ISSN: 1579-9794
Hikma 19 (1) (2020), 187 - 208
«Ilustraducción» para niños: las dinámicas texto-imagen
en los álbumes infantiles ilustrados desde un prisma
traductológico
“Illustranslation” for children: Text-illustration dynamics in
children’s picture books from a translation studies
perspective
BRUNO ECHAURI GALVÁN
1
bruno.echauri@uah.es
Universidad de Alcalá
Fecha de recepción: 11 de octubre de 2019
Fecha de aceptación: 20 de marzo de 2020
Resumen: El presente artículo parte de la idea de que traducción e
ilustración son procesos que comparten ciertas semejanzas y metodologías.
Sobre esta premisa, se pretende demostrar que las dinámicas texto-imagen
presentes en los álbumes infantiles ilustrados pueden considerarse el
resultado de un proceso traslativo, lo que permitirá sugerir herramientas de
análisis para estudiarlas desde esta perspectiva. En este sentido, se
proponen las estrategias y procedimientos de traducción como instrumentos
útiles para identificar de forma precisa las decisiones del ilustrador y,
subsiguientemente, explicar con detalle por qué se crea una dinámica
concreta. Las ideas anteriores se ponen en práctica a través del estudio de
varios ejemplos que viene a probar cómo este modelo da lugar a un análisis
más sólido, sistemático y fundamentado de las relaciones entre texto e
ilustración y de los procesos que las conforman.
Palabras clave: Álbum infantil ilustrado, Traducción, Transmutación,
Dinámicas texto-ilustración.
Abstract: The present paper builds on the idea that translation and
illustration processes share certain similarities and methodologies. Based on
this assumption, the article intends to prove that the text-picture dynamics
present in children’s picture books could be considered the result of a
translation process. This assertion paves the way for using translation
1
Miembro del Grupo de Investigación en Literatura Contemporánea de la Universidad de Alcalá
y del grupo de investigación RECEPTION.
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concepts such as “strategies” and “procedures” as analytical tools to
underscore illustrators’ decisions and, subsequently, explain the reasons
behind the formation of a specific dynamic. The aforementioned ideas are
tested via the empirical study of several examples. Its results demonstrate
that this model helps draw up a more solid, systematical, and well-grounded
analysis of text-illustration relationships and the processes that actually
shape them.
Keywords: Children’s picture books, Translation, Transmutation, Text-
picture dynamics.
I
NTRODUCCIÓN
Pese a su aparente sencillez, los álbumes infantiles ilustrados son
obras que entrañan una asombrosa complejidad tejida, en muchos casos,
alrededor de la simbiosis entre dos elementos: el narrativo y el no narrativo.
Comprender lo que se dice en este tipo de trabajos es, por tanto, un
proceso interactivo que implica necesariamente la combinación de los dos
códigos semióticos presentes en la obra (Nodelman, 1988; Lewis, 2001).
Sin embargo, la coordinación entre estos códigos no es ni mucho menos
singular, sino un fenómeno complicado y sutil (Sipe, 1998) con múltiples
aristas. Las dinámicas texto-ilustración se construyen sobre esta premisa
para, grosso modo, crear distintos tipos de interrelaciones entre el signo
lingüístico y el icónico.
El presente artículo toma como referencia estudios previos del autor
(Echauri-Galván, 2019) para profundizar en las relaciones existentes entre
estas dinámicas y los estudios de traducción, al tiempo que refuerza la
utilidad de conceptos propios de esta disciplina para el análisis de los
álbumes infantiles ilustrados. Con este fin, las siguientes páginas pretenden
cumplir distintos objetivos. En primer lugar, realizar una revisión sobre
algunas de las principales clasificaciones existentes a la hora de catalogar
estas relaciones entre texto e imagen. En segundo lugar, subrayar la
idoneidad de la traducción como herramienta para estudiar los procesos que
dan lugar a dichas dinámicas, destacando cómo estas interseccionan con
conceptos como las estrategias y los procedimientos de traducción y
demostrando así las analogías existentes entre traducir e ilustrar. Por
último, el artículo se centra en ejemplificar el razonamiento anterior a través
de un análisis práctico que aúna reflexiones generales y el estudio de una
obra concreta: Princess Smartypants (1988/1997) escrita e ilustrada por
Babette Cole. Para resaltar la exhaustividad del modelo propuesto, este
análisis se contrasta con otros estudios paralelos de la misma obra como el
llevado a cabo por Nikolajeva y Scott (2000).
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1. LAS DINÁMICAS TEXTO-ILUSTRACIÓN Y SUS DISTINTAS CLASIFICACIONES
Las dinámicas texto-ilustración se apoyan en la figura del lector como
un agente activo en la lectura que construye y descodifica ciertos mensajes
a partir de un análisis cuidadoso de la interacción entre la narración y su
imagen correspondiente (Sánchez Corral, 1995). A lo largo de los años, su
naturaleza ha sido explorada por numerosos autores, dando lugar a muy
variadas clasificaciones. Una de las primeras fue la categorización dual
propuesta por Schwarz (1982), quien distingue entre relaciones de
congruencia o de desviación. Para este autor, las primeras abarcan no solo
las relaciones armónicas entre ambos elementos, sino también aquellos
casos en los que uno de ellos complementa al otro o situaciones en las que
texto e imagen se alternan para narrar la historia. En cuanto a las segundas,
Schwarz considera como desviación los casos en los que las imágenes se
contraponen al elemento verbal o narran una historia alternativa. Estas
ideas tuvieron su continuidad en clasificaciones posteriores, algo más
exhaustivas y precisas en su uso de la terminología, como la de Cañamares
Torrijos (2007) o la de Nikolajeva y Scott (2000, 2001).
