. 41.
75
AYALA, «El tiempo…», pp. 755-756. Complétese en id., «España y la cultura germá-
nica», prólogo a la edición alemana, en 1966, de «España, a la fecha», Ensayos políticos y
sociológicos. Obras completas V, ed. Carolyn Richmond, Barcelona, 2007, pp. 1007-1011.
76
AYALA, Recuerdos…, p. 153. Además, léase a HIRIART, Conversaciones…, pp. 29-30.
77
AYALA, Recuerdos…, p. 157.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
16 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
iba, ante todo, en busca de un mundo ajeno y prestigioso, la Europa a que
tanto había deseado incorporarse España. En verdad, me importaba menos
dar los pasos conducentes a mi avance en la carrera universitaria que co-
nocer la realidad apenas vislumbrada de esa Europa frente a la que, desde
Madrid, sentía el mismo anhelo que había sentido respecto a Madrid
desde el fondo de mi provincia.
Y, en última instancia, «mi otra carrera, la carrera de escritor a que mis más
hondas propensiones me empujaban, había de llevarme […]»
78
siempre en
pos de sí… Con todo, fue «[…] mi permanencia en Berlín por los años 29 y
30 (los años de despliegue del nazismo)»
79
la coyuntura que le aproximó a
una sociología historicista germana
80
que injertar en la tradición sociológica
española, todavía solo muy débil e incipientemente institucionalizada esta y
de momento apenas servida por profesores simpatizantes «de la doble prác-
tica de disciplinas»
81
, como era el caso de su maestro Posada, quien le lleva a
asimilar dicho acervo hispano en la versión o exégesis academicista del
institucionismo, antes de ir a situarse Ayala en la vital órbita orteguiana,
que, a mayor abundamiento, ya se había cruzado asimismo con Alemania
82
.
Conforme a lo ya antedicho, en un emblemático 1931, «[…] tras haber
completado […] los estudios correspondientes, se me otorgaba el título de
Doctor en Derecho» con un nuevo sobresaliente, por donde «[…] entonces
pude cubrir mis hombros con la muceta roja de esa Facultad […]»: la tesis
doctoral defendida, Los partidos políticos como órganos de gobierno en el Estado
78
Ibid., pp. 155, 168.
79
Id., Confrontaciones, p. 150. Amplíese en Erna BRANDERBERGER, «Francisco Ayala
y Alemania», Cuadernos Hispanoamericanos 329/330 (1977), pp. 308-310; y Dieter
INGENSCHAY, «El Berlín de Ayala», Revista de Filología Alemana Extra 1 (2009), pp.
203-216.
80
Ahóndese en Sebastián MARTÍN, «Los fundamentos sociales, políticos y jurídicos del
soziale Rechtsstaat: una relectura de Hermann Heller (1891-1933)», Res Publica: Revista
de Filosofía Política 25 (2011), pp. 151-176.
81
Alberto Javier RIBES LEIVA, Paisajes del siglo XX: sociología y literatura en Francisco
Ayala, Madrid, Madrid, 2007, p. 85.
82
Luis Alberto ESCOBAR, Francisco Ayala y la Universidad Nacional del Litoral, Granada,
2011, p. 50. RIBES LEIVA, Paisajes…, pp. 74-75, 80-115, muy especialmente
101-113. Léase también al propio AYALA, Los políticos, pp. 38-39.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 17
moderno
83
, difícilmente pudiera anclarse mejor a la realidad colectiva de
aquella hora de España. Entre la copiosa obra jurídico-política de su ju-
ventud
84
, tan significativos o más de tal «preocupación por la realidad más
inmediata»
85
resultan títulos de su producción subsiguiente como Problemas
jurídico-sociales del jornal mínimo en el mismo año, El derecho social en la
Constitución de la República española, del siguiente, su traducción en 1934 de
la Teoría de la Constitución del jurisconsulto westfaliano Carl Schmitt
86
o Los
derechos individuales como garantía de la libertad, de 1935, del cual luego, de
hecho, ponderará Ayala con qué significación «[…] el primer trabajo
“profesional” que yo redacté y publiqué en España como catedrático de
Derecho Político fue y no por casualidadun análisis de […]» semejante
substancia y calado
87
. A falta del concluyente desamarre que le depara su
extrañamiento postbélico, Ayala ha iniciado ya el tránsito de los estudios
jurídico-políticos a los jurídico-sociales, dotados de una «dimensión moral,
ética»
88
que ha de rendir desprejuiciado viaje en la franca sociología o,
cuando menos, en un enfoque sociológico «predominante y determinan-
te»
89
incluso en su cosecha narrativa: sin disputa, se trata de una más entre
las diversas facetas en las cuales «[…] a todos los escritores e intelectuales en
general, y sobre todo a los de mi generación, la Guerra Civil nos partió por
el eje […]. Mi carrera quedó cortada»
90
y en buena medida hubo de reha-
cerse como mejor pudo tirando de sus potencialidades… Y no solo esto,
pues también por edad desde antes ya
[…] hubo un paréntesis en mi producción literaria. Son años llenos de
urgencias prácticas: casamiento, trabajo, oposiciones, república y guerra
civil, exilio; durante ellos manejé la pluma, pero para redactar cosas ajenas
83
Id., Los partidos políticos como órgano de gobierno en el Estado moderno, ed. Ignacio Fern-
dez Sarasola y Sebastián Martín, Sevilla, 2017.
