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Revista de Educación Mediática y TIC 2026, 15(2). ISSN 2254-0059 |
EPISTEMOLOGÍAS POST-DIGITALES: RECONFIGURANDO CONOCIMIENTO, VALIDACIÓN Y AUTORIDAD EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
POST-DIGITAL EPISTEMOLOGIES: RECONFIGURING KNOWLEDGE, VALIDATION, AND AUTHORITY IN THE AGE OF ARTIFICIAL INTELLIGENCE
Rómulo Andrés Gallego Torres 1
1https://orcid.org/0000-0001-5074-6781; Entropía Educativa- Centro de Investigación (Colombia); director@entropiaeducativa.com
*Autor de correspondencia: Rómulo A. Gallego Torres, director@entropiaeducativa.com
Recibido:25/05/2025/xx/20xx Aceptado: 19/01/2026 Publicado: 08/07/2026
Resumen: Este estudio examina las profundas transformaciones epistemológicas inducidas por la World Wide Web y las tecnologías digitales en la era posdigital, analizando cómo reconfiguran la construcción, validación y distribución del conocimiento, especialmente ante los desafíos de la inteligencia artificial Generativa (IAG). Mediante un enfoque teórico-analítico, que incluye una revisión bibliográfica exhaustiva y la síntesis de perspectivas de la ecología mediática, sociología digital, economía política de la comunicación y estudios epistemológicos, la investigación identifica tres transformaciones fundamentales: la organización hipertextual del conocimiento que subvierte estructuras lineales; la emergencia de sistemas de validación distribuida que, al desplazar la autoridad institucional, introducen complejas dinámicas de poder, justicia epistémica e influencia afectiva; y la consolidación de la mutabilidad del conocimiento como condición epistémica inherente. Se constata que la IAG intensifica estos cambios y plantea dilemas sobre autoría, veracidad y agencia. Se concluye que estas no son meras actualizaciones tecnológicas, sino una reconfiguración sociotécnica fundamental de la producción de conocimiento legítimo, exigiendo el desarrollo urgente de alfabetizaciones digitales críticas y marcos institucionales y políticos robustos para abordar sesgos algorítmicos, gobernanza de plataformas, la dimensión afectiva y el impacto de la IAG, fomentando así ecologías de conocimiento más democráticas, diversas y justas.
Abstract: This study examines the profound epistemological transformations induced by the World Wide Web and digital technologies in the post-digital era, analyzing how they reconfigure the construction, validation, and distribution of knowledge, especially considering the challenges posed by Generative Artificial Intelligence (GAI). Employing a theoretical-analytical approach, which includes an exhaustive literature review and the synthesis of perspectives from media ecology, digital sociology, the political economy of communication, and epistemological studies, the research identifies three fundamental transformations: the hypertextual organization of knowledge that subverts linear structures; the emergence of distributed validation systems which, by displacing institutional authority, introduce complex dynamics of power, epistemic justice, and affective influence; and the consolidation of knowledge mutability as an inherent epistemic condition. It is found that GAI intensifies these changes and poses dilemmas regarding authorship, veracity, and agency. It is concluded that these are not mere technological updates but a fundamental socio-technical reconfiguration of legitimate knowledge production, requiring the urgent development of critical digital literacies and robust institutional and political frameworks to address algorithmic biases, platform governance, the affective dimension, and the impact of GAI, thereby fostering more democratic, diverse, and just knowledge ecologies.
Palabras Clave: Epistemología; Conocimiento; Tecnología digital; Inteligencia artificial; Sociedad de la información
Key words: Epistemology; Knowledge; Digital technology; Artificial intelligence; Information society
INTRODUCCIÓN
La emergencia y consolidación de la World Wide Web y las tecnologías digitales de comunicación han transformado fundamentalmente no solo los canales a través de los cuales nos comunicamos, sino también los procesos epistemológicos mediante los cuales construimos, validamos y distribuimos el conocimiento (Floridi, 2019). Este cambio paradigmático inaugura lo que los académicos denominan “epistemología digital” - un nuevo marco para comprender cómo el conocimiento se produce, valida y circula en sociedades conectadas (Miller, 2020). Nos encontramos en una “era posdigital” (Cramer, 2014), donde lo digital no es una novedad, sino una condición intrínseca de nuestra experiencia, permeando e hibridando todas las esferas de la vida y el saber.
La transformación digital de los sistemas de conocimiento representa más que una actualización tecnológica; constituye lo que Hayles (2012) describe como un “ensamblaje cognitivo” donde la cognición humana y el procesamiento cibernético crean formas híbridas de inteligencia. Van Dijck (2016) señala: “Que la socialidad ‘se vuelva tecnológica’ no sólo alude a su desplazamiento al espacio online, sino también al hecho de que las estructuras codificadas alteran profundamente la naturaleza de las conexiones, creaciones e interacciones humanas” (p. 24).
Las transformaciones digitales han afectado profundamente nuestra manera de conocer, obligando a repensar no solo cómo conocemos, sino qué es lo cognoscible y quiénes son los agentes legítimos en el proceso de conocimiento (Lévy, 2007). Como señala Scolari (2018), la comunicación digital representa no meramente un canal tecnológico adicional, sino un entorno que redefine nuestras prácticas culturales y nuestra relación fundamental con el saber. Esta reconfiguración epistémica plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza del conocimiento en la era digital, cuestionamientos que se agudizan con la reciente proliferación de tecnologías como la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), que desafían nuestras nociones de autoría, verdad y agencia epistémica, y cuyo “poder concreto” y la “fuerza abstracta de sus narrativas” (Floridi, 2024) requieren un análisis cuidadoso.