Para estas últimas, las dinámicas texto-ilustración pueden
catalogarse como simétricas, de ampliación, complementarias, de
contrapunto o contradictorias. Dentro de estas cinco categorías que, por
otro lado, no son absolutas, sino que pueden darse a la vez en algunos
casos, la primera hace referencia a las dinámicas en las que el texto y la
ilustración reproducen la misma información o, dicho de otro modo, cuentan
una misma historia. La ampliación supone que, o bien la ilustración o bien el
texto, aportan nuevos (aunque muy limitados) detalles con respecto a la otra
parte. Cuando esto se lleva a un nivel más significativo y uno de los dos
elementos aporta información verdaderamente relevante y diferente al otro,
nos encontramos ante un caso de complementariedad. En las dinámicas de
contrapunto, el texto y la imagen se conjugan para transmitir significados
que van más allá del ámbito individual. Llevado al extremo, el contrapunto
deriva en dinámicas contradictorias en las que el dibujo y el texto se oponen
entre sí, estableciendo una ambigüedad que supone todo un desafío para el
lector.
Por su parte, Cañamares Torrijos (2007) divide las dinámicas texto-
ilustración en tres categorías principales: cooperantes con el texto,
operantes con el texto o, simplemente, no operantes. Las primeras son
aquellas que apoyan la comprensión del elemento verbal, ya sea replicando
una secuencia concreta o ampliándola con información implícita en el texto.
Las segundas son, probablemente, las más complejas y variadas. Las
ilustraciones operantes aportan información nueva y obligan al lector a
centrarse en ambos componentes para obtener el mensaje completo que el
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discurso intenta transmitir. En este sentido, el abanico de posibilidades es
realmente amplio: las imágenes pueden sumar detalles, narrar historias
paralelas, anticipar información, describir escenas no narradas o añadir una
nueva perspectiva, entre otras. Por último, las ilustraciones no operantes
con el texto hacen referencia a aquellas imágenes que, o bien funcionan
como elementos independientes, o bien se contraponen al mensaje que
transmite el componente textual.
Ambos modelos han sido llevados a la práctica para analizar distintos
álbumes ilustrados. Las propias Nikolajeva y Scott (2000) utilizaron su
categorización para explorar obras como Sylvester and the Magic Pebble
(Steig, 1969) o Princess Smartypants (Cole, 1988/1997), entre otras. En el
primer caso, las autoras etiquetan las dinámicas texto-ilustración del álbum
como de mínima ampliación, describiendo el texto como un elemento mucho
más rico que las imágenes. Estas, pese a reflejar fielmente y con
numerosos matices las expresiones y sentimientos de los personajes, «do
not add much that is different» (p. 230) a lo que exponen las palabras, que
son las que llevan el peso fundamental de la historia. Por el contrario, el
segundo libro, de marcado tono humorístico, se construye sobre dinámicas
de contrapunto que crean situaciones irónicas. Así, Nikolajeva y Scott
determinan que la imagen, en muchas ocasiones, amplía lo dicho en el
«sometimes bland verbal text» (p.232), aportando elementos nuevos e
inesperados que se tornan imprescindibles para comprender el verdadero
significado de la narración y captar el humor que la autora/ilustradora
pretende crear.
Cañamares Torrijos (2007) también comenta varios ejemplos
aplicando su modelo. Así, nos describe cómo en obras como Contando
ositos de goma (Boegehold, 1997/1999) o Míster Magnolia (Blake,
1980/1995) «las ilustraciones reiteran lo que el texto cuenta» (p.305), idea
que encaja en su concepto de ilustración cooperante. Pasando a la
categoría de imágenes operantes con el texto, la autora analiza múltiples
casos dependiendo de la función que desempeñan las ilustraciones. Por
trazar un paralelismo con el párrafo anterior, nos detendremos en distintos
ejemplos de imágenes que aportan información nueva a lo expresado en el
texto. Dichos ejemplos pueden encontrarse, entre otras, en obras como De
cómo nacieron las sirenas (Castro, 2000). En un momento de la narración,
el texto indica que la protagonista por fin encontró una salida, mientras «en
la ilustración comprobamos que la niña consigue escapar por el espiráculo
de la ballena» (Cañamares Torrijos, 2007, p.323). Unas páginas más
adelante, se subraya cómo, en ocasiones, las imágenes del libro sirven para
anticipar información. Es el caso del pasaje en el que «la imagen que
acompaña al texto: “estuvo nadando y nadando hasta que su cabeza dio
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contra algo”, muestra contra qué ha chocado: un barco» (Cañamares
Torrijos, 2007, p.324). Según la autora, esta inclusión avanza de algún
modo la lectura, ya que nos adelanta un detalle de la trama que el discurrir
de la narración permitirá corroborar (o desmentir).
Pese al indudable interés y valor de los análisis anteriores, en todos
los casos descritos hay un paso que apenas se concreta: las decisiones que
conducen al resultado. En otras palabras, las autoras, más allá de señalar si
el texto es más o menos rico que la imagen, describir que aparecen
elementos nuevos o relatar si se replica de manera precisa el contenido del
elemento narrativo, no exploran ni categorizan de manera sistemática los
distintos procesos que pueden llevar a una u otra realización. Estos vacíos
son algo que los estudios de traducción pueden cubrir si se aplican al
análisis de las dinámicas texto-imagen. Así, un ilustrador no decide obviar
una parte de la información recogida en el texto, sino que emplea la omisión
como recurso. Tampoco «reitera lo que el texto cuenta», sino que lleva a
cabo una traducción literal. Del mismo modo, ya no se «añaden» o
«dibujan» elementos adicionales, sino que el razonamiento se torna,
necesariamente, más profundo y complejo. ¿Es información que pueda
inferirse del texto? Nos encontramos, pues, ante un procedimiento de
explicitación. ¿Se trata de nuevos detalles? Deberemos entonces pararnos
a analizar si el ilustrador ha optado por la amplificación como herramienta o
por otro procedimiento de expansión diferente.