84
MARTÍN, «Ayala…», s. p.
85
RIBES LEIVA, Paisajes…, p. 75.
86
Carl SCHMITT, Teoría de la Constitución, trad. Francisco Ayala, Madrid, 1934.
87
Francisco AYALA, «El problema del liberalismo», Ensayos políticos: Libertad y Liberalis-
mo, ed. Pedro Cerezo Galán, Madrid, 2006, p. 62.
88
RIBES LEIVA, Paisajes…, p. 76.
89
Ibid., p. 134.
90
AYALA, Confrontaciones, p. 63. Atiéndase a Rafael ABELLA, La vida cotidiana durante la
Guerra Civil, Barcelona, 1974/1975, v. I, p. 16.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
18 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
a la creación de sentido poético: traducciones, disertaciones académicas,
editoriales de periódico, piezas de filosofía política y hasta informes bu-
rocráticos
91
.
Todo perentorio, mas no tan poderoso como para hacerle abdicar de sus
profundas aspiraciones, dado que «[…] a mis ojos la postergación de aquella
actividad a la que me sentía vocado era un mero aplazamiento que me
imponía a mí mismo hasta tanto hubiera consolidado mi posición social,
para cuyo efecto estaba ocupado con los trabajos preparatorios de unas
oposiciones a cátedra»
92
en que a la sazón cifraba su meta o destino.
Sin embargo, antes de ellas y ya proclamada la república, «[…] se con-
vocaron oposiciones para cubrir las vacantes numerosas que se habían
producido en el Cuerpo de Oficiales Letrados del Congreso durante el
tiempo que duró la dictadura»; sin necesidad de cambiar de mentores,
Pérez Serrano pertenecía a este distinguido cuerpo, así como también
[…] el hijo de Posada, y otro profesor de la Facultad de Derecho […].
Ellos, y los demás miembros de la Secretaría de las Cortes, decididos a
mantener la alta calidad del personal asesor, estimularon a varios de los
muchachos que despuntábamos en la Universidad para que tomáramos
parte en dichas oposiciones, consistentes en una serie de ejercicios
nada suaves. Yo me presenté a ellas, y gané una plaza [en el arranque
del verano de 1932]
93
.
De inmediato, «nos incorporamos todos con entusiasmo a nuestros
nuevos empleos. Aunque el servicio era de índole flexible, […] tal o cual
informe acerca de tal o cual cuestión jurídica […]», como más enjundioso
encargo, «yo […] fui secretario técnico de la comisión que debía elaborar
un proyecto de ley municipal durante el llamado bienio negro, cuando el
Parlamento estaba dominado por las derechas. Este proyecto no llegó a
aprobarse […]»
94
, entre contrariedades y trastornos que la Historia deja
91
AYALA, «El tiempo…», p. 860; también en id., De mis pasos…, p. 31. Amplíese en
GARCÍA MONTERO, «Antes…», pp. 93-111.
92
AYALA, Recuerdos…, p. 186.
93
Ibid., pp. 180-181.