Este estudio aborda tres preguntas fundamentales: ¿Cómo las tecnologías digitales reconfiguran las estructuras epistemológicas tradicionales? ¿Cuáles son las implicaciones de los sistemas de validación distribuida para la autoridad del conocimiento y cómo afectan a la justicia epistémica? ¿Cómo afecta la mutabilidad de la información digital a los procesos de construcción del conocimiento? A través de un análisis comprensivo de estas transformaciones, esta investigación contribuye al campo emergente de la epistemología digital proporcionando un marco teórico para entender el conocimiento en sociedades posdigitales.
REVISIÓN DE LA LITERATURA
Fundamentos teóricos de la epistemología digital
La epistemología digital surge como un campo de investigación interdisciplinario indispensable para comprender las profundas alteraciones que las tecnologías digitales han infligido a los modos de producción, validación y circulación del conocimiento. Sus cimientos teóricos son complejos y se nutren de diversas tradiciones. Emerge en la intersección de la ecología mediática, que, siguiendo a autores como Postman (1970), examina cómo los entornos mediáticos modelan la percepción, la cognición y las estructuras sociales; la teoría del actor-red (Latour, 2005), crucial para entender la agencia distribuida entre actores humanos y no humanos (software, algoritmos, infraestructuras) en la co-construcción del saber digital, superando la dicotomía sujeto-objeto; y la investigación epistemológica tradicional, con sus interrogantes perennes sobre la naturaleza, justificación, fuentes y alcance del conocimiento, ahora radicalmente recontextualizadas y desafiadas por el entorno digital. La observación presciente de McLuhan (1964) de que “el medio es el mensaje” adquiere una renovada y urgente relevancia en este contexto. Ya no se trata solo del contenido transmitido, sino de cómo el propio sustrato tecnológico —desde la arquitectura de las plataformas hasta la lógica inherente de los algoritmos— configura fundamentalmente no solo el acceso y la forma del contenido, sino la estructura misma y las posibilidades ontológicas del conocimiento.
La erudición contemporánea ha identificado varias dimensiones clave que definen y articulan el campo de la epistemología digital. N. Katherine Hayles (2012, 2017) enfatiza la importancia de los “ensamblajes cognitivos” (cognitive assemblages), concepto que describe las redes híbridas y dinámicas formadas por la cognición humana y el procesamiento maquínico. Estas interacciones producen nuevas formas de conocimiento y, de hecho, transforman la subjetividad humana, desdibujando las fronteras tradicionales entre mente, cuerpo y entorno tecnológico. Por su parte, David Beer (2017) se centra en la “mediación algorítmica” como un mecanismo fundamental y a menudo opaco. Los algoritmos no solo filtran o clasifican información, sino que activamente determinan qué conocimiento se hace visible, cómo se categoriza, se prioriza y, en última instancia, cómo se estructura nuestra comprensión de la realidad social y científica. Esta mediación algorítmica, lejos de ser neutral, está imbuida de valores, sesgos y lógicas de poder que tienen profundas implicaciones epistémicas, éticas y sociales.
Asimismo, Rob Kitchin (2014) introduce el concepto de “revolución de los datos” (data revolution), argumentando que la proliferación de big data no solo representa un cambio cuantitativo masivo, sino que constituye una nueva forma epistémica que desafía los métodos científicos y las prácticas de conocimiento tradicionales. Según su análisis, los datos masivos, con su volumen, velocidad y variedad sin precedentes, prometen revelar patrones, correlaciones y conocimientos emergentes que previamente escapaban a la percepción y análisis humano, posibilitando nuevas formas de indagación. Esta abundancia de datos llevó a Chris Anderson (2008) a postular controversialmente “el fin de la teoría”, sugiriendo que la capacidad de los big data para mostrar correlaciones a gran escala podría volver obsoleto el método científico tradicional basado en hipótesis y modelos teóricos. No obstante, esta postura ha generado un intenso debate sobre la necesidad persistente de marcos teóricos para interpretar datos de manera crítica, evitar correlaciones espurias y guiar la investigación significativa en la era digital, subrayando la tensión entre enfoques inductivos masivos y la inferencia teóricamente informada.
Hipertextualidad y estructuras epistémicas no-lineales
La literatura sobre hipertextualidad, concepto clave para la epistemología digital, ha evolucionado significativamente desde las visiones pioneras de Vannevar Bush (1945) con su “Memex”, un dispositivo conceptual diseñado para crear y seguir rastros asociativos personales a través de vastos corpus de información, y Ted Nelson (1965), quien no solo acuñó el término “hipertexto” sino que también proyectó “Xanadu” como un ambicioso sistema universal de publicación hipertextual interconectado. Estos trabajos tempranos ya anticipaban una superación de las limitaciones inherentes al texto lineal impreso, proponiendo formas más dinámicas y fieles a la naturaleza asociativa del pensamiento humano. George P. Landow (2006), uno de los teóricos más influyentes en este campo, argumenta que
"Los cuatro [Derrida, Nelson, Barthes y Andries van Dam], como muchos otros que escriben sobre hipertexto y teoría literaria, argumentan que debemos abandonar los sistemas conceptuales fundados en ideas de centro, margen, jerarquía y linealidad y reemplazarlos por unos de multilinealidad, nodos, enlaces y redes. Casi todas las partes de este cambio de paradigma, que marca una revolución en el pensamiento humano, ven la escritura electrónica como una respuesta directa a las fortalezas y debilidades del libro impreso. Esta respuesta tiene profundas implicaciones para la literatura, la educación y la política" (Landow, 2006, p. 1, traducción propia).
