CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 249
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO
ESPECIAL DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR
ANTONIO JESÚS DÍAZ RAMOS
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
Facultad de Derecho de la Universidad de Huelva
RESUMEN
En el presente artículo trato de realizar un estudio histórico desde el
martirio de los primeros cristianos hasta la actualidad, que incluye una
reflexión teológica del martirio. La Iglesia española, transcurridos más de
ochenta años del inicio de la Guerra Civil, está realizando un esfuerzo
considerable para recuperar la memoria de estos mártires del siglo XX
que fueron víctimas de ella y destacar su significado para nuestro pre-
sente. Son muchos los aspectos jurídicos que no hay que perder de vista
cuando se trata de declarar el martirio. Intentaré en estas páginas destacar
los elementos más importantes del procedimiento que concluye en la
declaración del martirio de Antonio Jesús Díaz Ramos y su posterior
beatificación.
P
ALABRAS CLAVE: Historia de la Iglesia, Teología del Martirio, pro-
ceso especial beatificación, canonización
ABSTRACT
In this article I try to carry out a historical study from the martyrdom of
the first Christians to the present, which includes a theological reflection
on martyrdom. The Spanish Church, more than eighty years after the
start of the Civil War, is making a considerable effort to recover the
memory of these 20th century martyrs who were victims of it and
highlight their significance for our present. There are many legal aspects
that must not be lost sight of when it comes to declaring martyrdom. I
will try in these pages to highlight the most important elements of the
procedure that concludes in the declaration of his martyrdom of Anto-
nio Jesús Díaz Ramos and his subsequent beatification.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
250 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
KEYWORDS: History of the Church, Theology of Martyrdom, special
beatification process, canonization
1. FUNDAMENTOS DEL MARTIRIO
a relevancia que para el cristiano tiene el mártir, el que ha dado
supremo testimonio de la fe, encuentra sus raíces en el Antiguo y en
el Nuevo Testamento y también en la Tradición de la Iglesia y en
su Magisterio.
1.1. EL MARTIRIO EN LA ENSEÑANZA DE LA BIBLIA
En los diferentes libros de la Biblia se hallan pasajes relacionados con el
martirio, dejando claro su fe en Yahvé, Dios del universo. Es obvio que no
están todos los que son, pero sí son los que están. Baste un «botón de
muestra» de los más representativos, tanto por lo que representa como por
el ejemplo dado para los creyentes de antes y de ahora.
a) Abel Caín (Gén 4,1-4)
Se presenta como el primer relato bíblico que refleja la dualidad entre la
bondad y la maldad humanas. Abel y Caín simbolizan personajes míticos
que trascienden la envidia y los celos personales, convirtiéndose en una
parábola del pecado social. Representan dos mentalidades opuestas: Abel
como un ser en constante movimiento, confiando en Dios, y Caín como
alguien autosuficiente y agresivo. Esta historia destaca la naturaleza des-
tructiva del pecado y la importancia del perdón. La relación entre la fe, el
sacrificio y la obediencia a Dios. «Hay más valor en morir por la libertad
que en asesinar a los libres»
1
.
b) Abraham e Isaac (Gén 22,1-18)
Abraham es presentado como un modelo de fe en las tres principales
religiones del desierto. Su fe es probada cuando Dios le pide abandonar su
1
José R. Flecha, Buscadores de Dios. Madrid: S.E. Atenas, 1993, 19.
L
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 251
tierra y hasta sacrificar a su propio hijo, Isaac. Aunque la fe de Abraham es
puesta a prueba, su obediencia y confianza en Dios son recompensadas. En
lugar de sacrificar a Isaac, un ángel interviene y proporciona un carnero
para el sacrificio. Esto simboliza la importancia de confiar en Dios incluso
en situaciones extremas y la bendición que resulta de esa obediencia.
El texto también menciona que hay otros episodios de martirio en la
Biblia que son relevantes y que serán tratados posteriormente.
c) Eleazar (2 Mac 6,18-7,41)
El relato de Eleazar en el segundo libro de los Macabeos destaca su va-
liente resistencia ante la imposición de comer carne de cerdo, considerada
impura según la ley mosaica. A pesar de ser un hombre de edad avanzada y
noble aspecto, Eleazar elige enfrentar la muerte honrosa en lugar de so-
meterse a una vida deshonrosa. Cuando se le sugiere que simule comer
carne lícita para evitar el castigo, él rechaza esta idea, argumentando que no
desea que los jóvenes malinterpreten su acción como un abandono de las
leyes divinas. Afirmándose en su integridad y en la ley santa de Dios, en-
frenta el suplicio del apaleamiento con dignidad y aceptación. Eleazar
muestra su disposición a soportar sufrimientos físicos por temor a Dios, y su
resistencia se celebra como la de un mártir incluso antes de la era de Cristo.
Los Padres de la Iglesia celebraron en el anciano Eleazar a un mártir antes
de Cristo
2
.
d) La madre de los Macabeos y sus 7 hijos
El libro de los Macabeos narra el martirio de los siete hermanos Maca-
beos y su madre, presentándolos como un conjunto de mártires. Aunque se
vivieron en diferentes momentos históricos, su historia se presenta en uni-
dad
3
. El rey Seleuco IV envió al general Heliodoro a saquear el templo de
Jerusalén para sanear la economía del imperio seléucida, lo que desenca-
denó una serie de eventos que pusieron a prueba la fe de la familia.
2
José L. Malillos, «Comentario al segundo libro de los Macabeos», en Biblia de Jerusalén.
Bilbao: Desclée de Brouwer S.A, 1975, 628.
3
Agustín Giménez, Pentateuco y Libros históricos. Madrid: UPSD, 2018, 201-215.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
252 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
Los siete hermanos y su madre enfrentaron persecución debido a su fi-
delidad a la ley mosaica y a su rechazo a renunciar a su fe. A pesar de ser
flagelados y torturados, se mantuvieron firmes en su compromiso con la ley
de sus padres y su fe en Dios. En lugar de ceder ante la presión, cada uno de
los hermanos enfrentó valientemente las torturas, eligiendo morir antes que
renunciar a sus creencias. En aquella época se empleaban medios muy
crueles, y se aplicaban incluso a niños y mujeres. El rey reaccionó persi-
guiendo a la población, profanando el templo y dando un edicto de impo-
sición de la religión griega en todo su imperio
4
.
Incluso cuando el rey ordenó torturas aún más horribles, como cortar
lenguas, arrancar cueros cabelludos y extremidades, los hermanos mantu-
vieron su fe y se fortalecieron mutuamente. Desafiando al rey, cada uno de
ellos expresó su confianza en que Dios los resucitaría a una vida eterna,
demostrando su creencia en la resurrección de la carne. Incluso el hermano
más joven mantuvo su coraje frente a la crueldad del rey.
La madre de los hermanos también fue un modelo de fortaleza y fe. A
pesar de ver morir a cada uno de sus hijos en un solo día, mantuvo su
esperanza en Dios y los alentó a enfrentar la muerte con valentía. Su con-
fianza en la misericordia divina y su compromiso con sus creencias la lle-
varon a enfrentar la muerte de sus hijos con determinación.
Sucedió que todos ellos, junto con su madre, fueron presionados por el
rey, flagelados con azotes de nervios de buey, obligados a comer carne de
cerdo, prohibida por la ley mosaica. Uno de ellos, habló en nombre del
resto de la familia diciendo: «Nosotros estamos dispuestos a morir antes que
violar la ley de nuestros padres» (2 Mac 7, 2). Esta historia de los siete
hermanos y su madre se considera un ejemplo de valentía, fe y resistencia
frente a la persecución. Su firmeza en la fe y su confianza en la recompensa
eterna los convierten en modelos de inspiración tanto para la comunidad
judía como para la cristiana.
El relato continúa con los demás hermanos siguiendo el mismo valiente
ejemplo. El hermano más joven enfrenta la persecución con determinación
y advierte al rey que no escapará impune por luchar contra Dios. A pesar de
4
Ibid., 213.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 253
ver a sus siete hijos morir uno tras otro en un solo día, la madre mantiene su
esperanza en Dios y les da ánimo a cada uno con palabras de confianza en la
obra del Creador y su promesa de restaurar la vida con misericordia.
A pesar de los intentos del rey de convencer a la madre con promesas y
juramentos, ella exhorta a su hijo a enfrentar la muerte siguiendo el ejem-
plo de sus hermanos para reunirse con ellos en la misericordia divina. El rey
se ensaña especialmente con el hijo más joven debido a su sarcasmo, pero él
también enfrenta la muerte con confianza en Dios. El resto de la familia,
obligado a presenciar el horrendo espectáculo, antes que desanimarse, se
reforzaron en su fe mutuamente y decían: «El Señor nuestro Dios vela y
con toda seguridad se apiadará de nosotros»
5
aludiendo al texto de Moisés
en el Deuteronomio: «Se apiadará de nosotros»
6
. Finalmente, la madre
muere después de presenciar la muerte de todos sus hijos.
Este relato se presenta como un ejemplo detallado para la comunidad
judía y cristiana, ofreciendo un modelo de resistencia ante la adversidad y la
persecución debido a la fe. Es uno de los textos en los que expresamente se
habla de la resurrección de la carne, tema que planteó interrogantes entre
las diversas corrientes teológicas del tiempo de Jesús. Me refiero a los fari-
seos y saduceos
7
. La Iglesia conservó la memoria de estos mártires como
testimonio y ejemplo para los cristianos.
e) Jesús, el Cristo
Tanto los evangelistas sinópticos como el mismo Juan son concordes en
la narración de la Pasión-Muerte-Resurrección de Jesús. La elección por
uno de ellos, concretamente por Juan, se debe al hecho de ser éste deno-
minado «el discípulo amado», por lo que tuvo una presencia más directa en
los acontecimientos que narra en su evangelio, presenciados «en vivo». El
relato se halla recogido en los capítulos 18-19 de su evangelio. Aquí nos
centramos en el capítulo 19, dividido en tres apartados.
5
Biblia de Jerusalén, París: Editions du Cerf,, 1973, 629.
6
Dt 32,36.
7
Mt 22,23-33; 1 Cor 15,14: «Si Cristo no resucitó, vana es nuestra esperanza». CIC,
n.651: «La resurrección de Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo
Testamento y del mismo Jesús durante su enseñanza pública».
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
254 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
Expediente de Pilato para librar a Jesús: El gobernador Pilato dialoga
con Jesús, no encontrando ningún motivo de culpa. Sin embargo, cede a la
presión popular y libera a Barrabás en lugar de Jesús, revelando la dinámica
del populismo y la falta de justicia. Juan precisará aún más: aquella condena
fue dictada el «día de la parasceve» o preparación de la Pascua. Se trataba del
día 14 del mes de Nisán
8
.
Juan debe tener una intención particular al presentar la hora en que Pi-
lato pronuncia la sentencia de muerte contra Jesús, consignando en su
evangelio: «era como la hora sexta»
9
.
El populismo de entonces y de siempre: Pilato recurre a azotar a Jesús y
lo presenta nuevamente ante la multitud, que sigue exigiendo su crucifi-
xión. El populismo y la falta de reflexión predominan sobre la razón.
La sensación de impotencia ante un pueblo exigente: Pilato intenta li-
berarse de la responsabilidad lavándose las manos, y los líderes judíos justi-
fican la muerte de Jesús bajo el pretexto de que se considera Hijo de Dios.
Pilato, temeroso, accede.
La muerte y resurrección de Jesús son manifestaciones del amor reve-
lador de Dios. Jesús se presenta como el revelador del Padre, transmitiendo
su amor a través de palabras y hechos concretos. Su muerte y resurrección
marcan el inicio de la nueva comunidad cristiana y la máxima expresión del
amor divino. Los capítulos 18-21 de Juan ratifican la verdad de las palabras
de Jesús a sus discípulos y respaldan su enseñanza y misión.
Fue necesario que muriera Jesús para que los primeros cristianos pudie-
ran realizar y anhelar su nueva existencia, debida al amor radical de Dios. La
muerte de Jesús se convierte en el momento culmen de la revelación his-
tórica del amor de Dios. Y desde esta perspectiva hay que contemplar el
martirio
10
.
8
Corresponde a la luna llena de primavera.
9
Mt 27,45; Mc 15,33. Los evangelistas utilizan el horario romano, que comenzaba con la
salida del sol, sobre las 6 de la mañana y la llamaban hora prima; la tercia correspondía a
las 9, y así sucesivamente. Los sipticos hablan también de la hora sexta, como Juan,
pero para ellos Jesús lleva ya crucificado tres horas, siendo ésta la que marca el inicio en
que toda la tierra queda sumida en tinieblas.
10
Ibid., 459-60.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 255
f) Esteban protomártir (Hch 6,8-7,60)
El relato de Esteban, el protomártir, se encuentra en el libro de los
Hechos de los Apóstoles. Esteban fue elegido como diácono en la Iglesia
primitiva debido a su fe y sabiduría. Sin embargo, algunos miembros de la
sinagoga de los libertos se envidiaron y acusaron falsamente a Esteban de
blasfemia. Fue llevado ante el Sanedrín, donde dio un discurso resumiendo
la fe judía y el evangelio que había recibido de los apóstoles.
