ISSN: 1579-9794
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
El tratamiento de los antropónimos y topónimos en las dos
traducciones al español de Tawq al-amāma de Ibn azm
The treatment of anthroponyms and toponyms in the two
Spanish translations of Ibn azm’s Tawq al-amāma
KHEMAIS JOUINI
kjouini@ksu.edu.sa
King Saud University
Université de Manouba
Fecha de recepción: 11 de mayo de 2020
Fecha de aceptación: 20 de octubre de 2020
Resumen: En el presente trabajo nos vamos a centrar, desde una
perspectiva traductológica, en el análisis de los antropónimos y topónimos
utilizados en las dos traducciones al español de Tawq al-amāma de Ibn
azm al-andalusí, debido a su frecuencia de aparición como marcadores
culturales de este importante texto de la literatura árabe clásica. El
tratamiento de los antropónimos y topónimos supone uno de los aspectos
más problemáticos en los que se producen errores con más frecuencia, por
lo que se le ofrece al traductor un abanico de opciones de estrategias para
su trasvase a la lengua meta. El fin del presente trabajo es comprobar
cuáles son las estrategias de traducción más habituales en las dos
versiones de la obra de Ibn azm. Procuramos identificar los casos que nos
permitan analizar las dos versiones meta, observar cómo los traductores
han resuelto los problemas traductológicos a los que se han enfrentado y
comprobar en qué casos hay similitudes y / o divergencias respecto de
estas estrategias, y hasta qué medida aportan mayor o menor
domesticación y naturalización a los antropónimos y topónimos de la obra
en la lengua meta.
Palabras clave: Tawq al-amāma, antropónimos, topónimos, estrategias
traductológicas, análisis, comparación
Abstract: In this paper we will focus, from a translatological perspective, on
the analysis of the anthroponyms and toponyms used in Tawq al-Ḥamāma
of Ibn azm, due to its frequency of appearance as cultural markers of this
important text of classical Arabic literature. The treatment of anthroponyms
and toponyms is one of the most problematic aspects in which errors occur
most frequently. Therefore, the translator is offered a range of strategic
options for their transfer to the target language. The aim of this paper is to
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check the most common translation strategies in the two versions of the
book by Ibn azm. We also try to identify the cases that allow us to analyze
the two target versions, in order to observe how the translators have solved
the translation problems that they have faced. This will help us verify the
cases in which there are similarities and / or divergences with respect to
these strategies, and the extent to which they bring greater or lesser
domestication and naturalization to the anthroponyms and toponyms of the
whole work in the target language.
Keywords: Tawq al-amāma, anthroponyms, toponyms, translation
strategies, analysis, comparison
INTRODUCCIÓN
Casi medio siglo después de la primera traducción de Tawq al-
amāma al español, llevada a cabo por el eminente arabista Emilio García
Gómez (Madrid: Alianza, 1952) (TM
1
), José Sánchez Ratia realiza una
segunda versión de la obra de Ibn azm, publicada en 2009 por la editorial
madrileña Hiperión (TM
2
). Quizá lo que caracteriza a la obra objeto de este
estudio son los antropónimos y topónimos, no solo debido a su frecuencia
de aparición como elementos habituales en los textos, sino también, desde
el punto de vista de la cultura meta, porque se trata de componentes cuya
función es la de actuar como marcadores culturales, recordando al lector
meta que se trata de un texto traducido que pertenece a una cultura ajena a
la suya. Debido a estas razones, el tratamiento de los antropónimos y
topónimos en las dos versiones de Tawq al-Ḥamāma merece un estudio
específico en el que se expongan las diferentes opciones de traducción,
pues sus propiedades idiosincrásicas, tal como señala Cuéllar Lázaro
(2014: 360), «hacen que sean un elemento especialmente interesante para
su análisis, ya sea desde un enfoque intralingüístico como también
interlingüístico, es decir, en el contexto de su traducción a otra lengua».
La transferencia de los antropónimos y topónimos es un tema de
indudable atractivo para cualquier estudio de la traducción y supone uno de
los aspectos más problemáticos en los que se producen errores con más
frecuencia, por lo que se le ofrece al traductor un abanico de opciones de
estrategias para su trasvase a la lengua meta. Por estos motivos,
consideramos que la traducción de los nombres propios de Tawq al-
Ḥamāma ha supuesto un desafío para los traductores de las dos versiones.
El trabajo tiene como objetivo comparar las dos traducciones españolas de
la obra para analizar las estrategias traductológicas escogidas para el
trasvase de los antropónimos y topónimos, y determinar si son las mismas
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en ambas versiones o varían. En la primera parte, previamente al análisis
propiamente dicho de las particularidades de la traducción de los
antropónimos y topónimos, esbozamos algunas nociones teóricas en torno
a las características y funcionalidad de los nombres propios en la cultura
árabe clásica, lo que podría explicar la dificultad de su traducción. En la
segunda parte, analizamos la técnica de transliteración / transcripción por
ser la estrategia que más han empleado los traductores. Comentamos las
pautas y los criterios que han adoptado en esta estrategia para ver si han
facilitado su labor traductora y han contribuido a garantizar la
sistematización a la hora de trasvasar los nombres propios a la lengua
meta. En la tercera parte, analizamos la traducción literal y la equivalencia
consolidada de los nombres propios en tanto que otras estrategias por las
que se han inclinado los traductores. En la cuarta parte, estudiamos las
estrategias de traducción de los topónimos o nombres de lugares para ver si
son distintas del tratamiento aplicado a los antropónimos. Procuramos
identificar los casos que nos permitan comparar las dos versiones meta,
observar cómo han resuelto los traductores los problemas traductológicos a
los que se han enfrentado y comprobar en qué casos hay similitudes y / o
divergencias respecto de estas estrategias.
1. NOCIONES BÁSICAS SOBRE LA ESTRUCTURA DEL NOMBRE ÁRABE CLÁSICO
La mayoría de los nombres propios que aparecen en la obra se
refieren a personas reales de la historia de al-Ándalus, por lo que los
traductores no han de cuestionarse si se trata de nombres reales o nombres
ficticios. Siendo una obra propiamente andalusí, se nota una predominancia
absoluta de nombres islámicos, mayoritariamente varones, con una
presencia escasa de nombres de tradición bíblica
1
, además de unos cuatro
nombres de filósofos griegos. Por otra parte, para el análisis de los nombres
propios, tenemos que distinguir entre los nombres de personas cuyas
anécdotas e historias refiere Ibn azm, algunos de los cuales llegó a
conocer personalmente, y los nombres de personas que constituyen la
cadena de transmisores de los distintos hadices que el autor incluye como
argumentos para apoyar sus ideas y puntos de vista respecto de los temas
del libro. La gran variedad de nombres propios citados en la obra y la
frecuencia de su aparición convierte la labor de determinar su número
exacto una tarea ardua. En su calidad de clasificadores, los nombres
indican la pertenencia de un individuo a un grupo social y, a veces,
profesional, el origen geográfico, el rango o estatuto de nacimiento, y
aportan una información de identidad sexual y hasta generacional, referida a
las franjas de edad, etc.
1
Véase al respecto Marín, M. (1983). Onomástica árabe en al-Ándalus: Ism 'alam y kunya. Al-
qantara: Revista de estudios árabes, 4 (1-2), pp. 131-150.
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El nombre árabe clásico y tradicional puede estar compuesto por
cinco elementos: kunya, ism, nasab, laqab y nisba; y no hay un orden fijo de
colocación
2
. Esta situación es la que encontramos en la mayoría de
nombres citados en nuestra obra; sin embargo, no todos aparecen
compuestos por estos diversos elementos, tal como se nota en los ejemplos
siguientes:
TM
1
.a: A este propósito me acuerdo que cierto día, en Córdoba, cruzaba yo
por el cementerio de Bāb ʻĀmir en compañía de un grupo de
estudiantes y de tradicionistas, camino de la clase del jeque Abū-l-
Qāsim ʻAbd al-Rahmān ibn Abī Yazīd al-Misrī, mi maestro (¡Dios lo
haya perdonado!), en la Rusāfa (207).
TM
1
.b: Abū-l-Walīd Ahmad ibn Muhammad al-Jāzin (¡Dios lo haya
perdonado!) me contó que un hombre principal le había referido de
sí mismo cosa parecida (248).
TM
2
.a: Un día, en Córdoba, atravesaba el cementerio de Bab Amir entre un
corro de estudiantes y de personas versadas en los hadices. Nos
dirigíamos todos a las tertulias del sheij Abulqasim Abdelrahman ibn
Abi Yazid al-Masri, (Dios esté satisfecho de él) (217).
TM
2
.b: Me contó Abulwalid Ahmad ibn Muhammad ibn Ishaq al-Jazin Dios
se haya compadecido de él que un hombre de lustre le había
confesado que esto era lo que le sucedía (297).
Tabla 1: Estructura del nombre clásico árabe
2
Véanse al respecto Cervera Fras, M. J. (1991). El nombre propio árabe medieval. Sus
elementos, forma y significado. Aragón en la Edad Media, 9, pp. 225-240 y Thomas de Antonio,
C. M. (1999). El nombre propio en la lengua árabe. Miscelánea de Estudios Árabes y
Hebraicos, 38-39, pp. 337-357.
Kunya
Ism
Nasab
Laqab
Nisba
TM
1
Abū-l-Qāsim
ʻAbd al-Rahmān
ibn Abī Yazīd
-
al-Misrī
Abū-l-Walīd
Ahmad
ibn
Muhammad
[….]
al-Jāzin
-
TM
2
Abulqasim
Abdelrahman
ibn Abi Yazid
-
al-Masri
Abulwalid
Ahmad
ibn
Muhammad
ibn Ishaq
al-Jazin
-
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Estos ejemplos ofrecen tantos datos sobre la vida y personalidad del
individuo al que se refiere tal como se ilustra a continuación:
La Kunya establece la relación de parentesco del individuo con su
hijo mediante la palabra Abu (padre de) seguido, generalmente, por
el nombre del primogénito varón. Sin embargo, tal como observa
Marín (1983: 146), «en muchos casos la kunya predominante
coincide con la que tradicionalmente se asigna a determinados
nombres, independientemente de que, en la realidad, la persona en
cuestión tuviera un hijo así llamado».
El Ism es el nombre propio que designa a un individuo específico.
El Nasab presenta al individuo en las redes de parentesco y
establece su filiación por vía paterna, con el sustantivo ibn seguido
del nombre del padre, del abuelo, del bisabuelo, etc. Sin embargo,
como indica Cervera Fras (1991: 231), «la serie de estos nombres
puede remontarse hasta el epónimo del linaje, pero en la práctica no
suele pasar de uno o dos». Nótese que en el ejemplo b de TM
1
,
quizá por descuido, García Gómez omite recoger el nombre del
abuelo del personaje en cuestión (ibn Ishāq).
El Laqab o sobrenombre «puede referirse a una cualidad positiva o
negativa que le ha hecho famoso o a un acontecimiento asociado a
dicha persona y suele ir en aposición detrás del ism o del nasab»
(Thomas de Antonio, 1999: 343). Como otro tipo de laqab o
sobrenombre puede incluirse el nombre relacionado con actividades
profesionales, oficio o cargo, como el laqab del ejemplo b que hace
referencia a su cargo de tesorero de la casa califal (al-Jāzin).
La Nisba o nombre de origen consiste en un adjetivo de relación
referido al origen territorial o étnico del individuo.
Es evidente la dificultad que representa transmitir toda esta carga
semántica a otro idioma. Autores como Newmark (1988: 70) defienden que
los nombres propios no se traducen, ya que pertenecen a la enciclopedia y
no al diccionario. Razón por la cual, los dos traductores consideran los
nombres propios que aparecen en la obra como convencionales sin carga
informativa y sin traducción prefijada específica, debido precisamente a la
gran variedad de nombres propios citados y al propio género de la obra. No
obstante, como se verá en el análisis siguiente, la actitud de los traductores
no es automática, ya que hemos detectado varios ejemplos en que ambos
traductores se alejan de esta norma.
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2. PAUTAS Y SISTEMA DE TRANSLITERACIÓN / TRANSCRIPCIÓN DE LOS
ANTROPÓNIMOS
Las dos versiones se han guiado por unas pautas fijas y constantes
desde el principio hasta el final de la obra: los nombres propios de personas
no se traducen ni se adaptan, sino que se transliteran / transcriben de forma
literal, respetando la forma en que están escritos aunque existen
equivalentes en español, dando así prioridad a la conservación del
exotismo, la diversidad cultural y la atmósfera propia de la obra. En este
caso, debido a que los dos textos, original y meta, utilizan caracteres
diferentes, los traductores han tenido que transliterar / transcribir los
nombres usando el sistema fonético de la LM.
García Gómez (2010: 28) en TM
1
establece las normas que adoptó
no solo para la transliteración de los nombres, sino para todos los términos
árabes en la siguiente nota:
Los nombres y vocablos arábigos han sido transcritos en toda la
obra con arreglo al sistema de la revista Al-Ándalus, órgano de la
escuela de arabistas españoles, si bien, por necesidades
tipográficas se ha prescindido de los signos diacríticos de las
letras números 4, 6, 9, 14, 15, 16 y 17 del alifato árabe, que los
orientalistas podrán suplir sin grave dificultad. Para evitar
desviaciones fonéticas de bulto, ha sido igualmente necesario
transcribir la quinta letra por ch, según el uso antiguo.
García Gómez, como lo indica, siguió el sistema de transliteración
fijado en su día por la llamada Escuela de Arabistas Españoles desde su
creación por parte de Miguel Asín Palacios (1871 - 1944) y que se difundió
en el ámbito erudito por medio de la revista Al-Ándalus desde su primer
número en 1933 y de su sucesora Al-qanara. Revista de Estudios Árabes,
publicada por el CSIC desde el año 1981, y seguido actualmente por las
principales revistas de estudios árabes de España como Miscelánea de
Estudios Árabes y Hebraicos, Anaquel de Estudios Árabes, Awraq, etc.
Este sistema español tiene graves inconvenientes para transliterar los
fonemas árabes al castellano. Rubiera Marta (2004: 4) subraya que «en las
obras para el gran público esta transcripción, que es un metalenguaje, no es
la más apropiada». Todo lo cual hace arduo, cuando no imposible,
reconstruir la grafía árabe original, razón por la cual García Gómez realizó
adaptaciones ortográficas prescindiendo de las siguientes letras, aunque
sigan siendo muy difíciles de pronunciar para los lectores hispanohablantes:
: = (āʼ) - : = (āʼ) -  : = (āl) - : = (ṣād) - : = (ād) -
:t = (ta), : = (āʼ).
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Además, la quinta letra africada prepalatal sonora (ŷ = (ŷim): ) pasa
a ser /ch/, un grafema que a menudo pierde el signo tipográfico
característico y queda representado únicamente por /y/, con lo que se
distorsiona gravemente su pronunciación, tal como sucede, por ejemplo,
con el término ŷihād, tan usado en estos tiempos, y que se transforma y se
pronuncia como yihad.
Por su parte Sánchez Ratia, en una «Nota sobre la transcripción»,
expone sus criterios traductológicos y fija sus propias normas diciendo:
Por considerar las transcripciones arabistas demasiado onerosas
para el ojo del lector ajeno a la disciplina, he optado por no
utilizarlas en el cuerpo del texto, aunque en las notas (según la
relación alfabética que figura a continuación: a, i. u. ā, ī, ū, ʼ, b, t, ,
ŷ, , j, d, , r, z, s, š, , , , ẓ, ‘, g, f, q, l, m, n, h, w, y). El hamza
inicial no se transcribe. Los nombres propios pueden cotejarse en
el original a fronte. El artículo va en mayúscula cuando se
encuentra en primera posición de una ristra de nombres propios, y
unido con guión en todos los casos. No se solariza en trascripción
(TM
2
: XLVII)
En el caso de TM
2
, se ha optado por una transcripción fonética
simplificada de los nombres árabes en el cuerpo del texto, respetando las
reglas fonéticas del español. Para asegurar una pronunciación correcta de
los nombres, el traductor prescinde de forma radical de los signos
diacríticos: puntos, rayas, acentos circunflejos invertidos o no, signos
volados que acompañan a las consonantes y vocales. Esta opción tiene dos
ventajas respecto del sistema de transliteración adoptado por García
Gómez: la primera, que el lector competente en lengua árabe no tendrá
problema para reconstruir la pronunciación del nombre transliterado; la
segunda, que el texto, libre de puntos diacríticos, puede ser leído con más
soltura por el lector que no conozca la lengua del texto original.
Así, como aclara Sánchez Ratia, el artículo «al» irá en minúscula y se
pondrá en mayúsculas exclusivamente el nombre determinado por el
artículo; aquí coincide con la pauta de García Gómez. Sin embargo, hemos
detectado casos en que no respecta esa regla (Abu Bakr ibn Muhammad Al-
Qurashi (TM
2
: 39), Muyahid ibn Al-Huseyn al-Qaysi (TM
2
: 61), Muqaddam
ibn Al-Asfar (TM
2
: 139), etc.). Además, en la transcripción del laqab al Yaziri
(= al-Yaziri) =  (TM
2
: 179) no respeta esta norma al faltar el guión; ello
motivado tal vez por una posible falta de atención durante la fase de revisión
del texto. Referente a esta norma, no hay unanimidad ortográfica al
respecto, aunque algunos diccionarios como Moliner (1966: 70) aconsejan
que los nombres propios deban escribirse siempre con mayúscula que
servirá para reconocerlos como tal.
260 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
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Por otra parte, en la transcripción, no se solariza el artículo árabe
«al»: Ibrahim ibn Siyyar al-Nazzam = 
 
