CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-13 1
LA RELIGIOSIDAD EN LA SECCIÓN FEMENINA
CARMEN SEGORBE HERENCIA
Universidad de Córdoba
RESUMEN
Tras la Contienda Civil y la victoria de los sublevados contra la II
República, el Estado surgido intentaría imponer sus valores tradi-
cionales, sobre todo a las mujeres, contando para ello con los pro-
gramas de la Sección Femenina (SF), formación que, si bien se inte-
graba en el Estado franquista, no se parecía en absoluto a ninguna
otra sección del Movimiento, tanto por su estilo de vida indepen-
diente, impensable para el resto del colectivo femenino de la época,
como por su forma de entender la religiosidad que, aun siendo tra-
dicional, la manera participativa en la misma fomentaba un incipiente
espíritu crítico anticipándose al Concilio Vaticano II, así como a los
cambios que más tarde acaecerían, presentando una cierta «moder-
nidad» tampoco nada usual en esta coyuntura.
P
ALABRAS CLAVE: Nuevo Estado, valores, interiorización, religiosi-
dad
ABSTRACT
After the Civil War and the victory of the rebels against the Second
Republic, the newly emerged State tried to impose its traditional
values, especially on women, relying on the programs of the Female
Section (SF). Although integrated into the Francoist State, SF dif-
fered greatly from any other section of the Movement, both in terms
of its independent lifestyle, unthinkable for the rest of the female
population at the time, and in its understanding of religiosity. While
being traditional, SF encouraged a participatory approach to religion
that fostered an incipient critical spirit, anticipating the Second Va-
tican Council and the changes that would later occur, presenting a
certain «modernity» that was not common in this context.
K
EYWORDS: New State, values, internalization, religiosity
CARMEN SEGORBE HERENCIA
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1. INTRODUCCIÓN
l trabajo que se propone pertenece a un estudio más amplio co-
rrespondiente a nuestra tesis doctoral sobre la mujer en el fran-
quismo, en el que se aborda el colectivo femenino, tanto en el
bando ganador de la contienda civil, como del perdedor. No pretendemos
con él realizar un análisis sobre la guerra civil, ni sobre el Estado implantado
tras la misma y que forma parte de nuestra Historia más reciente. Nos
servirá de coordenadas espacio-temporales para enmarcar una organización
con entidad propia, la Sección Femenina de Falange, a la que encomendó
la formación de las mujeres en todos los aspectos, mediante la interioriza-
ción de los valores que dicho Estado pretendía implantar. El objetivo que
buscamos aquí es abordar un aspecto, la religiosidad, que sería un pilar
determinante para esta formación sin el que no se entendería, así como la
labor que se le encomendó.
Con el alzamiento de 1939 y la posterior victoria de los sublevados
contra la II República, inicia su andadura del llamado Nuevo Estado, ba-
sado en unos principios ideológicos muy conservadores. En dicho Estado,
el varón ocupaba el centro de la organización social y, sometida a él u
oprimida, se situaba a la mujer. Así, este sistema patriarcal se caracterizaba
por la separación de los roles ya desde la escuela, atribuyéndole al colectivo
femenino el papel de madres y esposas, es decir, el hogar. La Sección Fe-
menina de la Falange, más tarde llamada del Movimiento de Franco, fue la
que proporcionó al Régimen el hilo transmisor de tales principios, ha-
ciendo volver a las mujeres a su «función natural»
1/2
. Se responsabilizó, de
este modo, de la educación social, política, religiosa, doméstica, así como
moral de las mujeres a lo largo de toda la dilatada vida del franquismo.
Este Estado, derogó todos los derechos de igualdad concedidos durante
la II República y, asimismo, se suprimieron la Ley de Matrimonio Civil y la
de Divorcio, restableciéndose el Código Civil de 1899. La legislación
protectora de la familia era de todo punto discriminatoria en materia labo-
ral; se obligaba a abandonar el trabajo a las mujeres casadas siendo privadas
1
FALCÓN, Lidia, Mujer y sociedad, Madrid, 1996, p. 57.