El Sumo Sacerdote y otros se enojaron por su enseñanza y lo llevaron
fuera de la ciudad para apedrearlo. En sus últimos momentos, Esteban oró a
Jesús y perdonó a sus verdugos mientras moría. Su muerte marcó el co-
mienzo del martirio cristiano, ya que con su vida y su sangre dio testimonio
de su fe en Cristo muerto y resucitado.
En Esteban se hace patente la definición de mártir: con su palabra y con
su vida da un testimonio supremo de la fe que profesa en Cristo muerto y
resucitado, sellándolo con el derramamiento de la propia sangre y perdo-
nando a sus verdugos o agresores. Así lo concibe el Catecismo de la Igle-
sia
11
.
En la segunda carta de Pablo a Timoteo, el apóstol anima a Timoteo a
no avergonzarse del testimonio de Jesucristo, a soportar las dificultades y a
mantener firme la fe. Pablo le recuerda que el martirio implica dar testi-
monio público de la fe y mantenerse valiente en medio de las adversidades.
Los consejos de Pablo a Timoteo también enfatizan la importancia de la
justicia, la piedad, la fe, la caridad y otras cualidades que definen a un au-
téntico discípulo de Cristo.
1.2. EL MARTIRIO EN LA ENSEÑANZA PATRÍSTICA
En la enseñanza patrística, que abarca el período aproximado de los años
100 a 750, el tema del martirio se profundizó y fue objeto de reflexión.
Uno de los primeros relatos no bíblicos del martirio es el de Policarpo
(70-155?), discípulo de los apóstoles y obispo de Esmirna, en el siglo II. Su
martirio se describe en un escrito anónimo que relata cómo, durante su
11
CIC, n. 2473.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
256 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
ejecución, Policarpo se despojó de sus vestiduras y se preparó para enfrentar
la hoguera. Aunque intentaron sujetarlo con clavos, él pidió que lo dejaran
atado, confiando en que Dios le daría la fuerza para soportar el fuego.
Una vez acabó su oración y hubo pronunciado su “amén”, los verdugos
encendieron el fuego, tomó la forma de una bóveda, como la vela de una
nave henchida por el viento y, cuando la hoguera se inflamó rodeando el
cuerpo del mártir, que colocado en medio de ella no parecía un cuerpo
que estaba abrasándose, sino un gran pan que estaba cociéndose, un olor
exquisito nos embargó, como si se estuviera quemando incienso o algún
otro preciado aroma
12
.
Policarpo pronunció una oración antes de su muerte, agradeciendo a
Dios por permitirle participar del cáliz de Cristo y ser destinado a la resu-
rrección de la vida eterna. A medida que el fuego lo rodeaba, el aroma
resultante era comparable al de incienso preciado. Este tipo de relato se
convirtió en un género literario clásico, destacando que el martirio es una
gracia concedida por Dios y no debe ser buscado intencionalmente. Tam-
bién enfatiza la relación especial que los mártires tienen con Cristo en su
sufrimiento, incluso al punto de no sentir los tormentos debido a la asis-
tencia divina que reciben.
El relato del martirio de Policarpo, aunque simple, tiene riqueza teoló-
gica. Muestra que el martirio es un carisma dado por Dios y resalta la con-
fianza del mártir en la ayuda divina durante el sufrimiento. Este género de
literatura se hará clásico, poniendo de manifiesto que el martirio es igual-
mente un carisma, una gracia, que no se puede obtener por las propias
fuerzas, sino que es dado por Dios; por tanto, no es justo provocarlo
13
.
Allí se despojó de su manto, se arrodilló y se prosternó ante el Señor en
oración. Cuando llegó el verdugo, Cipriano mandó a los suyos que le
dieran 25 monedas de oro. Los hermanos tendían ante él lienzos y pa-
ñuelos. Luego se vendó los ojos con sus propias manos. De este modo
12
CIC, n. 2473.
13
Borriello Ramsey Michel Dowey, Nuovo Dizionario di Spiritualità, Ciudad del Vaticano:
Librería Editrice Vaticana, 2003, 421-423. Los escritores verán en la provocación al
martirio un acto que no concuerda con la caridad porque induce al pecado de homici-
dio.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 257
sufrió el martirio… Al llegar la noche llevaron su cuerpo triunfalmente
con cirios y lámparas… a un lugar situado en la vía Mapaliense
14
.
En la patrística, los relatos de martirio a menudo presentan discursos
edificantes atribuidos a los mártires, incluso si no hay evidencia histórica de
que los pronunciaran. También pueden exagerar la crueldad de los jueces
paganos y la descripción de tormentos inimaginables. Un ejemplo desta-
cado es la Exhortación al martirio de Orígenes, un presbítero que murió
alrededor del año 254
15
. En esta obra, Orígenes enfatiza que aquellos que
sufren por Cristo también son compañeros de Cristo en su sufrimiento y
deben mantener un buen ánimo. Algunos de los puntos clave de la exhor-
tación son:
Los creyentes que han pasado de la muerte a la vida y de la infideli-
dad a la fe no deben sorprenderse si el mundo los odia, ya que aque-
llos que permanecen en la muerte no pueden amar a los que están en
la luz de la fe.
Jesús dio su vida por la humanidad, y los creyentes también deberían
estar dispuestos a dar su vida por el bien de otros, fortaleciendo así a
aquellos que se sienten alentados por su ejemplo de martirio.
El sufrimiento produce constancia, virtud y esperanza, y el amor de
Dios se derrama en los corazones de los creyentes a través del Espíritu
Santo.
«Los mártires de Cristo, con su poder, derrotan a los principados y
potestades, y triunfan sobre ellos»
16
.
Esta obra no es un relato martirial sino un tratado especulativo, donde el
autor toma algunas de las características tanto del martirio como de los
mártires. Los mártires están impulsados por un amor tan grande que llega
hasta exigirles que su alma se separe de cualquier elemento material, in-
cluido su propio cuerpo. Están imbuidos por un sentido tal del honor y del
deber, que desean recompensar de algún modo a Dios los favores que han
14
Actas proconsulares, cap.3-6: CSEL 3, 112-114.
15
Lenzenweger et al., Historia de la Iglesia católica, Barcelona: Herder, 1997, 73.
16
PG 11,618-619, nn. 41-42.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
258 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
recibido de él, y la mejor forma de hacerlo es bebiendo el cáliz de la salva-
ción, como lo recuerda el salmo 115,13: «Te ofreceré un sacrificio de ala-
banza, invocado el nombre del Señor»
17
. «Porque la sangre de Cristo nos ha
redimido, ahora somos nuevas criaturas en Cristo» (2 Corintios 5:17), así
también la sangre de los mártires puede redimir a otros.
A través de esta obra, Orígenes explora las motivaciones y la espiritua-
lidad detrás del martirio. El autor sostiene que los mártires están impulsados
por un amor profundo y un sentido del honor y el deber hacia Dios.
Considera que la sangre de los mártires puede tener un poder redentor
similar al de la sangre de Cristo y que su sacrificio puede beneficiar a otros.
En el pasado, los mártires eran venerados de manera única por los pri-
meros cristianos. Se creía que los mártires podían experimentar la visión de
Cristo en el momento de su muerte, y se les atribuía la capacidad de re-
conciliar a los pecadores con la Iglesia. La veneración de los mártires y su
papel especial en la vida de la Iglesia se reflejan en las obras de pensadores
patrísticos como Tertuliano y Hipólito de Roma.
La literatura patrística sobre el martirio a menudo presenta discursos
inspiradores y exageraciones, y una de las obras más importantes sobre este
tema es la Exhortación al martirio de Orígenes. Estos textos exploran la espi-
ritualidad y las motivaciones detrás del martirio, así como la especial vene-
ración que se le atribuía a los mártires en la comunidad cristiana primitiva.
En el contexto del martirio, San Agustín, obispo de Hipona, resalta la
valentía y el valor del martirio de San Lorenzo, un diácono romano.
Agustín afirma que San Lorenzo superó las amenazas y seducciones del
mundo, venciendo así la persecución diabólica. San Agustín, obispo de
Hipona, tiene un sermón en la fiesta de san Lorenzo. Resaltando el valor
del martirio de aquel diácono romano afirma: «Superó las amenazas y se-
ducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica» (Sermón
304, 1-4 de los sermones de San Agustín, obispo). En su homilía alude a las
palabras de Jesús en la Última Cena, aclarando el significado de las mismas:
17
Borriello Ramsey Michel Dowey, Nuovo Dizionario di Spiritualità, Ciudad del Vaticano:
Librería Editrice Vaticana, 2003, 422.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 259
Como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la
vida por los hermanos. Así lo entendió Lorenzo y así lo practicó. Amó a
Cristo durante toda su vida, y lo imitó en la muerte. También nosotros, si
amamos de verdad a Cristo, debemos imitarlo, y la mejor forma de ello es
precisamente imitando su ejemplo, porque «Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo para que nosotros sigamos sus huellas». Lo han
imitado los santos mártires, hasta el derramamiento de su sangre, hasta la
semejanza con su pasión. Pero en el huerto del Señor no sólo hay las rosas
de los mártires, sino tambn los lirios de las vírgenes y las yedras de los
casados
18
.
Agustín enfatiza que imitar a Cristo y su sacrificio es la mejor manera de
demostrar verdadero amor a Cristo y se refiere a los mártires como aquellos
que han seguido este ejemplo hasta el punto de derramar su sangre por la fe.
También menciona a las vírgenes y los casados como parte del huerto del
Señor, todos llamados a vivir conforme al ejemplo de Cristo.
Durante los dos primeros siglos, los cristianos no fueron víctimas de
persecuciones generales, sino de reacciones espontáneas de la población o
de determinados órganos del Estado. Tal forma de proceder queda ilustrada
con la expulsión de los judíos de Roma, debido a los motines surgidos
durante el emperador Claudio y sobre todo, con la maniobra de distracción
del emperador Nerón, quien hizo recaer sobre la «canalla cristiana» la sos-
pecha de que ella era la responsable del incendio de la capital del Imperio,
ordenando quemar en el circo de la colina vaticana, en una ejecución ce-
lebrada como fiesta popular, a una «multitud ingente», debido al «odio de
los cristianos contra el género humano»
19
.
Algunas fuentes cristianas acusan de enemistad hacia los cristianos al
emperador Domiciano, quien había expresado la intención de recibir culto
imperial, utilizando conscientemente los títulos de dominus et deus. De todos
modos, en estos momentos los abusos que se produjeron fueron aislados
20
.
18
Agustín, Sermón 304, 1-4: PL 28, 1395-1397.
19
Cornelio Tácito, Ann. XV, 44: «Ergo abolendo rumori Nero subdidit reos…», Oxford:
Editorial Charles Dennis Fisher, 1906.
20
Argimiro Velasco-Delgado, Historia eclesiástica Vol. III. Madrid: BAC, 2018, 20, 1-6.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
260 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
El edicto de tolerancia, promulgado por Galerio el año 311, permitía a
los cristianos la libre confesión de su fe en todas las regiones del imperio
21
.
Constantino siguió esta política religiosa. Se había convertido al cristia-
nismo y portavoces de los cristianos habían demostrado desde hacía tiempo
su lealtad al Estado e incluso habían contemplado la posibilidad de una
cooperación entre la Iglesia y el Estado.
La espiritualidad de los tres primeros siglos de la Iglesia y de algunos
posteriores, estuvo fuertemente marcada por la mística del martirio y las
peregrinaciones
22
. Cuando cesaron las persecuciones, se experimentan
nuevas formas de veneración de los santos. Junto a los venerados mártires
comenzaron a aparecer aquellos cristianos que habían dado un testimonio
cualificado de su fe a lo largo de su vida. Sulpicio Severo, historiador de san
Martín de Tours (+397), afirmaba que no pudo ser mártir por las circuns-
tancias de su tiempo, pero que participaba del honor de los mártires
23
.
Junto a los mártires venerados, comenzaron a ser reconocidos aquellos
cristianos que habían dado un testimonio destacado de su fe a lo largo de sus
vidas. Aunque no fueran mártires en el sentido clásico, eran considerados
como ejemplos dignos de veneración. Por ejemplo, Sulpicio Severo, el
historiador de san Martín de Tours, mencionó que Martín no pudo ser
mártir debido a las circunstancias de su tiempo, pero aun así participaba del
honor de los mártires.
El trasfondo de esta praxis no lo constituyó el antiguo culto al héroe,
sino la conciencia de comunión de fe recíprocamente responsable. El ha-
llazgo singular de huesos de mártires, así como la construcción de iglesias en
lugares conmemorativos de acontecimientos bíblicos en Palestina, dieron
origen a las peregrinaciones, las cuales recordaban una forma concreta del
camino de la fe, como en otro tiempo fueron los mártires
24
.