94
Ibid., pp. 182-183. Véase, v. gr. Gabriel JACKSON, La República Española y la Guerra
Civil, trad. Enrique Obregón, Barcelona, 2005, pp. 138-139.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 19
registrados. Por cierto, que en 1935 sirve interinamente la cátedra de De-
recho Municipal Comparado
95
, lo que nos reintegra al plano académico de
su principal empeño, donde, efectivamente,
[…] en 1933, salieron convocadas oposiciones a la cátedra vacante de
Derecho Político en la Universidad de La Laguna, Islas Canarias, y aun-
que en manera alguna pensaba ir a desempeñarla, creía que de cualquier
modo me convenía con vistas al futuro ganar la categoría de catedrático
titular en el escalafón universitario. […] En suma, gané las oposiciones,
tomé posesión de mi cátedra en el Ministerio y en seguida pedí la exce-
dencia, en cuya situación administrativa permanecería indefinidamente» [
aunque sin cese de sus clases en la Complutense como auxiliar de cáte-
dra]
96
.
Tan corto recorrido por el cursus honorum académico en España no le
impide, con todo, traer a la memoria y posicionarse «[…] contra las habi-
tuales corruptelas y trapicheos de la vida académica y, en general, contra el
prevalecimiento de la mediocridad»
97
, como tampoco dejará de señalar las
taras del sistema educativo estadounidense
98
que tendrá por estación de
término.
Había consumado Ayala su pretensión de cultivar el primero de los tres
ingenios o ejercicios que el doctor Huarte de San Juan, físico navarro que
anduvo por tierras de Baeza y Linares allá en su siglo XVI, predica de la
Jurisprudencia: «[…] la teórica de las leyes […] y el abogar y juzgar, que es
su práctica […]; y el gobernar una república»
99
, este otro de los descartes del
95
AYALA, «Biografía…», p. 101. El propio fabulador, id., «Relato de mi vida», en Se-
bastián Moreno, La Academia se divierte: anécdotas, intrigas y desventuras de los ilustres aca-
démicos de la RAE en 300 años de historia, Madrid, 2012, s. p., incurre en vacilación al dar
también el año erróneo de 1933 (compruébese por MARTÍN, «Ayala…», s. p.).
96
AYALA, Recuerdos…, p. 196 (ibid.., pp. 689-690). Profundícese en Sebastián MAR-
TÍN, «Estudio preliminar» a Francisco Ayala et al., El derecho político de la Segunda Re-
pública, Madrid, 2011, pp. IX-CLXXXIX.
97
AYALA, Recuerdos…, pp. 317-318.
98
V. gr., id., «La crisis de la enseñanza», Ensayos políticos y sociológicos…, pp. 457-497; id.,
Confrontaciones, pp. 54-55; id., Recuerdos…, pp. 488-489; o en HIRIART, Conversa-
ciones…, p. 39; en ANTOLÍN,
Ayala…, pp. 53-54; etcétera.
99
Juan HUARTE DE SAN JUAN, Examen de ingenios, ed. Guillermo Serés, Madrid,
1989, pp. 466-492.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
20 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
publicista granadino, pues nunca fue dado a coquetear con la política de
gestión ni aun la administración de alto nivel, según enseguida vamos a
constatar. Ha sido quizás Sebastián Martín Martín, profesor de Historia del
Derecho en la vecina Sevilla, quien mayor atención ha prestado al perfil
jurídico de Ayala, tendiendo así un puente con los estudios que a su faceta
de sociólogo se han consagrado, cónsonos y principales los de Ribes Leiva
desde la Universidad Complutense: aparte de ponernos de manifiesto cómo
todavía en 1957 Ayala seguía presentándose en medios internacionales
como iuspolitólogo, al punto corre a matizar que el tránsito hacia la So-
ciología ya estaba en marcha desde su mismo arribo a la Argentina, a socaire
de la proximidad disciplinar, mas también de las críticas y trágicas circuns-
tancias internacionales, cuyas implicaciones sobrepasaban de largo cualquier
problemática jurídico-constitucional hasta unos alcances ético-sociológicos
bien se sabe que en parte y en mala hora dirimidos manu militari
100
Asumidas tales perspectivas, su adscripción doctrinal a las corrientes plura-
listas, neodialécticas e historicistas de linaje socialdemócrata en aquella
Europa de entreguerras, ahora injertadas sobre un consubstancial ideario
concordante con el socialismo reformista y democrático
101
, le clareó los
necesarios horizontes cuya búsqueda acababa de imponerle su desgaje de la
superficie y realidad político-social española.