Complementariamente, Jay David Bolter (2001) propone que la estructura hipertextual representa una “remediación” de formas textuales anteriores. Según Bolter, cada nuevo medio, como el hipertexto, inevitablemente incorpora, imita y, al mismo tiempo, transforma y redefine los medios previos, especialmente el libro impreso. Esta perspectiva sugiere que la hipertextualidad no simplemente digitaliza el texto impreso, sino que, al romper con la secuencialidad fija y permitir la interconexión dinámica de fragmentos de información (lexias) a través de múltiples rutas de lectura, crea nuevas posibilidades epistémicas. Estas posibilidades incluyen la emergencia del lector como coconstructor del significado, la explicitación de la intertextualidad y la promoción de una visión del conocimiento como una red interconectada, abierta y en constante construcción, más que como un corpus cerrado, estable y linealmente ordenado.
Si bien el potencial epistémico del hipertexto para reflejar y fomentar el pensamiento asociativo es considerable, la investigación cognitiva ha arrojado luz sobre sus efectos ambivalentes en los procesos de lectura y comprensión. Ziming Liu (2005), en su “visión general de la lectura digital”, encuentra que esta promueve formas de procesamiento más asociativas y menos secuenciales, lo cual puede facilitar la exploración rápida de información y la síntesis de ideas diversas a través de múltiples fuentes. Sin embargo, también identifica pérdidas significativas en la comprensión profunda y la concentración sostenida, posiblemente debido a la mayor carga cognitiva impuesta por la necesidad constante de tomar decisiones de navegación (el “costo del clic”) y la fragmentación atencional inherente a los entornos digitales repletos de estímulos y distracciones. En una línea similar, Maryanne Wolf y Mirit Barzillai (2009) documentan cambios neuroplásticos asociados con la lectura digital extensiva, sugiriendo modificaciones estructurales en los circuitos cerebrales dedicados al procesamiento del lenguaje y la atención. Estos cambios, si bien adaptativos a la velocidad y el volumen de información digital, podrían estar erosionando las capacidades para la “lectura profunda” (deep reading), un proceso cognitivo esencial para el análisis crítico, la inferencia compleja, la reflexión empática y la retención a largo plazo, todos ellos pilares de formas robustas y matizadas de conocimiento. Por lo tanto, la estructura hipertextual presenta un dilema epistemológico: ofrece caminos fluidos y asociativos para la exploración y construcción del conocimiento, pero al mismo tiempo podría estar reconfigurando nuestras facultades cognitivas de maneras que desafían –y potencialmente debilitan– los modos tradicionales de adquisición y validación del saber profundo.
Ecologías de conocimiento digital y su materialidad
Conceptualizamos los entornos digitales como “ecologías de conocimiento”, una metáfora potente para aprehender los sistemas complejos y dinámicos donde múltiples ‘especies’ de información, diversos actores (humanos e institucionales) y un abanico de tecnologías digitales no solo coexisten, sino que coevolucionan e interactúan de manera intrincada. Esta perspectiva ecológica es fundamental porque resalta la interdependencia sistémica, la necesaria diversidad de sus componentes y la imperativa sustentabilidad epistémica como criterios cruciales para su evaluación y comprensión, yendo más allá de visiones puramente instrumentales de la tecnología.
Estas ecologías se distinguen por: (1) una inmensa diversidad de fuentes y formatos informacionales que demandan nuevas alfabetizaciones; (2) una interdependencia crítica entre actores humanos y agentes tecnológicos (algoritmos, IA) que coconstituyen el saber; (3) flujos de información extremadamente dinámicos, veloces y a menudo efímeros; (4) procesos selectivos de adaptación donde ciertos conocimientos son algorítmica y socialmente amplificados, reflejando dinámicas de poder; y (5) vulnerabilidades sistémicas ante disrupciones como la desinformación o fallos infraestructurales, con graves consecuencias epistémicas.
Es crucial destacar que esta ecología no es meramente virtual ni etérea; se sustenta y es condicionada por una vasta y tangible infraestructura material —servidores, cables submarinos, centros de datos, dispositivos de acceso— cuyo control, propiedad y acceso geográficamente desigual son factores epistemológicamente relevantes (Starosielski, 2015; Parikka, 2015). Estos “cimientos geológicos” de la información (Parikka, 2015) determinan fundamentalmente quién puede participar, qué conocimiento se prioriza y en qué condiciones socioeconómicas y políticas se produce y circula el saber, subrayando que la justicia epistémica en la era digital está inseparablemente ligada a estas realidades materiales.
Lente de la justicia epistémica
Para analizar con mayor profundidad las intrincadas dinámicas de poder que subyacen a la validación y circulación del conocimiento en el vasto ecosistema digital, este estudio incorpora de manera central el marco conceptual de la “justicia epistémica”, desarrollado por Miranda Fricker (2007). Esta lente teórica resulta indispensable, ya que nos permite trascender un análisis puramente técnico o descriptivo de los flujos de información, para examinar críticamente cómo ciertos individuos o grupos pueden ser sistemática e injustamente perjudicados en su fundamental capacidad como conocedores y transmisores de saber.
La “injusticia testimonial” se manifiesta cuando la palabra, el testimonio o la experiencia de un sujeto son indebidamente devaluados o desacreditados debido a prejuicios identitarios (de género, raza, clase, etc.), un fenómeno exacerbado en línea donde la anonimidad o, por el contrario, la visibilidad de ciertos marcadores identitarios, pueden alimentar la descalificación y el silenciamiento algorítmico o comunitario. Por otro lado, la “injusticia hermenéutica” ocurre cuando individuos o colectivos carecen de los recursos conceptuales compartidos, o de las plataformas y vocabularios reconocidos, para dar sentido, articular y comunicar sus experiencias vitales o sociales, especialmente aquellas relacionadas con formas novedosas de opresión o marginación digital. En tales casos, sus vivencias pueden quedar ininteligibles o ser trivializadas por la comunidad epistémica dominante.
