
La ironía en dos traducciones de A Letter to a Young Poet 122
Hikma 19 (1) (2020), 117 - 138
La ironía ha sido analizada desde diferentes enfoques, de los que
cabe recordar el retórico, en el que Beristáin la define como una
figura de pensamiento porque afecta a la lógica ordinaria de la
expresión. Consiste en oponer, para burlarse, el significado a la
forma de las palabras en oraciones, declarando una idea de tal
modo que, por el tono, se pueda comprender otra, contraria.
(1995, pág. 271)
Más adelante, Beristáin le asigna otros nombres a la ironía, como el
de dissimulatio, que consiste en que el emisor oculte «su verdadera opinión
para que el receptor la adivine, por lo que juega durante un momento con el
desconcierto o el malentendido, y el grado de evidencia semántica que
permite la interpretación es menor» (ibid., pág. 272). En el siguiente
fragmento, por ejemplo, Woolf emplea categorías gramaticales diferentes
para referirse a estos tipos de versos –un adjetivo y un sustantivo–, bajo la
excusa de que no ha tenido una buena formación universitaria:
The lack of a sound university training has always made it
impossible for me to distinguish between an iambic and a dactyl,
and if this were not enough to condemn one for ever, the practice
of prose has bred in me, as in most prose writers, a foolish
jealousy, a righteous indignation –anyhow, an emotion which the
critic should be without. (Woolf V. , 1932, pág. 7)
De igual forma, la figura de la ironía se relaciona con la scomma, que
«es la ironía por disimulación, ingeniosa y delicada, de modo que no parece
burla sino en serio» (Beristáin, 1995, pág. 273), y con la interrogación
retórica (ibid., pág. 278):
On the floor of your mind, then –is it not this that makes you a
poet?– rhythm keeps up its perpetual beat. Sometimes it seems to
die down to nothing; it lets you eat, sleep, talk like other people.
(Woolf V. , 1932, pág. 11)
En el ámbito de la pragmática, Wilson ha propuesto dos formas de
entender la ironía: en primer lugar como una echoic allusion, lo que implica
que su fin es «expresar la actitud disociativa del hablante hacia un
pensamiento o una declaración atribuidos tácitamente […] con base en
alguna discrepancia observada entre la forma en que estos representan el
mundo y el estado de las cosas en realidad» (2006, pág. 1724, traducción
propia). Y en segundo lugar como una forma de pretence, de donde se tiene
que el hablante «no afirma, sino solo pretende afirmar […] al mismo tiempo
que espera que la audiencia entienda la pretensión y reconozca detrás de
ella la actitud crítica o burlona» (ibid.). Asimismo, Bruzos ha propuesto que
la ironía es «una transgresión ilocutiva manifiesta, cuyo reconocimiento
fuerza al intérprete a no conformarse con el sentido literal del enunciado y a