
NUEVE REFLEXIONES EN TORNO A LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-12 3
socialdemócratas, democratacristianos, liberales clásicos –los llamamos así
para no confundirlos con el moderno liberalismo económico– y algunos
otros de difícil catalogación ideológica, mientras resurgían los nacionalis-
mos llamados históricos –catalanes, vascos y gallegos–, a los que se sumaron
un andalucismo de centro izquierda liderado por Rojas Marcos y otro de
centro derecha, cuyo adalid era Clavero Arévalo, ambos considerándose
herederos ideológicos del notario Blas Infante, asesinado por orden del
general Queipo de Llano y tenido por muchos como padre de una hipoté-
tica y reivindicativa patria andaluza, que no ha llegado a cuajar.
Con todos estos materiales, y la contribución de algunos franquistas crí-
ticos, descafeinados, se construyó la Transición que, en puridad, fue el paso
de la dictadura a la democracia, con la aquiescencia de todos los grupos
políticos, el beneplácito real, la bendición de los USA y el vivísimo deseo
del pueblo que, al fin, se sintió soberano, con voz –habla, pueblo, habla y
goza de la libertad sin ira, como pedían las canciones más populares– y
voto. El filósofo Julián Marías escribió que la Transición fue «la devolución
de España a los españoles», tarea que se hizo con el deseo de superar defi-
nitivamente a las dos Españas que, según el poeta Antonio Machado, le
helaban el corazón a los españolitos que venían al mundo.
La culminación de la Transición fue la Constitución de 1978, bien lla-
mada de la Concordia. Una avenencia solidaria que raramente había exis-
tido en nuestro devenir histórico. Ya, en pleno siglo XV, el poeta caste-
llano Gómez Manrique –tío de Jorge, el autor de las famosas coplas a la
muerte de su padre– clamaba, cuando no existía en sentido estricto la na-
ción, por la concordia nacional, pero para conseguirla había que «facer la
mayor tala de la discordia».
Como repetimos, la Transición consiguió su máximo exponente en la
Carta Magna que en el Congreso de los Diputados solo había tenido 7
votos en contra: 6 de Alianza Popular y el otro de los criptoetarras de Ba-
tasuna. Unos números conservadores que no deben producir extrañeza
pues Fraga Iribarren , aunque luego fuera de los siete padres de la Ley de
Leyes, había escrito, desde Londres, cuando era embajador de España, que
el régimen franquista debía pervivir con unos puntuales retoques norma-
tivos. Ideas aperturistas publicadas a bombo y platillo en «la tercera» del
periódico ABC.