En el entorno digital contemporáneo, estas formas de injusticia epistémica no solo persisten, sino que pueden ser significativamente amplificadas y automatizadas. Los sesgos algorítmicos, imbuidos en los sistemas de búsqueda, recomendación y moderación de contenidos, pueden perpetuar estereotipos y marginar sistemáticamente las contribuciones de ciertos grupos, mientras que las dinámicas de exclusión, polarización y acoso en comunidades en línea pueden silenciar voces disidentes o minoritarias. Reconocer y combatir estas manifestaciones de injusticia epistémica digital es, por tanto, un imperativo para la construcción de espacios de conocimiento más equitativos, inclusivos y legítimos.
MÉTODO
El presente estudio adopta un diseño de investigación teórico-analítico, fundamentado principalmente en una revisión sistemática y exhaustiva de la literatura pertinente, complementada con un riguroso análisis epistemológico. Esta aproximación metodológica combina estratégicamente elementos de la revisión integrativa, conforme a los lineamientos de Whittemore y Knafl (2005) para sintetizar conocimientos diversos, con las herramientas del análisis conceptual filosófico, según lo propuesto por Laurence y Margolis (1999). Esto permite una exploración profunda de los constructos teóricos fundamentales y sus interrelaciones en el campo de la epistemología digital contemporánea.
La búsqueda bibliográfica se ejecutó en bases de datos académicas de primer nivel como Scopus, Web of Science y Google Scholar, utilizando descriptores clave como “digital epistemology”, “knowledge validation”, “Hypertext”, “algorithmic authority”, “post-digital” y “generative AI Knowledge”, junto con operadores booleanos. El período de búsqueda se abarcó desde el año 2000 hasta 2024 inclusive, de acuerdo con las fuentes más recientes consultadas. Se priorizaron publicaciones en revistas arbitradas con relevancia temática directa, contribuciones teóricas o empíricas significativas y disponibilidad de texto completo, excluyendo trabajos puramente técnicos, duplicados o literatura gris sin validación académica.
El análisis del corpus documental se desarrolló en tres fases interconectadas: primero, un análisis temático inductivo, apoyado por el software NVivo, para identificar patrones y categorías conceptuales emergentes. Seguidamente, se realizó una síntesis conceptual orientada a desarrollar marcos teóricos integrados y coherentes a partir de la evidencia recolectada. Finalmente, se aplicó un análisis crítico para evaluar las implicaciones, las limitaciones de los hallazgos y las futuras líneas de investigación, priorizando en la síntesis los estudios de mayor rigor metodológico y relevancia teórica, conforme al principio de “mejor evidencia” de Slavin (1995).
ANÁLISIS Y DISCUSIÓN
Hipertextualidad como transformación epistemológica fundamental
La estructura hipertextual del conocimiento representa un quiebre fundamental con la epistemología cartesiana tradicional, intrínsecamente lineal y jerárquica. Lejos de ser una mera innovación en la presentación de información, la hipertextualidad induce una reconfiguración ontológica de lo que se considera y constituye conocimiento. Esta emergente epistemología hipertextual se distingue por su no linealidad, su conectividad múltiple y la navegación predominantemente asociativa que propicia. Estos elementos, como describe Castells (2009), configuran “la lógica del hipertexto”, donde el saber se organiza como una vasta red de asociaciones multidimensionales, reflejando con mayor fidelidad el funcionamiento interconectado de la cognición humana.
Esta transformación estructural no es inocua para los procesos cognitivos. Investigaciones neurocientíficas indican que la interacción con entornos hipertextuales activa redes neurales asociadas a la exploración espacial y al procesamiento relacional, lo que podría fortalecer formas de cognición conectiva y la capacidad de síntesis a partir de fuentes diversas (Liu, 2005; Wolf & Barzillai, 2009). Sin embargo, la hipertextualidad también introduce desafíos epistémicos significativos. La “sobrecarga cognitiva”, descrita por Conklin (1987), y la “desorientación navegacional”, analizada por Thuring et al. (1995), pueden fragmentar la atención e impedir la comprensión profunda y la síntesis conceptual robusta. Estos hallazgos subrayan que la epistemología hipertextual demanda el cultivo de nuevas competencias cognitivas críticas y el desarrollo de estrategias pedagógicas adaptadas para construir significado de manera efectiva en estos complejos y dinámicos entornos reticulares. En esta línea, Scolari (2018) subraya que estas transformaciones en la estructura del conocimiento forman parte de un cambio ambiental más profundo, donde el entorno digital reconfigura nuestras formas de aprender, pensar y validar lo que consideramos conocimiento legítimo.
Reconfiguración de la autoridad epistémica en sistemas distribuidos, dinámicas de poder y afecto
El avance de los sistemas digitales ha cambiado significativamente los mecanismos de establecimiento de la autoridad epistémica, mostrando una transición desde modelos centralizados de validación institucional hacia sistemas distribuidos de evaluación colectiva. Esta transformación abarca diversas dimensiones, destacándose los “regímenes de métrica” (Van Dijck, 2016) que utilizan algoritmos y valoraciones colectivas para determinar la visibilidad y relevancia del conocimiento. Así, indicadores como citaciones, descargas, menciones sociales y valoraciones de usuarios se erigen en nuevos marcadores de autoridad epistémica. No obstante, estos sistemas distan de ser neutrales: pueden perpetuar o incluso generar nuevas formas de injusticia epistémica (Fricker, 2007), donde las voces de grupos marginados resultan sistemáticamente devaluadas o invisibilizadas, paradójicamente, por mecanismos concebidos para la apertura.
La investigación empírica sobre estos sistemas distribuidos revela resultados mixtos. Mientras estudios sobre plataformas como Wikipedia demuestran que la colaboración masiva puede producir contenido de calidad comparable a enciclopedias tradicionales (Giles, 2005), investigaciones sobre motores de búsqueda exponen sesgos sistemáticos que privilegian ciertos tipos de conocimiento y perspectivas en detrimento de otras (Noble, 2018).