   (TM
2
: 383) Ibn
Shihab al-Zuhri =
 (TM
2
, 401) Ubada ibn al-Samit = 
 (TM
2
: 401), etc.
En caso de aplicarse la solarización, tendremos los siguientes laqab:
al-Nazzam, al-Zuhri, al-Samit, que sonarán en: an-Nazzam, az-Zuhri, as-
Samit y por simplificación de las consonantes dobles nos encontremos,
respectivamente, con las formas: Anazzam, Azzuhri y Assamit.
Podemos decir, utilizando la taxonomía de Peter Newmark, que
ambos traductores han utilizado la misma estrategia de traducción: la
transferencia, pero con matices cada uno de ellos. En el caso de TM
1
, el
traductor toma prestados literalmente los nombres propios; se habla de
«transcripción literal». El traductor no adapta los nombres propios de
ninguna manera al transferirlos a la lengua meta. Newmark (1992: 117)
habla de «transferencia», «transcripción» o «préstamo» opinando que «no
hay otro término que designe mejor lo que hace un traductor, cuando decide
usar en su texto una palabra de la LO». En el caso de TM
2
, el traductor
también toma prestados literalmente los nombres propios, pero al mismo
tiempo, realiza modificaciones, adaptándolos al uso más frecuente de la
lengua meta en cuanto a las reglas de la fonología o la ortografía; no
obstante, se trata de modificaciones mínimas. Se trata de una «transcripción
adaptada», una estrategia que, según Newmark (1992: 118), puede ayudar
para «dar a la obra colorido local, para atraer al lector, para causar una
sensación de intimidad entre el texto y el lector».
Sin embargo, en ambos casos no se ha evitado la duplicación de la
consonante /l/ en la transliteración de Abdallah o Ubayd Allah, para evitar
la confusión con la doble /ll/ cuyo sonido representa el fonema [ʎ]. Esto nos
lleva a hablar de otro de los problemas que nos encontramos en ambas
traducciones que es el referente a la duplicación consonántica, que existe
en árabe, pero no en español. García Gómez en TM
1
respeta la duplicación
de consonantes en la medida en que el método que ha adoptado se
caracteriza por su reversibilidad, es decir, el lector puede reproducir de un
modo inequívoco el grafismo original de los nombres como si los leyera en
su lengua original y puede, al mismo tiempo, reconstruir los nombres
originales en alfabeto árabe a partir de la palabra transliterada, lo que
implica el conocimiento de las reglas de transliteración correspondientes a
la lengua traducida. Este nivel, conocido como nivel de transliteración
rigurosa, es la fórmula preferida por filólogos y lingüistas; su inconveniente
mayor es que no aporta información clara a los no especialistas sobre la
pronunciación real de lo transliterado.
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Sin embargo, esta duplicación en TM
2
nos parece innecesaria dado
que no es relevante en la pronunciación de los nombres para transmitir el
sentido del texto original al texto de llegada. Aquí no es posible la
reversibilidad, y el lector no estará en capacidad de pronunciar la palabra tal
y como se pronuncia en árabe, pero podrá leerla con facilidad y con una
pronunciación cercana a la original. Creemos que para evitar confusiones al
lector hispanohablante, siempre que aparezcan dos consonantes iguales
juntas, cuyos dígrafos no existen en español, deberían simplificarse y
escribirse una sola, excepto en el caso de la /rr/, que sí existe en español.
Según establece la RAE (2010: 621), se debe «adecuar la forma gráfica de
la palabra a su pronunciación asentada en español, evitando la aparición
de secuencias ajenas a nuestro sistema y respetando las correspondencias
entre fonemas y grafemas», y una de estas secuencias ajenas al sistema
español es la de las consonantes germinadas. En este caso, Sánchez Ratia
ha optado por transcribir los nombres propios siguiendo el sistema de
transcripción más próximo al inglés o francés que al español, manteniendo
la duplicación, lo que supone una cierta naturalización e integración de los
sistemas fonológicos y gráficos.
Volviendo al nombre propio mencionado arriba «‘Ubayd Allah»,
Sánchez Ratia no sigue la misma pauta y lo transcribe de dos maneras
distintas:
Ubayd Allah ibn Abdelrahman ibn al-Mugira = 
 (TM
2
: 9) Ubayd Allah ibn Yahya =  (TM
2
: 173).
Ubaydallah ibn Abdallah ibn Utbah Ibn Mas‘ud = 
 (TM
2
: 23) Ubaydallah ibn Yahya al Yaziri = 
 (TM
2
: 179).
Creemos que la segunda forma sería la más adecuada, a pesar de
tratarse de un nombre teofórico introducido en el acervo onomástico árabe
con la llegada del islam y compuesto por el término «Ubayd» diminutivo de
«abd» (= siervo) y uno de los noventa y nueve atributos divinos. El lector
que desconoce el árabe podría suponer que «Ubayd» es el nombre de pila,
por lo que sería mejor unirlos, dado que así se facilita su lectura y se evitan
malas interpretaciones sobre qué parte corresponde al nombre o al apellido,
aun sabiendo que esto no permitirá al lector del texto meta saber que se
trata de un nombre compuesto, algo que ha hecho con otros nombres
teóforos que aparecen en la obra como: (Abdelmalik =)  ,
(Abdelrahman =) , (Abdelaziz =)  .
Los ejemplos citados de TM
2
muestran otra irregularidad y falta de
sistematización en el tratamiento de los antropónimos. En la «Nota sobre la
262 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
transcripción», Sánchez Ratia afirma traducir los nombres propios en el
cuerpo del texto según un sistema simplificado de transcripción; sin
embargo, el lector del texto meta encontrará dificultad en pronunciar el
nasab Ibn Mas‘ud (), ya que el traductor no ha respetado la norma
que se había fijado transcribiéndolo conforme al sistema de transliteración
arabista al introducir la letra fricativa faríngea sonora ( = (ayn) ), fonema
inexistente en la lengua receptora; no solo algo difícil de pronunciar sino
también de detectar para el lector del texto meta. No solo eso, sino que el
lector se enfrenta al tratamiento dispar, y en ocasiones indeciso, que
Sánchez Ratia ha dado a los nombres en que aparece esta letra del árabe,
unas veces transcribiéndola, otras no. De hecho, lo más lógico en español
sería transcribir esta letra con la vocal que la articula o representarla por la
vocal de la sílaba anterior, como se ilustra en los siguientes ejemplos:
Da‘ya =  (TM
2
: 21) Abu Ya‘far ibn al-Nahhas (TM
2
: 211) = 