Por lo demás, ese acogimiento a uno de los disponibles estatus del jurista
sin duda hubo de repercutir sobre la más entrañada proyección artística de
Ayala, conforme nos dejó avisado Ihering: «la profesión ejerce […] una
influencia decisiva, como no podía ser tampoco de otra manera. Una
misma persona sería distinta si hubiese adoptado otra profesión»
102
, de
hecho sopesada en sus justos términos por el propio autor la influencia de
[…] mi producción de tipo teórico, tratados y ensayos de contenido crí-
tico o sociológico; aspecto desde luego secundario, pero no impertinente
ni perturbador con respecto a mi obra de imaginación. todo en mí se di-
rigió siempre, primordialmente, hacia esta última, como el terreno donde
100
MARTÍN, «Ayala…», s. p.
101
Id., «Estudio…», p. LV.
102
Rudolf von JHERING, Bromas y veras en la ciencia jurídica: ridendo dicere verum, trad.
Tomás Alberto Banzhaf, concord. Mariano Santiago Luque, Madrid, 1987, p. 275.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 21
podía realizarme de modo cabal siguiendo una vocación que me parecía
inequívoca
103
prácticamente desde apenas salido de la infancia e incluso todo ese bagaje
científico quién duda de «[…] que puede haber contribuido a enriquecer el
contenido de las ficciones»
104
o acaso a inocularles elementos teoréticos con
inconsútil aleación.
Leal a la República durante la Guerra Civil, comprometido con ella
hasta el final, desde su puesto en la trastienda de las Cortes, se vio adscrito al
cuerpo diplomático («[…] cuyo personal pasaba al enemigo casi sin excep-
ción»
105
), primero en Valencia, sede entonces del gobierno, a cargo de la
sección de Europa en la Secretaría del Ministerio de Estado; luego en Pra-
ga, primer secretario de la legación que presidía el penalista Jiménez de
Asúa, su antiguo profesor durante la licenciatura
106
; finalmente en Barce-
lona, en la Comisión Topográfica del Noreste de España y como secretario
general del Comité Nacional de Ayuda a España. A las claras,
en los años de mi juventud llegó un momento en que todo parecía em-
pujarme a participar en la política española. La caída de la Monarquía en
1931 había abierto la cancha, y yo me encontraba colocado en medio de
ésta. Era letrado de las Cortes, era catedrático de Derecho Político, y es-
taba así en contacto de familiaridad amistosa con los nuevos gestores de la
res publica recién elevados a posiciones de gobierno por los mecanismos de
la democracia
107
.
No obstante, ni aun con esos acicates ni en tamañas circunstancias na-
cionales sintió tentaciones de adentrarse por la tercera «salida» de que dis-
ponen los jurisconsultos en la taxonomía huartina, ese «gobernar una re-
103
AYALA, «El tiempo…», p. 751.
104
En HIRIART, Conversaciones…, p. 122.
105
AYALA, «Biografía…», p. 102.
106
Id., Recuerdos…, pp. 223, 237-238. Amplíese en Alejandro MARTÍNEZ DHIER y
Antonio SÁNCHEZ ARANDA, «Jiménez de Asúa, Luis», en Peláez (ed.-coord.),
Diccionario…, v. I, pp. 434-437; y Matilde EIROA SAN FRANCISCO, «La embajada
en Praga y el servicio de información de Jiménez de Asúa», en Ángel Viñas Martín
(coord.), Al servicio de la República: diplomáticos y guerra civil, Madrid, 2010, pp. 207-240.