21
Lenzenweger et Al., Historia de la Iglesia católica, Barcelona: Herder, 1997, 112 y ss.
22
Borriello Ramsey Michel Dowey, Nuovo Dizionario di Spiritualità, Ciudad del Vaticano:
Librería Editrice Vaticana, 2003, 421-224
23
Josef Lenzenweger Peter Stockmeier.-Karl Amon y Rodolf Zinnhobler, Historia de la
Iglesia católica, Barcelona: Herder, 1989, 223.
24
Lenzenweger et al., Historia de la Iglesia católica, Barcelona: Herder, 1997, 224.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 261
1.3. EL MARTIRIO EN EL MAGISTERIO Y EN LA TEOLOGÍA
El concepto teológico de martirio es una elaboración de la tradición de
la Iglesia.
El Concilio Vaticano II, se expresa en estos términos:
Jesús el Hijo de Dios, manifestó su caridad ofreciendo su vida por noso-
tros; por ello, nadie tiene mayor amor que el que ofrece su vida por El y
por sus hermanos (1Jn 3,16; Jn 15,13). Pues bien, ya desde los primeros
tiempos algunos cristianos se vieron llamados, y otros se encontrarán lla-
mados siempre, a dar este máximo testimonio de amor delante de todos,
principalmente delante de los perseguidores. El martirio, por consi-
guiente, con el que el discípulo llega a hacerse semejante al Maestro, que
aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a
Él por el derramamiento de su sangre, es considerado por la Iglesia como
supremo don y la prueba mayor de la caridad. Y aunque ese don se da a
pocos, conviene que todos vivan preparados para confesar a Cristo delante
de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz, en medio de las
persecuciones que nunca faltarán a la Iglesia
25
.
La enseñanza del Concilio Vaticano II sigue la lógica neotestamentaria
del sufrimiento de Cristo. Quien quiera ser discípulo ha de estar dispuesto a
sufrir vejaciones, insultos, persecuciones e incluso la muerte por causa de
Jesús y de su Evangelio (identificación del Misterio Pascual de Cristo). En la
muerte de Jesús, como la muerte del mártir, lo que está en juego es el
testimonio de Dios. El mártir muere unido a Cristo en la esperanza de la
victoria mediante la fuerza de la resurrección del Padre. El mártir entrega su
vida a Dios porque confiesa plenamente sus planes, y muere perdonando.
El Catecismo de la Iglesia católica lo describe como el supremo testi-
monio de la verdad de la fe, insistiendo que dicha creencia llega hasta la
muerte. El mártir da testimonio de Cristo muerto y resucitado, al cual está
unido por el amor. El mártir da prueba de la verdad de la fe y de la doctrina
cristiana. Un acto de fortaleza le lleva a soportar la muerte
26
.
25
Gaudium et Spes, 42: AAS 58 (1966) 1025-1115.
26
CIC, n. 2471.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
262 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
Santo Tomás expone su pensamiento sobre el martirio en la Summa
Theologica II-II.q.124, en 5 apartados, sirviendo de fundamento para los
posteriores teólogos y pensadores.
El martirio es un acto de virtud, «siendo esencial al martirio el mante-
nerse firme en la verdad y la justicia, frente a los ataques de los perse-
guidores». Por eso, lo considera como un acto «virtuoso» (derivado del
término latino virtus (valiente, fuerte).
Los santos Inocentes, honrados desde antiguo por la Iglesia como már-
tires, constituyen una excepción, pues no pueden obrar «virtuosamente», ya
que carecieron del uso de razón y la voluntad. Con esta definición trata de
afrontar una cuestión que se ha planteado en la Iglesia: «¿Por qué ha
prohibido desde antiguo buscar el martirio voluntariamente»? Responde
diciendo que ciertos mandamientos de la Ley divina nos exigen solamente
una «disposición interior para cumplirlos en el momento oportuno». Es
virtuoso y necesario estar prontos a sufrir por Cristo las persecuciones, si
éstas llegan, pero no es lícito buscar estas persecuciones o provocarlas. Por
otra parte, sería una temeridad provocar a los perseguidores para que lleven
a cabo un crimen
27
.
Santo Tomás de Aquino también contribuyó a la comprensión teológica
del martirio. Él lo considera un acto virtuoso y un acto de la virtud de la
fortaleza. El martirio implica mantenerse firme en la verdad y la justicia
frente a la persecución. Santo Tomás también aborda la cuestión de buscar
voluntariamente el martirio y lo desaconseja, ya que es más importante estar
dispuesto a sufrir por Cristo cuando lleguen las persecuciones, en lugar de
provocarlas.
En el martirio, se manifiestan diversas virtudes en su grado supremo. La
«abnegación» es ejemplificada cuando el mártir renuncia a sí mismo y
pierde su vida por Cristo. La «fe» se evidencia al dar testimonio de la verdad
incluso hasta la muerte. La «obediencia» a Dios y a sus mandamientos es
destacada, ya que el mártir es obediente hasta la muerte, siguiendo el
ejemplo de Cristo.
27
José M. Iraburu, El martirio de Cristo y de los cristianos, Pamplona: Fund. Gratis datur,
2003, 45.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 263
El martirio implica morir por Cristo. La tradición de la Iglesia reserva el
título de «mártir» para aquellos que han sufrido la muerte por Cristo,
mientras que llama «confesor» a quienes han enfrentado torturas u otras
formas de sufrimiento sin llegar a la muerte. La relación entre la muerte del
mártir y la muerte de Cristo es fundamental en la idea teológica del marti-
rio. La muerte es esencial al martirio, ya que el mártir da testimonio ge-
neroso e incondicional de su fe al entregar su vida.
Aunque no haya sufrido una muerte violenta, la Virgen María es con-
siderada «Reina de los mártires». Aunque su muerte no fue violenta, se
asocia con el martirio debido a su dolor en la pasión de Cristo y su sufri-
miento como madre. A este respecto, san Jerónimo afirma: «Yo diré sin
temor a equivocarme, que la Madre de Dios es al mismo tiempo virgen y
mártir, aunque ella no terminó su vida de forma violenta»
28
. Y san Ber-
nardo dirá que «el martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía
de Simeón: “Una espada te traspasará el alma” (Lc 2,35), y por la misma
historia de la pasión del Señor… Éste murió en su cuerpo, y ¿ella no pudo
morir en su corazón
29
.
La causa del martirio no se limita a la fe, sino que también implica tes-
tificar la verdad según la piedad, la verdad revelada por Cristo. Los mártires
son testigos de Cristo y de la verdad de la fe, y es esta verdad la causa fun-
damental del martirio.
El martirio no se limita solo a la creencia interna, sino que implica ma-
nifestar externamente la fe a través de palabras y acciones, como lo enseñan
Santiago y Pablo en la Biblia. Todas las obras virtuosas relacionadas con
Dios son manifestaciones de fe y pueden ser consideradas causa de martirio.
Esto explica por qué la Iglesia celebra el martirio de figuras como Juan
Bautista, quienes no murieron por defender su fe directamente, sino por
otras razones, como la reprobación de un adulterio
30
.
El autor Orosio destaca que los mártires son aquellos que dieron su vida
en persecuciones para obtener la libertad de la Iglesia y la eliminación de la
28
San Jerónimo, «Carta a Paula y Eustochi
29
San Bernardo, infraoctava de la Asunción, 14-15, opera omnia, edición cisterciense, 5,
1968, 273-274.
30
Sto. Tomás, STh., II-II, 124, 5.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
264 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
idolatría. Los mártires son símbolos de oposición a la esclavitud de la ido-
latría y contribuyen a la llegada de la Iglesia que trae la libertad. Para al-
gunos, como J. B. Valero, los mártires no solo demuestran su fe ante los
demás, sino que también son imitadores de Jesucristo y viven esta imitación
como una gracia en el misterio salvador del Señor.
El martirio es una parte esencial de la Iglesia, que nace y se construye
sobre el fundamento del martirio de Cristo. La presencia de los mártires en
la historia y en la vida cristiana confirma la verdad y la eficacia del mensaje
cristiano. Los mártires son testigos de Cristo y de la verdad del Evangelio, y
la Iglesia reza a los mártires para obtener su intercesión. Aunque el martirio
implica el sacrificio de la vida por la fidelidad a la fe, también puede ma-
nifestarse en la renuncia de la vida cotidiana y de los tesoros mundanos,
como se ve en la vida de San Maximiliano María Kolbe.
El martirio continúa en la Iglesia actual, y la persecución y el conflicto
de autoridades siguen siendo realidades en muchos lugares del mundo. Los
mártires de España en 1936 son un ejemplo de cómo la fe cristiana enfrenta
situaciones de persecución radical. Los mártires no mueren por odio, sino
que muestran que es posible la oración por los perseguidores y el amor a los
enemigos. Su ejemplo ilumina cada época de la historia y sirve como mo-
delo para los creyentes, alentándolos a vivir una vida de santidad y ser tes-
tigos de la fe.
2. EL PROCEDIMIENTO MARTIRIAL. DOCTRINA Y JURISPRUDENCIA
La prueba en el martirio es el elemento clave que va a encaminar y
proporcionar los datos para evitar el error en el procedimiento martirial a
quienes tienen que decidir en cada fase en la toma de decisiones de la causa.
La prueba de la disposición del mártir hasta la muerte y en la muerte
misma y de la muerte como manifestación de perseverancia y la voluntad
en la aceptación del martirio, será determinante para el desenvolvimiento
de este tipo de proceso. Hay que tener en cuenta que, al llevar a cabo la
actividad probatoria, que en algunos casos falten testigos que puedan de-
clarar sobre el momento de la muerte del Siervo de Dios; sin embargo, del
hecho mismo de la muerte violenta (el hallazgo del cadáver con las señales
de martirio: frecuentemente heridas por arma de fuego) se puede inferir
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 265
razonablemente que, si los Siervos de Dios murieron, fue precisamente
porque no quisieron renegar de su fe, ya que en caso contrario hubieran
salvado su vida. Por eso, la muerte es ya de por si un indicio de la perse-
verancia in ipso obitu.
Por otro lado, hay que tener en cuenta la importancia de la aceptación
voluntaria de la muerte in testimonium fidei, con respecto a la cual Benedicto
XI afirmaba que es que es la óptima voluntariedad actual del Siervo de Dios
de aceptar la muerte por amor de la fe, pero teniendo en cuenta que basta la
voluntariedad virtual no retractada y que influye en el acto del martirio, así
como también es suficiente la voluntad habitual, quedando sólo excluida la
voluntad interpretativa. Este matiz es importante, porque, a los efectos de
los que ahora se trata, bastará alcanzar ex actis et probatis la certeza moral
acerca de la voluntad al menos habitual del Siervo de Dios de aceptar el
martirio.
Por otra parte, hay que pensar que en la práctica el odium fidei que se
exige suele referirse no a la fe como conjunto de verdades que se han de
creer, sino más bien al ejercicio de las virtudes que acompañan necesaria-
mente a la fe vivida. De modo que teológicamente podemos decir que este
acto heroico de entrega de la propia vida hace que el fiel configure de un
modo especial con Cristo, el cual voluntariamente entregó su vida por
nosotros y se dejó conducir a la muerte como oveja llevada al matadero,
dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Cuando ese acto de
entrega se hace porque alguien la quiere arrebatar por odio contra la fe o
alguna virtud relacionada con la fe como afirma Benedicto XIV la
muerte se podrá considerar martirial. De modo que, y en referencia a la
«fama» que puede decirse es el verdadero motor de una causa de beatifica-
ción, en este caso no será tanto la «fama de santidad» o «fama de martiri
sino, según lo expuesto, como «fama de entrega heroica».
2.1. LA CERTEZA MORAL
2.1.1. La noción de certeza moral
Para poner en marcha el proceso instructor diocesano sobre el martirio
padecido por un Siervo de Dios, es necesario la redacción de la corres-
pondiente positio o expediente impreso, que recoja las virtudes o los mila-
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
266 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
gros atribuidos y que proporcionará la información necesaria para que los
Consultores y Miembros de la Congregación den su parecer. Éstos autori-
zarán los elementos de prueba necesarios para que puedan adquirir una
certeza sólidamente fundada acerca de dictar sentencia en un proceso judi-
cial o administrativo, y también por otro lado emitir su parecer en una
causa de canonización. Para todo ello es necesario que haya adquirido
previamente certeza moral acerca de aquello sobre lo que debe pronun-
ciarse.
En las Alocuciones a la Rota Romana, enseñadas e interpretadas autén-
ticamente por Pio XII y Juan Pablo II en los años 1942 y 1980 respecti-
vamente, se recoge la doctrina que todo juez o colegio de jueces debe
atenerse en todos estos procesos. Pero parece indudable que los principios
establecidos en el can. 1608 han de aplicarse también a las causas de cano-
nización, ya que el can. 1403 & 2 del CIC así lo establece.