2
Ibid., p. 63.
E
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del plus familiar, de igual forma se les impedía realizar ciertos trabajos con-
siderados peligrosos o poco apropiados para ellas. En el ámbito de la edu-
cación, asistimos a una segregación ya desde la infancia, educando a los
niños militarmente, mientras que a las niñas se las educaba acordes con su
condición femenina, siendo la Sección Femenina la encargada de la edu-
cación tradicional de las mujeres, católicas y conservadoras, consideradas
como eternas menores de edad a las que había que tutelar y, a su vez, de-
bían de manifestar su sumisión al varón. Para ello, la manera de entender la
religiosidad fue vital.
Repasaremos esta cuestión durante su dilatada andadura, así como las
paradojas que presentaba y las contradicciones que hemos observado, en
base a que los valores que querían imponer, así como el estilo de vida que
estaban muy lejos de cumplir sus militantes, presentando lo que llamaría-
mos «cierta modernidad», para le época que se anticipaba a los aconteci-
mientos que acaecerían tras el Concilio Vaticano II.
La relación bibliográfica específica la hallamos en Suárez Fernández
Crónica de la Sección Femenina y su tiempo, obra muy controvertida, pero
destacamos de ella la abundante documentación manejada, así por la im-
portancia histórica del material gráfico de un autor que fue testigo de los
hechos. En otro extremo se sitúa el estudio de M
a
. Teresa Gallego Méndez
Mujer, falange y fascismo trabajo lejano en el tiempo pero fue de los primeros
en abordar los estudios sobre las mujeres en el franquismo, de obligada
lectura. Entre ambas obras está la de Rosario Sánchez López Mujer española,
una sombra de destino en lo universal resultando una detallada crónica hasta su
final en 1977. Así como Karen Rchonmod Mujeres en el fascismo español en
cuyo estudio hallamos un enfoque novedoso.
Para la consecución de este estudio, nos hemos servido de fuentes pri-
marias o documentales procedentes del Archivo Histórico Provincial de
Córdoba (AHPCO), en el que hemos consultado la información disponi-
ble, respetando los datos protegidos mediante la legislación. Aquí dispo-
nemos de actas de secciones que eran recogidas de manera muy detallada:
correspondencia; Congresos Nacionales, legajos; documentos referentes al
SEU (Sindicato Español Universitario) en su rama femenina, así como
informes, Coros y Danzas. Las dificultades que hemos hallado son la do-
cumentación que no hemos podido consultar por no estar inventariada o
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por no haber cumplido los plazos de tiempo permitido, así como sensible o
datos personales.
Otras fuentes que nos informan son las publicaciones de la propia orga-
nización como la revista Consigna para maestras disponible en la Delegación
de Cultura, así como las revistas Y y Teresa. Esta información se ha com-
pletado con las fuentes secundarias o bibliográficas. La labor de documen-
tación se ha completado con la realización de bases de datos que servirán
para futuras investigaciones. Respetaremos las mayúsculas empleadas por la
formación para señalar acontecimientos especiales para ella, así como para la
designación de sus cargos jerárquicos.
2. RELIGIOSIDAD PARTICULAR
La Falange era minoritaria en miembros y compartía criterios con otros
grupos de derechas, así como con la Iglesia, siendo perseguida durante la II
República en parte por su radicalismo y, para la conquista del Estado, no
renunciaba incluso al uso de la violencia. Esto resultaría de gran ayuda a los
rebeldes sublevados contra el poder establecido, el 18 de julio de 1936. Así
cuando Azaña declaró en las Cortes de 1931 que
«España ya no es católica», hizo que los adversarios percibiesen las leyes de la II
República, no ya un ataque contra la Iglesia, sino también contra la familia, institu-
ción que para este colectivo resultaba sagrada, así como para sus ideas religiosas. De
igual modo se consideraron las Leyes de Divorcio y de Matrimonio Civil. Tene-
mos noticias de las convicciones religiosas del líder y fundador de la Falange José
Antonio Primo de Rivera, manifestando en numerosas ocasiones cómo le agrada-
ría ser enterrado en tierra bendecida como católico, apostólico y romano, aunque
era partidario de la separación de la Iglesia del Estado, ya que entre ambas existían
conflictos de intereses y los de la primera podrían frustrar el plan de renovación de
la Falange. Sin embargo, esta cuestión resultaba insignificante, porque las normas
dictadas por la II República, como decimos, hicieron que la formación que lidera-
ba aunara sus fuerzas con la Iglesia misma, así como con otras fuerzas de derechas,
en lo que dio en llamarse «cruzada contra el marxismo».