107
AYALA, Recuerdos…, p. 666.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
22 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
pública»… En su intento de diseccionar la vocación política, desenrolla
Gabriel Elorriaga como sus componentes o factores propiciatorios una
formación de la que Ayala venía bien provisto y una subsiguiente actividad
tan sustantiva como para convertirla en medio de vida y que en su caso ni
siquiera el servicio a la República en tan extremo trance le sedujo en la
línea de su amigo Azaña o de otro intelectual como el doctor Negrín,
permaneciendo en el somonte funcionarial del aparato del Estado, mas, en
definitiva, le faltó esa «llamada», en que parece anidar o engendrarse la llama
vocacional, al desempeño de eminentes funciones públicas
108
: caracterio-
gicamente activa –explana–, «[…] mi repugnancia de siempre a ejercitar
cualquier especie de autoridad que hubiese de imponer decisiones a mis
semejantes me ha hecho rehuir a lo largo de la vida toda imposición de
mando»
109
, de manera que «al margen me he mantenido yo del quehacer
político activo, […] pero nunca indiferente, ni menos, desentendido de sus
tejemanejes»
110
, como no podía dejar de ser tratándose de un sociólogo
profesional y de un literato empeñado en ofrecer «razón del mundo»… Por
eso se detiene caviloso ante «[…] esta actividad la políticapara mí fasci-
nante y repulsiva a un tiempo mismo», fascinación encauzada hacia lo
profesional «desde que en mi remota juventud hube de aplicarme a la ob-
servación y al estudio […] de la política–»
111
, es decir, que simplemente «fui
profesor de Ciencia política, observé, estudié y padecí la política desde
siempre; pero es lo cierto […] mi innata incapacidad para participar en una
clase de maniobras que, por lo demás, eran objeto, no solo de mi atención
profesoral, sino también de mi intelectual curiosidad y hasta, a veces, de
cierta emocional participación»
112
, esto sí, pero nada más.
Conforme a lo que en parte ya se nos ha hecho patente, su destierro
desde 1939 viene signado por el nomadismo académico y aun discipli-
nar
113
: aquello acaso esperable en un profesor desarraigado de su medio de
crecimiento y esto con su derivación científica hacia la Sociología, en sus
108
Gabriel ELORRIAGA, La vocación política, Madrid, 1974, p. 28.
109
AYALA, Recuerdos…, p. 372. Intégrese con ASTORGA, Francisco…, p. 179.
110
AYALA, Recuerdos…, pp. 512-513.
111
Ibid., p. 555.
112
Ibid., p. 665.
113
RIBES LEIVA, Paisajes…, p. 225.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 23
dimensiones docente e investigadora
114
, algo que tampoco será su postrero
encuadre claustral… Todo se trastoca «cuando, apenas restablecida en mí la
antigua posición social de mi casa, alto funcionario del Estado y catedrático
universitario ya, me vi tal el rey granadinocamino del exilio»
115
, ade-
más, por su especialidad, ambientalmente descuajado de un entorno u
ordenamiento patrio que peor aúndesde el trance de su expatriación
tanto iba a divergir hacia las antípodas de sus personales posicionamientos
ideológicos y, en definitiva, del modelo constitucional precedente que
Ayala había respaldado a ultranza y aun esclarecido mediante su interpre-
tación doctrinal. Con tantas pérdidas crematísticas y referenciales a cuestas,
recalado en Suramérica el mismo año de la derrota, 1939, nos describe
[…] mi presupuesto familiar, nutrido, al comienzo sobre todo, con los
productos de mi pluma. Por primera vez en mi vida, y esto durante un
cierto lapso, tuve que atenerme en la Argentina a los ingresos propor-
cionados por mi actividad literaria, cosa que siempre había eludido y casi
siempre logré evitar desde el principio y a lo largo de los años
116
.
No había otro remedio que hacerlo ahora, frente a las estrecheces, los
apuros de la forzada emigración, y en esa etapa de aterrizaje, más que de la
publicación de artículos en diarios o revistas, hubo de sobrevivir como
«traductor a destajo»
117
.
Sin embargo, pronto, 1940, «a poco de haberme instalado en Buenos
Aires, recibí […] la propuesta de dictar un curso de sociología en la Uni-
versidad Nacional del Litoral, con sede en la ciudad de Santa Fe»
118
(parte
del doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales), por intermediación de las
114
Váyase, v. gr., a id., «Sociología y Literatura en Francisco Ayala», Política y Sociedad 2
(2004), pp. 53-73; id., Paisajes…, in totum; Salustiano DEL CAMPO (coord.), Francisco
Ayala, sociólogo, Madrid, 2007, in totum; Felipe MORENTE MEJÍAS, «Viajes de ida y
vuelta. Notas para la sociología en la obra de Francisco Ayala», REIS: Revista Española
de Investigaciones Sociológicas 123 (2008), pp. 264-271. Con general panorámica, José
CASTILLO CASTILLO, «Ortega y Gasset y sus discípulos», en Salustiano del Campo
(dir.), Historia de la sociología española, Barcelona, 2001, pp. 154-155.