El papa Pio XII en sus escritos, hace distinción entre la certeza absoluta
(inalcanzable en algunos casos) y la probabilidad (insuficiente para poder
juzgar). Pero si aun así se puede distinguir algo intermedio, la certeza moral
excluye cualquier duda razonable y fundada, pero a la vez deja íntegra la
posibilidad absoluta de su contrario.
En algunos casos la certeza va conectada con una serie de indicios y de
pruebas que en su conjunto encuentran suficiente fundamento únicamente
en la verdad y en la realidad objetiva, llegándose así a la aplicación de un
principio de certeza absoluta y de valor universal. Dicho de otra forma, un
principio de razón suficiente. La certeza moral es compatible con la posi-
bilidad absoluta de su contrario, pero no existe allí donde a favor de su
contrario se dan motivos, o sea prueba o indicios positivos que, al menos de
algún modo, sean dignos de ser tenidos en cuenta.
2.1.2. La certeza moral ex actis probatis
(De los actos o registros probados)
El can. 1608 & del CIC manda: Hanc certitudinem (moramen) iudex hauride
debet ex actis et probatis, esto es, el juez debe extraer esta certeza de registros y
pruebas. En esa prescripción reside la clave de la objetividad de la certeza (o
de su no existencia): en efecto, la motivación del parecer personal de todo
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 267
juez y de la sentencia misma debe fundarse en las actas del proceso, me-
diante una valoración libre del conjunto de pruebas recogidas en las actas.
Hay, pues, un justo formalismo jurídico, en virtud del cual se imponen al
juez reglas taxativamente definidas que atañen al desarrollo del procedi-
miento, es decir, al modo de llevar a cabo la parte instructora del proceso y
la adquisición de las pruebas.
Observando lo que acabamos de exponer, el juez está obligado a pro-
nunciar sentencia según las normas legales, es decir, según la certeza moral
que haya alcanzado o a la que no haya podido llegar ex actis et probatis.
El canon 1608 & 3 del CIC establece que durante la fase instructora, tal
y como se observa, el formalismo jurídico debe prevalecer, mientras que,
por el contrario, en la valoración de las pruebas, es el juez quien lo deter-
mina según su conciencia. El propio Pio XII refuerza esta idea al insistir en
que es el juez quién debe emitir su parecer de acuerdo con la certeza moral
alcanzada, excluyendo todas las dudas razonables. Esta certeza indicada debe
provenir del conjunto de elementos objetivos, resultado del «aparato pro-
batorio».
2.1.3. Certeza moral: comentarios al canon 1608 CIC
Siguiendo los comentarios del profesor García Matamoros a este pre-
cepto, podemos deducir lo siguiente: Cuando un juez dicta sentencia sa-
bemos que esta no es una absoluta. Entendemos que el juez antes de emitir
la sentencia ha obtenido y estudiado a conciencia todo el conocimiento
relacionado con el caso, intentando dejar el mínimo error y siendo lo más
justo posible con las partes. En este tipo de casos no existe la verdad abso-
luta como en el orden metafísico o físico. Por todo ello no se le puede
exigir la ardua tarea de exigir a los jueces de dictar sentencia con certeza
absoluta, pero tampoco sin relajar esta premisa y considerando como lo más
apropiado aquello que goza de mayor probabilidad.
Un juez debe dictar sentencia desde una certeza moral que excluya todas
las dudas acerca del hecho y elimine la probabilidad de su contrario. Esto
no quiere decir que esta certeza es algo subjetivo, ya que el juez ha verifi-
cado siguiendo determinas pruebas exteriores que han dado lugar a la re-
solución determinada. De este modo, se elimina la probabilidad de error,
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
268 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
aunque no la posibilidad de lo contrario. El juez debe ser fiel y ceñirse a lo
que está alegado y probado, dejando a un lado otro tipo de informaciones o
que simplemente no han sido probadas.
Tal y como se puede observar en el código, todo juez tiene abierto el
principio de libre apreciación de las pruebas y de su valoración libremente
según lo que dicte su conciencia, siempre y cuando se siga las normas que
regulan la eficacia que ha de atribuirse a alguna de las pruebas.
Para resumir, podemos quedarnos con la frase que señala que de unas
premisas dudosas no se puede seguir una conclusión cierta, y de unos he-
chos inciertos, no se puede derivar una obligación segura y justa
31
.
El Código Canónico consagra el principio de libre apreciación de la
prueba, pues el juez debe valorarlas libremente, según el grado de convic-
ción que han producido en su conciencia, teniendo en cuenta las normas
que regulan la eficacia que ha de atribuirse a algunas pruebas. Es un prin-
cipio que también rige para este proceso.
2.1.4. Las pruebas onmino plenae en las causas de canonización
Las causas de canonización tienen como objeto el pronunciamiento bien
sobre las virtudes en grado heroico realizadas por un Siervo de Dios o bien
sobre el martirio o sobre un milagro. Las pruebas serán omnimo plenae en la
medida en el que el testimonio del sujeto se declarase como tal, tanto de
forma externa como interna (disposición interior del sujeto), y ello con-
duzca a la certeza moral (no certeza absoluta).
A modo de conclusión podemos quedarnos con las palabras de su san-
tidad Benedicto XIV, en las que afirma que, si al analizar las actas procesales
podemos extraer con total firmeza que el Siervo de Dios fue ejecutado por
haber realizado una acción conforme con la fe cristiana y prohibida por las
leyes humanas injustas, todo ello constituye una prueba plena de muerte
por odio a la fe
32
. No obstante, resulta imprescindible que se demuestre una
31
Luis A. García Matamoro, «Comentario al canon 1608», Código de Derecho Canónico,
Madrid: BAC, 2014. 926-927.
32
Benedicto XIV, Opus de Servorum Dei beatificatione et Beatorum canonizatione,
Prato 1839-1842, L. III, cap. 11, n. 1.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 269
unión entre el estado de persecución y la muerte de la persona o grupo de
personas que se trate.
2.2. EL PROCEDIMIENTO MARTIRIAL
2.2.1. La fase previa al proceso
La Iglesia pide que se introduzcan causas de beatificación de fieles que
hayan fallecido con fama de santidad o de martirio, y que ésta sea constante
y difundida en diversos lugares. El obispo o su delegado deben tener espe-
cial cuidado en el discernimiento de la calidad, el fundamento y el alcance
de esa fama.
2.2.2. El Proceso Diocesano y la Causa de los Santos
Existen dos vías para la beatificación: el proceso de beatificación por
virtudes heroicas, o bien, el proceso de martirio, cuyos recorridos proce-
sales, en ambos casos, son diversos.
El Derecho Canónico tiene como misión contribuir a preservar la vida y
la fe del pueblo cristiano y, desde el siglo XVIII, con la eminente figura del
cardenal Prospero Lambertini (Benedicto XIV), dejó perfectamente deli-
mitado el itinerario de las causas de canonización. San Pablo VI y san Juan
Pablo II actualizaron la doctrina jurídica de las causas de los santos en el
Concilio Vaticano II que se trasladaron al Código de Derecho Canónico de
1983. Más tarde el papa Benedicto XVI, aprobó la Instrucción Sanctorum
Mater, del 17 de mayo del 2006, por la que se rigen los procesos de beati-
ficación y canonización, de martirio y de milagro
33
. El objetivo de la Ins-
trucción es el de agilizar la fiel aplicación de las Normae Servandae con el fin
de salvaguardar las averiguaciones en los procesos diocesanos sobre las
virtudes de los Siervos de Dios o acerca de los casos de martirio, como es el
nuestro
34
.
33
AAS 99 (2007) 465-510.
34
El canon 1403 del vigente Código de Derecho Canónico, remite a una ley particular
que, en la actualidad, está formada por la Constitución Apostólica «Divinus perfectionis
Magister», de 25 de enero de 1983.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
270 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
El 24 de abril de 2006, el Santo Padre Benedicto XVI dirigía una Carta
a la Sesión Plenaria de la Congregación para las Causas de los Santos
35
.
Quiero mencionar uno de los párrafos que considero más importante de la
misma, que es el siguiente: «Los Pastores diocesanos, al decidir en la pre-
sencia de Dios qué causas merecen ser iniciadas, sopesarán ante todo si los
candidatos a los altares gozan realmente de una sólida y extendida fama de
santidad y de milagros o de martirio».
36
Siguiendo el estudio de la Carta de la Sesión Plenaria, Benedicto XVI
exponía que, según el Código de Derecho Canónico de 1917, la fama de
santidad debería ser espontánea, no creada de forma artificial, sino continua,
creciente y extendida entre la mayor parte del pueblo (can. 2050 & 2). Para
expresar esta fama de santidad, es necesario que la Iglesia indique que nos
encontramos ante una señal dada por Dios, necesaria «para dar luz a todos
los que están en casa» (Mt 5,15).
Los artículos 4-8 de la Instrucción precisan la importancia de la fama de
santidad como elemento esencial para que pueda dar lugar al inicio de una
causa de beatificación y canonización. En concreto, el artículo 7 de la
instrucción establece que el obispo diocesano o eparquial debe comprobar
esta fama, correspondiendo al postulador la recogida de documentación de
la fama de santidad (artículo 8.1 de la instrucción). Podemos decir que la
fama sanctitatis (también como vox populi Dei) tiene sustancia teológica y el
suficiente fundamento para la canonización. Su importancia está en captar
el sensus fidei del Pueblo de Dios, sin reducirlo a una mera opinión pública.
Las pruebas reunidas por el postulador para probar la existencia de una
verdadera fama de santidad o martirio y de milagro del Siervo de Dios no es
necesario que sean exhaustivas. El postulador, para la redacción de ese
testimonio, puede valerse de los interrogatorios. Pero el obispo, bien por sí
mismo o por un sacerdote designado por él, puede citar también a personas
que depongan sobre la existencia de la fama y de signos, con el fin de cer-
ciorarse con una mayor objetividad de la existencia de la misma.
35
Texto italiano de la carta en L´Osservatore Romano, 28-IV-2006, p.4.
36
Texto italiano de la carta en L´Osservatore Romano, 28-IV-2006.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 271
El riguroso cuidado del obispo, en el discernimiento sobre el funda-
mento de la fama, debería tener en cuenta los siguientes puntos que a con-
tinuación se exponen: certeza de verdadera santidad, y no de simple virtud,
esto es esclarecimiento de si la persona fue heroica en el ejercicio todas las
virtudes o si fue un servidor sobresaliente de la fe que, quizás por haber
practicado alguna virtud concreta, el pueblo podría haberle atribuido de
forma genérica la fama de santidad. Respecto a la heroicidad de las virtudes,
observamos que, con el paso del tiempo, se generalizaron unos términos
heroicidad de las virtudes o virtudes heroicas, que encontramos ya en
Aristóteles, en el libro VII de la Ética a Nicómaco. Él concibe la virtud
como un hábito adquirido por el hombre (no brota espontáneamente de la
naturaleza), que consiste en el justo medio entre dos extremos viciosos, de
modo que, siempre que se habla de una virtud, se pueden determinar los
extremos viciosos a los que ella corresponde como justo medio. En la
gradualidad de las virtudes, el punto más elevado lo ocupa el grado heroico
(la realización de la virtud en grado sumo).
En las aportaciones de la Teología medieval, Santo Tomás, en la Summa
(I-II, q.68), precisará más detenidamente dicha distinción: Los dones actúan
en las fuerzas del alma, de modo que éstas obedezcan dócilmente a la pe-
culiar moción del Espíritu Santo, y así los actos realizados bajo esta moción,
a diferencia de los actos de las virtudes, son causados por un principio ex-
terno al hombre, la misma fuerza divina. Por el contrario, en los actos
virtuosos simplemente actúa la razón humana, esto es, un principio interno.
El concepto que más se asemejaría a los dones es lo que el Estagirita llamaba
virtud heroica, en los que no hay solamente un esfuerzo humano, sino que
superan lo propio de la naturaleza humana. A partir de Santo Tomás, poco
a poco se asienta la expresión virtud heroica en el lenguaje teológico, lle-
gando a convertirse en un concepto pacíficamente aceptado.
Fue el papa Benedicto XIV (Próspero Lambertini) el que llevó a su
culmen la doctrina de la virtud heroica, aplicándola de modo específico a
los procesos de Canonización. En su obra De Servorum Dei Beatificatione et
Beatorum Canonizatione quiso tratar en profundidad la materia, recogiendo
los numerosos documentos pontificios que con el transcurso de los siglos se
habían ido acumulando, junto con la doctrina de los principales autores. En
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
272 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
el libro III de la citada obra analiza las principales definiciones que han dado
los autores de la virtud heroica:
El grado de virtud no proviene totalmente del esfuerzo humano, si bien lo
requiere, superando lo que es propio de la naturaleza, pero también lo que
es habitual en la naturaleza auxiliada por la gracia de Dios; sus manifesta-
ciones externas no consisten en uno u otro acto heroico aislado, sin que
haya interrupción
37
.