En consecuencia, al margen de etiquetar esas decisiones intermedias
que dan forma a la ilustración final, el uso de los procedimientos y
estrategias de traducción en este contexto aporta una mayor riqueza al
análisis, ya que permiten introducir matices entre fenómenos similares (que
no iguales) y explicar de forma más clara por qué se acaba produciendo una
dinámica u otra entre ambos elementos. Aplicar un modelo así presupone la
similitud entre los procesos de traducción e ilustración que se sustenta en el
apartado siguiente
2. ¿I
LUSTRAR ES TRADUCIR?
Para trazar el primer nexo entre traducción e ilustración conviene
remitirse al concepto de «traducción intersemiótica» o «transmutación»
acuñado por Jakobson (1959/2000). En palabras de este autor, dicho
concepto engloba los procesos traslativos que se dan entre dos sistemas de
signos diferentes. Así, la transmutación abarca una fenomenología muy
variada, desde la adaptación de una novela al cine, hasta el dibujo que
surge de una canción, pasando por un poema interpretado a través de una
melodía.
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Sobre esta teoría seminal ha germinado un acalorado debate
orientado a dirimir si la transmutación debe/puede considerarse o no
traducción. En este sentido, el paso de los años ha visto cómo se
consolidaban posturas muy diferentes al respecto. Puesto que entre los
propósitos de este artículo no se cuenta dar solución a esta controversia, las
siguientes líneas tratan simplemente de describir dos propuestas distantes
en su planteamiento que contextualicen la discusión y permitan, al mismo
tiempo, justificar el enfoque que se va a seguir en secciones posteriores.
Por un lado, autores como Eco (2003/2008) aplican las ideas de
Peirce al campo de la traducción para considerar los procesos que
conciernen a esta disciplina como fenómenos dentro de un concepto más
amplio como el de «interpretación». Esta conceptualización implica asumir
la imposibilidad de encontrar una equivalencia total, ya que presupone la
construcción de un texto meta (TM) en base a distintos factores como
pueden ser la interpretación del propio traductor, el código de destino y los
distintos significados que la fuente adquiere en este código o el propósito de
la versión final, entre otros. Del mismo modo, la interpretación abarcaría
fenómenos tan dispares como la sinonimia, la traducción interlingüística, las
refundiciones y, también, las interpretaciones intersemióticas (Eco,
2003/2008).
Pese a mostrarse de acuerdo en considerar la equivalencia total
como una entelequia, Calabrese (2000) propone restringir el alcance del
término «interpretación» para, de algún modo, desgajar la traducción de
otros procesos semióticos y concederle su propio espacio. Así, Calabrese
establece que aquellos fenómenos en los que la fuente original pueda
reconocerse en la obra resultante, por mucho que esta construya su propio
significado(s), deberían entenderse como «traducción». En consecuencia,
cree más conveniente hablar de distintos niveles de (im)perfección que
analizar la traducción como un punto más dentro de esa inmensa
constelación que compone la semiótica. Estos planteamientos son llevados
al campo de la transmutación a través de la aplicación de conceptos como
el de «traducción molecular» (pegada al texto original, muy similar a la
traducción palabra por palabra) o «traducción molar» (más libre y que trata
el texto como un sistema) al estudio de distintas operaciones traslativas,
incluidas aquellas en las que se produce cambio de materia.
En definitiva, siguiendo las pautas marcadas por Calabrese y al
margen de disquisiciones terminológicas, los lazos de la obra original con su
versión meta nos pueden permitir analizar ciertos procesos que se alejan de
la traducción «propiamente dicha» (esto es, interlingüística) como casos de
traducción al fin y al cabo. Dentro de estos procesos, podrían encuadrarse
las transmutaciones de texto a ilustración. En línea con lo expuesto en el
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párrafo anterior, no puede obviarse que, en estos supuestos, la composición
de la obra final incluirá la creatividad, estilo y libertad del «mediador» a la
hora de representar los elementos narrativos del original de una forma
determinada. Sin embargo, al mismo tiempo, el resultado mantend una
interrelación con su fuente, replicando sus rasgos en mayor o menor medida
y conservando así cierta fidelidad para con ella.
Estos postulados permiten situar la traducción y la ilustración en
planos similares y establecer paralelismos entre ambas disciplinas. En este
sentido, voces como las de Pereira (2008) o Martinovski (2016) han
defendido que la ilustración se lleva a cabo de una forma muy similar a la
traducción y que ambas comparten una serie de metodologías comunes. En
otras palabras, traductores e ilustradores toman a menudo decisiones
análogas a la hora de llevar a cabo su labor. Estas decisiones tienen mucho
que ver con lo que Eco (2003/2008) definió como «negociación», esto es, el
proceso mediante el cual el traductor decide qué elementos del TO quiere
conservar, destacar, opacar…en su TM. Dicha negociación está a su vez
presente a la hora de ilustrar un libro; como sostiene Pereira (2008), esta
labor también implica renuncias y la elección de ciertos aspectos o pasajes
que reflejar, soslayar o modificar.
Los argumentos previos vienen a sustentar el uso de los estudios de
traducción como instrumento para explorar al menos parte de las decisiones
del ilustrador. De este modo, herramientas tradicionalmente asociadas a la
traductología como los procedimientos y estrategias de traducción pueden
resultar útiles para analizar las transmutaciones de texto a imagen que se
dan en los álbumes infantiles ilustrados.
3. D
INÁMICAS TEXTO-ILUSTRACIÓN: EL RESULTADO DE «TRADUCIR»
Si ilustrar es, en parte, traducir, las dinámicas texto-ilustración pueden
entenderse como el resultado de un proceso traslativo. Tal y como se
comentaba en apartados anteriores, estas dinámicas dependen de la
información que el elemento visual replica, omite o modifica con respecto al
texto. Esto no es sino una analogía con las tan variadas relaciones que
pueden establecerse entre un TO y su TM en la traducción interlingüística.