Adicionalmente, la autoridad distribuida fomenta nuevas formas de estratificación epistémica. Figuras como los “influencers” académicos y los “expertos algorítmicos” emergen como nuevas categorías de autoridad, operando bajo lógicas de validación y reconocimiento distintas a las institucionales tradicionales. En este escenario, la dimensión afectiva se vuelve crucial: la credibilidad y la autoridad pueden construirse tanto o más sobre la base de la resonancia emocional y la pertenencia a “públicos afectivos” (Papacharissi, 2014) que sobre la evidencia fáctica. Este fenómeno tiene profundas implicaciones para la polarización social y la propagación de desinformación. Consecuentemente, esta reconfiguración epistémica exige el desarrollo de nuevos marcos analíticos y evaluativos para discernir la legitimidad y credibilidad del conocimiento, que consideren integralmente estas complejas interacciones socioafectivas, algorítmicas y de poder.
Mutabilidad e inestabilidad como condiciones epistémicas emergentes
A diferencia del conocimiento impreso, caracterizado por su estabilidad y permanencia inherentes, el conocimiento digital se distingue fundamentalmente por su mutabilidad constante y programada. Esta condición de perpetua actualización y fluidez no es una mera característica superficial, sino que representa una transformación ontológica fundamental en la naturaleza misma del conocimiento: este transita de ser concebido como un producto predominantemente acabado a entenderse como un proceso en perenne evolución.
La mutabilidad digital opera de manera compleja y en múltiples niveles interconectados: el contenido (modificaciones textuales continuas, actualización de datos), la estructura (reorganización hipertextual, obsolescencia de enlaces), el contexto (descontextualización y recontextualización en nuevos entornos significantes) y el acceso (cambios dinámicos en la disponibilidad y visibilidad algorítmica). Cada uno de estos niveles presenta desafíos específicos y a menudo inéditos para la epistemología tradicional, que históricamente ha valorado la fijeza y la autoridad unívoca.
El análisis de esta condición demuestra que la mutabilidad presenta un panorama ambivalente, con oportunidades significativas, al igual que riesgos epistémicos considerables. Por un lado, facilita la corrección ágil de errores, la incorporación expedita de nueva evidencia y la adaptación dinámica a contextos cambiantes. Por otro lado, esta misma plasticidad puede generar una marcada inestabilidad referencial, la pérdida de trazabilidad histórica de las ideas y serias dificultades para la verificación longitudinal del conocimiento.
La investigación sobre la “amnesia digital”, tal como la documenta Mayer-Schönberger (2009), ilustra cómo la pérdida de información histórica —debida a la obsolescencia tecnológica, la fragilidad de los soportes o la falta de estrategias de curación— puede generar discontinuidades críticas en el registro epistémico colectivo. Estos hallazgos subrayan la imperiosa necesidad de desarrollar e implementar nuevas estrategias y políticas robustas de preservación, archivado inteligente y documentación del conocimiento digital.
Alfabetizaciones transmedia como competencias epistémicas críticas
El análisis identifica las alfabetizaciones transmedia como competencias esenciales para navegar efectivamente los entornos de conocimiento digital. Estas alfabetizaciones trascienden las habilidades técnicas tradicionales, incorporando dimensiones críticas, éticas y políticas fundamentales para una participación ciudadana plena.
Autores como Jenkins, Ford y Green (2015) identifican múltiples componentes clave de las alfabetizaciones transmedia, entre los que destacan: la navegación (capacidad para explorar, filtrar y moverse fluidamente a través de diversos entornos mediáticos), el networking (habilidad para conectar, colaborar y compartir conocimiento en redes distribuidas), la negociación (competencia crucial para evaluar información a menudo contradictoria y discernir credibilidad entre múltiples perspectivas), y la apropiación (capacidad para remezclar, reutilizar y transformar contenido de manera significativa y creativa).
La investigación empírica sobre la adquisición y distribución de estas competencias revela disparidades significativas entre distintos grupos demográficos, lo que genera y profundiza nuevas formas de desigualdad epistémica. La noción de “nativos digitales” a menudo oculta que estos no necesariamente desarrollan de forma espontánea las dimensiones críticas de dichas alfabetizaciones, mientras que grupos con menor acceso o capital tecnológico y cultural enfrentan barreras adicionales para una participación epistémica equitativa.
Estas competencias multifacéticas requieren, por tanto, el diseño e implementación de pedagogías específicas e intencionadas que combinen elementos técnicos, críticos y éticos. La educación en epistemología digital debe abordar no solo cómo usar tecnologías, sino fundamentalmente cómo evaluar críticamente la información, reconocer sesgos algorítmicos, comprender las implicaciones de la economía política de las plataformas, y participar éticamente en la producción colaborativa de conocimiento. Esto incluye, de manera cada vez más urgente, desarrollar una comprensión crítica de los contenidos generados por inteligencia artificial.
Desafíos emergentes: La inteligencia artificial generativa y sus implicaciones epistémicas
La reciente y rápida proliferación de la inteligencia artificial generativa (IAG) introduce una nueva capa de complejidad a la epistemología digital, exacerbando algunos desafíos existentes y creando otros radicalmente nuevos. Las “capacidades comunicativas” (communicative affordances) de la IAG (Oh et al., 2024) están redefiniendo profundamente las interacciones humanas con la información y los procesos mismos de producción de conocimiento, planteando múltiples interrogantes epistemológicos fundamentales:
Autoría y originalidad: Los modelos de IAG, entrenados con vastas cantidades de datos preexistentes, desdibujan las nociones tradicionales de autoría y creación original. El conocimiento aparentemente producido por estas herramientas plantea interrogantes críticos sobre la propiedad intelectual, el valor de la creatividad humana y la atribución de responsabilidad última por el contenido generado.