Al probar tanto las virtudes teologales como las cardinales no basta haber
ejercitado alguna de ellas heroicamente de modo aislado. Se establece la
siguiente regla: mientras que las teologales han de ser probadas todas y cada
una, en lo que respecta a las cardinales y las morales hay que distinguir ya
que no a todos los fieles se les pide el heroísmo en el ejercicio de todas y
cada una de las virtudes, sino que depende mucho de las circunstancias
personales, pues si se exigieran todas las virtudes en grado heroico en todos
los siervos de Dios, fracasarían algunas causas, pero del ejercicio de las
virtudes teologales no se puede eximir a ningún caso, puesto que son la
base sobre la que las demás adquieren su fuerza, y entre estas virtudes la que
principalmente debe ser probada es la caridad.
El modo de probar las virtudes heroicas es a través de actos externos,
obras y palabras, pues por la propia naturaleza interna de las virtudes se
requieren signos externos de dichas realidades. Por tanto, se requieren actos
visibles del avance en la virtud, de la abnegación y prontitud para rechazar
el mal y obrar el bien, y éstos deben provocar la admiración de los demás
por considerarse superiores a lo normal, heroicos.
El Concilio Vaticano II, con el fin de renovar y dar un nuevo impulso a
la vida de la Iglesia, habló abundantemente de la santidad y concretamente
dedicó a ella el capítulo V de la Lumen Gentium, sobre la universal vocación
a la santidad en la Iglesia.
La investigación diocesana en las causas dependerá del valor que habrá
que dar a las pruebas testificales como los interrogatorios y la prueba do-
cumental. Las declaraciones de los testigos, bajo juramente ante el tribunal,
37
BENEDICTUS XIV, Opus de Servorum Dei beatificatione et Beatorum canoniza-
tione, Prati 1838-1841, Lib. III, cap. 18., 14
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 273
y los documentos incluidos los periciales reconocidos por el notario actua-
rio forman parte de las actas del proceso. El Tribunal examinará a los tes-
tigos sobre la fama de santidad, tiene que interrogar a los miembros de la
Comisión histórica. La Congregación para la Causas de los Santos tiene que
declarar la validez o no del Proceso.
2.2.3. Actor de la causa
En la Constitución Divinus Perfectionis Magister se establece que
compete a los obispos diocesanos y demás jerarquías equiparadas en
derecho, dentro de los límites de su jurisdicción, sea de oficio, sea a
instancias de fieles o de grupos legítimamente constituidos o de sus
procuradores, el derecho a investigar sobre la vida, virtudes o mar-
tirio y fama de santidad o martirio, milagros atribuidos, y, si se
considera necesario, el antiguo culto al Siervo de Dios, cuya cano-
nización se pide
38
.
El artículo 1 de las Normae Servandae inquisitionibus ab episcopis faciendis in
causis sanctorum, promulgadas por la Congregación para las Causas de los
Santos del 7 de febrero de 1983, también establece que el actor de la causa
puede ser cualquier fiel que pertenezca al pueblo de Dios o a una asociación
que haya sido legítimamente erigida. No se especifica más.
2.2.4. Postulador de la causa y obispo competente
(Arts. 12-19 y Arts. 20-24 de la Instrucción Sanctorum Mater)
El postulador es «el alma del proceso». La prosperidad de la causa de
canonización, supuestas las virtudes heroicas y la fama de santidad del can-
didato a la canonización, depende en gran parte, del postulador. De
acuerdo con el artículo 12 de la instrucción, el cargo de postulador puede
ser desempeñado por cualquier persona, si bien el párrafo 4º de dicho ar-
tículo le exige ser experto en teología, derecho canónico e historia, y co-
nocedor de la praxis de la Congregación para las Causas de los Santos. En el
artículo 21, 1, y de acuerdo con el artículo 5 a) de las Normae Servandae,
38
Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister, 23-I-1983, I, 1.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
274 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
establece que «es competente para instruir el procedimiento diocesano o
eparquial sobre las virtudes heroicas o el martirio, el obispo del territorio
donde murió el Siervo de Dios».
2.2.5. Fase preliminar de la causa. Tiempo para la presentación del
libelo e investigación (Art. 25 de la Instrucción Sanctorum Mater)
En las causas recientes el postulador presenta al obispo diocesano o
eparquial el libelo de demanda (supplex libelus), es decir, la petición escrita
con la que solicita el inicio de la causa. El art. 9 a) de las Normae Servandae, y
el art. 25, 2 de la Instrucción, prescriben que la petición de introducción de la
causa no debe presentarse antes de que hayan transcurrido cinco años desde
la muerte del Siervo de Dios.
2.2.6. Causas recientes y causas antiguas
(Arts. 28-35 de la Instrucción Sanctorum Mater)
En este apartado intentaremos definir los términos de causas antiguas y
causas recientes. El artículo 29 de la instrucción define que nos encontra-
mos ante una causa reciente «cuando las virtudes o el martirio del Siervo de
Dios pueden probarse mediante declaraciones orales de testigos presencia-
les», y el procedimiento de instrucción se fundamenta principalmente en el
interrogatorio de los testigos, aunque siempre hayan de recogerse las
pruebas documentales (art. 29, 2).
Sería causa antigua «si las pruebas de las virtudes in specie, o del martirio
del Siervo de Dios, se obtienen sólo de fuentes escritas, por faltar testigos
presenciales de la heroicidad de las virtudes o el martirio». En este supuesto,
serían de gran relevancia la investigación de los peritos históricos, aunque es
necesario tener presente la necesidad de interrogar algunos testigos acerca
de la vigencia actual de la fama de santidad o de martirio y de la fama sig-
norum. Entendemos por este último como la fama en la intercesión ante el
Señor del candidato, en la concesión de gracias y favores. En el artículo
31.2 de la citada Instrucción se expresa que, para probar el martirio de un
Siervo de Dios, el procedimiento deberá instruirse sobre la vida, el martirio,
la fama de martirio y la fama signorum.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 275
2.2.7. Causas acerca de las virtudes heroicas o del martirio
(Arts. 31-35 de la Instrucción Sanctorum Mater)
Estos artículos tratan fundamentalmente de conceptos técnicos que ha-
cen relación directa a la instrucción del procedimiento diocesano. El art. 31
establece lo que se denomina litiscontestatio, que es el resultado de fijar el
objeto fundamental del procedimiento. De esta manera, para probar el
martirio de un Siervo de Dios, el procedimiento deberá instruirse sobre la
vida, el martirio, la fama de martirio y la fama signorum. En el trascurso de
este proceso especial, la citada instrucción, en su artículo 41,1, dice que
«una vez aceptado el libelo de demanda, el obispo pedirá a la Conferencia
Episcopal, por lo menos Regional, su opinión sobre la oportunidad de la
causa». También el obispo, antes de dar el Decreto, debe consultar con la
Congregación para las Causas de los Santos si, por parte de la Santa Sede
existe algún obstáculo para la causa (Nihil Obstat de la Santa Sede).
2.2.8. Instrucción de la causa
El párrafo primero del artículo 47 de la Instrucción Sanctorum Mater,
dispone que «el obispo y todos los que toman parte en el procedimiento
instructorio deben cuidar con suma diligencia y empeño que, al recoger las
pruebas, no se omita nada que de algún modo concierne a la causa».
2.2.9. Los oficiales del procedimiento instructorio en particular
a) Promotor de justicia
La figura del promotor de justicia ha sido reforzada, estableciéndose la
obligatoriedad de su asistencia a las sesiones del tribunal. El promotor de
justicia tiene como fin el de velar por la tutela de los derechos de la Iglesia,
entre ellos, la observación de las normas del procedimiento, comprobando
que se hayan recogido de forma exhaustiva todos los documentos relacio-
nados con el procedimiento (art. 56, 2 de la Instrucción) y asegurándose de
que en los interrogatorios se planteen de forma adecuada.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
276 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
b) Notario
El canon 1437 del Código de Derecho Canónico vigente prescribe en el
párrafo primero que «en todo proceso debe intervenir un notario, de ma-
nera que las actas son nulas si no están firmadas por él». Y en el párrafo
segundo se dice «las actas redactadas por el notario hacen fe pública». La
intervención del notario es, por tanto, un mandato expreso de la ley ca-
nónica.
3. FASE ROMANA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN
La competencia para llevar a cabo el proceso de canonización reside en
la Congregación para las Causas de los Santos. Dentro de la Congregación
existe un Colegio de Relatores, que tiene como función el impulsar las
causas que reciben, de acuerdo con las normas de la propia Congregación,
y siempre con la rigurosidad propia del proceso.
Una vez recibida la causa, esta se asigna a uno de los Relatores, el cual
preparara la Positio sobre las virtudes o sobre el martirio del Siervo de Dios.
Esta tarea se suele prolongar durante muchos años, un tiempo que depende
de la relevancia de la causa, del número de testigos y de documentos pre-
sentados, de los posibles problemas de prueba que puedan surgir, etc. Una
vez acabada la Positio, la causa queda en lista de espera, un periodo que
puede durar más o menos según haya o no un milagro del Siervo de Dios
en estudio. La Positio sobre las virtudes o sobre el martirio se presenta a la
Comisión de Historiadores que la examinarán y si el informe que emiten
finalmente es favorable, pasa a la Comisión de Teólogos, que también
deben emitir su voto. Si éste es favorable, la causa se entrega a los cardenales
y obispos miembros de la Congregación. Si su voto también es favorable, se
presenta al Santo Padre la propuesta de que se apruebe el decreto de vir-
tudes heroicas del siervo de Dios: una vez aprobado, el siervo de Dios
recibe el título de Venerable. Alcanzado este grado de la devoción privada
que se autoriza es de esperar que por su intercesión se logre un milagro que
pueda ser comprobado también por las comisiones correspondientes de la
Congregación para las causas de los Santos.
Si la causa de beatificación se sigue por vía de martirio, tema principal
del presente trabajo, no se procede a la declaración de Venerable. Como se
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 277
sabe, para la beatificación de los mártires no es necesario el proceso del
milagro. Una vez aprobada la ponencia por la Comisión de Historiadores,
la Comisión de Teólogos y el grupo de la Congregación de Cardenales y
Obispos, se presenta al Santo Padre, el cual, si lo estima conveniente, pro-
cederá a promulgar el decreto por el que se aprueba el martirio del siervo
de Dios, y ordenará su beatificación.
3.1. EL PROCESO DEL MILAGRO PARA LA CANONIZACIÓN
EN EL CASO DE LOS MÁRTIRES
Pero también en posible la canonización para los casos de quienes han
llegado a la beatificación tras la prueba del martirio, se hará siguiendo el
proceso llamado del Milagro. Es competente para establecerlo, el obispo del
lugar en que haya ocurrido la investigación del milagro, que se atribuye a la
intercesión de un siervo de Dios. El postulador iniciará el proceso en el
tribunal competente y propondrá las pruebas pertinentes. En el caso de
milagros médicos, son útiles las pruebas médicas anteriores a la curación y
posteriores, así como el testimonio de los médicos. No se debe olvidar
demostrar que la curación fue por intercesión del siervo de Dios: deberá
testificar, por lo tanto, la persona que haya pedido el favor al siervo de Dios
(que puede ser el beneficiado por el milagro u otra persona). Sólo serán
relevantes los milagros que bajo ningún aspecto puedan ser explicables por
causas naturales.
Para este supuesto, al igual que en el proceso ordinario, se redacta una
positio y se envían las actas a la Congregación para las Causas de los Santos
(sin relator). Los milagros atribuidos, se estudian en una Comisión de pe-
ritos (que será de médicos, si el favor es una curación); posteriormente
también por un Congreso especial de los teólogos, y en último lugar en la
Congregación de los padres cardenales y obispos. Si los informes de los tres
grupos son favorables, se presentan al Papa, que es quien tiene la compe-
tencia de determinar. Si el Sumo Pontífice, lo estima conveniente, procede
a emitir un decreto por el que se aprueba el milagro, y se ordenará la bea-
tificación.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
278 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
3.2. LA CANONIZACIÓN
Para alcanzar la canonización de un ya beato, se debe desarrollar un
nuevo proceso más breve, en el cual se estudiará específicamente la conti-
nuación de la fama de santidad o martirio del Beato, y la conveniencia de
proceder a la canonización. En la canonización se espera a la intervención
de Dios: es decir, lo que se necesita probar es que se ha producido un
milagro atribuible a la intercesión del beato. De modo que, se requiere un
milagro para proceder a la canonización de un beato. El milagro debe ser
posterior a la beatificación. Si se diera un hecho extraordinario, que pudiera
ser milagro, se seguiría de modo similar al milagro anterior a la beatifica-
ción.
Terminado el proceso en el que se prueba que se ha producido un mi-
lagro, el Santo Padre si lo estima procedenteemitirá el decreto por el que
se ordena la canonización del grupo de mártires. En el supuesto de martirio,
se debe probar un solo milagro. De modo que, en el caso de los mártires
sevillanos del siglo XX, siendo veinte los declarados beatos tras el Decreto
del Dicasterio de la Causa de los Santos de fecha 22 de junio de 2023, si
posteriormente tuviera lugar la apertura del proceso de milagro, la aproba-
ción de la Santa Sede de un milagro con la consiguiente promulgación de
los Decretos autorizados por el Romano Pontífice, permitiría la canoniza-
ción de todos los beatos mártires de la causa.
