
268 Mirian Soledad Trigueros de la Fuente
Hikma 19 (1) (2020), 265 - 269
Por tanto, acercarse a esta antología es percibir la herencia literaria en
conjunto, dejarse imbuir por el sentido polifónico de la poesía, porque como
recoge Soledad Díaz Alarcón en su traducción “desde el momento en que las
mujeres dejan de ser las ninfas, las musas, los seres etéreos” (p. 26)... y se
convierten en hacedoras, en activistas, en escritoras de pleno derecho que
empuñan las imágenes y las palabras, que alzan las voces y que son capaces
de conjurar los versos más bellos y que en algunos casos desempeñaron un
papel importante en el estrato cultural, escritoras, periodistas,
conferenciantes, críticas literarias, traductoras, preocupadas por temas
universales de calado, que incluso hoy en día siguen preocupándonos, como
la naturaleza, los derechos de los animales, la ecología, la guerra, pero
también el concepto de amor entre mujeres, la maternidad e incluso la propia
creación literaria, por eso es interesante esta antología, porque no aborda
exclusivamente una perspectiva de género o una dualidad de roles femeninos
y masculinos, sino porque va más allá de las concepciones androcentristas
o reduccionistas de la obra. Por otro lado, sería interesante continuar esta
colección con otras antologías similares que nos acerquen a más autoras,
incluso de escritoras que escribieron en otras lenguas, y que nos muestren
más temáticas o incluso otros géneros.
Desde la rigurosidad y sin caer en lo subjetivo, Antología poética de
voces femeninas del siglo XX presenta cinco autoras por idioma, recreando
una atmósfera clave para entender a cada autora y a cada poema, y nos hace
caer en la cuenta de que la poética del siglo XX escrita por mujeres exhibe
un corte más extenso que el de lo puramente femenino. Esta poesía es un
ser vivo que respira y que se alimenta de temas universales, poemas en los
que la poesía se libera, se fragmenta, se deconstruye, se permeabiliza de
metros, rimas y de recursos retóricos variados que influyen en la utilización
de unas técnicas de traducción u otras y que influyen. Ni un detalle queda a
la ligera en esta colección, una cuidada selección de autoras que atiende a
criterios temporales que permitan apreciar el sincretismo de movimientos y
vanguardias, y que permiten descubrir autoras que gozaron de popularidad
en su época pero que al final desaparecieron de la escena. Una obra
pormenorizada, multidisciplinar, que combina el interés de los estudios de
autoras femeninas, el gusto por la poesía del siglo XX y el enfoque traductor.
Un libro para ser leído más de una vez tanto por la riqueza que encierra como
por los contenidos, el contexto, la belleza poética, sin olvidar el gusto y
cuidado que se aprecia en las traducciones. Bebamos pues del lago de las
pupilas (p. 37) y del reflejo de las palabras que nos regalaron estas mujeres,
cuyos versos vuelven hoy como un eco, alcanzándonos con su fuerza, donde
las palabras son una aproximación de lo que es. Por último, me gustaría
concluir esta reseña con autoras que me han sobrecogido sobremanera. La
primera de ellas Thérèse Aubray con poemas traducidos de tan bella factura