115
AYALA, Recuerdos…, p. 79.
116
Ibid., p. 288.
117
Ibid., p. 289.
118
Ibid., p. 296.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
24 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
«redes vinculares e intelectuales» en que se hallaba inserto y seguramente a
reclamo de su actividad como articulista periodístico y ensayista académico
seducido por los arcanos de dicha disciplina
119
, en la que había ido pro-
fundizando, más allá del etiquetaje impuesto por su titulación académica,
desde un magisterio de Posada afianzado luego en aquel periplo germáni-
co
120
: en verdad, «el Derecho Político, tal como lo estudiábamos nosotros
entonces, equivalía a lo que generalmente se denomina Ciencia Polític
121
e incluía la perspectiva sociológica insuflada «[…] por quien era en esos
momentos el padre de la asignatura, Adolfo Posada»
122
, su maestro.
Cumplido el compromiso durante los cursos de 1941 a 1943, «[…] re-
solví abandonar aquella universidad al término de mi contrato. La remu-
neración económica no compensaba del esfuerzo y tiempo necesarios para
los semanales viajes, ni yo quería, según hubiera podido hacerlo y deseaban
allí, incorporarme definitivamente a la vida de la provincia»
123
, aparte ello
de otros contratiempos administrativos interpuestos en la provisión de la
plaza y conexos de alguna manera con la intervención de dicha universidad
tras el golpe militar de 1943
124
prolongado en un régimen autoritario,
proclive al nacionalismo integrista, hasta las elecciones de 1946 que abrie-
ron Argentina al peronismo. De momento, «[…] habiendo renunciado al
ejercicio del profesorado, y descartando también por otra parte la posibili-
dad de poner a contribución mis conocimientos abogadiles, mal que bien
pude salir adelante durante el tiempo de mi permanencia en Buenos Aires
con las actividades a que directa o indirectamente se prestaban mis dotes de
escritor»
125
. Por fortuna, en 1945 accede a otra invitación del gobierno
brasileño, «[…] con vistas a la mejora del servicio público en su país, […] a
enseñar sociología en una escuela especial llamada de perfeccionamiento»
para funcionarios públicos, mudándose de resultas a Río de Janeiro: «acepté
por un año y allí nos fuimos mi familia y yo»
126
con «significación profunda
119
ESCOBAR, Francisco…, pp. 35-36, 43-44, 56-58, 64-65.
120
RIBES LEIVA, «Sociología…», pp. 56-57; MARTÍN, «Estudio…», p. XXIII.
121
En HIRIART, Conversaciones…, p. 40.
122
MARTÍN, «Estudio…», p. XXVII.
123
AYALA, Recuerdos…, pp. 300-301.
124
ESCOBAR, Francisco…, pp.102-107.
125
AYALA, Recuerdos…, p. 302.
126
Ibid., p. 336.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 25
y rica en el curso de mi existencia», toda vez «[…] que trabajé mucho y
muy a gusto, que completé el Tratado de Sociología, que di con buen resul-
tado las enseñanzas para las que me contrataron […]» e incluso de nuevo
«[…] quisieron retenerme de manera permanente; pero, después de haberlo
pensado bien, decliné el aceptar una prórroga […]»
127
. Su siguiente destino,
en 1946, es el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires, por
supuesto que para reanudar su magisterio sociológico. Por fin, completaba
este redireccionamiento sociológico cuando la Universidad Río Piedras, de
Puerto Rico, le lleva en 1950 a «[…] dictar un curso regular de semestre,
como profesor visitante» y, una vez allá, le pone sobre la mesa «[…] un
contrato permanente para organizar el curso básico de ciencias sociales»
128
que imparte hasta que en 1955 pasa a Norteamérica (antes o entremedias, el
año 1953, ya había permanecido allá cierto «breve lapso de mi vida como
funcionario internacional» de las Naciones Unidas, «en calidad de super-
visor de traducciones»
129
), cesando entonces su adscripción académica a las
ciencias jurídico-sociales
130
, para consagrarse ya a la enseñanza de la Lite-
ratura, de primeras en la Universidad de Princeton, luego en Rutgers
University, Bryn Mawr College, New York University, Chicago Univer-
sity y ya en 1972 Brooklyn College hasta la edad de jubilación cuatro años
más tarde al alcanzar su setentena, en coincidencia con su retorno definitivo
a una España que, vacacional, paulatina y calladamente, había comenzado a
visitar en 1960 poco menos que como «peregrino en su patria»
131
A la vuelta del acometido ejercicio de reminiscencia e introspección,
aún cabría un último esfuerzo taxonómico, consciente el protagonista de la
singularidad de su biografía y sabedor de cuánto
[…] les resulta intolerable a muchos el que mi nombre se sustraiga obsti-
nadamente al encasillado profesional, dejándolos sin saber a punto fijo en
cuál encajarme. Pues, ¿qué seré yo?: ¿un novelista?, ¿un ensayista?, ¿un
127
Ibid., pp. 351-353. Váyase a HIRIART, Conversaciones…, p. 36.
