
EL OFICIO DEL DERECHO (EL PUEBLO, SU PARTICIPACIÓN EN EL DERECHO…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 1-4 3
vida, por lo que el juez deberá ser siempre a la par que conocedor del
Derecho y sus valores, prudente en su realización individual.
El capítulo cuarto lo dedica Medina a poner de manifiesto la debilidad
de los dogmas de la Filosofía política moderna, en particular la fragilidad
teórica del parlamentarismo y la debilidad de la idea de Estado de Derecho.
En pocas y resumidas palabras Diego Medina afirma que el Estado es y ha
sido una forma de gobierno dirigida a la concentración del poder, una
máquina moderna que para ejercer su poder produce cientos de leyes, con
espíritu maternalistas incidiendo sobre los aspectos más íntimos de nuestra
existencia. Al ser sus leyes sólo el producto de la voluntad de poder y do-
minio de una oligarquía partitocrática carente de límites o frenos institu-
cionales, sus leyes no pueden ser siquiera merecedoras del sustantivo de-
recho en minúscula. El verdadero Derecho debe encontrar en el pueblo y
en sus modos de vida sus propias formas políticas y legislativas.
El quinto capítulo está dedicado por el autor a la explicación del proceso
de crisis del parlamentarismo y el fin de las tradiciones. En este contexto,
Medina señala que desde la modernidad la sociedad ya no es una realidad
que debamos respetar, sino el resultado de nuestros apetitos y constructos
teóricos, un terreno abonado a la ingeniería política mediante la elabora-
ción de leyes coactivas que predeterminan el qué y el cómo de la sociedad.
Siendo esta la gran meta de la política moderna, sin embargo, las máscaras
ya se han caído y el propio parlamentarismo es incapaz de hacer honor a los
principios que lo inspiran. Pues, a juicio del autor, no es posible defender
llegados a este punto que la discusión parlamentaria sea ni racional, ni pú-
blica, ni tan siquiera que exista propiamente un diálogo entre los repre-
sentantes electos. La realidad de la acción parlamentaria hoy es mucho más
soez y servil, que las ensoñaciones de la Filosofía política moderna.
Diego Medina en el capítulo sexto arremete directamente contra la
llamada «industria jurídica» y la partitocracia. La «industria jurídica» es la
manifestación de esa vocación de ingeniería social de la política moderna, y
podría definirse como una fábrica de leyes que tiene como finalidad dirigir
y orientar fácilmente las conductas sociales con arreglo a los propósitos y
fines de una oligarquía de imperantes. La partitocracia sería el sistema polí-
tico mediante el cual esta oligarquía de imperantes ha logrado secuestrar la
democracia y la voluntad espontánea del pueblo. La democracia queda