Igual que una dinámica simétrica replica su fuente original, una traducción
literal se mantiene fiel a su texto de origen. Del mismo modo, una dinámica
complementaria o de ampliación nos aporta más detalles de los que el texto
quiere mostrar, algo que también ocurre con traducciones interlingüísticas
más explicativas que su TO. Y, al igual que una ilustración puede romper
con su fuente para mostrarnos otros puntos de vista o crear efectos nuevos,
un texto puede ser reescrito o ajustado (de muy distintas formas) para
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destapar significados alternativos que el original no explotaba y que se
consiguen a partir del tamiz de la traducción.
Ante los nexos observables entre ejemplos tan variados, resulta
lógico pensar que el proceso de construcción de una imagen o de un texto
meta tenga puntos en común. Como se señalaba en el apartado previo,
traducción e ilustración se basan en decisiones, muchas veces, similares.
Históricamente, los procedimientos de traducción han sido una de las
herramientas más empleadas a la hora de catalogar las decisiones tomadas
por los traductores. Autores como Pereira (2007, 2008) ya utilizaron estos
instrumentos para el análisis de las ilustraciones de distintas obras, incluso
abordando tangencialmente el efecto de estas decisiones en el diálogo que
se crea entre texto e imagen. Sin embargo, sus investigaciones no ahondan
en la intersección entre la traducción y las dinámicas texto-imagen, algo
hacia lo que sí se orienta el presente trabajo.
Según Delisle, Lee-Jahnke y Cormier (1999), los procedimientos de
traducción son aquellos métodos usados por los traductores para tratar de
buscar un equivalente en la lengua meta para los elementos significativos
que contiene el TO. A lo largo de los años, múltiples autores han tratado de
catalogar estos procedimientos
2
a través de distintas clasificaciones. Una de
las más reconocidas (y reconocibles) es la propuesta por Vinay y Darbelnet
(1958/1995), que contemplaba, fundamentalmente, siete procedimientos:
préstamo, calco, traducción literal, transposición, modulación, equivalencia y
adaptación. A esta se sucedieron muchas otras, más abarcadoras y/o
centradas en fenómenos diferentes, como la de Nida (1964), Vázquez Ayora
(1977), Malone (1988) o Hurtado Albir (2001).
Si trabajamos sobre la asunción de los paralelismos existentes entre
traducir e ilustrar, podemos comprobar cómo muchos de los procedimientos
propuestos por estos y otros académicos pueden aplicarse en el proceso de
ilustración y, posteriormente, identificarse en la conformación de distintas
dinámicas texto-imagen. Así, una traducción literal que replique palabra por
palabra y de forma precisa el significado del TO puede llevarse al terreno de
la ilustración dibujando elementos iguales a los que describe el texto. Del
mismo modo, las omisiones (o «elisiones» si empleamos la terminología
propuesta por Hurtado Albir, 2001) identificables en una obra traducida
encuentran su réplica en el dibujo que decide obviar ciertos detalles del
texto original (TO). Incluso otros procedimientos menos habituales o más
complejos pueden también observarse en el plano ilustrativo. Por ejemplo,
2
Pese a mantener el mismo significado, el concepto de «procedimiento» recibe distintas
denominaciones dependiendo del autor. Así, ha sido catalogado como «método», «estrategia»
o «técnica», entre otros.
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la adaptación, basada en adecuar el contenido a la visión propia de cada
lengua (Vázquez Ayora, 1977), puede ser implementada a través de una
ilustración orientada a las particularidades de un público meta o tiempo de
recepción concretos. Y es que, como señala Pereira (2008), los ilustradores
han tenido históricamente la capacidad de adaptar sus trabajos a una
audiencia, ideología, tiempo o valores concretos, aportando y transmitiendo
así nuevos significados a la obra original.
Pese a la confusión terminológica y los solapamientos que en
ocasiones genera el largo listado de clasificaciones de procedimientos de
traducción disponibles, su exhaustividad y la posibilidad de poder
combinarlas permiten englobar la mayor parte de fenómenos observables
en las transmutaciones de texto a ilustración. A fin de cuentas, todo consiste
en analizar concienzudamente la relación entre elemento narrativo y no
narrativo en busca del procedimiento adecuado.
En un segundo estadio, a partir de la apropiada identificación de los
procedimientos de traducción aplicados, podremos determinar la estrategia
seguida por el ilustrador en un primer momento. Este concepto, acuñado
por Vinay y Darbelnet (1958/1995) y recogido posteriormente por otros
autores como Vázquez Ayora (1977), sirve para definir la aproximación
general del traductor al texto, algo que puede extrapolarse también al
ámbito del presente estudio. Según los autores antes citados, dicha
aproximación se evalúa en términos de literalidad o libertad, dando lugar a
la dualidad entre traducción directa y oblicua. Así, la primera define aquel
enfoque que busca adherirse al original, mientras que la segunda hace
referencia a las estrategias que se alejan del texto fuente.
A pesar de que en la teoría la distinción parezca muy categórica, la
práctica pone de manifiesto lo líquido de la frontera entre estos dos
conceptos y constata que la pureza en su aplicación no deja de ser, en
muchas ocasiones, un desiderátum. Esta afirmación, llevada a nuestro
contexto de estudio, implica que en un mismo trabajo pueden coexistir
procedimientos propios de estrategias directas y oblicuas que resulten en el
intercalado de, por ejemplo, dinámicas simétricas, de ampliación, de
oposición…En un análisis macro que englobe todas las ilustraciones de un
álbum o libro ilustrado, la discusión sobre estrategias puede permitir
determinar si el ilustrador ha tenido como prioridad mantenerse fiel al
escrito, si, por el contrario, ha decidido alejarse de él sistemática o
habitualmente o si no existe una estrategia clara a la hora de abordar la
ilustración de la obra. A partir de aquí, pueden realizarse numerosas
inferencias relacionadas, entre otros aspectos, con los objetivos o público
meta de la publicación o con el grado de exigencia al que busca someterse
al lector.