 ‘Isa ibn Muhammad ibn Mhammad al-Jawlani = 


 (TM
2
: 385) Sa‘id ibn al-Musayyib (TM
2
: 401) =
 Abu Sa‘id =  Amr ibn Rafi‘=  (TM
2
:
401), etc.
Ismail ibn Yunis =  (TM
2
: 61) Musa ibn Asim ibn Amr
=  (TM
2
, 129) Mundir ibn Said =  (TM
2
:
143) Muhammad ibn Ismail =   
 (TM
2
: 399) Abu
Yaafar ibn al-Nahhas (TM
2
: 401) = 
   Said ibn
Almusayyab =
 (TM
2
: 449), etc.
Nótese en este último ejemplo cómo el traductor vacila no solo en la
transcripción de la () que estamos comentado, sino también respecto del
laqab que transcribe de dos maneras distintas (al-Musayyib Almusayyab)
en cuanto al artículo y las vocales (/i/ /a/). Estamos, por lo tanto, ante una
contradicción en el tratamiento del nombre de una misma persona motivada,
tal vez, por las vacilaciones en cuanto a la manera de reproducir la
pronunciación árabe de este laqab. La misma confusión entre estas dos
vocales la hemos detectado también en la transcripción de la misma nisba
de dos personas distintas, introduciendo un matiz netamente coloquial que
no se justifica en el primer ejemplo: Abulqasim Abdelrahman ibn Abi Yazid
al-Masri (TM
2
: 217) Abu Ali ibn al-Hassan ibn Qasim ibn Dahim al-Misri
(TM
2
: 449).
Notamos también otra falta de sistematización en la transcripción de
la kunya de algunas personas al abreviar el artículo quitándole la vocal /a/,
uniéndolo al nombre por un segundo guión, o uniendo Abu al nombre en
Khemais Jouini 263
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
una misma palabra, y vacilando en el uso de esta y aquella forma, tal como
se puede apreciar en los siguientes ejemplos:
Abu-l-Mutarrif Abdelrahman ibn Ahmad = 

(TM
2
: 145), Abu-l-Mugira Abdelwahab Ahmad ibn Abdelrahman ibn
Hazm ibn Galib =  (TM
2
:
275), Abuljiyar el lingüista =  (TM
2
: 313).
Abulsari Ammar ibn Ziyad (TM
2
: 63) > Abu-l-Sari ‘Ammar ibn Ziyad
(TM
2
, 149). Abulqasim Abdelrahman ibn Abi Yazid al-Masri (TM
2
:
217) > Abu-l-Qasim Abdelrahman ibn Abi Yazid al-Azdi (TM
2
: 349).
En este caso, tal como lo señala Rubiera Marta (2009: 148)
“convendría unir Abû al nombre que le sigue: Abûlqâsim”.
La pérdida de la «ta marbuta» al final de los nombres es normal en el
paso del árabe al español tal como notamos en TM
1
. Sin embargo, en TM
2
,
si el traductor sigue esta pauta en la mayoría de los casos, comete el error
de sustituir esta letra por una /h/ como se ilustra en los ejemplos siguientes:
Ibn ‘Utba (TM
1
: 103), ibn Utbah (TM
2
: 23) =  ibn al-Rakīza
(TM
1
: 219), ibn Rakizah (TM
2
: 241) = 
 ibn Abī ‘Abda (TM
1
:
256), ibn Abi Abdah (TM
2
: 311) = .
El mismo fenómeno se repite con otra letra, la alif (hamza). Sánchez
Ratia ya había adelantado en la «Nota sobre la transcripción» que no
transcribe esta letra en posición inicial; sin embargo, hemos encontrado
casos en que también se suprime en posición final:
Abu Bakr al-Muqri (TM
2
: 211) = , Afra (TM
2
: 223) = .
O se sustituye, en posición intermedia o final, por el signo volado de
la hamza utilizado por los arabistas españoles:
Abu Darda’ (TM
2
: 11) = 
 Abu-l-Baqa’ (TM
2
: 61) = 
ibn Aws al-Ta’i (TM
2
: 293) =  Bakr ibn al-Ala’ = 
 Abu Wa’il (TM
2
: 399) =  ibn Warqa’ (TM
2
: 413) = 
 ibn A’id (TM
2
: 449) = .
En cuanto al uso del acento diacrítico (tilde) en el sistema de
transcripción adoptado por Sánchez Ratia, no se siguen las reglas
generales de acentuación gráfica del español según establece la RAE
(2010: 648), «dado que las transcripciones, a diferencia de las
transliteraciones, deben adecuarse a la ortografía de la lengua de llegada y
presentar una forma acorde con ella, las voces resultantes se consideran
plenamente españolas a efecto de acentuación gráfica». Esa es la razón por
264 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
la que, a modo de ejemplo, nombres como los siguientes deberían aparecer
en su forma acentuada:
Al Muayyad (TM
2
: 63) > Al Muayyád, Abdallah ibn Yahya (TM
2
: 321)
> Abdallah ibn Yahyá, Musa ibn Asim (TM
2
: 327) > Musa ibn Ásim,
Abbas ibn al-Ahnaf (TM
2
: 327) > Abbás ibn al-Ahnáf, Ali ibn
Hammud al-Hasani (TM
2
, 349), Alí ibn Hammúd al-Hasaní, Jayran
(TM
2
: 349 > Jayrán, etc.
Además de las faltas arriba señaladas en la transcripción de los
nombres propios en TM
2
, hemos detectado otras de menor frecuencia:
Falta de correspondencia en las letras del nombre transcrito: 
 = Ibn Pardal (TM
2
: 197).
Tratamiento dispar y en ocasiones indeciso en la forma de
transcripción:
En toda la obra ha trascrito el nombre « » con
«Abdelrahman», pero en varios lugares (39, 93, 169, 231, 24, 395 y
401) lo transcribe «Abderrahman» y Abelrahman (217).
Isa ibn Muhammad ibn Mhammad al-Jawlani (TM
2
: 385) =
 > Muhammad ibn Aisa ibn Rifa‘a (TM
2
, 371) = 
 > Abu Aysa (TM
2
: 407) = .
Abu Ishaq al-Nazzam (TM
2
: 105) = 
 > Abu Isaac al-Balji
(TM
2
: 399) = .
Suleymen ibn Ahmad (TM
2
: 389) =    > Hisham ibn
Sulayman (TM
2
: 395) , Yahya ibn Sulayman (TM
2
:
413) =  .
Abulhusayn ibn Ali al-Fasi (TM
2
: 217) > Abulhusein ibn Yahya ibn
Ishaq al-Rawandi (TM
2
, 383), ibn al-Husein (TM
2
: 347) > Abu Ali al-
Huseyn (TM
2
: 373), etc.
Respecto a este ejemplo, otra de las faltas afecta al uso de la
consonante /s/ en la transcripción del nombre que el traductor, en un
Khemais Jouini 265
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
caso, duplica innecesariamente
3
, y otras no, lo que podría distorsionar la
pronunciación del nombre de “” a “
”:
Al-Hasan ibn Abi-l-Hasan (TM
2
: 403) = .
Abu Ali al-Hassan ibn Qasim ibn Dahim al-Misri (TM
2
: 449) = 
.
Cambio en una vocal o consonante lo que distorsiona la
pronunciación:
Ibn Rukana (TM
2
: 321) > Ibn Rakāna (TM
1
: 261) = .
Ismail ibn Yunis (TM
2
: 61) > Yunus ibn Abdallah (TM
2
: 251).
Atiqa (TM
2
: 345) > Ātika (TM
1
: 275) =  (El nombre transcrito en
TM
2
no corresponde al del TO y sería «»).
Por su parte, Emilio García Gómez, a pesar de los fallos ya señalados
arriba y de haberse ceñido de manera escrupulosa al sistema de
transliteración adoptado, cayó en una irregularidad de transliteración en los
casos que señalamos a continuación:
‘Amr ibn Surahbil (TM
1
: 304) =   Suchā‘ ibn Warqa
(TM
1
: 311) =  Abu Surayh al Ka‘bi (TM
1
: 331) = 
.
La falta del acento circunflejo invertido sobre la /s/ para transliterar la
// (= š) hace que estos nombres se pronuncien en árabe, respectivamente,
de la siguiente manera:    .
En TM
2
, la falta de sistematización no solo afecta a los casos que
acabamos de mencionar, sino también al índice de nombres de personas
que el traductor incluye al final de la traducción, lo que impide un resultado
plenamente satisfactorio. En última instancia, detectamos una actitud un
tanto descuidada con respecto a la utilización de la transcripción. A nuestro
juicio dicho índice se tiene que revisar y subsanar por adolecer de los
siguientes defectos:
3
Otro caso de duplicación de la consonante lo hemos localizado en el siguiente nombre: Abu
Bakr al-Sidiq (TM
2
: 411) > Abu Bakr al-Siddiq (TM
2
: 413).
266 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Nombres recogidos en el índice pero no aparecen citados en el
cuerpo del texto.
Nombres duplicados transcritos con distinta grafía en el mismo
índice y por consiguiente con distinto orden.
Nombres citados con distinta grafía en el índice y en el cuerpo del
texto.
Vacilación en la grafía de algunos nombres.
Duplicación con un error en la nisba.
Para concluir este apartado, consideramos que el tratamiento del
nombre propio y la falta de sistematización ocasionada al respecto en TM
2
,
y en algunos casos un simple desliz en TM
1
, nos ayudan a señalar el
abanico de opciones y, al mismo tiempo, de dificultades al que tiene que
hacer frente el traductor, a caballo entre dos lenguas y dos, o más,
estrategias traductoras aplicadas en el proceso de trasvase.
3. TRADUCCIÓN LITERAL Y EQUIVALENCIA CONSOLIDADA
Hemos señalado al comienzo del primer apartado que la mayoría de
nombres citados en la obra son nombres de personas varones y tan solo se
ha citado los nombres de unas trece mujeres. La escasez de nombres de
mujeres y de otras personas la justifica el propio Ibn azm al dirigirse, en el
prólogo de su obra, a su amigo diciendo:
[…] pero habrás de excusarme si desfiguro o no cito ciertos
nombres, bien por tratarse de tachas que no es lícito declarar, bien
por miramiento a amigos queridos o a personas principales. Sólo
me propongo nombrar a aquellos que con hablar de ellos no han
de sufrir detrimento y en cuya mención no haya desdoro ni para
ellos ni para mí, bien porque el negocio sea tan conocido que
excuse cualquier disimulo o silencio, bien porque aquel de quien
se trate consienta en que se publique su aventura y no tenga
inconveniente en que se refiera (TM
1:
97-98).
A pesar de que, como ya se ha comentado antes, ambas
traducciones ajustan en gran medida la transcripción / transliteración de
nombres de persona a los sistemas estandarizados que existen del árabe al
español, en las ocasiones en que se citan a mujeres, muy limitadas, los
traductores han optado por aplicar una técnica diferente. Algunos nombres
de las mujeres citadas están diseñados para decir algo sobre su portador y
poseen la capacidad de transmitir valores connotativos que, si utilizan la
Khemais Jouini 267
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
transliteración o la transcripción fonética al español, se pierden totalmente.
Para las mujeres, los nombres, en general, se refieren a términos y
significados de la belleza y el resto de cualidades positivas.
En los trece casos mencionados, notamos diferentes estrategias que
han planteado los traductores tal como se ilustra en el siguiente cuadro:
TO
TM
1
TM
2
1

