Collectanea Christiana Orientalia 22 (2025): 159-161
Reseñas
PIÑERO, Antonio (coordinador), Apócrifos del Antiguo Testamento. Tomo VII (Madrid: Ediciones
Cristiandad, 2024), 921 pp. ISBN: 978-847057-689-8.
Con este séptimo tomo concluye la serie AAT (Apócrifos del Antiguo Testamento). Desde que en
1984 apareciese el primer tomo, coordinado por D. Alejandro Díez Macho, que en aquel
primer número contó con la colaboración de los profesores Ángeles Navarro Peiró y
Miguel Pérez Fernández, han transcurrido cuarenta años, durante los cuales algunos de los
colaboradores, incluido su alma mater, el P. Díez Macho, han ido dejándonos poco a poco.
Una somera nota del editor literario da cuenta de la conclusión del proyecto que iniciara
su andadura en el último tercio del pasado siglo, advirtiéndonos que el retraso en la aparición
de este último tomo se ha debido a la “laboriosidad y complejidad de la elaboración de los
múltiples índices” (p. 9). Los textos incluidos en este tomo séptimo, precedidos de una
introducción general, han sido reunidos en seis secciones: filosofía, poesía judeo-helenística,
épica, historiografía, escritos de tenor teológico y bíblico y escritos gnómicos-sapienciales. El
tomo se cierra con una imponente serie de quince índices.
A Jesús María Nieto Ibáñez se debe la “Introducción general a las obras y fragmentos de
la literatura judía de época helenística” (pp. 11-32), en la que se ocupa de varios aspectos
contextuales de los textos reunidos en la obra, que abarcan un arco cronológico que va, grosso
modo, del año 200 a.C. al 220 d.C. Su característica narrativa esencial, la reescritura de
materiales y motivos veterotestamentarios, aunque no solo, junto con la transmisión de los
textos sirven al autor para situarlos en el seno de los géneros de la literatura judeo-helenística,
señalando autores y obras fundamentales en el terreno poético, pseudoepigráfico e
historiográfico, concluyendo con las referencias bibliográficas de las ediciones y traducciones
anotadas de los fragmentos.
Con carácter general, a cada uno de los fragmentos o textos reunidos precede una
introducción, con variaciones mínimas en función de la naturaleza de los textos, que sigue el
patrón de los tomos anteriores.
A la sección primera, “Filosofía”, corresponden los fragmentos de Aristóbulo, traducidos
(55-69) e introducidos (37-48) por Mercedes López Salvá, junto con la bibliografía sobre
autor y obra (pp. 48-53). Siguiendo la misma tónica, la segunda sección, “Poesía judeo-
helenística” (pp. 75-141), incluye dos capítulos obra de M. López Salvá con idéntica
estructura: introducción y traducción de “Ezequiel, trágico” (pp. 75-108) y de los “Pseudo
poetas judíos de época helenística” (pp. 111-141). La tercera sección, “Épica” (pp. 147-175),
está formada por otros dos capítulos obra de J.M. Nieto Ibáñez: los fragmentos conservados
de “Teódoto, el judío” (pp. 147-161) y los de “Filón el Viejo” (pp. 165-175).
La sección cuarta, “Historiografía” (pp. 181-349), es la que incluye un mayor número de
textos, todos ellos traducidos y contextualizados por J.M. Nieto Ibáñez, en concreto once
apartados, los dos últimos como apéndices: “Demetrio, Cronógrafo” (pp. 181-199),
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“Eupólemo” (pp. 203-223), “Pseudo Eupólemo” (pp. 227-243), “Artápano” (pp. 247-265),
“Cleodemo Malco” (pp. 269-279), “Aristeas” (pp. 283-288), “Pseudo Hecateo” (pp. 291-
304), “Teófilo” (pp. 307-309), “Pseudo Calístenes” (pp. 313-324), “Apéndice I. Talo” (pp.
327-337) y “Apéndice II. Justo de Tiberíades” (pp. 341-349).