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4. METODOLOGÍA
El siguiente análisis pretende ejemplificar las ideas desarrolladas
hasta ahora a través del estudio de casos concretos. Para ello se han
escogido, en primer lugar, dos imágenes de una de las obras comentadas
por Nikolajeva y Scott en su artículo del año 2000, Princess Smartypants
(Cole, 1988/1997). Con esto se busca demostrar cómo un mismo ejemplo
puede también abordarse desde un prisma traductológico, lo cual, como
veremos, aporta especificidad, solidez y una cadena de causalidad al
análisis. Asimismo, y como botón de muestra de la aplicabilidad de las
ideas de este trabajo a muy variados contextos, se reflexionará brevemente
sobre otros supuestos en los que intervienen dinámicas texto-imagen más
sencillas que las de la obra de Cole.
Como herramientas traductológicas se emplearán tanto las
estrategias como los procedimientos de traducción descritos en apartados
previos. En relación con los últimos y en base a la fenomenología que
presentan los ejemplos de transmutación comentados, se ha decidido
emplear el siguiente listado, obtenido de Hurtado Albir (2001) y adaptado al
campo de las transmutaciones texto-ilustración:
Amplificación. Supone añadir elementos no formulados en el
texto fuente. En el ámbito de la transmutación, pueden
considerarse como amplificaciones aquellos detalles de la imagen
que aportan información completamente nueva en relación con el
texto.
Elisión. Implica la eliminación de elementos presentes en el
texto original. En nuestro marco de trabajo, este procedimiento
puede identificarse en los aspectos textuales omitidos en las
ilustraciones.
Variación. Modificación de elementos lingüísticos o
paralingüísticos que afectan a distintos aspectos del TM como el
registro, el estilo o el tono. En transmutaciones como las que
aborda este artículo, las variaciones se producen cuando el
ilustrador modifica aspectos concretos recogidos en el texto que
ocasionan cambios de tono o estilo en la imagen.
Traducción literal. Cuando entre TO y TM se produce una
equivalencia palabra por palabra. En nuestro caso, implica replicar
en la ilustración, con la mayor precisión que el cambio de medio
permita, segmentos de información contenidos en el texto.
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A estos procedimientos se añade otro tomado de la clasificación
propuesta por Vázquez Ayora (1977): la explicitación. Este fenómeno, que
implica explicitar en el TM lo que está implícito en el TO, puede aplicarse
también a nuestro marco de trabajo en aquellos casos en los que la
ilustración incluye información que el texto no refleja literalmente, pero que
resulta fácilmente deducible. Como se mencionaba anteriormente, la
variedad de procedimientos de traducción disponibles permite modificar las
herramientas de análisis, ampliando o reduciendo su número en función de
nuestras necesidades y de las fuentes primarias sobre las que estemos
trabajando.
De cara al estudio de las dinámicas de Princess Smartypants, se
analizarán por separado tres escenas del álbum que incluyen el texto y su
ilustración correspondiente. En una primera fase, se determinarán los
procedimientos empleados por la autora/ilustradora a la hora de transformar
las palabras en imágenes. Esta identificación permitirá subrayar de forma
precisa la información que se ha añadido, modificado u omitido con relación
al elemento narrativo, lo que posibilitará establecer con claridad las
dinámicas texto-ilustración que se den en cada caso. Los resultados
obtenidos en estos estadios se emplearán finalmente para tratar de
concretar la estrategia de traducción aplicada por Cole a lo largo de las
páginas del álbum.
El comentario posterior, referente a obras en las que predominan
dinámicas más sencillas, se orienta a probar la replicabilidad del modelo en
contextos distintos al estudiado en mayor profundidad. Se espera que el
conjunto de este análisis ayude a constatar la estrecha relación entre
traducción e ilustración y, por consiguiente, subrayar la utilidad de varios
conceptos traductológicos como herramientas para el estudio de las
dinámicas texto-imagen y sus implicaciones en los lectores.
5. A
NÁLISIS
En apartados previos, mencionábamos el álbum Princess
Smartypants (Cole, 1988/1997) y el análisis de sus ilustraciones llevado a
cabo por Nikolajeva y Scott (2000). Esta historia, en la que el humor juega
un papel fundamental, nos presenta a una princesa rebelde que se niega a
casarse y que, para evitar el temido camino al altar, se dedica a someter a
todos sus pretendientes a pruebas imposibles. En lo que respecta al
componente textual, a lo largo del álbum prevalecen las descripciones
breves y sencillas, entre las que, en contadas ocasiones, se intercalan
segmentos de texto algo más extensos y complejos. El vocabulario
empleado es fácilmente entendible por un público infantil y solo algunos
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términos concretos (phrasal verbs o el nombre de algún pretendiente de la
princesa) podrían considerarse ligeramente más complicados.
Las ilustraciones, sin embargo, presentan una gran riqueza visual y
generan numerosos aspectos de análisis. Tras un estudio general de su
interrelación con el texto, Nikolajeva y Scott (2000) concluían que la adición
de nuevos e inesperados detalles en la mayor parte de las ilustraciones
derivaba en un predominio de las dinámicas de contrapunto con efecto
irónico, algo que obliga al lector a analizar tanto el elemento narrativo como
el no narrativo para saber qué está pasando verdaderamente en las páginas
de la obra de Cole.
Aceptando el diagnóstico en lo que a las dinámicas resultantes
respecta, aplicar un prisma traductológico puede permitir un análisis más
complejo y detallado que exponga el encaje de las distintas decisiones que
acaban conformando una dinámica concreta. En este sentido, como se
viene defendiendo a lo largo de este trabajo, las conexiones entre
ilustradores y traductores permiten emplear ciertas herramientas de estos
últimos para estudiar de manera más concreta lo ocurrido al volcar el
contenido del texto en una imagen.