Verdad, verificación y desinformación: La capacidad de la IAG para generar a gran escala y con enorme velocidad textos, imágenes y videos altamente realistas y coherentes, pero potencialmente falsos, engañosos o sesgados ('deepfakes', narrativas fabricadas), presenta un desafío monumental para los procesos de verificación y la lucha contra la desinformación. La validación del conocimiento se vuelve, en consecuencia, aún más ardua y crucial.
Agencia epistémica y dependencia cognitiva: A medida que la IAG se integra en herramientas de búsqueda, producción de texto y análisis de datos, emerge con fuerza la pregunta sobre su rol como agente epistémico. ¿Constituye una mera herramienta avanzada o se erige en un coconstructor de conocimiento? Existe un riesgo palpable de una creciente dependencia cognitiva por parte de los humanos y una consecuente disminución de las habilidades críticas si su uso no es reflexivo y supervisado. Como advierte Floridi (2024), es crucial distinguir el poder concreto de la IA de la fuerza abstracta de las narrativas que la rodean, para así evaluar con precisión su impacto epistemológico real.
Nuevas brechas de alfabetización y poder: El acceso a la IAG y, más importante aún, la capacidad para utilizarla y evaluarla críticamente, no están distribuidos equitativamente en la sociedad (Stavroulakis et al, 2025) . Esto amenaza con crear nuevas y profundas brechas digitales y epistémicas, agudizando desigualdades preexistentes y concentrando un poder significativo en manos de quienes desarrollan, controlan y poseen estas tecnologías, con serias implicaciones para la justicia epistémica.
Estos desarrollos subrayan la urgencia ineludible de adaptar nuestros marcos epistemológicos, nuestras prácticas investigativas y nuestras estrategias de alfabetización para abordar las especificidades de un entorno donde la generación, circulación y validación del ‘conocimiento’ están siendo cada vez más mediadas e influenciadas por agentes no humanos con capacidades computacionales y generativas sin precedentes.
Implicaciones y aplicaciones
Implicaciones para la Educación Superior
Las transformaciones epistemológicas analizadas exigen una profunda reevaluación de la pedagogía y la evaluación en la educación superior. Las instituciones académicas deben desarrollar currículos que integren transversalmente alfabetizaciones digitales críticas con el contenido disciplinario específico, habilitando a los estudiantes para discernir, producir y comunicar conocimiento de manera efectiva y responsable en sus respectivos campos, ahora intrínsecamente digitalizados. La enseñanza de métodos de investigación debe, consecuentemente, incorporar competencias para evaluar rigurosamente fuentes digitales, comprender los sesgos algorítmicos, detectar y analizar críticamente contenido generado por IAG, reflexionar sobre las dimensiones éticas de la investigación digital y utilizar con solvencia herramientas de análisis computacional. Paralelamente, los criterios de evaluación académica deben evolucionar para reconocer y valorar adecuadamente formas emergentes de erudición digital —tales como la colaboración distribuida, la publicación en acceso abierto y la creación de recursos digitales interactivos— fomentando así la innovación y preparando a los futuros profesionales e investigadores para un ecosistema de conocimiento dinámico y complejo.
Implicaciones para políticas de información
Los gobiernos y organizaciones internacionales deben desarrollar marcos regulatorios que protejan activamente la diversidad epistémica —esencial para la innovación social y la resiliencia democrática— mientras promueven la innovación tecnológica responsable. Esto incluye la formulación de políticas sobre equidad y transparencia algorítmica, sistemas de recomendación responsables, una gobernanza integral de la inteligencia artificial (que contemple directrices éticas claras y mecanismos de rendición de cuentas) y la robusta protección de los derechos digitales. Es crucial considerar la economía política de las plataformas (Zuboff, 2019) para asegurar que los intereses comerciales no socaven el interés público en el acceso a un conocimiento diverso y fiable. Asimismo, debe atenderse la materialidad de las infraestructuras, su considerable impacto ambiental y su compleja dimensión geopolítica (Starosielski, 2015), factores que condicionan el acceso y control de la información a escala global.
Paralelamente, las políticas de acceso abierto requieren una profunda revisión para abordar las realidades de la economía digital del conocimiento, incluyendo los modelos de financiación y las disparidades globales. Los marcos de propiedad intelectual deben ser adaptados con urgencia para acomodar las formas colaborativas de producción de conocimiento y los inéditos desafíos presentados por la IAG —particularmente en lo referente a la autoría de obras generadas y el uso de datos protegidos para el entrenamiento de modelos—, buscando un equilibrio que proteja los derechos sin desincentivar la innovación y la creación colectiva, con el fin de configurar un ecosistema digital que sirva al interés público.
Implicaciones para el diseño tecnológico
Los desarrolladores de tecnologías educativas y plataformas de conocimiento tienen la responsabilidad crucial de incorporar principios de diversidad epistémica, justicia epistémica y transparencia algorítmica en el diseño fundamental de sus sistemas, con el fin de fomentar entornos digitales más inclusivos, equitativos y fiables. Esto se traduce en la creación de interfaces que activamente promuevan el pensamiento crítico, algoritmos diseñados para exponer a los usuarios a una pluralidad de perspectivas y contrarrestar la formación de burbujas de filtro, y herramientas intuitivas que faciliten la evaluación de la credibilidad de las fuentes y la identificación clara de contenido generado por IAG.
Asimismo, el diseño de sistemas de validación distribuida, como foros o plataformas de revisión colaborativa, debe esforzarse por equilibrar la eficiencia operativa con la equidad epistémica. Es fundamental implementar mecanismos que prevengan la dominación por grupos específicos o la supresión de voces minoritarias, y que activamente mitiguen la propagación de desinformación impulsada por dinámicas afectivas —por ejemplo, mediante diseños que incentiven la reflexión antes de la difusión—. Todo ello, sin comprometer los estándares de calidad y rigor, buscando en última instancia empoderar a los usuarios como conocedores críticos y participativos dentro de estas ecologías digitales.