La II República supuso las conquistas jurídicas, políticas y sociales para
las mujeres, así como de los derechos imprescindibles para que su condición
de ciudadanas fuera completa. El dictador empleó toda su fuerza, que era
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mucha, para impedir que las mujeres actuaran en las mismas condiciones de
los hombres en todos los aspectos de la vida que no estuvieran relacionados
con la Iglesia y el cuidado de los hijos, es decir, el hogar en definitiva. De
esta manera, el Nuevo Estado implantado derogó todos los derechos lo-
grados para las mujeres aunque eso, como mencionamos en otro trabajo era
matizable, ya que hallamos en el Decreto-Ley del 15 de agosto de 1927 en
el que se prohíbe el trabajo nocturno para las mujeres, así como la realiza-
ción de trabajos penosos, peligrosos e insalubres. Igualmente, por el re-
glamento de 1900 se prohíbe cualquier clase de trabajo, aunque revista
carácter literario o artístico ejecutado en público que afectase a mujeres
menores de dieciocho años mientras que el varón la edad era de dieciséis
años, entendiendo siempre que la inocencia femenina se conservaba por
más tiempo que el hombre.
La conformidad de las mujeres con los objetivos sociales y políticos del
régimen
3
era de vital importancia, lo que conseguiría por medio de la
organización que nos ocupa, convirtiendo a las mujeres en las transmisoras
de los roles tradicionales en función del sexo. Sería la SF la encargada de
esta educación tradicional social, policía, religiosa y moral que haría el ideal
femenino que el Estado postulaba. Es ahí donde hallamos a Pilar Primo de
Rivera Delegada Nacional de la formación y a la SF en general, que eran las
encargadas de la transmisión de esos principios de «ideal de feminidad»,
según la concepción que de ellas tenía su líder espiritual José Antonio
Primo de Rivera «el ausente» al que llegaron a profesar un culto casi mítico,
como veremos, y en cuyos postulados íntimamente siempre creyeron que
casaban a la perfección con los del franquismo.
De este modo, junto con la Iglesia, intervinieron en el destino de las
españolas, mostrando qué era lo conveniente para alcanzar la salvación.
Creía el Estado implantado que las glorias más importantes de la nación
iban unidas a las de la Iglesia. En este contexto, si nos remontamos a la
nesis de este proyecto que era la Falange y de esta formación hallamos las
3
RICHMOND, Karen, Mujeres en el fascismo español, Madrid, 2004. En el levantamiento
fue importante la labor propagandista de la Falange que aportó. Algunos eclesiásticos
como el obispo de Salamanca ideólogos del régimen, acuñaron la idea de «cruzada» que
casaba a la perfección con la de la Falange.
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misas al aire libre en las zonas «recién liberadas» como primera manifesta-
ción pública de la religiosidad que analizamos, en las que se congregaba
toda una multitud y que no eran precisamente acontecimientos espirituales,
sino propagandísticos. Es de creer que con el tiempo esas manifestaciones
traspasarían lo político llegando a ocupar un primer plano, convirtiéndose
en el eje principal hasta la desintegración de la SF.