Centrémonos, por ejemplo, en la siguiente escena del álbum: She
sent prince Bashthumb to chop some firewood in the royal forest (véase
imagen 1
3
). En este caso, una reproducción fiel del elemento narrativo
debería dar lugar a una escena en la que el príncipe Bashthumb apareciese
cortando leña en un bosque. Sin embargo, siguiendo el tono humorístico
que impregna casi cada página del álbum, la imagen es muy distinta y nos
muestra al príncipe huyendo despavorido ante el ataque de los malévolos
árboles que pueblan el bosque. Vemos, por tanto, como la ilustradora ha
«modificado», «añadido» e incluso «eliminado» ciertos detalles. Pero
profundicemos en estos fenómenos.
3
Puesto que la obra de Cole no incluye números de página, se ha decidido incluir una
paginación propia para facilitar la identificación de las referencias.
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Imagen 1. Princess Smartypants
Fuente: Cole (1988/1997, p.14)
En lo concerniente a los cambios introducidos, nos encontramos
fundamentalmente con un procedimiento de variación, puesto que la
ilustradora ha modificado en la imagen ciertos rasgos del texto para
conseguir un giro en el tono que derive en un efecto humorístico. Este
procedimiento se aplica sobre dos ítems concretos: los árboles y el
comportamiento del príncipe. Los primeros no son árboles al uso, sino
elementos que cobran vida, convirtiéndose en figuras amenazantes que
persiguen al príncipe Bashthumb. Este, a su vez, no aparece cortando leña
como cabría esperar, sino que huye aterrorizado ante el ataque de los
malvados árboles.
Por otro lado, Cole decide añadir una serie de detalles que el
elemento narrativo no presenta. A este respecto, debemos diferenciar entre
dos procedimientos distintos: explicitación y amplificación. El primero no
disrumpe la conexión entre el la imagen y el texto, sino que se limita a hacer
visible información implícita en este último. En esta escena, la explicitación
puede observarse en la representación de elementos como la hierba o en el
hecho de que los personajes se encuentren en un espacio abierto. Puesto
«Ilustraducción» para niños… 200
Hikma 19 (1) (2020), 187 - 208
que la acción discurre en un bosque, es normal que estos detalles estén
presentes en el dibujo. Lo mismo sucede con el hacha que el príncipe porta
en la mano, objeto que no debería sorprender al lector, ya que la prueba a
la que la princesa quería someterle implicaba talar madera.
Otros detalles, sin embargo, aportan información nueva que no está
presente de ningún modo en el elemento narrativo y que el lector no puede
inferir de él, siendo, por tanto, amplificaciones introducidas por la
ilustradora. Un ejemplo sería la luna que contempla la persecución desde el
fondo de la imagen. Este elemento nos indica el momento del día en el que
transcurre la acción, algo a lo que en ningún momento se hace referencia
en el texto. También podrían entrar dentro de esta categoría aspectos como
la apariencia del príncipe, la cual no aparece descrita en ningún punto del
elemento verbal. Por contra, conviene subrayar que la elisión se ha aplicado
a la figura de la princesa, mencionada en el texto dando una orden al
príncipe, pero no incluida en la imagen.
Algo similar a lo descrito en este primer ejemplo ocurre en otros
puntos del texto, como en las páginas 7 y 8 (véase imagen 2). En este caso,
el elemento narrativo nos indica que la princesa ha pedido al príncipe
Compost que se encargue de las babosas que amenazan su jardín (She
asked prince Compost to stop the slugs eating her garden). La imagen que
por individual crearía este elemento es la de una persona recogiendo
pequeñas babosas de un jardín o eliminándolas con algún producto a tal
efecto. Sin embargo, Cole vuelve a introducir un contrapunto irónico a través
de la ilustración, convirtiendo a las babosas en seres descomunales y
peligrosos que hacen que el pobre Compost abandone la escena a toda
velocidad.
La pauta seguida por la autora a la hora de elaborar esta imagen
guarda obvios paralelismos con la del ejemplo anterior. La variación, en este
caso, vuelve a afectar a las acciones del príncipe y se extiende también a
las babosas del jardín. Estas no son pequeños seres blandos y oscuros que
se arrastran por el suelo, sino una especie de gusanos gigantescos con
patas, colmillos y claros instintos asesinos. Por su parte, el príncipe
Compost (cuyo nombre, al igual que el de todos los príncipes del cuento, no
carece de ironía) no se dedica a acabar con la supuesta plaga de babosas,
sino más bien a evitar que esta acabe con él, huyendo del lugar tan rápido
como le permiten sus piernas y lanzando al aire todos los aparatos de
jardinería que había traído consigo. En ambos casos, Cole modifica el
significado del elemento narrativo a través de la ilustración para conseguir
crear un efecto humorístico basado en la contraposición entre ambas
partes.
201 Bruno Echauri Galván
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En este segundo ejemplo de análisis la explicitación también juega un
papel importante. Así, la autora decide incluir varios elementos que el texto
no menciona directamente, pero que pueden deducirse de forma gica a
partir de él. Dentro de este fenómeno encontramos las flores, las piedras y
los tiestos de la ilustración, todos ellos parte integrante de casi cualquier
jardín en el que podamos pensar y necesarios para «dibujar» el contexto en
el que transcurre la escena. En esta categoría también podrían incluirse las
ropas del príncipe, acordes con lo que el lector puede esperar de un
personaje de semejante estatus, y los distintos aparatos de jardinería que
porta para combatir a las orugas (la paleta, la horca y lo que parece ser un
bote con algún tipo de veneno). De este modo, la autora explicita los medios
con los que el príncipe pensaba frenar (stop) el ataque de las babosas para
cumplir así con el desafío propuesto por la protagonista del relato. Al ser
todos ellos objetos útiles a tal efecto y relacionados con el contexto en el
que se desarrolla la acción, su presencia tampoco debería resultar
sorpresiva para el lector. En lo que a las amplificaciones respecta, la más
evidente volvería a ser la apariencia física del príncipe, ya que no existe
referencia alguna a su aspecto en el elemento narrativo. Por último, la
autora aplica de nuevo la elisión a la figura de la princesa dando la orden
que desencadena la escena: el texto la menciona (She asked…), pero la
ilustración no la reproduce.