4. E
L MARTIRIO DE ANTONIO JESÚS DÍAZ RAMOS,
SACERDOTE DE LA ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA
Habiendo vivido de cerca todo lo relativo al proceso del martirio de uno
de los recién reconocidos como beatos por el papa Francisco en junio de
2023, entiendo que puede ser de interés narrar cómo se recogieron los que
dieron lugar a que los miembros de la Comisión de la Congregación para la
causa de los santos llegaran a la certeza moral de que la muerte del sacerdote
Antonio Jesús Díaz Ramos le llevó a alcanzar la gloria como mártir. Había
nacido el 31 de diciembre de 1896 en Bollullos del Condado (Huelva) y
fue muerto el 5 de agosto de 1936 en Cazalla de la Sierra (Sevilla).
El 12 de noviembre de 1920, D. Antonio Jesús presentó la solicitud para
recibir el Sagrado Orden del Presbiterado. Como aún le restaban unos días
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 279
para cumplir 24 años, la edad exigida para ser ordenado como presbítero,
recibió la autorización del arzobispo de Sevilla y fue ordenado presbítero el
18 de diciembre de 1920
39
.
En la parroquia de Nuestra Señora de Consolación de Cazalla de la
Sierra, tuvo todos sus cargos parroquiales. Primero como coadjutor (para lo
que recibió el encargo el 10 de marzo de 1921, mientras finalizaba sus
estudios de Teología en el Seminario y del cual tomó posesión el 1 de abril
del mismo año) y más tarde como Ecónomo (recibió el nombramiento el 1
de septiembre de 1931, aunque ya ejercía como tal desde el 22 de agosto
anterior), siendo, por tanto, la primera y única parroquia que atendió
40
y
donde sufrió el martirio
41
.
En las declaraciones de su hermana María Jesús Díaz Ramos, se refiere a
D. Antonio Jesús con las siguientes palabras:
Era un pedazo de pan bendito (…) Él trataba a los pobres como si hu-
bieran sido de su familia. A todo el mundo le hablaba bien (…) formó la
banda, y ya no tenía más distracción que sus músicos, su banda, su casa y
su Iglesia… En la banda metió a gente pobre, escogió a gente humilde:
huérfanos de padre, de madre o de ambos y a gente trabajadora. No es-
cogió a los ricos (…). «De carácter bueno y afable, era sencillo, de porte y
ademanes sobrios y modestos». «Don Antonio atraía por su trato de be-
nevolencia sacerdotal». «Era muy querido en el pueblo y su trabajo para
los pobres fue preferente. Hasta tal punto fue así, que su estipendio lo
gastaba en pan que daba de su propia mano a los pobres en el patio de la
parroquia» (…).
El 1 de abril de 1935 tomó posesión del cargo de coadjutor de la pa-
rroquia Francisco de la Rosa, puesto para el que fue designado el 27 de
marzo de 1935. D. Francisco presenció lo que ocurrió en la cárcel de Ca-
39
Padrón eclesiástico del Arzobispado (Díaz Ramos), AGAS, sig. prov. Caja 279.
AGAS. Fondo Arzobispal (Fondo Arzobispal) leg. 04940 n.º 43.
40
AGAS.ASS, leg. 107, (A.J. Díaz Ramos).
41
AGAS.FA. Libro de Curas y Arciprestes, n.º 05131, p. 77 v y 297 r. La referencia al
encargo recibido el 22 de agosto en, Id. leg. 05045, Cazalla, 7, cuando hace el inven-
tario de bienes tras la toma de posesión. Vid. también AGAS, sig. prov. Caja 279 (Díaz
Ramos) donde consta que el encargo del primer destino fue el 10 de agosto de 1921.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
280 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
zalla el 5 de agosto de 1936. Consiguió salir con vida de allí y estuvo es-
condido hasta la llegada de las fuerzas sublevadas. Él dio testimonio a las
autoridades eclesiásticas de los hechos sucedidos en la cárcel.
La época de curato de D. Antonio Jesús coincidió con la etapa más in-
tolerante y radical del régimen republicano. En las declaraciones de su
hermana queda recogido que los problemas llegaron con la República y
que antes no habían surgido mayores inconvenientes. «Todo comenzó
cuando desde el Ayuntamiento le prohibieron que saliera con el Viático a
visitar a los enfermos, por lo que acordó con unos amigos que le llevasen en
coche hasta el enfermo». Su hermana cuenta que «le mandaban un oficio y
antes de resolverlo ya estaba allí el municipal con otro oficio, había días que
le mandaban dos o tres. Así todos los días»; aun así, «las relaciones con los
feligreses eran amables hasta más no poder». [No añade más pero sí que nos
constan los otros enfrentamientos en el año 32 y 33]. El Siervo de Dios
también tuvo buenas relaciones con las hermandades de Cazalla. La do-
cumentación de la Parroquia de Cazalla fue destruida en 1936.
4.1. ANTECEDENTES DOCUMENTADOS
a) Los problemas y enfrentamientos con el Ayuntamiento cazallense
Los inconvenientes generados con las nuevas autoridades tras la pro-
clamación de la II República siguieron diferentes cauces. Los momentos
críticos de los enfrentamientos, con anterioridad a la sublevación militar,
tuvieron lugar desde finales de 1931, durante todo 1932 y en 1933 fun-
damentalmente. Por un lado, los altercados con la banda de música que
dirigía el Siervo de Dios, problema que, aunque tiene autonomía propia, se
desencadenó entre febrero y marzo de 1932, en pleno periodo de enfren-
tamientos; y por otro lado, todo lo relacionado con actividades religiosas
que hasta entonces se había hecho con normalidad: Viático, enterramientos
católicos y toque de campanas, empezaron a presentar inconvenientes que
suscitaron malestar. Junto a ello, también se desarrollaron muchos actos
(protestas por la supresión de los nombres religiosos del callejero, por
ejemplo) protagonizadas, sobre todo, por laicos cristianos en un ambiente
de restablecimiento de las fuerzas ideológicas contrarias a estas medidas.
Como ya hemos visto, por tradición familiar, D. Antonio Jesús Díaz Ra-
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 281
mos tenía aficiones musicales. Cuando llegó a Cazalla de la Sierra decidió
crear una banda de música. Consiguió del Ayuntamiento un contrato que,
entre otras cuestiones, suministraba los instrumentos a la banda. A eso se
refería su hermana en las declaraciones que se han conservado. Cuando
estallaron los problemas, a partir de febrero de 1932 y en medio de una
progresiva separación radical del Estado (en este caso el Ayuntamiento) y la
Iglesia, las autoridades civiles trabajaron para crear una banda de música
municipal que supliera a la creada por el Párroco. Se requisaron los ins-
trumentos que habían sido adquiridos por el Ayuntamiento para aquella
banda años antes. Toda una serie de hechos que desencadenaron una si-
tuación muy violenta. En las actas de las sesiones plenarias figuran los deta-
lles de este proceso:
b) Acuerdo de la Sesión de Pleno de 11 de febrero de 1932
42
En febrero de 1932 «El Ayuntamiento destituye a Antonio Jesús de la
banda por ser sacerdote, a pesar de haber fundado la Banda de Música de
Cazalla de la Sierra». El paso siguiente, tras el anterior acuerdo, fue la de-
volución mediante inventario de los instrumentos que, propiedad de mu-
nicipio, utilizaba la banda de D. Antonio y de cuyo acto se dio también
cuenta en la sesión municipal del 29 de marzo de 1932
43
.
Poco después, el Siervo de Dios tuvo que enfrentarse a una persecución
de la que fue objeto por parte del Ayuntamiento de Cazalla de la Sierra.
Especialmente con respecto a las manifestaciones religiosas públicas de dis-
tinta naturaleza que se solían celebrar. Los desencuentros fueron muchos, y
en varias ocasiones desde la alcaldía se presentaron acciones contra la Pa-
rroquia sin fundamento legal, como acreditaría el propio Gobierno Civil.
Antonio Jesús mostró evidentes virtudes, sobre todo la templanza, en
todo momento mantuvo informado de las medidas antirreligiosas al Sr.
Cardenal arzobispo de Sevilla, el cardenal Ilundain, emprendiendo las ac-
ciones legales llegando el caso, siempre con autorización eclesiástica, en la
42
Archivo Municipal de Cazalla de la Sierra (en adelante AMCS), Libro 30, fols. 175v
176r.
43
AMCS, Libro 30, fols. 4r y v.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
282 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
defensa de los derechos de la Iglesia que consideraba violados. La actuación
de la Alcaldía puede explicarse no tanto por la militancia política de su
titular, que pertenecía al Partido Republicano Radical (y más tarde, al
producirse la eclosión del partido, al de Unión Republicana) sino sobre
todo la condición de masón activo en el taller Isis y Osiris de la capital
hispalense en ese momento.
Lo ocurrido puede seguirse a través de las dos colecciones documentales
consultadas: la eclesiástica (conservada en el Archivo General del Arzobis-
pado) y la municipal (conservada en el Archivo Municipal de la localidad).
Los documentos reflejan la misma realidad comentada y lo mostraremos
para reflejar la constancia probatoria que proporcionaron.
Desde la documentación municipal, los altercados se producen habi-
tualmente y siempre en el mismo modo, aunque se trates de expediente de
temas muy diferentes: los asuntos de los enterramientos civiles, el problema
de los repiques de campanas, las manifestaciones religiosas y las protestas de
los vecinos. En esta documentación se recogen cartas y notificaciones que
se le hacían a D. Antonio Jesús, que mostró su queja cuando entendió que
era necesario desde el punto de vista legal y moral, lo hizo cuando se le
negó llevar el viático a los enfermos que lo solicitaban, así como cuando
comprobó que se le negaba sepultura eclesiástica a los fieles que la requerían
para sus familiares fallecidos.
c) Carta de los vecinos de Cazalla al gobernador civil y respuesta
Cual violenta debió ser la situación que un grupo de vecinos de Cazalla
hicieron llegar un escrito al Gobernador Civil de Sevilla relatando lo que
sucedía en esta localidad. La carta está fechada en Cazalla de la Sierra el 3 de
abril de 1932
44
y exponía la preocupación por la falta de respeto a sus
creencias religiosas y derechos como ciudadanos. Se detallan varios inci-
dentes y conflictos en los que el alcalde local había prohibido o restringido
distintas actividades religiosas, como repicar campanas, realizar ritos públi-
cos incluso la prohibición de entierro religioso de personas fallecidas, a
pesar de que habían expresado su voluntad de recibirlo.
44
AGAS.FA., leg. 05065 (1932-3). Cazalla de la Sierra
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 283
Los firmantes de la carta argumentan que estas acciones del alcalde están
infringiendo los derechos religiosos y civiles de los ciudadanos, y piden al
Gobernador Civil que tome medidas para restablecer el respeto a la legali-
dad y evitar el malestar social que estas acciones han causado en la comu-
nidad. Alegan que desean ser tratados como otras ciudades y pueblos en
España y solicitan que se interpreten y apliquen las leyes vigentes de manera
justa y equitativa. La carta concluye expresando su esperanza de que el
Gobernador Civil tome medidas para abordar estos problemas y aseguran su
disposición a presentar recursos legales si es necesario.
El gobernador civil de Sevilla respondió al anterior escrito dirigiéndose
al alcalde de la localidad en estos términos.
Escrito de la Secretaría del Gobierno Civil de Sevilla, al Alcalde de Cazalla de la
Sierra del 5 de abril de 1932, al que se le da registro de entrada el 8 de abril de
1932
45
.
Visto un escrito presentado en este Gobierno por varios vecinos de esa
localidad en el que dan cuenta de determinadas órdenes circuladas por esa
alcaldía relativas a la prohibición de la pctica de ciertos oficios por el Sr.
Cura párroco de esa ciudad, le participo que estimo que mientras no
aparezca una aclaración al Decreto de 30 de enero del corriente año,
apruebo su proceder respecto a enterramientos, es decir, que no ponga el
menor impedimento para que en el cementerio se realicen los Ritos que
estimen convenientes a todo el que quieran enterrar católicamente, pero
que no acompañe por las calles el clero revestido con la cruz alzada. Ahora
bien, en cambio, no debe, ni puede poner menor impedimento a las ce-
remonias seculares tal como se vienen haciendo, cuando se vaya a sumi-
nistrar los Sacramentos del Viático o la extremaunción.
d) Detención y Muerte
El último documento oficial que se tiene del martirio de Díaz Ramos es
la propia inscripción de fallecimiento. La defunción del Siervo de Dios
figura en el Registro Civil de Cazalla, recogido en los siguientes términos:
45
RCCS, tomo 55, f. 169v, anotación 169.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
284 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
«falleció en esta Ciudad el día cinco de Agosto, la hora se ignora, a conse-
cuencia de disparos de arma de fuego según resulta de carta orden de la
Superioridad y reconocimiento practicado, y su cadáver recibió sepultura
en el Cementerio de la parroquia de esta Ciudad». La inscripción se hizo en
virtud de una «orden de la Superioridad». Consta de una anotación al
margen.