La formación falangista participaba de la idea que la religión «formaba
parte de la identidad española»
4
. Esta postura, como hemos mencionado,
era compartida por la hermana y heredera de legado Pilar Primo de Rivera,
así como del resto de afiliadas y para ellas, la concepción de la mujer ideal
era aquella en la que estaban presentes los valores católicos tradicionales; la
función principal de esta es ser madre y esposa virtuosa, a la manera de la
perfecta casada de Fray Luis de León. Pilar era una mujer muy devota, e
hizo de la religión un modo de vida, el cual transmitiría a sus mandos,
inculcándoles la entrega y el servicio, siendo esto lo que las hacía diferentes.
Si esa religiosidad demostrada por ellas casaba a la perfección con el
Régimen, también las diferenciaba de otros sectores como Acción Católica,
precisamente en la manera de entender tal cuestión, lo que le acarrearía no
pocos conflictos con la jerarquía eclesiástica. La Iglesia católica, con el Papa
a la cabeza, al menos en unos primeros momentos, legitimaba la victoria, a
como la jefatura del Estado detentada por Franco, lo que suponía un re-
conocimiento de facto.
De inmediato, en 1940, Franco encargó a Acción Católica la misión de
recristianizar a la parte del pueblo «pervertida y envenenada por las doc-
trinas de la corrupción», lo que ocasionó fricciones con nuestra organiza-
ción por lo que hubo de limitar las competencias y los ámbitos de influen-
cia en ambas formaciones. Intentaron mitigar el conflicto no enfrentándose
abiertamente, como no podía ser de otra manera, pero sólo de cara a la
galería. La documentación es reveladora en ese sentido:
La Regidora Provincial de Cultura, expone que ha tenido una conferen-
cia con el Delegado de La Rambla diciéndole que habiendo escuelas de
4
Ibid. p.38. Se entendía al Estado como el depositario de los valores espirituales de oc-
cidente.
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Acción Católica en este pueblo, si era posible unirlas con las con la de
formación. La Delegada Provincial le contesta que no hay inconveniente
por tratarse de ser las mismas afiliadas las que pertenecen a Acción Cató-
lica y dándose los temas de las escuelas de Formación
5
.
La Regidora Provincial de Cultura manifiesta que la visita la Delega de La
Rambla, haciéndole saber le es imposible fusionar la escuela con la de
Acción Católica, por lo cual piensa abrir la de formación
6
.
Relevante fue la figura del benedictino Fray Justo Pérez de Urbel de la
abadía de Silos, llegando a convertirse en el guía espiritual. Con él la
Sección Femenina entró en «todo un mundo nuevo que nos lleva a
Dios»
7
. Tanto la religiosidad como la política pasaron a ocupar el primer
plano de las creencias de la Falange en una época en la que todo era reli-
gión y política. Fray Justo, vinculado al área artística e intelectual de la
Falange, gozaba de buenos vínculos con Acción Católica y con el ejército,
lo que hizo que se convirtiera en un lazo de unión de la formación, tanto
con los militares como con la jerarquía eclesiástica, resultando un gran
aliado.
Valiosísimos para la SF fueron sus estimables conocimientos de Historia
con la capacidad de acudir al pasado para encontrar soluciones al presente.
Es de advertir que la Falange y la SF consideraban que sus postulados eran
atemporales. La concepción que Fray Justo tenía sobre la mujer era com-
partida por la Falange, así como por el catolicismo. Se convirtió, de esta
manera, en el asesor de la Delegada Nacional, Pilar Primo de Rivera, en los
más complejos asuntos. Su cometido consistía en la preparación de los
cursos de religión, así como de la coordinación de los clérigos que la im-
partían. Fue el guía espiritual pero, aún fue más, como benedictino intro-
dujo cambios en la liturgia, considerando la participación dirigida en ella
como un modo de conseguir la comunicación con Dios. Esto resultó algo
novedoso y, como veremos, conllevaría serias repercusiones.
5
Archivo Histórico Provincial de Córdoba, Sección Femenina, Leg. n.º 4849, año 1940,
acta n.° 24.
6
Ibid., n° 27.
