160 Lenguaje inclusivo y representación del colectivo LGTBIQ+ […]
Hikma 20 (1) (2021), 157 - 184
Estos avances pueden parecer desmesurados, pero si recordamos que, en
su momento, la «T» y la «B» también fueron rechazadas, es sencillo
comprender por qué tanta gente no considera excesiva la presencia de estas
letras. Finalmente, tras comparar varios documentos, el trabajo se decanta
por el uso de las siglas LGTBIQ+, ya que se han observado en la academia
(Sánchez y Fernández, 2019; fundación pionera en el mundo de los estudios
queer en España). Esta reflexión refleja, por un lado, la necesidad de ampliar
el alcance de la comunidad para acoger personas que, de una forma u otra,
se alejan de la norma establecida, y, por otro, la utilidad de usar las mismas
siglas en todas las investigaciones académicas relacionadas con este tema
en términos de coherencia y consistencia terminológica.
1.1. Desaprender el género
Ciertas corrientes feministas (Butler, 1990/1999) han insistido desde
hace décadas en «desaprender» el género como algo estable, una parte
inmutable e inevitable de nuestra identidad social, y rechazan lo establecido
en lo que concierne a la sexualidad e identidad. Las bases de las teorías
queer y feministas se han criticado mutuamente y se han motivado para crear
y actualizar sus fundamentos a través de los años y de los contextos
socioculturales, tratando de recoger e incluir a todas y cada una de las piezas
que forman una sociedad, sin olvidar a las personas racializadas,
neurodivergentes o con diferentes capacidades físicas, en el intento de lograr
un mayor grado de inclusión. Este corte postestructuralista, que articula
nuestra investigación, nos será de utilidad posteriormente para incorporar
conceptos derrideanos como el de «hospitalidad» (Derrida, Hostipitality,
2000).
Estas teorías narran cómo ya se tenía presente la necesidad de una
modificación lingüística, y señalaban que «the development of a language that
fully or adequately represents women has seemed necessary to foster the
political visibility of women» (Butler, 1990/1999, p. 22). Es innegable que las
mujeres de la época ya eran conscientes de su situación sociocultural y
sentían que su representación era insuficiente, o incluso en ciertos ámbitos,
inexistente. Pero en esta ocasión el estudio va más allá, tratando de
desmontar las ideas preconcebidas que se puedan tener del propio género,
que se ve afectado por una multitud de factores socioculturales. En este
sentido, resulta casi inevitable volver a Simone de Beauvoir, con una de sus
frases más famosas: «no se nace mujer: se llega a serlo» (Beauvoir,
1949/2016, p. 87). Butler, muy influida por las ideas feministas de Beauvoir,
usa la base de estas teorías para hacer florecer muchas cuestiones
relacionadas con la propia naturaleza del género. Si las propias
características del género son tan inestables, volátiles y variables, ¿es
nuestro género una elección puramente voluntaria? Beauvoir ya nos indicaba