4.2. EL RELATO DE SU HERMANA SOBRE LA
DETENCIÓN Y MUERTE MARTIRIAL
La hermana de Antonio Jesús Díaz Ramos, María Jesús, es prueba testi-
fical directa, ya que vivió la mayor parte de lo ocurrido junto al Siervo de
Dios y lo dejó narrado. Por otra parte, me fue entregado el testimonio
firmado por la propia testigo, que vivió en Cazalla de la Sierra, así como
una cinta magnetofónica, en la que se puede corroborar el martirio a causa
de su fe. A continuación, se muestran algunas partes probatorias más rele-
vantes de dicho testimonio:
Se había llevado una semana entera sin salir a la calle porque en cuanto
salía lo detenían por ser cura, pues él no se metía en política. El ambiente,
durante la República, se iba enrareciendo cada vez más, cada vez estaba
más revolucionado. El día 3 de Mayo del año 1936, coincidiendo con la
festividad de la Santa Cruz, se presentó en la Parroquia un piquete de
guardias de asalto, de guardias civiles y acordonaron la casa parroquial y la
Iglesia. Un sargento de los guardias de asalto entró en la casa e hizo un
registro muy minucioso: […] levantaron los colchones, abrieron el apa-
rador y metieron la mano dentro de la sopera, levantaron la radio para ver
qué había debajo y ya no pude aguantar más, pues tengo un genio muy
vivo, y dije: «¡Por Dios bendito! ¿Qué es lo que va a haber ahí?». Uno
contestó «nosotros sabemos muy bien lo que aquí hay» y siguieron. Vol-
caron la canasta de la ropa… Habían denunciado que mi hermano tenía
escondidas bombas de mano y gases asfixiantes. Como no encontraron
nada en la casa, trajeron un motor y el pozo que estaba en la puerta de la
parroquia, lo vaciaron hasta verle el fondo. Y como no había nada, no
pudieron sacar nada.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 285
Las vicisitudes al producirse la sublevación militar. Su detención en la
noche del 18 de julio:
El 18 de Julio, que era sábado, a las 11 de la noche sonó el teléfono. Él
estaba acostado. Era el brigada de la Guardia Civil y me dijo: - ¿Dónde
está D. Antonio? - Está acostado, le dije.- Pues haga el favor de llamarlo
porque tengo que hablar con él. - Levántate, le dije, que te llama la bri-
gada de la Guardia Civil. Se puso al teléfono y cuando terminó me dijo:
- Niña, ve abajo y encierra a la perra y abre la puerta, que viene la brigada.
Pues teníamos una perra mastín, ya que la casa tenía un huerto que daba al
campo y además tenía la cárcel al lado […]. Bajé, encerré a la perra, abrí la
puerta y me encontré a la brigada, al sargento de los municipales y a un
número de la Guardia Civil. Entró el brigada y quedaron los otros en la
puerta, que la dejé abierta. Yo me quedé en el patio esperando que ter-
minaran de hablar. Al cabo de mucho tiempo bajó el brigada y le pre-
gunté: - Señor brigada ¿puedo cerrar ya la puerta? - No señora, que tiene
que salir su hermano, me contestó. Cuando me dijo esto, me di media
vuelta y salí corriendo para arriba. Ya él venía saliendo de la casa. Le
pregunté: ¿A dónde vas? - A la cárcel, me contestó. - Y yo contigo, le
dije. Se calló y no me dijo ni palabra. Yo pensé «Pues a éste no le sienta
mal que yo me vaya a la cárcel con él». Y ya cuando salió por la puerta
pregunté yo: - Señor brigada, ¿puedo acompañar a mi hermano? - ¿A
dónde? - A donde vaya. - Ah, sí señora. Usted, su padre, su madre. Todo
el que quiera puede acompañarlo. Mis padres estaban allí porque habían
ido a pasar con él el día de San Antonio y mi hermano les dijo que estu-
vieran allí hasta el día de mi madre Santa Ana-. Los acompañé, pues, a la
cárcel y al llegar le dije al director de prisiones: - Don Irene ¿Puedo traerle
una cama a mi hermano? - No le va a hacer falta. Puede usted traerla
mañana, pero no le va a hacer falta- dijo. - Bueno dije yopor lo menos
para esta noche, una butaca y unos cojines para que duerma un poquito
cómodo.
Sí señora, puede usted traerlo, pero no le va a hacer falta repitió.
Cuando yo escuché eso se me unió la Tierra con el Cielo y pensé: «A este
me lo matan esta noche». Aquella noche no habíamos puesto la radio y no
sabíamos que había empezado la guerra. La pusimos a partir de entonces,
pero aquella noche, para mí que lo mataban como a Calvo Sotelo, antes
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
286 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
de llegar a la cárcel. Y al día siguiente yo ya me quedé vestida en una silla
con mi padre y mi madre y una lamparita, la luz eléctrica no la encen-
díamos, esperando que amaneciera. En cuanto amaneció corrí a la cárcel y
le dije al director: - D. Irene ¿le traigo la cama? - Sí, señora, puede traér-
sela. Se la llevé y le llevé también los trastos de aseo y lo pusieron a él en
un rastrillo (con puerta de madera y rastrillo que quedaba cerrada con sólo
abrir la puerta de la galería). Aunque quisiera salir, no podría porque tenía
dos puertas por un lado y dos por otro. Me dejaron entrar en la cárcel a
hacerle la cama los primeros días hasta que empezaron a llegar detenidos
(….). Él nunca me hablaba de lo que comentaba con los demás, sólo me
preguntaba una y otra vez «¿Cómo está mamá?» Y yo le contestaba que
estaba bien.
Durante su cautiverio se preocupó por el Reservado e hizo gestiones
desde allí para ponerlo a buen recaudo. Así lo indica su hermana: «A todo
esto, los cultos estaban suspendidos. Al coadjutor, D. Francisco de la Rosa
Ruiz, le cerraron la Iglesia y también lo encerraron en la prisión».
La casa parroquial había sido saqueada. Según el testimonio de María
Jesús Díaz Ramos. D. Antonio Jesús veía el padecer permanente de su
hermana y el suyo propio, pues todas las noches sometían a interrogatorios
abusivos y amenazas continuas de muerte.
A diario solía su hermana llevarle de comer, y por ello sabía algo de su
situación. Así hasta que un día fue a llevarle de comer y el que estaba en la
puerta le quitó el portaviandas, cogió un palo y empezó a remover la can-
dela. La hermana se enteró de lo que le había ocurrido al Siervo de Dios. El
coadjutor, Francisco de la Rosa, sobrevivió a la matanza del 5 de agosto en
la cárcel de Cazalla y consiguió escapar vivo de allí. Junto con él, también
escapó el Siervo de Dios, Vicente García Manzano, quien trasladó al car-
denal Ilundain la noticia de la muerte de Díaz Ramos. Esto se sabe por la
información contenida en diversas cartas en las que también narró la des-
trucción de los enseres y de todos los miembros de la Junta Parroquial.
Francisco de la Rosa manifestó en reiteradas ocasiones «de un tiro no mu-
rió, de un tiro no murió». El Obispado mandó al Padre Mariano a Cazalla
de la Sierra para que investigara y aportase las pruebas sobre su muerte.
Cuando llegó a Cazalla de La Sierra, María Jesús Díaz Ramos reclamó su
cuerpo, pero el Padre Mariano le manifestó que del lugar de los hechos no
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 287
habían podido localizarlo, quizás hubiera quedado una pierna o un brazo.
La madre del Siervo de Dios murió sin saber dónde estaban los restos de su
hijo.
4.3. OTROS TESTIMONIOS ESCRITOS
a) La información de la Persecución Religiosa
La descripción que figura en la obra redactada por Bandarán/Tineo es la
que hizo el Pbro. Francisco de la Rosa en Cazalla (que era el Coadjutor
entonces, como hemos visto) el 4 de marzo de 1938
46
. Por este testimonio
sabemos que fue detenido en la noche del 18 de julio y que el sacerdote que
hizo el informe le visitó domingo y lunes (19 y 20 de julio) y lo vio «con
igual impresión y ánimo tranquilo». Una vez hubo concluido la primera
misa del domingo 19 de julio, la Alcaldía notificó al Coadjutor que cerrase
inmediatamente la Parroquia. Al día siguiente (lunes 20), entró disimula-
damente en la iglesia para constatar que todo estaba en orden y celebrar
misa, ya que el día antes «no pude hacerlo ante la actitud amenazadora de
algunos grupos que estaban frente al edificio». Pero eso no lo amedrantó y
celebró misa a puertas cerradas en el Convento de las Hermanas de la Doc-
trina Cristiana que, dicho sea de paso, fue la última que pudo celebrar. A esa
misa del lunes 20 de julio asistieron muy pocas personas, «entre ellas, a más
de la Comunidad, el Seminarista Enrique Palacios Monrabá, que tuvo la
desgracia de perecer en los fusilamientos y que comulgó por última vez este
a». El testigo cuenta que fue detenido a la mañana siguiente, martes 21 de
julio, e ingresado como los demás en las prisiones del partido porque «según
decían los que se encontraban por la calle cometiendo toda clase de atrope-
llos, era necesario encerrarme para evitar cometiera alguna imprudencia». El
día 22 de julio por la noche fue horrible,
lo más horrible que cabe imaginar para los que, desde el primer momento,
nos dimos cuenta de la grandeza y el significado de aquella triste jornada,
consistente en el saqueo y destrucción de todas las Iglesias de la población
y en particular la de nuestra Parroquia, que por la proximidad a la cárcel
46
Sebastián y Bandarán, J., Los inmolados en la diócesis hispalense, Sevilla: Editorial Sevillana
S.A.,1938, 104-113.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
288 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
oíamos perfectamente el despojo del que era objeto y el ruido satánico
que producían con la destrucción de los magníficos Retablos y Altares que
contenían (pp. 105-106).
b) En la Causa General
En la lista de fallecidos figura el presbítero Antonio Jesús Díaz Ramos,
de 39 años, «de derechas», el 5 de octubre de 1936 y en lo referente a si se
encontró el cuerpo, dónde y la clase de heridas que presentaba, indica
expresamente «Enterrado en una fosa en el cementerio de la Iglesia Pa-
rroquial, heridas producidas por metrall
47
.
En la noche del 3 de agosto, algunos presos fueron sacados de la cárcel y
maltratados. Sobre el Siervo de Dios en esos momentos se indica: «Tam-
bién aquella noche fue sacado el Sr. Cura Párroco y fue objeto de amenazas
y burlas por parte de los Rojos»
48
.
c) En la memoria redactada por el Siervo de Dios Vicente García Manzano
Testigo directo del martirio el Siervo de Dios fue sobre todo Vicente
García Manzano, que realizó una memoria mecanografiada de lo sucedido a
D. Antonio Jesús, dándonos la oportunidad de conocer, con más profun-
didad, el martirio y todo lo que aconteció en la cárcel de Cazalla de la
Sierra.
4.4. SEPULTURA
Ya se ha dicho, anteriormente, que todos los cadáveres de los asesinados
el 5 de agosto en el patio de la cárcel de Cazalla se trasladaron a una fosa
común que se abrió muy cerca, en el patio del antiguo Cementerio Pa-
rroquial, y quedaron ahí, inhumados. Los cuerpos sin exhumar se elevan a
sesenta y dos. Sobre ellos se construyeron rápidamente los cimientos de un
sepulcro cuyas obras, en la forma que aún hoy día se conservan, fueron
impulsadas por José María López-Cepero y Muru.
47
Causa General, caja 1040, expte. 8, fol. 34-35.
48
Causa General, caja 1040, expte. 8, fol. 38.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 289
5. CONCLUSIÓN
A lo largo de la Historia de la Iglesia, el concepto de martirio ha ido
evolucionando, como sucede con el de santidad. En los primeros mo-
mentos al emplear la denominación griega de martyr se designaba un tes-
timonio que llega hasta el derramamiento de la sangre, hasta morir por la
verdad que se profesa.
El Catecismo de la Iglesia Católica define el martirio como «supremo
testimonio de la verdad de fe y de la doctrina que profesa»
49
. El decreto Ad
Gentes, del Concilio Vaticano II en el capítulo II dice: «Todos los fieles
cristianos, donde quieran que vivan, están obligados, con el ejemplo de su
vida y el testimonio de su palabra, al hombre nuevo del que se revistieron
por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo, que les ha fortalecido con la
confirmación»
50
, la fortaleza que el Espíritu infunde a los mártires les hace
en efecto supremos testigos de la fe de la Iglesia.