La quinta sección, “Escritos de tenor teológico y bíblico” (pp. 355-429), está compuesto
por los cuatro apartados siguientes: a Alberto Bernabé Pajares se debe “Discurso sagrado:
imitación judía de un «discurso sagrado» órfico, llamada «Testamento de Orfeo»” (pp. 355-
366); los fragmentos de “El apocalipsis de Histaspes” (pp. 369-387) es obra de J.M. Nieto
Ibáñez; de Francisco del Río Sánchez es “Salmos de David (siríaco)” (pp. 391-400); y “La
Amidá o Šemone Eśre, una oración rabínica del s. I d.C.” (pp. 403-429) lo es de Javier del
Barco.
La sección sexta y última, “Escritos gnómicos-sapienciales” (pp. 435-513), comprende
dos apartados: el primero, “Los dichos de Menandro en arameo (siríaco)(pp. 435-454) obra
de Efrem Yildiz y “Las Sentencias de Pseudo Focílides” (pp. 457-513) de Miguel Herrero de
Jáuregui.
Siguen a continuación los índices, quince en total: 1) autores antiguos cristianos (pp. 517-
526); 2) autores antiguos paganos (pp. 527-537); 3) autores antiguos (sic por modernos) judíos
(pp. 539-566); 4) palabras hebreas y arameas (pp. 567-572); 5) palabras latinas (p. 573); 6)
palabras griegas (pp. 575-580); 7) Antiguo Testamento (pp. 581-619); 8) Nuevo Testamento
(pp. 621-635); 9) apócrifos del Antiguo Testamento (pp. 637-664); 10) apócrifos del Nuevo
Testamento (pp. 665-666); 11) literatura rabínica (pp. 667-674); 12) Corán (pp. 675); 13)
autores antiguos judíos (pp. 677-680); 14) manuscritos del Mar Muerto (pp. 681-683); 15)
índice analítico (pp. 685-921).
Se trata de una obra importante en lengua española que, como señalábamos al comienzo,
ahora culmina con este séptimo tomo. Esta importante empresa iniciada por el P. Díez
Macho y culminada por el Prof. Antonio Piñero creemos que merecía haber mantenido el
formato en tela y con camisa como habían sido publicados los seis tomos anteriores.
También, hubiera sido deseable dividir el presente tomo en dos: un tomo para los textos con
sus introducciones (513 pp.) y otro para los índices (404 pp.). De ese modo se habría
mantenido la extensión de los tomos precedentes.
En detrimento de lo anterior cabe añadir que el volumen se hace poco manejable. Tal vez
se trate de una estrategia editorial temiendo que el tomo de los índices no llamase la atención
de posibles compradores. Sin embargo, uno tiende a pensar que los fieles lectores y usuarios
de los tomos de AAT no habrían dudado, ni un ápice, en adquirir ese octavo tomo.
Por lo demás, se trata de un tomo en el que llama la atención la inclusión de algunos textos
e incluso la extraña composición de la sección quinta (“Escritos de tenor teológico y bíblico”)
con textos que no guardan relación entre sí. También llama la atención, en algunos capítulos,
que no se mencione la importante proyección que algunos textos tuvieron, vía traducción,
en otras tradiciones literarias cristianas: copta, árabe o armenia, por ejemplo.
En los índices de los siete volúmenes, ciertamente de enorme valor y dignos de
agradecimiento, observamos una serie de cuestiones que cabría subsanar: para el índice 3
(“Autores modernos judíos”, pp. 539-566) el contenido indica “Autores antiguos judíos” (p.
8). Pero, además, entre la ingente nómina de autores que pueblan este tercer índice hay un
importante número de autores modernos que no son judíos, sino cristianos, agnósticos e
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incluso ateos. Es obvio que a este tercer índice le sobra el término “judío” y debiera quedar
como “Autores modernos”. En el índice 4 (“Palabras hebreas y arameas”, pp. 567-572) unos
términos aparecen adaptados en la forma castellana, mientras que otros aparecen en
transliteración simplificada. Por lo demás, en nuestra opinión habría que renumerar los
índices: el índice 13 debería ocupar el del actual 3 y este pasar a ser el penúltimo, el 14.
También, el actual 14 debiera figurar en el 9.
Por último, llama poderosamente la atención la ausencia, siquiera, de un breve prefacio
del coordinador de este tomo final de los AAT, a quien damos la enhorabuena por haberlo
llevado finalmente a buen puerto.
JUAN PEDRO MONFERRER-SALA
Universidad de Córdoba