128
AYALA, Recuerdos…, pp. 451-452.
129
Ibid., p. 453.
130
MARTÍN, «Ayala…», s. p.
131
AYALA, «El tiempo…», p. 758.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
26 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
catedrático? Y si catedrático, ¿de qué?: ¿de ciencias políticas y sociales?,
¿de literatura?
132
.
Ciertamente, múltiples Ayalas para un autorretrato único
133
. Incluso clari-
vidente de que «tras esa pregunta siempre reiterada se encuentra, como
supuesto implícito, el de que las tareas intelectuales han de hallarse repar-
tidas en campos de rigurosa acotación, bien delimitados, separados y defi-
nidos»
134
, se resuelve, con todo, a recoger el capcioso guante…
Llegó a sentir Ayala su etapa consagrada al Derecho político, su ejecu-
toria de jurisconsulto en activo como preparatoria o propedéutica hacia una
definitiva efigie profesional que lega su imagen «como alguien que ha vi-
vido una larga vida y que durante ella ha podido observar con mirada de
sociólogo, de cerca y a la distancia, los cambios experimentados por nuestra
sociedad […]»
135
, haciendo de ello, por vía del magisterio, la ocupación que
mejor define su vida laboral, porque ni la Literatura dejó de contemplar y
hacer contemplarcon esa mirada. En paralelo, dejo discurrir sin menos-
cabo su proclamada vocación hacia
[…] una actividad literaria de creación personal bastante intensa. Siempre
me ha sorprendido un poco esa disculpa que algunos artistas dan, o se dan
a sí mismos, alegando falta de tiempo para llevar a cabo su obra. Creo que
cuando uno tiene algo que expresar y siente la vocación de expresarlo por
escrito […] de una manera u otra se las arregla para hacer tiempo y darle
forma
136
.
Y, en última instancia, por más «[…] que, en verdad, existen conexiones
íntimas entre mis diversas dedicaciones literarias, y que mis escritos de pura
invención están ligados, y no por cierto en manera demasiado oculta y
subterránea, con mis estudios de tipo escolástico […]», luego, sin así «[…]
132
Id., Confrontaciones, p. 109.
133
NAVARRO DURÁN y GARCÍA GALIANO, Retrato…, p. 36. Y léase a José Carlos
MAINER, «Una reflexión sobre los poderes del intelectual», en Antonio Sánchez
Trigueros y Antonio Chicharro Chamorro (eds.), Francisco Ayala, teórico y crítico literario,
Granada, 1992, p. 41.
134
AYALA, Confrontaciones, p. 160.
135
Id., Palabras y letras, Barcelona, 1983, p. 54.
136
Id., Recuerdos…, p. 435.
SEMBLANZA DEL FRANCISCO AYALA JURISTA A TENOR DE SUS MEMORIAS
CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32 27
establecer un corte entre mis escritos de imaginación y los restantes» por
procedentes todos de «personalidad única e inescindible» renuente a alguna
diferencia tajante de actitud
137
, interpelándose el escritor frente a su escri-
tura polifónica
138
[…] sobre qué manifestación me parece más valiosa, me procura mayor
placer (y también me exige mayor esfuerzo) y, en fin, me promete cierta
perennidad, yo diría que la creación literaria imaginativa, pues sus es-
tructuras son capaces de preservar un sentido esencial, y, en alguna ma-
nera, desligado de las circunstancias concretas. Puestas así las cosas, […]
me siento ante todo y sobre todo creador literario y en ello me he man-
tenido siempre fiel a mi primera vocación [aquella que se le revelara en la
pubertad]
139
.