Como madre que se ocupa y preocupa de sus hijos, la Iglesia ha reco-
gido los recuerdos de quienes llegaron hasta tal extremo de dar testimonio
de su fe hasta la muerte. Son las Actas de los mártires, archivo de la Verdad
con mayúsculasescritas con pluma de amor y tinta de la propia sangre y
testimonio de admiración para sus hermanos de fe y doctrina. El papa san
Juan Pablo II se expresa con estas palabras: «La memoria de los mártires es
un signo perenne, especialmente significativo, de la verdad del amor cris-
tiano… Ellos son los que han anunciado el Evangelio dando su vida por
amor»
51
.
Es por ello, para poder venerar en la Iglesia la memoria de quienes
dieron este testimonio de fe, que el Derecho Canónico regula dentro de las
causas de los santos, como proceso específico el del martirio. El c. 1403 del
código de Derecho Canónico, expone que el proceso que se sigue en las
tradicionalmente llamadas «Causas de los Santos» se rige por una ley especial
Las causas de canonización de los Siervos de Dios se rigen por una ley
49
Catecismo de la Iglesia católica, n. 2472, Librería Editrice Vaticana, 1997. En adelante CIC.
50
Concilio Vaticano II, Decr. Ad Gentes, n.11: AAS 58 (1966): 947-90.
51
Juan Pablo, Incarnationis mysterium, Bula de convocatoria del Gran Jubileo del año 2000,
n.13.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
290 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
pontificia peculiar»). El procedimiento que se debe seguir en las causas de
canonización está recogido actualmente en la Constitución Apostólica
Divinus perfectionis Magister (Divino Maestro de la perfección), del 25 de
enero de 1983 y en las Normae servandae in inquisitionibus ab episcopis faciendis
in causis sanctorum (Normas que deben observarse en las investigaciones
hechas por los obispos en las causas de los santos) promulgadas por la
Congregación para las Causas de los Santos el 7 de febrero de 1983. Estas
normas modifican y actualizan lo relativo a las causas de canonización,
normas que recogen a veces experiencias muy antiguas. También se deben
tener en cuenta otros documentos, entre los que destaca el la Instrucción
Sanctorum Mater, promulgada por la misma Congregación del 17 de mayo
del 2007 y el Mensaje de Benedicto XVI al prefecto de la Congregación
para las Causas de los Santos. El objetivo de la Instrucción es el de agilizar la
fiel aplicación de la Normae Servandae con el fin de salvaguardar las averi-
guaciones en los procesos diocesanos sobre las virtudes de los Siervos de
Dios o en su caso acerca de los casos de martirio, que es en el que nos
centramos en este trabajo.
Podemos concluir que el siglo XX ha sido el siglo de los mártires y de
innumerables víctimas inocentes a causa de los muchos conflictos con
cristianos. Las noticias contra cristianos solo por motivos religiosos nos
siguen conmoviendo en nuestros días. Queda mucho por descubrir, sin
duda, en la enorme cantidad de víctimas y mártires del siglo XX cuyas
muertes nos sirven de ejemplo y estímulo en la historia reciente, pues son
testimonio y legado de nuestra Iglesia. Su testimonio es esperanza de una
nueva sociedad. Hoy día los mártires de Jesucristo siguen hablando.
El Derecho Canónico ampara y defiende la vida y la fe del pueblo cris-
tiano y, desde el siglo XVIII, con el cardenal Prospero Lambertini, quedó
precisamente fijado el itinerario de las causas de canonización que aprobara
el santo padre Benedicto XIV. San Pablo VI y san Juan Pablo II renovarían
la doctrina jurídica de las causas de los santos en virtud de las orientaciones
del Concilio Vaticano II y del nuevo Código de Derecho Canónico de
1983. El 17 de mayo de 2006, el papa Benedicto XVI, aprobó la Instruc-
ción Sanctorum Mater, documento clave para regular los procesos de beati-
ficación y canonización, de martirio y de milagro.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 291
Durante el siglo XX han sido numerosas las muertes de inocentes cau-
sadas por el simple hecho de profesar una determinada confesión religiosa.
Sin lugar a dudas el Holocausto Nazi (1933-1945), organizado por el ré-
gimen Nazi y sus colaboradores, bajo la premisa del antisemitismo, el odio
y prejuicios fueron los protagonistas de que millones de personas fueran
asesinadas con la finalidad de su exterminio. Actualmente la persecución
religiosa sigue siendo noticia, pues son continuas las víctimas que se en-
cuentran perseguidas y se les arrebata la vida por el hecho de defender una
determinada creencia religiosa o por etiquetarlas en una determinada
creencia. El análisis de los relatos bíblicos expuesto, la persecución religiosa
y muerte de D. Antonio Jesús Díaz Ramos, junto el proceso especial ca-
nónico para la beatificación y canonización de martirio, son ejemplo de esta
realidad que continua en nuestra sociedad. Este artículo pretende reflexio-
nar sobre la persecución religiosa de personas inocentes que han perdido la
vida, entre otros motivos por no renunciar a su Fe.
Dedico este artículo a la memoria de los mártires y de manera especial al
Siervo de Dios Vicente García Manzano, que pesar de haber llegado al final
de las distintas fases, pero en la promulgación del Decreto del Dicasterio de
la Causa de los Santos de fecha 22-06-2023 no se aprobó su martirio. Vi-
cente García Manzano fue víctima del fusilamiento colectivo en el patio de
la cárcel de Cazalla de la Sierra el 5 de agosto de 1936, quedando malherido
hasta su muerte en marzo de 1941. En la exploración médica de los señores
doctores Joaquín Tárrega de Juan y José Casas de fecha 30 de septiembre de
1941 confirman que la aneurisma que padecía era traumática provocada por
un disparo de arma de fuego de los que recibió del pelotón de fusilamiento
en el verano de mil novecientos treinta y seis. Dicho informe se conserva
en el Archivo Causa de los Mártires de la Archidiócesis de Sevilla y en el
Centro Documental de la Memoria Histórica, en la Causa General. Sin
lugar a dudas García Manzano fue víctima-testigo, pues su obra Relación
somera de los sucesos acaecidos en Cazalla de la Sierra durante el periodo revolu-
cionario del Frente Popular en los meses de julio y agosto de 1936”, escrita en
1938, ha formado parte del aparato probatorio documental de los mártires
de Cazalla de la Sierra, entre los que se encuentra el mártir Antonio Jesús
Díaz Ramos.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
292 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
BIBLIOGRAFÍA
ACTAS PROCONSULARES, cap.3-6: CSEL 3,112-114.
AGAS. FA., Archivo del Arzobispado de Sevilla. Fondo Arzobispal.
AGAS. SC., Archivo del Arzobispado de Sevilla. Secretaría de Cámara.
AGUSTÍN, Sermón 304,1-4: PL 28,1395-1397.
AMCS, Libro 30, fols. 4r y v.
ARCHIVO MUNICIPAL DE CAZALLA DE LA SIERRA (en adelante
AMCS), Libro 30, fols. 175v 176r.
ARTACHO, F. de, Mártires por su fe: durante la guerra civil en la archidiócesis de
Sevilla, Guadalturia, Sevilla, 2012.
BENEDICTO XIV, Opus de Servorum Dei beatificatione et Beatorum canoni-
zatione, Prato 1839-1842, L. III, cap. 11, n. 1.
Biblia de Jerusalén, París: Editions du Cerf, 1973, 629.
BRAOJOS GARRIDO, A., ÁLVAREZ REY, L. y ESPINOSA MAESTRE, F.,
Sevilla 36 Sublevación fascista y represión, Muñoz Moya y Montraveta Edito-
res, Sevilla 1990.
Causa General, Archivo Histórico Nacional.
Catecismo de la Iglesia Católica. Nueva edición conforme al texto latino oficial de
1997. Asociación de Editores del Catecismo.
CARBULLANCA, N.C., El Hijo del hombre joánico. Una teología del martirio,
«Teología y Vida» 53 (2012) 193-223.
Concilio Vaticano II, Decr. Ad Gentes, n.11: AAS 58 (1966): 947-90.
Constitución Apostólica Divinus Perfectionis Magister, 23-I-1983, I, 1.
CORDOBILLA PÉREZ, A., Teología del martirio. MAGAZ FERNÁNDEZ, J.
Mª. (ed.), Una aproximación, en rtires. La victoria sobre los ídolos, Colección
«Presencia y Diálogo» 50, Publ. San Dámaso, Madrid 2017, 149-165.
Diccionario de Teología Fundamental, ed. San Pablo, Madrid 1992, 858-871.
Flecha, J.R., Buscadores de Dios, S.E. Atenas, Madrid 1993.
EL ANÁLISIS DE LA PRUEBA EN EL PROCESO DE MARTIRIO EN EL MÁRTIR…
CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294 293
FISICHELLA, R.- LATOURELLE, R. y PIE-NINOT, S, Diccionario de
Teología Fundamental, Madrid: editorial San Pablo, 1992, 858-861.
FLECHA, J.R., Buscadores de Dios. Madrid: S.E. Atenas, 1993, 19.
GIL HONDUVILLA, J., Militares y sublevación. Sevilla 1936: causas, personajes,
preparación y desarrollo, Muñoz Moya y Montravetae Editores, Brenes [Sevi-
lla] 2011.
GIMÉNEZ, A., Pentateuco y Libros históricos, UPSD, Madrid 2018.
GUTIÉRREZ MARTÍN, J.L, Las Causas de Martirio del siglo XX, Rev. Ius Ca-
nonicum, Vol. 37, n.º 74, 1997, págs. 407-45
IRABURU, J.M.ª, El martirio de Cristo y de los cristianos, Fund. Gratis datur, Pam-
plona 2003.
____ El martirio de Cristo y de los cristianos, Pamplona: Fund. Gratis datur, 2003,
45.
IZCO, J.A., «Significado del testimonio-martirio en la misión de la Iglesia,» en
AA.VV., La Iglesia martirial interpela nuestra animación misionera. Cinco siglos
unidos en la fe. XLI Semana Española de Misionología (Burgos, julio 1988),
Burgos 1989, 41-73.
JUAN PABLO II, Incarnationis mysterium, Bula de convocatoria del Gran Jubileo
del año 2000, n.13.
LENZENWEGER ET AL., Historia de la Iglesia católica, Barcelona: Herder,
1997,73.
MAGAZ FERNÁNDEZ J.M., Mártires, la victoria sobre los ídolos, Madrid: editorial
Universidad de San Dámaso, 2017, 123.
MALILLOS J.L., «Comentario al segundo libro de los Macabeos», en Biblia de
Jerusalén. Bilbao: Desclée de Brouwer S.A, 1975, 628.
OROSIO, P., Historias, Madrid: editorial Gredos, 1982, 122-123.
ORTIZ VILLALBA, J., Sevilla, 1936: del golpe militar a la guerra civil, Córdoba,
Imprenta Vistalegre, 1997; ed. Sevilla, RD editores, 2006.
PIKAZA, J. CALLE, F., Teología de los evangelios de Jesús, Salamanca: editorial
Sígueme 1975, 459-60.
FRANCISCO MIGUEL MARTÍNEZ TORRES
294 CODEX. Anuario de Ciencias Histórico-Jurídicas, X (2023) 249-294
QUINTANA BESCÓS, R. ROYO MEJÍA, A., Proceso diocesano en las Causas
de los Santos, Universidad Pontificia, Salamanca 2016.
RAHNER, K., Sentido teológico de la muerte, Quaestiones Disputatae, ed. Herder,
(pp. 110-128: «Excurso sobre el martirio»). Barcelona 1969.
RAMSEY, B., «Martirio», en M. DOWEY, Nuovo Dizionario di Spiritualità, Città
del Vaticano 2003, 421-423.
ROS, C., In Memoriam. Sacerdotes martirizados en la Archidiócesis de Sevilla en la
Guerra Civil del 36, Sevilla, 1996.
RUIZ SÁNCHEZ, J.L., Mártires de la Persecución Religiosa en la Archidiócesis de
Sevilla (1936), Archidiócesis de Sevilla, Sevilla 2021, 257-294.
SAN BERNARDO, «Sermón infraoctava de la Asunción», 14-15 Opera Omnia,
edición cisterciense, 5, 1968, 273-274.
SAN JERÓNIMO, «Carta a Paula y Eustochia».
STO. TOMÁS, STh., II-II, 124, 5.
SEBASTIÁN Y BANDARÁN, J., Los inmolados en la Diócesis Hispalense, Sevilla,
Editorial Sevillana, 1938.
TÁCITO C., Ann. XV, 44: «Ergo abolendo rumori Nero subdidit reos…», Ox-
ford: Editorial Charles Dennis Fisher, 1906.
URIBARRI BILBAO, G., Fundamentos teológicos del martirio cristiano, en M.ª.E.
González Rodríguez (ed.), La confesión de fe, CEE, Madrid 2013, 37-84.
VARELA RENDUELES, J.M., Rebelión en Sevilla. Memorias de su gobernador
rebelde, Ayuntamiento, Sevilla 1982.
VALERO, J.B., «Martirio y libertad en la Iglesia primitiva», Communio n.º 9
(1987): 124-138.
VELASCO-DELGADO, A., Historia eclesiástica, Vol. III. Madrid: BAC 2018,
20,1-6.