Qatar al-Nadā [Gota de rocío]
(182)
- Transliteración + Traducción
literal (Glosa extratextual entre
corchetes).
Gota de Rocío (169)
- Traducción literal
2

Dacha’ (102)
- Transliteración
Da‘ya (21)
- Transcripción + Explicación
(Glosa extratextual):
Nota 1. El nombre Da‘ya indica a
la persona con un fuerte
contraste entre el blanco del ojo y
la pupila.
3

Gizlān (102)
- Transliteración
Gazlan (21)
- Transcripción + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 5. Es decir, “gacela”.
(Aquí, el traductor cambia la
articulación de /i/ a /a/. Gizlān es
el plural de gacela, por lo que la
traducción sería “gacelas”).
4

Subh (102)
- Transliteración
Subh (21)
- Transcripción + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 6. […] una esclava cristiana
de nombre Aurora.
5

Tarūb (102)
- Transliteración
Tarub (24)
- Transcripción + Traducción
literal (Glosa extratextual):
268 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Nota 5. Tarub significa “alegre”.
6

Jalwa (129)
- Transliteración
Jalwa (75)
- Transcripción + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 1. Lit [eralmente] “Soledad”.
7

Nu‘m (236, 246)
- Transliteración + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 12 (Cap. XXIV). Nu‘m
significaría delicia.
Nuum (273, 291)
- Transcripción + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 3. Nu‘um significa “holgura,
serenidad, delicia”.
8

Fawz (266)
- Transliteración + Traducción
literal (Glosa extratextual):
Nota 6 (Cap. XXVII). Fawz
(«Victoria») es el nombre de la
muchacha cantada por al
‘Abbās ibn al-Ahnaf.
Fawz (329)
- Transcripción
Tabla 2: Estrategias de trasvase de nombre femeninos
Para que el lector pueda comprender las connotaciones de estos
nombres, que realmente son apodos o sobrenombres convertidos en
nombres de pila, el traductor de TM
2
ha recurrido en seis ocasiones (2, 3, 4,
5, 6 y 7) al doblete (Transcripción + Traducción literal). El caso número 1
(Gota de Rocío = ), en que el traductor ha recurrido directamente a la
traducción literal sin ninguna glosa explicativa como en los demás casos,
constituye una técnica que abandona ya claramente la conservación formal
del nombre propio original, por lo que implica un grado de domesticación
importante. Sin embargo, esto podría chocar al lector al creer que es el
auténtico nombre del personaje al que se refiere y no es una traducción
lingüística del mismo, ya que el nombre original, que no resulta familiar en el
universo de conocimiento de la cultura receptora, y el nombre traducido no
se han presentado tradicionalmente como equivalentes. Por su parte, el
traductor de TM
1
ha recurrido al doblete (Transliteración + Traducción literal)
tan solo en tres ocasiones (1, 7 y 8). En estos casos, coinciden ambos
traductores en introducir una glosa al verter los nombres propios ayudando
al lector a la comprensión de la información. Moya (1993: 236) señala que
«a veces se puede traducir algún nombre propio, o bien porque el texto lo
requiere para una mejor comprensión de éste, o bien porque al lector el
nombre en cuestión no le es familiar. Este procedimiento consiste en
Khemais Jouini 269
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
transcribir el nombre propio original y dar además su traducción (si es que
se trata de un nombre transparente)».
La estrategia de traducir nombres expresivos dotados de una carga
informativa relevante no constituye un fin en sí mismo, sino instrumento con
el que los traductores quieren presentar el grado de relevancia de la
connotación que encierra este nombre que ha exigido una traducción al
español. Es la única justificación, a nuestro parecer, de que el traductor de
TM
2
más que el traductor de TM
1
adoptara este procedimiento. Así por
ejemplo, el nombre «Nu‘m», la esclava amada de Ibn azm, designa
metafóricamente su aspecto físico y moral que recuerda a una delicia, y que
el propio autor describe cómo es diciendo:
Nadie ha estado nunca tan perdido de amores ni ha sentido mayor
pasión que la mía por una esclava que tuve en otros tiempos y que
se llamaba Nu‘m. Era todo cuanto puede desearse; el colmo de la
hermosura en lo corporal y en lo espiritual y muy condescendiente
conmigo. Fui su primer amor y nos correspondíamos en afecto
(TM
1:
235-236).
Sin embargo, hay que destacar que no existe homogeneidad en la
determinación de los traductores, ya que, en unas ocasiones, optan por
traducir los nombres propios femeninos y, en otras, prefieren trasvasarlos
sin modificación alguna, pues tal como señala Cuéllar Lázaro (2014: 364)
«con respecto a los antropónimos, la presencia o ausencia de connotación
marca la diferencia en el proceder a la hora de ser traducidos. Cuando los
nombres de pila y apellidos no tienen connotaciones en el texto, se suelen
transferir, con lo cual se mantiene su nacionalidad». El traductor de TM
1
ha
dejado en su forma original y sin traducir no solo los nombres del cuadro de
arriba (2, 3, 4, 5 y 6), sino también, lo mismo que el traductor de TM
2
, los
demás nombres femeninos semánticamente transparentes que van más allá
de su pertenencia a un nombre propio, al considerar que solo realizan un
papel de identificación; y ello por un descuido o por la falta de
sistematización:
TO
TM
1
TM
2
Significado
1