7
RICHMOND, Karen, Mujeres... p. 38
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La Falange y la Iglesia fueron determinantes para el establecimiento del
nacionalcatolicismo, sin el cual no se entendería de la vida cotidiana de los
españoles de los años 40 y 50. El Estado y la Iglesia, como en ninguna otra
dictadura, unieron sus fuerzas para el dominio y el control de la población.
Significativa fue la simbiosis Estado-altar, en una Iglesia donde el dictador
era conducido bajo palio como el elegido de Dios para conducir la Nación
y su espada victoriosa se veneraba como una reliquia. La Delegada Nacio-
nal, en todos sus discursos defiende la religión y considera a la parroquia
como el centro al que debe dirigirse gran parte de la actividad social de las
mujeres, así como se les exige una profunda formación religiosa a las afi-
liadas. Especial atención mostraría en que seguirán las prácticas devociona-
les tal como demuestran las fuentes:
Una vez reunidas, la Delegada Provincial manifiesta que está muy con-
tenta por haber resultado muy solemne la misa de comunión del día de
Sta. Teresa, así como el acto del paso de flechas a la SF en el castillo de
Almodóvar Del Rio. Ese mismo día da cuenta de haber asistido invitada
por la Delegada Local de Espiel a la celebración de 23 casamientos y 40
bautizos, todo ello activado por las Divulgadoras que se encargaron de
arreglar todos los documentos necesarios
8
.
Elementos como el Canto Gregoriano, la utilización del Liber Usualis, así
como la práctica de la meditación, no eran muy usuales fuera de los claus-
tros de un convento. Con todo ello se daba un giro radical. Las formas de
las misas participativas y los debates que les seguían que eran totalmente
novedosos para la época y hacían que la Sección SF consiguiera una ver-
dadera formación religiosa, achacando los males del mundo a su no obser-
vancia, a la vez que surgía una incipiente «conciencia crítica» que invitaba a
la reflexión, todo lo cual resultaría importante para los avances que más
tarde se producirían
9
. En este sentido participativo, se adelantaron al Con-
cilio Vaticano II. La disposición de las capillas en los centros de la organi-
zación, que conformaban los ejes de su vida espiritual, fue obligatoria tras el
citado Concilio.
8
Ibid., n.° 23.
9
RICHMOND, Karen, Mujeres…, p. 38.
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Desde la SF se realizaban cursos con la pretensión de crear un modelo de
mujer a seguir, en ellos se incluyeron las prácticas deportivas, con lo que se
ocasionaría otro motivo de discrepancia con la jerarquía eclesiástica que los
juzgaba de inmoralidad. Una vez más hubo de calmar los ánimos, para lo
cual se recurrió a la mediación de Fray Justo que sería el encargado del
decoro en las vestimentas deportivas, así como de la moralidad de las
competiciones. Hay que añadir la contribución de la alocución el 1945 del
Papa sobre el deporte católico, publicada en 1947 en la revista de la for-
mación Consigna
10
en la que se entendían como muy positivas las prácticas
deportivas para la juventud tanto física como espiritualmente. Con lo cual
la cuestión quedó resuelta.
3. CULTO AL LÍDER
Dentro de las manifestaciones religiosas que nos ocupan, encontramos
un culto al fundador de la Falange José Antonio Primo de Rivera que,
podríamos decir, era casi mítico. La devoción que le manifestaban queda
reflejada en las ceremonias celebradas en su honor, así como los actos
conmemorando su desaparición que eran minuciosamente preparadas y
estaban cargadas de simbología según manifiesta la información:
La Regidora Provincial de la OJE da cuenta de que recibió de la Nacional
una circular en la que le dicen debe a asistir la Regidora con una flecha
azul y otra blanca al acto que se celebrará el 29 de octubre ante la tumba
de José Antonio, para lo que ha recibido dinero. Ya están preparadas las
flechas elegidas entre las que mejor cumplen
11
.
La Regidora Provincial de la OJE, da cuenta de haber regresado la Se-
cretaria de OJE con una flecha azul y otra blanca del Escorial, donde
asistieron a los actos que la OJE realizó el 29 de octubre, viniendo con-
tentísimas
12
.
