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rollo al formato códice. La exposición también profundiza en el contexto de producción del
manuscrito, que resulta especialmente relevante desde el punto de vista de la codicología y la
paleografía. El formato del códice es inusualmente alto y estrecho (34 × 13 cm), lo que lo
distingue de la mayoría de los códices bíblicos, habitualmente de proporciones más
convencionales. El texto fue copiado por dos escribas profesionales: el primero se encargó
del libro de Ezequiel y el segundo, de los textos restantes. Aunque la escritura es clara y
cuidadosamente ejecutada, presenta ciertos rasgos de informalidad. El manuscrito está
escrito a una sola columna por página, con amplios márgenes y numeración en griego situada
en la parte superior. Como atestigua una de las ilustraciones expuestas, el papiro contiene
además signos de puntuación, apóstrofos, nomina sacra y títulos finales centrados al cierre de
cada libro.
Traducciones de la Biblia
Otra sección de la exposición conduce al visitante a los orígenes de la traducción griega del
Antiguo Testamento, versión que más tarde adoptaría el cristianismo y en la que el Papiro
967 desempeña un papel relevante. El punto de partida es la labor de los setenta sabios que,
durante el reinado de los primeros Ptolomeos, en el siglo III a. C., tradujeron la Torá al
griego. Con el tiempo, surgieron versiones alternativas que llevaron al teólogo Orígenes, en
el siglo III d. C., a abordar esta diversidad textual mediante su monumental obra, la Hexapla,
una comparación crítica entre distintas traducciones del texto bíblico. El códice P967 es
anterior a esta revisión y resulta especialmente interesante desde el punto de vista filológico,
ya que conserva una versión griega previa a los procesos de estandarización posteriores. El
recorrido por la historia de la Biblia griega se complementa con la exhibición de otras biblias
manuscritas en griego y hebreo y latín de la BNE que ilustran los procesos de revisión,
comparación y fijación textual a lo largo de los siglos. La muestra no solo destaca el valor
filológico del códice, sino que lo inserta en el entramado cultural, religioso y académico que
ha dado forma a la historia del texto bíblico.
Vicisitudes del P967: un viaje por el mercado anticuario del s. XX
La historia moderna del Papiro de Ezequiel está marcada por su fragmentación y dispersión
a través del mercado anticuario durante el siglo XX. Las hojas del códice fueron adquiridas
por distintas instituciones y coleccionistas entre las décadas de 1930 y 1950, en un contexto
en el que la compraventa de manuscritos antiguos era una práctica habitual. El primer
comprador documentado fue Alfred Chester Beatty, quien adquirió en 1930 varios bifolios
del códice a través del conocido anticuario Maurice Nahman en El Cairo. Poco después, en
1935, la familia Scheide incorporó a su colección 21 folios del mismo manuscrito, adquiridos
por mediación del médico misionero Dr. Askren al comerciante Shaker Farag el Assiouti en
Beni Suef. En 1956, la Universidad de Colonia compró nuevas hojas del códice al librero
Feldmann, también en El Cairo. Otros dos fragmentos del Papiro de Ezequiel,
probablemente adquiridos en El Cairo por Ramón Roca-Puig, se conservan actualmente en