Wāchid (102)
Wajid(21)
Ricacha
2

‘Afra(211)
Afra (223)
Antílope
3

‘Ātika (275)
Atiqa (345)
Fragante
4

Hind (293)
Hind (377)
Mujer preciosa
270 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Tabla 3: Nombres femeninos transparentes sin traducir
A pesar de constituir un procedimiento netamente marginal en la
traducción de los nombres propios, a la luz de lo observado en el análisis
que ha ocupado el apartado precedente, y para ser más consecuentes,
habría sido más oportuno para ambos traductores la presencia de un
doblete para conservar la misma estrategia adoptada para los demás
nombres, en la medida en que estos nombres propios poseen una carga
semántica definida que va más allá de su pertenencia a un nombre propio.
La reflexión global a la que da lugar el comentario anterior consiste en
que los nombres propios, al igual que cualquier otro segmento textual, sí se
traducen, en la medida en que cualquier cadena gráfica que aparezca en un
texto terminal es de por una traducción, incluso aunque sea gráficamente
idéntica a otra preexistente en el original, a pesar de que algunos autores
consideran traducción solo la traducción en sentido estricto, es decir, el
caso de nombres propios semánticamente transparentes.
Además de los ejemplos arriba analizados, hemos detectado otros en
que los dos traductores recurren a otra estrategia, el doblete: transliteración
/ transcripción de los elementos formantes del nombre + traducción
lingüística del laqab con valor de sobrenombre relacionado con actividades
profesionales, como lo ilustran los ejemplos siguientes:
4
Nótese en este ejemplo cómo el traductor cambia el significado de la nisba de este personaje
de una relación referida al origen étnico a los Banū Āmir a una traducción lingüística que,
literalmente, sería la «principesca».
5

Danā’ la ‘Āmiriyya
(271)
Danà, la emirí
4
(339)
Dolores
TO
TM
1
TM
2
1

Abū-l-Jiyār el lingüista (257)
Abuljiyar el lexicógrafo (313)
2


Sulaymān ibn Ahmad el
poeta (244)
Sulaymān ibn Ahmad, el
poeta (299)
Sulayman ibn Ahmad, el
poeta (289)
3


Abū Dulaf el librero (183)
Abu Dulaf el librero (139)
4



Muhammad ibn Walīd ibn
Maksīr, el secretario (219)
Muhammad ibn walid ibn
Maksir, el secretario (239).
5

Abū Mūsà Hārūn ibn Mūsà,
Abu Musa Harun ibn Musa, el
Khemais Jouini 271
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Tabla 4: Sobrenombres masculinos trasvasados con un doblete
Como se ve en el cuadro, los sobrenombres de estas personas (en
cursiva) van detrás del ism y del nasab introducidos por el determinante y se
refieren a su cargo u oficio; normalmente deberían ir en aposición. Sin
embargo, aquí los traductores no han respetado por completo esta norma:
en TM
1
solo se ha respetado en los ejemplos 4 y 5, y en el ejemplo 2 la
segunda vez en que cita al personaje; en TM
2
se ha respetado más, en los
ejemplos 2, 4, 5 y 6. En cuanto a la correspondencia de la traducción de
estos sobrenombres, los dos traductores han optado por adaptarlos
culturalmente, por lo que hay coincidencia en los casos 1, 2, 3, 4 y 5; en el
caso 6, los dos traductores han recurrido al equivalente acuñado en español
del término.
El caso número 7 presenta una divergencia notable. En TM
1
, se ha
optado por una traducción literal que aparece en la página 205 como « el
lector», mientras en la página 305 se nos propone «el lector del Alcorán».
Estamos, por lo tanto, ante una leve contradicción en el tratamiento del
sobrenombre de un mismo personaje que puede parecer un poco
injustificada, ya que el cambio no tiene ninguna relevancia en el significado
y por lo tanto en la comprensión del texto. En TM
2
, se ha optado por una
simple transcripción que pone en evidencia la falta de sistematización en la
aplicación de esta norma. Una falta de sistematización que hemos
localizado en otros tres ejemplos, en las dos traducciones, y en que ambos
traductores han optado por la transliteración / transcripción:
TO
TM
1
TM
2
1


Abū Cha‘far al-Nahhās
(205)
Abu Yaafar [ibn] al-Nahhas
(401)
(Sobra ibn, no aparece en TO)
2



Abū-l-Walīd Ahmad ibn
Muhammad […] al-
Jāzin (248)
Abulwalid Ahmad ibn
Muhammad ibn Ishaq al-Jazin
(297)

el médico (316)
médico (421)
6


ibn Dahhūn el alfaquí (281)
Ibn Dahhun, el alfaquí (355)
7

Abū Bakr el lector (205)
Abū Bakr el lector del
Alcorán (305)
Abu Bakr al-Muqri (211)
272 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
(Falta ibn Ishāq)
3

Ibn Sahl el hāchib
(244)
(En cursiva)
Ibn Sahl el hayib (289)
(En cursiva)
Tabla 5: Sobrenombres masculinos transparentes sin traducir
Para ser consecuentes con la estrategia adoptada en los ejemplos
citados arriba, los traductores tenían que haber traducido los sobrenombres
de los casos 1 y 2 de la manera siguiente: «el latonero o el fabricante de
cobre» y «el tesorero», respectivamente. El motivo que subyace tras esta
irregularidad en la aplicación de esta técnica de traducción podría deberse a
que no consta precedente alguno prefijado en la traducción de estos
sobrenombres, contrariamente a los anteriores.
En lo que respeta al ejemplo 3, ambos traductores han optado
también por la transliteración / transcripción; sin embargo, la presentación
en cursiva alude a que se trata de un arabismo. En este caso, TM
2
se
distingue de TM
1
por insertar una glosa extratextual, la nota 3, que explica el
significado del término: «El hāŷib o chambelán, era un cargo palatino, con
autoridad sobre los wazir, que tenían rango de simples consejeros. El hāŷib
era, mutatis mutandis, algo así como un ministro de la presidencia». Los
traductores han actuado conforme a lo que aconseja Lapiedra (2004: 120) al
afirmar:
[…] en las traducciones más modernas se constata cómo
una serie de términos con un significado histórico y cultural
islámico que se resiste a la traducción, se dejan sin
traducir, aunque previamente, en la mayor parte de las
traducciones, se explica en una nota o en un glosario final el
sentido de dicho léxico.
El último ejemplo en que el traductor de TM
2
recurre a la estrategia
que estamos comentado pero esta vez con la traducción de la nisba
geográfica (transcripción de los elementos formantes del nombre +
traducción) es el siguiente:
Como se nota, el traductor de TM
1
ha optado por la simple
transliteración, mientras el traductor de TM
2
ha sustituido la nisba geográfica
TO:
.
TM
1
:
Muhammad ibn Ibrāhīm al-Tulaytulī (290).
TM
2
:
Muhammad ibn Ibrahim el Toledano (371).
Khemais Jouini 273
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
por otra cuyo referente se considera patrimonio específico de la cultura de
recepción, de tal manera que la nueva nisba solo pueda aludir a un ente
perteneciente al universo cultural privativo de los lectores terminales.
Estamos ante un claro ejemplo de domesticación que pone énfasis en la
cultura de la lengua meta. Para el lector actual se tratará de una versión a la
que no está acostumbrado, por lo que la percibirá no como la manera
habitual de llamar a ese personaje concreto en su propia cultura, sino como
una denominación muy española y más o menos sorprendente de un
personaje extranjero. Para ser consecuente con esta estrategia, el traductor
tenía que haber hecho lo mismo con uno de los personajes a los que hemos
hecho referencia anteriormente: Ali ibn al-Hassan ibn Qasim ibn Dahim al-
Misri (TM
2
: 449), y llamarle el egipcio. Por otra parte, en este caso se trata
de un procedimiento no acertado del todo; es como llamar al poeta, jurista y
tradicionista andalusí Abu-l-Baqa al-Rundī (1285-1286), el rondeño; al
teólogo y exégetas autor del Compendio del Tafsīr del Corán al-Qurtubī, el
cordobés; o a Abū Ishāq Ibrāhīm ibn Sahl al-Isrāīlī al-Ishbīlī (1212-1251),
uno de los grandes poetas andalusíes del siglo XIII, el israelita, el sevillano,
etc. Siendo Tawq al-Ḥamāma una obra propiamente andalusí, los gentilicios
geográficos no presentan prácticamente ninguna problemática de
traducción; sin embargo, el traductor tenía que haber actuado conforme a lo
que aconseja Rubiera Marta (2004: 148): «como actúan como nombres
propios es mejor dejarles tal y como están».
Un caso parecido de desacierto de domesticación y españolización
en que incurre también el traductor de TM
1
es el relacionado con el
protagonista de la historia que refiere Ibn azm al final del capítulo XXVIII
(281-283), aunque aquí se trata de un adjetivo gentilicio más que de una
nisba geográfica propia de la estructura del nombre árabe:
Ahora contaré una historia, que muchas veces he oído, referente a
un rey beréber: Un hombre andaluz, en un apuro que se vio,
vendió una esclava, por la que sentía grande amor, a un vecino
del país; pero nunca pensó, al venderla, que su alma iba a írsele
tras de ella de la manera que se fue. Llegada la esclava a manos
del comprador, el alma del andaluz estuvo a pique de escapar de
su cuerpo (TM
1
: 281).
Está claro que traducir «» por «un hombre andaluz» es un
anacronismo en forma de una traducción forzada que no sitúa al lector
actual ni en otra época ni en una cultura distinta. El lector de una obra
traducida espera encontrar en ella elementos definitorios de esa cultura
distinta a la suya, y uno de esos indicios fundamentales es, sin lugar a
dudas, el nombre propio.
274 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Uno de los elementos definitorios de la cultura árabe-islámica
presente en el corpus de nombres de la obra de Ibn azm es el nombre del
profeta. En toda la obra, el autor, cada vez que se refiere al profeta, no lo
menciona con su nombre propio, sino con los epítetos calificativos «Enviado
de Dios» o, minoritariamente, con «Profeta de Dios» seguido de la fórmula
jaculatoria «
». Tan solo en tres ocasiones lo menciona con su
nombre propio «», en el prólogo / proemio, en el epílogo y en el poema
al comienzo del capítulo XII, que los dos traductores trasvasan de la manera
siguiente:
Como se ve, los traductores han tomado direcciones claramente
opuestas; en TM
1
, se ha recurrido al equivalente consolidado e, incluso,
institucionalizado en español «Mahoma», mientras en TM
2
, en los dos
primeros casos, se ha inclinado por su uso transcrito, pero aquí tropezamos
otra vez con la lacra, prolijamente comentada en el apartado anterior, que
ha caracterizado a la transcripción de nombres propios en esta traducción:
la falta de sistematización e irregularidad de criterios fijos (Muhammad >
Mohammed) que se deben, en este caso, a que el traductor siguió un
TO:
.
TM
1
:
[…] e impetrar la bendición divina para Mahoma su siervo y
apóstol (95).
TM
2
:
[…] para extender luego una plegaria sobre Muhammad, su
Siervo y Profeta (7).
TO:



.
TM
1
:
¡Bendiga Dios a nuestro señor Mahoma y a sus familiares y
compañeros y déles salvación completa! (333).
TM
2
:
¡Pluga a Dios extender sus bendiciones sobre nuestro señor
Mohammed, sobre su estirpe y sus compañeros, y
concederles la salva salvación! (453).
TO:


.
TM
1
:
¿Cuándo vedó Mahoma el amor?
¿Consta acaso su ilicitud en el claro texto revelado? (152).
TM
2
:
¿Cuándo Mahoma decretó que el amor era ilícito?
¿Acaso su prohibición consta patente en el Santo Libro
(119).
Khemais Jouini 275
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
sistema de transcripción más próximo al francés (Mohammed)
5
que al
español (Muhammad). El cambio de estrategia en el tercer caso solo puede
ser justificado por el único hecho de que al traductor le resultó más poético
el uso de la forma consolidada del nombre más que en su forma original
transcrita.
Además de los casos mencionados, se cita al profeta, en un poema
del final del capítulo XXX, con otro nombre propio «Amad» que le dan los
musulmanes:
TO:



.
TM
1
:
Él distinguió con el Alcorán al pueblo de Mahoma,
llevando sus enseñas hasta los confines del mundo (327).
TM
2
:
A la nación de Ahmad favoreció con el Sagrado Corán
e hizo que sus algaras llegaran a los más lejanos confines
(445).
Hay que destacar que los dos nombres tienen la misma raíz
fundamental del árabe «h-m-d», con el sentido general de «alabar», por lo
que «Muammad» tendría el sentido de «el muy continuamente alabado» y
«Amad» el sentido de «el más alabado». El lector hispanohablante común,
que probablemente desconoce esta situación, identificaría mejor la
traducción de TM
1
«pueblo de Mahoma» que la propuesta por TM
2
«la
nación de Ahmad», en la medida en que a la mayoría de hispanohablantes
solo les suena el término «Mahoma», no «Ahmad» como profeta de la
religión musulmana.
Por otra parte, debe señalarse también que en TM
1
se ha hecho uso
por cuatro veces, en la página 304, del nombre «Mahoma» en un hadiz
entre un hombre y el profeta, cuyos parlamentos se introducen tan solo con
el verbo de dicción Qala (= decir), trasvasado, acertadamente, por ambos
traductores, por «responder». Para hacer más explícitos, inteligibles y
comprensibles los parlamentos del profeta, el traductor de TM
1
ha
introducido el nombre, mientras que el traductor de TM
2
optó por el epíteto
«profeta»:
5
Otro ejemplo de esta irregularidad lo hemos localizado en la página 399, donde en una misma
línea utiliza las dos formas, pero esta vez no se refiere al profeta, sino a uno de los formantes
de la cadena de transmisores de un hadiz: «Me contó Al-Hamdani acerca de Ishaq al-balji e Ibn
Sabuyya que lo tenían de Mohammed Ibn Yusuf, y éste de Muhammad ibn Ismail, y éste a su
vez de Al-Layz, que lo escuchó de Aqil…».
TO:










276 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
No es nuestro objetivo aquí formar parte de la polémica, cuyos
orígenes, por cierto, se remontan a tiempos lejanos
6
, sobre qué forma sería
más conveniente utilizar (Muhammad / Mahoma) porque entre traductores
no hay unanimidad al respecto. Los que se inclinan por el uso de la primera
forma aducen que la denominación «Mahoma» encierra estereotipo con
connotaciones negativas y ofensivas que se asocian a una figura que es
considerada como profeta del islam y mensajero de Dios para millones de
musulmanes. Por lo tanto, usar ese apelativo «sería una ofensa a los
sentimientos religiosos más íntimos de los musulmanes, particularmente
sensibles y afectivos cuando se trata de «el escogido de Dios» (Epalza,
2008: 43). En contra partida, los que abogan por el uso de esta
denominación alegan que numerosos autores históricos usan «Mahoma»
sin uso despectivo en cuanto forma consolidada en español que mantiene la
raíz original del nombre (h-m-d). Además, la dificultad de pronunciar
correctamente «Muammad» para los no árabes en su forma transcrita
podría llevar a deformaciones no muy satisfactorias debido a la pérdida de
la /d/ final y a la pronunciación de la hache aspirada, a la manera de la jota
andaluza: «Mojama» «Mojamé», como lo señala Epalza (2008: 43).
Sin embargo, realmente la forma «Mahoma» ni es traducción ni es
transliteración / transcripción: no puede ser, en ningún caso, la traducción al
6
Véanse al respecto Epalza, M. de. (1975). Los nombres del profeta en la teología musulmana.
Miscelánea Comillas, XXXIII (63), pp. 149-203 y Granja, F de la. (1999). A propósito del
nombre Muhammad y sus variantes en Occidente. Estudios de historia de Al-Ándalus. Madrid:
Real Academia de la Historia, pp. 97-108.


TM
1
:
[…] Un hombre dijo a Mahoma: «¡Oh Enviado de Dios! ¿Cuál
es el más grande pecado a ojos de Dios?» Respondió
Mahoma: «El que invoques a otro dios junto a Él, siendo Él
quien te creó.» Repuso el hombre: «¿Y luego cuál?»
Respondió Mahoma: «El que mates a tu hijo para que no
coma contigo.» Repuso el hombre: «¿Y luego cuál?
Respondió Mahoma: «El que forniques con la mujer de tu
prójimo.» (304).
TM
2
:
[…] que un hombre había preguntado al Profeta: ʻ!Oh,
Enviado de Dios! ¿Qué culpa es mayor a los ojos de Dios?
Respondió el Profeta: ʻQue invoques un igual a Dios, siendo
Él quien te ha creado. ʼ Replicó el hombre: ʻY después de esa,
¿cuál otra? Respondió el Profeta: ʻQue des muerte a tu hijo
para que no se coma tu comida.ʼ ʻY después, ¿cuál más?
ʻQue forniques con la mujer legítima de tu vecino.ʼ (399).
Khemais Jouini 277
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
español de «Muamma y es una flagrante violación fonética de este
nombre propio. Si nos atenemos a la tendencia actual de que los nombres
propios de personas no se traducen ni se adaptan, sino que se transcriben
de forma literal, lo más lógico sería emplear «Muhammad» en vez de
«Mahoma». Al adoptar esta forma, se contribuye a romper con la tradición
del tratamiento despectivo hacia el profeta además de tener la ventaja de
dar uniformidad y de no chocar con todas las ocasiones en que aparece el
nombre «Muhammad» dentro del texto traducido.
Un tercer grupo considera que tanto el nombre original de
«Muammad» como su adaptación al español, «Mahoma», deberían ser
formas plenamente válidas para referirse al profeta del islam. Así, Epalza
(2008: 43) propone que:
[…] en esta pequeña polémica, creo que se tiene que
mantener la posibilidad de la actual práctica hispánica de
usar las dos denominaciones, simultáneamente Mahoma /
Muhámmad, sucesivamente Mahoma (Muhámmad) o
alternativamente, a lo largo de todo un texto, como lo
hacemos en estos estudios y se ha hecho en el volumen de
la traducción catalana del Corán. Y esto, por diversas
razones filológicas, etimológicas, históricas y religiosas,
que, en este caso, son manifestación de respeto hacia la
persona y el personaje del profeta del islam.
Esta problemática no se ha planteado en el caso de los nombres
religiosos, en este caso nombres bíblicos, que aparecen en la obra de Ibn
azm:
TO
TM
1
TM
2
1

Adán (131, 293,303)
Adán ( 81, 377, 397, 405)
2

José (244, 292)
José (287, 375)
3

Gabriel (245)
Gabriel (289)
4

Lot (311)
Lot (413)
5

Noé (150, 312, 327)
Noé (125, 415, 445)
6

Lamech (312)
Lamech (415)
7

David (292, 327)
David (375, 445)
8

Isaí (292)
Isaís (375)
278 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
9

Jacob (108, 244, 292)
Jacob (33, 35, 287, 375)


Labán (108)
Labán (35) (patriarca hebreo de
la familia de Abraham)


Moisés (327)
Moisés (44)
Tabla 6: Trasvase de nombres bíblicos
Como se ve en el cuadro, los nombres bíblicos mencionados en la
obra de Ibn azm son muy claros; y ambos traductores han optado por sus
correspondientes y equivalentes en la cultura del público receptor
hispanohablante. Sin embargo, esta estrategia, si permite que el receptor
establezca una identificación de estos nombres coránicos con los de la
Biblia judía y cristiana, hace perder al texto su sabor exótico. Por otra parte,
tal como señala Epalza (2008: 174), este tipo de antropónimos plantea una
problemática en la medida en que «el papel que tienen estos personajes en
el Corán es a veces diferente del que tienen en la Biblia judía y en la
cristiana». La estrategia que propone Epalza (2008: 177) es la misma
aplicada para referirse al profeta del islam, es decir, «el nombre coránico del
texto y, entre corchetes, el nombre bíblico», algo que hubieran podido
aplicar los traductores de nuestra obra. Creemos que inserciones como
estas sirven para mantener el exotismo y la atmósfera propia de la obra,
recordándole al lector que se trata de una cultura ajena y del origen oriental
del texto traducido que está leyendo, pues muy frecuentemente el atractivo
de la obra traducida en la cultura terminal reside en estas características.
Respecto de los nombres de los cuatro filósofos griegos:  (=
Platón TM
1
: 107 TM
2
: 31, 33),  (= Tolomeo TM
1
: 117 Ptolomeo
TM
2
: 51)),  (= Filemón TM
1
: 144 TM
2
: 195),  (=Hipócrates TM
1
:
107 TM
2
: 31), no han supuesto ninguna problemática de trasvase para los
traductores, ya que han recurrido sencillamente a sus correspondientes en
español por ser de uso común en la cultura meta.
4. EL TRATAMIENTO DE LOS TOPÓNIMOS
Sabemos que los lugares referidos en la obra son verídicos y «el
escenario en el que se desarrollan la mayor parte de las historias narradas
en el Collar de la Paloma es la ciudad de Córdoba, tal y como se hallaba en
su momento más floreciente, tanto en sentido urbanístico como
demográfico» (Valdés Fernández, 2004: 585). La obra está bien situada en
lugares reconocibles por todos y, según los topónimos, se llega a trazar el
mapa de los límites geográficos de la ciudad que García Gómez (2010:
346), en la nota 10 del capítulo XXI, califica de «preciosos datos
topográficos para la Córdoba califal». La obra de Ibn azm es una muestra
Khemais Jouini 279
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
de que la época musulmana dejó una clara huella en la toponimia hispánica,
acerca de la cual se encuentra una bibliografía muy extensa
7
.
Entre los datos toponímicos que cita Ibn azm se pueden establecer
dos grupos: el primero incluye nombres de países y lugares de fuera de al-
Ándalus; el segundo incluye las ciudades, poblaciones, localidades y
núcleos dentro de la ciudad de Córdoba que sirvieron de marco espacial
para situar la acción dentro del territorio andalusí bajo dominio musulmán.
Con respecto a las estrategias de traducción de los topónimos o
nombres de lugar, no son distintas de lo que se ha venido analizando para
los antropónimos, precisamente debido a la circunstancia que se ha
comentado arriba. Así, para el primer grupo de topónimos, es decir, lugares
de fuera de al-Ándalus, los traductores no han hecho más que utilizar sus
equivalentes acuñados y establecidos en español:  (= Egipto),  (=
India),  (= China),  (= Sudán),  (= Líbano),
 (= Sicilia), 
(= Medina),  (= Bagdad),  (= Basora). Sin embargo, en los
siguientes casos las estrategias han variado:
TO
TM
1
TM
2
1