10
Consigna, VII, 85 (febrero 1947), Alocución del Papa sobre el concepto de deporte a los
profesores de Educación Física norteamericanos.
11
Ibid., n.° 23.
12
Ibid., n.° 25.
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La Delegada Provincial, da cuenta de haber recibido de la Nacional un
telegrama en el que le da órdenes para la celebración de los actos con
motivo del aniversario de la muerte de José Antonio. Estos actos consis-
tirán para la SF, además de los organizados por el Jefe Provincial del Mo-
vimiento, en una misa de comunión general y un rosario que se rezará por
la tarde, después del cual se leerá el testamento de José Antonio
13
.
Existía una preocupación por parte de la Delegada Nacional y here-
dera, así como por la Jerarquía eclesiástica que tal entusiasmo llegara a
cotas poco recomendables ya que, en lugar de rezar por él, se le rezaba a
él, llegando a una exaltación casi sensual. Sus dictados eran repetidos por
parte de Pilar en todos sus discursos, al igual que las militantes, de manera
literal, existiendo un profundo convencimiento. Estos ideales joseanto-
nianos nunca fueron abandonados por la formación, incluso en momentos
posteriores, cuando en 1945 el franquismo se desvinculaba del eje, en un
intento de maquillaje del régimen, siguieron siendo fieles a sus postulados.
Los actos conmemorativos eran de obligada asistencia como podemos
observar:
La Delegada Provincial del SEU, hace constar que ha abierto expediente
de expulsión a una camarada y que fue al Instituto Nacional de 2
a
Ense-
ñanza para hablar a las camaradas y averiguar el por qué no habían pagado
la multa que les impuso el Delegado por no haber asistido a los actos del
aniversario de la muerte de José Antonio
14
.
4. LIBERTAD RELIGIOSA: SINCERIDAD
En las intervenciones de las afiliadas, como nota característica destacaba
la franqueza incluso en temas considerados tabú, todo lo cual motivaba el
diálogo, muy alejado de los círculos católicos convencionales. Se tomó a
Santa Teresa de Jesús y a Isabel la Católica como símbolos de robustez
moral, así como de abnegación, lo que casaba a la perfección con el ideal
falangista, contrastando con otros colectivos como la misma Acción Cató-
lica, sin que ello conllevara un enfrentamiento abierto, como hemos men-
13
Ibid., n.° 27.
14
Ibid., n.° 30.
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cionado, ya que en esta coyuntura, no era posible, pero a sus militantes las
consideraban «ñoñas» por su beatería, así como por su superficialidad.
Con sus programas, pretendían cambiar la mentalidad de la gente, a la
vez que prestar su ayuda en los problemas sociales y morales, contribu-
yendo, de este modo, a la implantación de la «justicia social», así como la
revolución falangista, siempre por realizar y que pensamos que nunca es-
tuvo en la mente de Franco su realización. Ante las críticas de la Iglesia,
Pilar, una vez más, debió de mediar, no pretendiendo jamás un desen-
cuentro con ella. Los posibles choques acabaron por dulcificarse a raíz del
Concilio Vaticano II ya que, aparte de los cambios introducidos en la li-
turgia, las propuestas de justicia social que este promulgaba armonizaban
con ambas formaciones.
Esta mujer, Pilar Primo de Rivera, consideraba que la religión no debía
de imponerse por la fuerza, pero que no se debía de tolerar la hipocresía,
según ella «mientras las afiliadas creyesen en el falangismo y no se opusieran
a la Iglesia de forma activa, el vigor de la fe contaba menos que la capacidad
para enseñar y las cualidades de liderazgo». No obstante, esto no es lo que
podemos extraer de los documentos analizados como mostramos:
La Auxiliar de Prensa y Propaganda, ha mandado a la radio y a la prensa
para su publicación notas sobre la explicación del Evangelio y la Liturgia
para las camaradas
15
.