Limitaciones y direcciones futuras
Limitaciones del estudio
Este estudio presenta varias limitaciones inherentes a su alcance y metodología que deben reconocerse. Primero, su enfoque predominantemente teórico-analítico, si bien apropiado para el desarrollo conceptual y la síntesis de la literatura existente, restringe la generalización empírica directa de los hallazgos. Esto implica que la comprensión detallada de cómo estas transformaciones epistemológicas se manifiestan y son experimentadas en contextos socioculturales específicos o por diversos grupos de usuarios requerirá investigaciones empíricas adicionales. Segundo, la literatura revisada, a pesar de los esfuerzos por una cobertura amplia, tiene un origen predominantemente occidental. Esta orientación limita la inclusión y el análisis profundo de las ricas contribuciones, los desafíos particulares y las perspectivas críticas emanadas de las epistemologías del Sur Global, pudiendo no capturar plenamente la diversidad global de prácticas digitales ni las tensiones geopolíticas inherentes al ecosistema digital.
Tercero, la vertiginosa rapidez del cambio tecnológico en el ámbito digital significa que algunos hallazgos y, especialmente, los marcos conceptuales aquí presentados, podrían enfrentarse a una potencial obsolescencia o requerir una adaptación y actualización continuas para mantener su plena relevancia analítica frente a innovaciones disruptivas no anticipadas en su totalidad. Cuarto, aunque se ha introducido una discusión inicial sobre la Inteligencia Artificial Generativa (IAG), el estudio no aborda con la exhaustividad que merecen las implicaciones ontológicas y epistémicas más profundas de esta y otras tecnologías emergentes, como la realidad virtual (por ejemplo, la naturaleza de la creatividad maquínica, la veracidad de los outputs de la IAG, o la construcción de conocimiento experiencial en RV). Estos vastos y dinámicos campos demandan una investigación dedicada y continua, y las presentes conclusiones deben considerarse en el contexto de este panorama tecnológico y epistémico en constante evolución.
Direcciones para investigación futura
La investigación futura deberá orientarse en subsanar estas limitaciones y a profundizar en las dinámicas emergentes de la epistemología digital. Resulta prioritario el desarrollo de estudios empíricos que examinen con detenimiento las variaciones culturales en la adopción y significación de las prácticas epistémicas digitales. Los estudios comparativos entre diferentes contextos geográficos y culturales, que incluyan explícitamente perspectivas del Sur Global y los conocimientos indígenas en su compleja interacción con lo digital, podrían revelar no solo aspectos universales y específicos de la transformación epistémica digital, sino también contribuir al desarrollo de marcos teóricos más inclusivos y globalmente pertinentes.
Asimismo, la investigación longitudinal sobre el desarrollo de alfabetizaciones digitales críticas, con un énfasis particular en la emergente alfabetización en Inteligencia Artificial (IA), es fundamental para informar el diseño de intervenciones educativas más efectivas y equitativas. Paralelamente, los estudios experimentales centrados en el diseño de interfaces de conocimiento podrían identificar características y funcionalidades específicas que promuevan activamente el pensamiento crítico, la deliberación y la evaluación efectiva de la información en entornos digitales complejos.
Finalmente, se precisa una intensificación de la investigación interdisciplinaria. La combinación de perspectivas provenientes de la neurociencia cognitiva, las ciencias de la computación, los estudios sociales de la ciencia y la tecnología (CTS), la ética de la IA y los estudios de justicia epistémica podría generar comprensiones más holísticas y matizadas sobre los intrincados mecanismos cognitivos, sociales, afectivos, algorítmicos y de poder que configuran la epistemología digital. Un área crucial de análisis continuo serán las implicaciones epistemológicas de la IAG, incluyendo estudios rigurosos sobre su impacto en la producción científica, los procesos educativos y la esfera pública, profundizando en la conceptualización y operacionalización de sus diversas y a menudo ambivalentes capacidades comunicativas (Oh et al., 2024). De igual modo, se requiere investigar con mayor profundidad la dimensión afectiva de la validación del conocimiento en línea y sus profundas consecuencias para la polarización ideológica, la cohesión social y la formación del juicio crítico en las sociedades contemporáneas.
CONCLUSIONES
Este estudio ha acometido un examen exhaustivo de las transformaciones epistemológicas fundamentales que la World Wide Web y las tecnologías de comunicación digital han catalizado en la era posdigital, un período caracterizado por la imbricación profunda entre lo físico y lo virtual. El análisis realizado revela la emergencia de al menos tres cambios paradigmáticos interconectados que redefinen nuestra relación con el saber: primero, la consolidación de estructuras hipertextuales de conocimiento, que disuelven la linealidad tradicional en favor de modelos reticulares y asociativos, reflejando de forma más verosímil la complejidad inherente a muchos dominios del saber. Segundo, la reconfiguración de los sistemas de validación del conocimiento, transitando desde modelos predominantemente centralizados e institucionales hacia esquemas distribuidos, donde la evaluación colectiva, las métricas algorítmicas y las dinámicas de influencia social adquieren un protagonismo crucial, no exento de tensiones relacionadas con el poder, la propagación del afecto y los persistentes desafíos de justicia epistémica. Tercero, la instauración de la mutabilidad como una nueva e ineludible condición epistémica, donde el conocimiento se presenta menos como un corpus estable y más como un flujo en perpetua actualización. Es crucial subrayar que estos cambios estructurales se ven ahora intensificados, acelerados y complicados de maneras inéditas por la vertiginosa irrupción y adopción de la inteligencia artificial generativa (IAG), cuyas capacidades para producir contenido plausible desafían aún más nuestras nociones de autoría, veracidad y autoridad.