tierra de Berbería (287)
- Equivalente
país de los beréberes (367)
- Traducción literal
2

Qayrawān (166)
- Transliteración
Cairuán (145)
- Transcripción
3

Mar Rojo (299)
- Equivalente
Mar de Qalzum (389)
- Transcripción + equivalente
(Glosa extratextual):
Nota 3. El Mar Rojo.
Tabla 7: Estrategias de trasvase de topónimos
En cuanto al segundo grupo, los nombres de ciudades citadas en la
obra, como Córdoba (= ), Almería (=
), Málaga (= ), Zaragoza (=
), Játiva (= ) y Valencia (= ), siguen vigentes en nuestros días
y los traductores no han hechos más que conservar las denominaciones
geográficas que tradicionalmente se han utilizado en español, pues, más
que de traducción, cabría hablar de correspondencia. Tal como señala
Marta (2004: 14), múltiples topónimos árabes «tienen nombres españoles
7
Véanse por ejemplo Asín Palacios, M. (1944). Contribución a la toponimia árabe de España,
2ª ed., Madrid: Escuela de Estudios Árabes y Vernet, J. (1960). Toponimia arábiga. En M. Alvar
et al. (Eds.), Enciclopedia Lingüística Hispánica, vol. I, Madrid: CSIC, pp. 561-578.
280 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
tradicionales y en muchos casos estos nombres árabes no son sino la
transcripción de viejos nombres ibéricos», razón por la que consideramos
que, en este caso, la distinción entre exónimo y endónimo en las dos
traducciones de Tawq al-Ḥamāma quedaría difusa, es decir, «la forma
propia con que una comunidad de hablantes nombra un lugar que se
encuentra fuera del ámbito de influencia de su lengua […] frente a la forma
local con que los hablantes del lugar nombrado se refieren a este en la
lengua autóctona» (RAE, 2010: 642). Sin embargo, fue causa de extrañeza
que García Gómez en el siguiente verso del capítulo XX tradujera «»
por España:



¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España (TM
1
: 192).
Sánchez Ratia (2009: 189) califica como licencia de traducción por
parte de García Gómez, que García Sanjuán (2003: 5) atribuye,
posiblemente, a la ausencia de la explicitud en el manejo del término al-
Ándalus cuyas consecuencias «es la abusiva, inexacta y deformadora
identificación de al-Ándalus con España, muy frecuente en traducciones de
fuentes árabes y estudios de diverso tipo, sobre todo los publicados hasta
los años setenta y ochenta». Lapiedra (2004: 110) explica esta
interpretación por la perspectiva nacionalista que guió la labor de los
traductores en la medida en que «la historia de alndalus formaba parte de
la historia de España ahí radica su mayor interés y no de la historia del
mundo arabo-islámico clásico […] Es decir, la historia arabo-islámico de la
Península se interpreta desde el lado occidental cristiano».
Por lo que respeta a poblaciones, localidades y núcleos espaciales,
que sirvieron para enmarcar las historias de la obra, se han presentado
sistemáticamente en su forma transliterada / transcrita. Según el significado
de los componentes léxicos, estos topónimos, que constituyen los núcleos
espaciales de la obra, son denominaciones que hacen referencia a las
realidades concretas que designan. Franco-Sánchez (2017: 168) señala
que:
[…] la toponimia árabe no se identifica mediante fantasiosas
asociaciones, sino mediante descripción de realidades
topográficas, hidrográficas, el nombre del propietario en un
momento dado, etc., los cuales se encapsulan en un
topónimo árabe. El topónimo se forma con una asociación
unívoca entre realidad y lugar, encerrada en la etiqueta que
se le da a ese enclave o lugar. Se trata de una espora
Khemais Jouini 281
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
semántica que, conforme pasa el tiempo, va perdiendo el
referente de significado y se hace difícil de interpretar e
identificar.
Así, los traductores no tuvieron más que identificar en la toponimia
actual el nombre antiguo del lugar al que se refiere en el texto original, por
supuesto una identificación espacial más que histórica. Esta estrategia la
hemos localizado en los siguientes topónimos en los que ambos
traductores, además, introducen notas a pie de página para permitir al
receptor identificarlos y localizar su emplazamiento, salvo para el caso 3 en
TM
1
:
TO
TM
1
TM
2
1

Bāb ‘Āmir (207)
Nota 5 (cap. 21). Bāb
‘Āmir (puerta de ‘Āmir).
Bab Amir (217)
Nota 1. La Puerta de ‘Āmir era
la que daba paso al camino
hacia medina Azahara.
2

La Rusāfa (207)
Nota 5 (cap. 21). La
Rusāfa (hoy Arrizafa).
La Ruzafa (217)
Nota 3. La Ruzafa era un
barrio de Córdoba, hoy
llamado Arrizafa.
3

Balāt Mugīt (240)
(Sin nota explicativa)
Balat Mugiz (279)
Nota 2. Barrio situado
extramuros, al este de la
ciudad de Córdoba, entre las
puertas de Badajoz (el Nogal)
y de Sevilla.
4

Gadir Ibn al-Šammās
Nota 15 (cap. 28).
«Gadir Ibn al-Šammās»,
barrio cordobés, significa
«charca de Ibn al-
Šammā (que,
traducido, sería «hijo del
diácono» […]
Gadir ibn al-Shammas (353)
Nota 1. Barrio de Córdoba,
identificado y corregido por
Lévi-Provençal (Histoire
d´Espagne…, 375, nota 3).
EGG aclara, por su parte, que
la charca de Ibn al-Šammas
(“el hijo del diácono”), como
otras de su género, se
utilizaba para poner a remojo
los garbanzos recién cogidos
antes de extenderlos al sol.
282 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Tabla 8: Topónimos transliterados / transcritos con una nota explicativa
Respecto del hidrotopónimo «Guadalquivir», es decir el nombre
propio de un lugar relativo al agua, parece que ni es transliteración ni
transcripción de «» que aparece en el texto original; sin embargo,
es otra de las denominaciones en las fuentes árabes con las que se
identificó a este río andalusí / andaluz, tal como lo aclara detalladamente
Terés (1986: 41):
La expresión «Río Grande» para designar una corriente de agua
que, en comparación con otras más o menos próximas, lleva un
superior caudal, es de elemental imposición en cualquier área.
Dentro de nuestra Península, los autores árabes aplican
corrientemente esa expresión a otros ríos considerados
caudalosos, y así leemos por ejemplo: «el gran río (an-nahr al-
kabīr) llamado Ebro»; «el gran río Duero (wādī Duwayro al-kabīr)»;
Toledo «está situado a orillas del río grande (an-nahr al-kabīr)»;
«Murcia se encuentra sobre un gran río (nahr kabīr) que riega todo
su territorio»; etc. De todos modos, el ‘Río Grandeʼ por excelencia,
en la Península, fue el gran río andaluz, el Guadalquivir, que a
veces aun se magnifica con s altos calificativos, como an-Nar
al-Akbar o al-A‘zam ʻel Río Mayorʼ.
Por otra parte, el siguiente ejemplo es muy ilustrativo por su interés
para explicar la etimología de algunos topónimos andalusíes:
5

Qastallāt (302)
Nota 22 (cap. 29).
Tampoco a punto fijo
dónde se hallaba
Qastallāt (= «los
Castañares»).
Qastalat (395)
Nota 3. EGG confiesa en nota
su ignorancia sobre la
localización de estos
“castañares”. Hago lo mismo.
6

Guadalquivir (302)
(Sin nota explicativa)
Guadalquivir (395)
(Sin nota explicativa)
TO:
[…]

[…]
TM
1
:
Luego nos soltó, enviándonos desterrados, y marchamos a
Aznalcázar, donde nos encontramos con el señor de este
lugar […] (278).
TM
2
:
[…] luego nos dejó libres mandándonos al destierro. Fuimos a
Aznalcazar, donde nos recibió el dueño de aquella plaza […]
(351).
Khemais Jouini 283
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Sánchez Ratia añade una nota explicativa acerca del emplazamiento
del topónimo («al suroeste de Sevilla», TM
2
: 351), que debería ir con tilde
por ser una palabra llana terminada en /r/, algo que ha hecho García Gómez
(2010: 39-40) en la introducción de la obra, al hablar de la vida de Ibn
azm: «Tampoco les duró mucho el nuevo y agradable asilo que supieron
hallar en el pueblecito de Aznalcázar (que tal vez no es, como se ha
querido, el actual de ese nombre, cerca de Sanlúcar, sino otro por tierras de
Málaga o Murcia) […]». Sin embargo, ambos traductores, en este caso,
descuidan ofrecer al receptor del texto meta el significado de este topónimo,
contrariamente a lo que han hecho con otros ejemplos como se verá luego.
Franco-Sánchez (2017: 168-169) subraya al respecto que:
[…] el significado descriptivo original con que los
árabeparlantes andalusíes identificaron a ese lugar con el
tiempo se acabará difuminando, y con la conquista
aragonesa, castellana o portuguesa, las fonéticas de las
respectivas lenguas acabarán ahormando y modificando el
término original árabe andalusí para hacerlo fonéticamente
coherente con la nueva lengua dominante. En
consecuencia, esta ejercerá una labor deformante sobre el
étimo original.
El topónimo Aznalcázar
8
, que se refiere a una construcción militar
fortificada, es una deformación de la transcripción de sus dos componentes
formados por composición que tienen una existencia autónoma en la lengua
árabe: el primer elemento del topónimo es la palabra árabe «i que
significa «fortín» o «fortaleza»; el segundo elemento «al-qasr» significa «el
castillo» o «el palacio». La verdadera etimología de este topónimo sería «la
fortaleza del castillo». Otro ejemplo ilustrativo es el que citamos a
continuación:
TO:

[…]
TM
1
:
[…] mi padre el visir (¡Dios lo haya perdonado!) se mudó
desde nuestras casas nuevas de la parte a saliente de
Córdoba, en el arrabal de al-Zāhira, a nuestras casas viejas
de la parte a poniente de Córdoba, en Balāt Mugīt (266).
TM
2
:
Después, mi padre el visir que Dios se haya apiadado de él
abandonó nuestros dominios de la parte oriental de Córdoba,
en el arrabal de Al-Zahira, y se trasladó a nuestras antiguas
8
Véase Pocklington, R. (2016). Lexemas toponímicos andalusíes (I). Alhadra. Revista de la
Cultura Andalu, 2, pp. 233-320.
284 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
moradas en la parte occidental de la ciudad, en Balat Mugiz
(329).
A diferencia del anterior, el topónimo «arrabal de al-Zahira» es una
transcripción de dos palabras árabes formadas por yuxtaposición, cuyo
segundo elemento conserva el valor fonético del original árabe, mientras el
primero está deformado por la etimología popular, tal como aclara Galmés
de Fuentes (1999: 463) «sobre la base árabe ar-raba el carácter lateral del
[ḍāl], dental enfático, desarrolló una l: arrabald(e), y con pérdida de la d
final terminaría en arrabal, con terminación conocida en las lenguas
romances».
La segunda vez en que aparece este topónimo, Sánchez Ratia lo
transcribe de un modo distinto a la manera en que debería pronunciarse,
como lo hace García Gómez (al-Zāhira), cambiando así no solo su
significado sino también la localización geográfica y la historia del lugar:
Literalmente, la traducción del topónimo «arrabal de al-Zahira» sería
«el barrio de la ciudad floreciente», mientras «Azahara» sería «la ciudad
resplandeciente». Esta fue construida por Abd al-Rahmān III en la sierra de
Córdoba a partir de 936, mientras la primera lo fue al oriente y a poca
distancia de la ciudad, de 978-979 a 981 por Almanzor
9
.
La falta de sistematización en el trasvase del nombre original la
hemos localizado también en el segundo componente del topónimo «Balāt
Mugīt». En el ejemplo arriba mencionado de la página 329 y en la página
349, Sánchez Ratia lo transcribe «Mugiz» (= ), la transcripción s
9
Véase al respecto Murillo Redondo, J. F. (2013). Qurtuba califal. Origen y desarrollo de la
capital omeya de al-Ándalus. Awraq, 7, pp. 81-102.
TO:


TM
1
:
[…] pues todos se encaminaban adrede a cruzar frente a la
puerta de su casa, por la vía que, arrancando del Arroyo
Chico, en la parte saliente de Córdoba, pasaba por nuestra
puerta e iba a parar al callejón que llevaba al palacio de al-
Zāhira (210).
TM
2
:
[…] sólo para verlo, hacían por pasar delante de la puerta de
su casa, que sale del Arroyo Chico que corre cerca de la
puerta de la nuestra en el barrio del levante de Córdoba y que
llega hasta el adarve que conecta con el palacio de Azahara
(223).
Khemais Jouini 285
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
lógica en español, mientras que en la gina 279 lo transcribe «Mugit» (=
), distorsionando así la pronunciación de la primera forma tal y como se
pronuncia en árabe. Respecto al primer componente de este topónimo
«Balāt», los dos traductores han preferido trasvasarlo en su forma transcrita
/ transliterada, aun sabiendo que «en árabe clásico significa calzada,
pavimento enlosado y liso’, además de ‘palacio’» Franco-Sánchez (2017:
173).
Sin embargo, a diferencia de la estrategia aplicada en los topónimos
anteriores, en dos casos, los traductores han recurrido directamente a la
traducción literal:
Tabla 9: Topónimos traducidos literalmente
Para el primer topónimo, los traductores han elegido dos términos
diferentes, con una glosa explicativa en TM
2
que tiene su origen en la
relación conocida de las puertas de Córdoba, recogida por al-Maqarī
10
según referencia de Ibn Baškuwāl (Córdoba 1139-1183) quien cita que
10
Al-Maqarī, historiador argelino del siglo XVI que se valió de diferentes fuentes
historiográficas, aduce esta referencia en su obra Naf al-īb min gun al-Ándalus al-ratīb wa
ikri wazīrihā Lisān al-Dīn ibn al-Jatīb (Exhalación del olor suave del ramo verde del al-Ándalus
e historia del visir Lisān al-Dīn ibn al-Jatīb).
TO
TM
1
TM
2
1

La Puerta de los Drogueros
(128)
(Sin nota explicativa)
La Puerta de los Perfumeros
(73)
Nota 4. […] La Puerta de los
Perfumeros era la que se
encontraba al norte de la puerta
de Alcántara, o del puente. Era
la puerta que unía la ciudad con
el arrabal de Sacunda. Fue
restaurada de los efectos de las
crecidas por Al-Hakam al-
Mustansir en 360H (970 AD).
2

El Arroyo Chico (210)
Nota 10 (cap. 21). El Arroyo
Chico es probablemente el
actual Arroyo de la
Fuensanta.
El Arroyo Chico (223)
Nota 1. Es el actual Arroyo de
la Fuensanta.
286 El tratamiento de los antropónimos y topónimos […]
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
eran siete las puertas
11
que, en el siglo X, se abrían en la muralla
de Córdoba. Nos parece que el equivalente que propone Sánchez Ratia en
TM
2
es más adecuado en la medida en que el DRAE define «droguero», en
su segunda acepción, como «persona que hace o vende artículos de
droguería» y define droguería, en su tercera acepción como «tienda en la
que se venden productos de limpieza y pinturas».
En cuanto al segundo topónimo, los dos traductores han coincidido en
el equivalente del original árabe; sin embargo, la divergencia entre ambos
radica en la nota explicativa: García Gómez interpreta, con cautela mediante
el adverbio «probablemente», que el arroyo mencionado en este pasaje
podría ser el de la «Fuensanta», mientras Sánchez Ratia, aduce su nota
explicativa en forma aseverativa, aun sabiendo que nada permite
confirmarlo y puede tratarse de otro cauce de agua, como se ha señalado
arriba para los ríos caudalosos de la Península en época andalusí. En una
nota referida a este arroyo, Arjona Castro (2007: 195) afirma que «el nahr
al-Sugayr es el arroyo de las Piedras».
Como acabamos de ver en el análisis del tratamiento de los
topónimos, se ha podido observar que los traductores han optado por una
clara tendencia a conservar los topónimos en su forma original cuando
estos no tienen una forma plenamente reconocida en español, lo que
constituye una tendencia hacia la exotización para designar los nombres
genéricos de lugar o topónimos. Los dos últimos casos de la traducción
literal constituyen un grado de domesticación importante; sin embargo, esto
no podría ser motivo de choque para el lector del texto meta, ya que estos
dos topónimos resultan familiares en la cultura receptora.
CONCLUSIONES
Para concluir, se puede observar la similitud de las estrategias
empleadas en las dos versiones meta analizadas para la traducción de los
antropónimos y topónimos en Tawq al-Ḥamāma de Ibn azm. Claramente
se puede observar que la mayoría de las técnicas se concentran del lado de
la conservación, siendo la más habitual la repetición que se lleva a cabo
esencialmente mediante dos procedimientos: la transliteración y la
transcripción. Las dos traducciones ajustan en gran medida la transliteración
/ transcripción de nombres de personas a los sistemas estandarizados que
existen del árabe al español, en el caso de la versión de García Gómez; o
de pasarlos por el filtro de una adaptación medio consagrada, medio
personalizada por el traductor, en el caso de la versión de Sánchez Ratia.
11
Véase al respecto Ocaña Jiménez, M. (1935). Las puertas de la medina de Córdoba. Al-
Ándalus, 3, pp. 143-151.
Khemais Jouini 287
Hikma 19 (2) (2020), 253 - 289
Este tipo de técnicas se podría considerar como el que más influencia
cultural posee y refleja una gran intención de exotización y de acercar el
lector a la cultura del texto meta.
No obstante, como se ha analizado antes, en muchos casos, las
soluciones propuestas en la versión de Sánchez Ratia distan de ser
satisfactorias. Las irregularidades y la falta de sistematización ocasionadas
al respecto unas veces el topónimo no se ajusta a las reglas fonológicas o
morfológicas de la lengua española, mientras que en otras la transcripción
es incorrecta o inexacta, han caracterizado a la transcripción de
antropónimos y de topónimos en esta traducción, aunque hemos localizado
también algún que otro desliz en la versión de García Gómez. Las demás
técnicas se utilizaron escasamente. Encontramos ejemplos en los que
ambas versiones meta han optado por la traducción literal y la equivalencia
consolidada, otras estrategias por las que se han inclinado los traductores y
que aportan mayor domesticación y naturalización a los antropónimos y
topónimos de la obra en la lengua meta.
El análisis que ha ocupado las páginas anteriores nos permite
constatar que las estrategias de traducción de antropónimos y topónimos se
pueden combinar entre sí, y de hecho así sucede, y no parece raro que un
mismo traductor emplee incluso en una misma obra distintas estrategias
para trasvasarlos a la lengua meta, pero es exigible un nimo de
homogeneidad en las decisiones que toma para que las soluciones no sean
heterogéneas. Por otra parte, el análisis ayuda a subrayar las dificultades a
las que tiene que hacer frente el traductor, a caballo entre dos lenguas y
dos, o más, estrategias traductoras aplicadas en el proceso de trasvase.
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