Imagen 2. Princess Smartypants
Fuente: Cole (1988/1997, pp. 7-8)
Cole repite el patrón de los ejemplos 1 y 2 en muchos otros pasajes
de la obra, como en la página 9, donde una acción a priori tan rutinaria e
inofensiva como dar de comer a unas mascotas deviene en toda una prueba
de valor cuando la ilustración nos muestra que estas no son otra cosa que
seres monstruosos y amenazantes. Las dinámicas que se crean en todos
estos casos son, como señalaban Nikolajeva y Scott (2000) y como
«Ilustraducción» para niños… 202
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demuestra el análisis realizado hasta el momento, de contrapunto, ya que el
elemento verbal y el visual se combinan para dar al conjunto un significado
inalcanzable individualmente. Sin embargo, pese a que las conclusiones
finales puedan ser análogas, el razonamiento que nos lleva hasta ellas es
ahora más elaborado y nos permite identificar los distintos pasos que Cole
sigue para crear esta interrelación. A partir de la aplicación de
procedimientos de traducción que modifican el mensaje del texto original, la
ilustradora consigue crear un juego de significados que deriva en una
situación humorística. En este sentido, conviene destacar el papel que juega
la variación, ya que es la que sustenta el cambio de tono y, en
consecuencia, la principal causante de la ironía que logran crear las
escenas.
Sin embargo, el hecho de que las relaciones de contrapunto sean la
norma, no implica que conformen una constante absoluta. En algunas
páginas (contadas, eso sí), la dinámica que se produce entre texto e imagen
cambia. Sirva como ejemplo la escena en la que el elemento narrativo
expone lo siguiente (véase imagen 3): “It is high time you smartened
yourself up,” said her Mother, the Queen. “Stop messing about with those
animals and find yourself a husband!” Al fijarnos en la ilustración,
inmediatamente identificamos disonancias entre lo verbal y lo visual,
fundamentadas en los detalles añadidos (y omitidos) por Cole. Sin embargo,
también pueden apreciarse ciertos paralelismos entre ambos elementos.
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Imagen 3. Princess Smartypants
Fuente: Cole (1988/1997, p.5)
Estas semejanzas obedecen a una traducción literal, que afecta, por
ejemplo, a la actitud de la reina, abroncando claramente a su hija, o a la
presencia de un pequeño ¿dinosaurio? que encarna la referencia a those
animals. También es cierto que, en relación con el discurso de la reina, Cole
combina la literalidad con la elisión, obviando cualquier referencia a It is high
time you smartened yourself up o a su orden de que encuentre un marido
(segmento que, por otro lado, anticipa al lector parte de lo que ocurrirá en
páginas posteriores).
El empleo de la explicitación también crea lazos entre el elemento
verbal y el visual, ya que aporta información que el lector puede deducir
fácilmente leyendo el texto. En este caso, el segmento mess about with
those animals aparece representado a través de una princesa vestida con
un mono y unas botas sucias, horca en mano. Si bien existen muchas
formas de enredar con nuestras mascotas, también es cierto que la gran
mayoría implica juegos y actividades que nos llevan a ensuciarnos, por lo
que el lector probablemente no se sorprenda ante este retrato de la
princesa. Computan también como explicitación las ropas de la reina y el
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rey, ambas en línea con lo que el lector podría esperar de dos miembros de
la realeza, aunque la figura del monarca merece mayor análisis en párrafos
posteriores.
En lo que respecta a las amplificaciones, Cole también decide añadir
información nueva a lo expuesto en el texto. Al margen del aspecto físico de
todos los personajes (nunca descrito en palabras), lo más sorprendente es,
probablemente, la aparición del rey, al que no se menciona en el elemento
narrativo y al que la autora/ilustradora sienta en segundo plano y actitud
silente junto a su esposa. Asimismo, el añadido del trono sitúa al lector en
un entorno específico: un escenario interior, concretamente dentro de
palacio.
En este caso, la dinámica derivada de los procedimientos de
traducción aplicados por la ilustradora podría etiquetarse como
complementaria en ambos sentidos. Por un lado, el texto es necesario para
comprender parte del contenido de la reprimenda que la reina dirige a su
hija. Por otro, Cole interrelaciona texto e imagen de tal modo que la
segunda también completa de manera significativa al primero, aportando
nuevos detalles que, en parte, conectan con el papel preponderante que la
autora/ilustradora da a la mujer en su historia. El rey ni siquiera es
mencionado en el texto y, pese a aparecer en la imagen, su rol es
completamente secundario: eclipsado por la reina, ella es quien lleva la voz
cantante y la que representa, al fin y al cabo, la autoridad en la escena.
Vemos por tanto cómo elemento verbal y visual no llegan a contraponerse,
sino que el uno enriquece al otro (y viceversa), aportando nueva información
e interpretaciones al binomio.
Tomando la obra en su conjunto, las distintas dinámicas formadas
entre elemento narrativo y no narrativo en Princess Smartypants
demuestran la aplicación de una estrategia oblicua en la transmutación del
texto a la imagen, ya que prevalecen a lo largo del álbum relaciones de
contrapunto entre las que se intercalan ocasionalmente dinámicas de
complementariedad. Ambos escenarios llevan a la ilustración a desligarse
(en mayor o menor medida) del significado que estrictamente transmitiría el
texto, lo que demuestra la intención de Cole de utilizar las imágenes, no
como una réplica del mensaje verbal, sino como un vehículo para explotar
sus posibilidades y multiplicar sus significados (algo, como se mencionaba
en apartados previos, íntimamente ligado a ciertas traducciones).