Su admirado Ortega y Gasset ha meditado en El libro de las misiones sobre
el imperativo, a la par que privilegio, concerniente al ser humano en cuanto
que, con sucesiva maniobra, debe hacerse una vida que le ha sido dada,
desarrollarla entre diversas posibilidades, eligiéndola o insertándola bajo su
exclusiva responsabilidad atento idealmente a una vocación que es aptitud
y actitud en unas «trayectorias esquemáticas» que son las profesiones o
carreras, «urdimbre de vidas típicas» que son con justeza aquellas de las
cuales la sociedad se halla precisada
140
. Si el filósofo madrileño enjuicia que
el error o desvío en tal escogimiento falsifica la propia realidad mediante el
autoengaño, su paisano el doctor Marañón ha reflexionado también sobre
«[…] la gran tragedia […] de que hemos de elegir nuestra profesión o des-
tino social en una edad en la que la vocación, que es, en su fondo bioló-
gico, aptitud, no ha madurado todavía», en una «edad esquemática», en
unos «años amorfos»
141
… (y esto lo solventa Ayala de la mejor manera),
pero llega a consignar el erudito endocrinólogo además las varias vocacio-
137
Id., Confrontaciones, pp. 34-35, 83.
138
Manuel Ángel VÁZQUEZ MEDEL, «Tiempo vivido y tiempo fingido en la obra de
Francisco Ayala», en id. y Antonio Sánchez Trigueros (eds.), El tiempo y yo: encuentro con
Francisco Ayala y su obra, Sevilla, 2004, p. 83.
139
AYALA, Confrontaciones, p. 35.
140
JoORTEGA Y GASSET, El libro de las misiones, Madrid, 1955, p. 17-23.
141
Gregorio MARAÑÓN, Vocación y ética y otros ensayos, Buenos Aires, 1946, p. 27. En el
mismo sentido, id., Raíz y decoro de España, Madrid, 1964, p. 40.
JULIÁN GÓMEZ DE MAYA
28 CODEX: Boletín del Instituto Español de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-32
nes confluyentes en cada persona, a veces por feliz logro identificada la
principal con aquella en lo más íntimo sentida, otras veces esta solo acce-
soriamente desplegada en los ratos de descanso laboral
142
. Cierta dualidad
por el estilo vivió Ayala, aunque no con total exactitud pudiéramos hablar
decimonónicamente de «ocios de su pluma»…, sino de un señero trans-
cendentalismo «[…] acerca de la empresa a que me he consagrado en el
campo de la ficción novelesca»
143
sin formar propósito, en tanto le cupo, de
vivir de ella, aunque viniese a la postre también a reportarle su ganancia.
En el suceso y la etopeya, he ahí el Ayala cuya silueta se había propuesto
a la particular consideración: licenciado y aun doctor en Derecho, catedrá-
tico de jurídica disciplina, autor de estudios doctrinales que confirman o
culminan esa dimensión jurisprudencial al cabo fondeada sin corte abrupto
ni siquiera exactamente reemplazo en el plano sociológico (a fin de
cuentas, con cuánta mayor propiedad no cabría hablar de vuelco en su
dedicación cuando, mediados los años cincuenta, se muda a los Estados
Unidos y, ahí sí, deja a un lado las ciencias jurídico-sociales para centrarse
de pleno en la docencia literaria). Así, puesto el mayor énfasis sobre su
autopercepción, sobre su propio escrutinio vocacional, confío en haber
arrojado la indispensable luz en torno a la faceta intelectual quizás menos
recordada de este escritor, de este novelista y sociólogo del siglo XX (y
cabalmente de todo él), a lo que se ve, también, pues y juego con la clásica
fórmula de Catón el Censor–, bonus vir ius scribendi peritus. Con esta espe-
ranza, termino agradeciendo a los organizadores su generosa por inmere-
cida invitación, a los anfitriones el acogimiento en tan gratos ámbitos y a
todos ustedes, público en general, la concurrencia y respetuosa atención.
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