La Delegada Local, ha hecho una relación nominal de camaradas que
trabajan en las delegaciones para pasar lista el día de la explicación del
Evangelio. Está citando a todas las camaradas en general para hacerles sa-
ber la obligación de asistir semanalmente a dicha explicación
16
.
La Delegada Local, ha puesto un oficio a la Secretaria Provincial; Dele-
gada del Auxilio Social y Frente de Juventudes, dándole cuenta de las
camaradas que han sido sancionadas con un día de haber por un haber
cumplido la orden dada de asistir a la procesión
17
.
15
Ibid., leg. n.° 4849, 1942, n.° 56.
16
Ibid., n.° 97.
17
Ibid., 1944, n.º 38.
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La Delegada Local manifiesta la obligación que tienen todas las afiliadas de
asistir a la misa en honor a Sta. Teresa
18
.
Incluso la celebración de las fiestas de Navidad o el día de la madre
contaban con órdenes precisas en torno a su desarrollo:
La Regidora Provincial de OJE, dice ha recibido un oficio circular sobre
las consignas del día de la madre. Ha recibido la circular n.º 64 sobre la
cabalgata de los reyes magos en la organización de esta de acuerdo con el
sacerdote que los años anteriores la venía organizando; le prestarán su
colaboración las flechas que se designen, así como todo lo necesario para
el engrandecimiento de la misma
19
.
Podríamos seguir con un amplio número de consignas más hasta 1977
en que se desintegra la formación, pero, como vemos, el carácter voluntario
en materia de religión era cuanto menos discutible. No nos debemos en-
gañar, sin embargo, con esta referida «modernidad» la SF y sus militantes en
general seguían siendo conservadoras, como no podía ser de otra manera, ni
se toleraba en esa coyuntura. Con la práctica férrea de la religión, consi-
deraban que la mujer desempeñaba mejor su papel, de este modo, muy
lejos estaban de apartarla de su «cometido», pero qué duda cabe que los
cambios introducidos, motivadores de la reflexión, fueron determinantes
para las transformaciones que más tarde se producirían.
5. CONCLUSIÓN
La SF fue la encargada de la formación total de las mujeres españolas,
transmitiéndoles los valores del Estado implantado tras la Contienda Civil,
en los que dejaba muy claro quiénes eran los vencedores y quiénes los
vencidos a los que se pretendió controlar en cuerpo y alma y a ellas en
especial ya que serían las transmisoras de esos valores según los roles se-
xuales que el régimen reservaba para los varones y el colectivo femenino.
Se intentó implantar lo que era ideal de «feminidad» por decreto-ley. Tal
ideal era el de devota cristiana, madre y esposa, el cual sería transmitido por
18
Ibid., leg. n.° 4849, 1944, n.° 26.
19
Ibid., leg. n.º 4847, 1941, n.º 34.
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una formación que estaba muy lejos de cumplir, ya que su vida indepen-
diente, alejaba a las militantes considerablemente del modelo que querían
implantar. Trabajaban, viajaban, eran independientes económicamente, a la
vez que el permanecer solteras muchas de sus militantes las alejaba de los
ideales de madres y esposas que pretendían inculcar a las demás mujeres,
ello contribuyó su manera de entender la religiosidad que, si bien era pri-
maria y muy conservadora, su participación en ella y en los debates que
seguían a las prácticas devocionales, así como las reuniones en las que par-
ticipaban, en un país dónde esto no era posible, creó un motivó la refle-
xión, caldo de cultivo para los acontecimientos que acaecerían a partir de
los 60.
Y la SF acompañó al régimen en su dilatada andadura. Si se adaptó a los
tiempos por convencimiento o por puro pragmatismo, viendo en peligro su
supervivencia en una sociedad que experimentaba cambios sociales, polí-
ticos y económicos, anticipando los cambios que estaban por venir y que le
repercutiría negativamente, es una cuestión que hoy solo resulta interesante
para los historiadores, ya que formaron parte de un sistema que se extinguió
y ella con él. En 1977 el presidente Adolfo Suárez firmó la disolución de
esta organización. Hoy no queda ni el recuerdo.