Pese a que por motivos de extensión no se ha analizado en detalle
ningún ejemplo concreto, el modelo de estudio propuesto en este trabajo
resulta también aplicable a otros escenarios en los que las dinámicas
creadas son más sencillas. En su artículo, Nikolajeva y Scott (2000) señalan
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que estas son comunes a un gran volumen de álbumes ilustrados, y
ejemplifican su afirmación a través de obras como Curious George (Rey y
Rey, 1941) o la ya citada Sylvester and the Magic Pebble (Steig, 1969). En
estos casos, las ilustraciones tienden bien a replicar información o bien a
complementarse con el elemento narrativo, añadiendo información extra de
la que uno u otro otro carece a través de adiciones menores (Nikolajeva y
Scott, 2000, p. 229).
Implementar el modelo de análisis anterior sobre ejemplos como
estos permitiría comprobar, en contextos diferentes y de forma rigurosa,
cómo las dinámicas creadas por autores e ilustradores pueden de nuevo
estudiarse a través de procedimientos de traducción como los citados en la
sección metodológica de este artículo. Del mismo modo, posibilitaría
explorar puntos similares a los abordados en este trabajo y examinar si se
cumplen o no ciertos presupuestos. Dado que las imágenes en estos casos
tienden a trazar conexiones más firmes con el texto original, podría testarse
de una manera sistemática y consistente si, como las afirmaciones de
Nikolajeva y Scott parecen indicar, prevalece en las ilustraciones la
traducción literal, combinada puntualmente con explicitaciones y
amplificaciones menores, o si la estrategia preponderante es, al contrario
que en la obra de Cole (1988/1997), la directa. Futuros estudios en este
sentido permitirían comprobar estas hipótesis y arrojar nuevos e
interesantes datos sobre la vertiente traductológica de las decisiones del
dibujante en álbumes ilustrados de menor complejidad.
El estudio de los resultados del análisis realizado hasta ahora puede,
como se anticipaba en apartados previos, conducir a inferencias
relacionadas con otros aspectos del proceso de lectura. Uno de ellos es el
nivel de exigencia al que cada dinámica, estrategia y conjunto de
procedimientos someten al lector. De este modo, dinámicas de contrapunto
o contradictorias, formadas por procedimientos como la amplificación, la
variación, la explicitación o la elisión, requieren una mayor capacidad
cognitiva y esfuerzo, ya que obligan al receptor a deducir el mensaje a partir
de informaciones verbales y visuales diferentes (Moya Guijarro y Pinar
Sanz, 2007). Por el contrario, un enfoque directo en el que predomine la
traducción literal, derivará en dinámicas simétricas o de mínima ampliación,
menos exigentes y que, como señalan Moya Guijarro y Pinar Sanz (2007),
guían y sirven como apoyo al lector para comprender la historia, enfatizando
aspectos clave de la narración.
También, aunque no siempre, la presencia de una u otra
dinámica(s), estrategia(s) o procedimiento(s), puede relacionarse con la
edad recomendada de la obra en cuestión. La explicación puede obedecer a
lo apuntado por Moya Guijarro y Pinar Sanz (2007), quienes señalan que las
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dinámicas que fundamentalmente replican la información textual suelen ser
más comunes en etapas iniciales. En estadios posteriores, sin embargo, el
empleo de otras dinámicas es más habitual e incluso aconsejable, ya que
interrelaciones complejas como las de la obra de Cole suponen un desafío
potencialmente estimulante para el lector y requieren de un público capaz
de leer entre mensajes contradictorios para ser adecuadamente entendidas.
C
ONCLUSIONES
Como se ha venido comprobando a lo largo de este trabajo, las
dinámicas texto-imagen son un elemento esencial dentro del álbum infantil
ilustrado ya que, ulteriormente, son las que dan forma al mensaje que la
obra quiere transmitir. Estas dinámicas se han venido analizando desde un
prisma fundamentalmente descriptivo en el que no se profundiza en los
pasos intermedios que derivan en la creación de una imagen concreta a
partir de un texto dado. Los estudios de estas dinámicas tienden a exponer
lo que se ha reproducido, modificado u omitido, centrándose en la
información que contiene cada elemento, pero sin explorar de manera
exhaustiva los distintos procesos que pueden dar lugar a una determinada
interrelación entre texto e ilustración.
Esto último es lo que, tradicionalmente, ha abordado gran parte de los
estudios de traducción: las conexiones entre un TO y su TM, así como las
decisiones y fenómenos que han dado lugar a ese resultado particular. Por
consiguiente y sin menoscabo de otras propuestas diferentes, el análisis de
la labor del ilustrador desde un prisma traductológico puede ayudar a
etiquetar los procesos ocurridos en el paso de lo lingüístico a lo icónico,
explicar mejor por qué se compone una u otra dinámica y, al mismo tiempo,
subrayar los nexos de unión existentes entre traducir e ilustrar que este
artículo ha puesto de manifiesto. El modelo propuesto cumple con estos
propósitos y resulta, además, sumamente abarcador, puesto que permite
cubrir la fenomenología relacionada tanto con dinámicas simétricas como
con otras más complejas.
Las recogidas en estas páginas son, sin embargo, solo algunas
muestras de la conexión entre ambas disciplinas. Como afirma Pereira
(2007), existen otras como la adaptación que se produce en el producto
dependiendo de la audiencia, la influencia del trabajo original o el peso que
la industria editorial tiene a la hora de determinar el resultado. Todos estos
elementos abren numerosas posibilidades en las que profundizar en futuros
estudios y, sin duda, ponen de manifiesto los lazos que unen a ilustradores
y traductores pese a lo distinta que nos puede parecer su labor a simple
vista.
207 Bruno Echauri Galván
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