Raquel Torres Aragón y Mireia Vargas-Urpí 17
Hikma 20 (2) (2021), 9 – 35
linguistically and culturally in formal and informal contexts and
domains for their family and friends as well as members of the
linguistic community to which they belong. (p. 48)
El estudio de la ILM ayuda a percibir a los niños como actores y
agentes no solo de sus propias vidas, sino también del funcionamiento de la
sociedad, en la que incluso pueden tener un impacto socioeconómico, al
reemplazar, en ocasiones, a las figuras profesionales que deberían estar
llevando a cabo esta labor (Orellana, 2009). Son diversas las
investigaciones que dan cuenta de la amplitud y profundidad de las
contribuciones de estos niños y adolescentes a sus hogares, colegios y
comunidades (Orellana, 2010, p. 48).
Cabe resaltar también, por la relación con nuestro propio estudio en
cuanto al origen de los sujetos estudiados, la investigación que desarrolla
García-Sánchez (2010) sobre la ILM como práctica sociocultural entre
familias de Marruecos que viven en España. La autora demuestra que las
tareas domésticas de estos niños se ven incrementadas en comparación
con niños de otras familias de contexto no migrante, puesto que se añaden
las labores como intérpretes. Estos niños tienen un papel importante en sus
familias, por lo que es muy común verlos haciendo de intermediarios
lingüísticos para sus padres u otros parientes en el ayuntamiento, en los
bancos o en las oficinas de servicios sociales.
Es importante destacar que clasificar a los menores que actúan en la
ILM es bastante complicado, porque hay muchos factores que influyen en el
desarrollo de esta tarea, como son sus familias, el nivel socioeconómico o
su cultura de origen, entre otros. Según Hall y Guéry (2010, p. 24), los niños
que llevan a cabo este papel vienen de familias de inmigrantes o refugiados
de países con un idioma oficial diferente. La labor de estos niños se
considera omnipresente, pero a veces invisible para sus familias, ya que los
adultos tienden a concebir las acciones de los niños como intrascendentes
(Orellana, 2010, p. 48). De este modo, se percibe un perfil del menor que,
posiblemente gracias a su escolarización y facilidad de adaptarse más
rápido que los adultos a nuevas culturas y lenguas, es capaz de
desempeñar esta actividad lingüística.
Antonini (2015c), por medio de entrevistas a médicos de familia,
recaba información empírica, entre la que figura la percepción del personal
sanitario sobre estos menores. Gracias a estos testimonios y tal como
explica la propia autora (2015c, p. 106) podemos dibujar el perfil del menor
de una forma general: estos niños suelen ser personas precisas en su
intervención, resolutivas, muy inteligentes, fáciles de tratar o competentes
en su tarea, entre otras cualidades destacables. De manera semejante, han