Estas transformaciones trascienden con creces la categoría de meras mejoras o actualizaciones tecnológicas; representan, en efecto, una reconfiguración fundamental y sistémica de las prácticas sociales mediante las cuales las sociedades contemporáneas producen, legitiman, validan, disputan y circulan el conocimiento. La epistemología digital que emerge de este nuevo panorama es inherentemente ambivalente: por un lado, presenta oportunidades democráticas sin precedentes, como la ampliación del acceso a la información, la creación de plataformas para voces históricamente marginadas y el fomento de la inteligencia colectiva y la ciencia ciudadana. Por otro lado, sin embargo, conlleva riesgos igualmente significativos, entre los que se cuentan la fragmentación del discurso público en cámaras de eco y burbujas de filtro, la sofisticación y escala de la manipulación informativa y la desinformación, la profundización de desigualdades epistémicas basadas en brechas de acceso y alfabetización crítica, y la emergencia de nuevos y complejos dilemas éticos relacionados con la privacidad, la vigilancia, la propiedad intelectual y la responsabilidad por los contenidos generados algorítmicamente.
Las implicaciones prácticas de este diagnóstico son vastas y urgentes. Se evidencia la necesidad imperiosa de cultivar y diseminar alfabetizaciones digitales críticas y transmedia, que vayan más allá del dominio técnico para capacitar a los ciudadanos en la evaluación rigurosa de fuentes, el reconocimiento de sesgos (tanto humanos como algorítmicos), la comprensión de las lógicas subyacentes a las plataformas digitales y la participación ética en la creación colaborativa de conocimiento. Paralelamente, se requiere el diseño y la implementación de marcos regulatorios y de gobernanza —a nivel nacional e internacional— que sean adaptativos, prospectivos y basados en principios éticos sólidos. Estos marcos deben buscar proteger la diversidad epistémica, promover la transparencia y la rendición de cuentas algorítmica, y asegurar que las tecnologías emergentes, como la IAG, se desarrollen y desplieguen al servicio del bienestar humano y el interés público, y no únicamente en función de intereses comerciales o estatales. La educación superior, en este contexto, debe asumir un rol protagónico, evolucionando sus modelos pedagógicos y evaluativos para preparar ciudadanos capaces no solo de navegar críticamente los complejos y a menudo contaminados entornos de información digital, sino también de discernir y evaluar con rigor el creciente volumen de contenido generado tanto por humanos como por máquinas.
Como sostiene lúcidamente Luciano Floridi (2014), estamos atravesando una “cuarta revolución” —tras Copérnico, Darwin y Freud— que redefine nuestra comprensión de nosotros mismos y nuestro lugar en la “infoesfera”, exigiendo un replanteamiento fundamental de nuestra concepción del conocimiento y de la intrincada relación que establecemos con los datos, las máquinas y los otros seres humanos. Esta nueva epistemología, para ser verdaderamente comprensiva y operativa, debe reconocer y abrazar el carácter inherentemente sociotécnico del conocimiento digital. Este no emerge en un vacío, sino que es configurado activamente y de manera conjunta por una amalgama de elementos interdependientes: los algoritmos que filtran y priorizan, las infraestructuras materiales que sustentan los flujos de información, los modelos económicos que incentivan ciertas prácticas sobre otras, las dinámicas afectivas que modulan la credibilidad y la viralidad, y las prácticas sociales y culturales que otorgan sentido y legitimidad a lo que cuenta como conocimiento válido en un momento y contexto determinados.
En este escenario, la responsabilidad colectiva en la construcción y el mantenimiento de ecologías de conocimiento que sean genuinamente más democráticas, diversas en sus perspectivas, justas en su distribución y acceso, y sostenibles a largo plazo (tanto ética como ambientalmente) representa uno de los desafíos civilizatorios más importantes de nuestro tiempo. Carlos Scolari (2018) afirma que la comunicación digital no es solo un canal nuevo, sino un entorno que modifica nuestras prácticas culturales y relación con el conocimiento. Esta reconfiguración ambiental implica que nuestras formas de aprender, investigar, recordar, olvidar y debatir están siendo transformadas desde sus cimientos.
El futuro de la epistemología digital, y por extensión, el futuro de cómo conoceremos y qué valoraremos como conocimiento, dependerá críticamente de nuestra capacidad colectiva para diseñar sistemas, cultivar prácticas y fomentar políticas que logren aprovechar las innegables potencialidades democratizadoras y creativas de estas tecnologías, mientras se identifican, analizan y mitigan proactivamente sus considerables riesgos de fragmentación social, manipulación masiva y exclusión epistémica. Esta tarea es particularmente urgente en un mundo crecientemente moldeado e influenciado por la inteligencia artificial. Alcanzar este equilibrio no es una cuestión de mera competencia técnica; requiere, de manera insoslayable, profundos compromisos éticos y políticos con la justicia epistémica en todas sus dimensiones, tanto en la era digital como en la posdigital. Es fundamental, para ello, fomentar un diálogo global, inclusivo y continuo que incorpore una genuina diversidad de voces, saberes y experiencias, trascendiendo las fronteras disciplinares, geográficas y culturales, para construir colaborativamente un futuro del conocimiento que sea más equitativo y humanamente enriquecedor.
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Contribución de los autores El autor contribuyó en la totalidad de la investigación. |
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Financiación Este estudio no fue financiado. |
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Agradecimientos No aplica. |
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Conflicto de intereses El autor declara no tener ningún conflicto de intereses. |
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Declaración de uso de la IA para la redacción del manuscrito El autor declara haber empleado la herramienta LanguageTool para la corrección de estilo y ortografía de este manuscrito. |
Citación: Gallego Torres, R.A. (2026). Epistemologías post-digitales: reconfigurando conocimiento, validación y autoridad en la era de la inteligencia artificial. EDMETIC, Revista de Educación Mediática y TIC, 15(2), art.6. https://doi.org/10.21071/edmetic.v15i2.18264