Moulay Lahssan Baya Essayahi y Ahlam Bachiri Aloune 11
Hikma 21 (1) (2022), 9 - 32
En este sentido, muchos campos artísticos han pasado por lo mismo,
como la música, la literatura, la pintura, el cine, etc., ya que siempre han sido
y siguen siendo objetivo de censura, como sostiene Mahyub (2018b, p. 217).
Todos estos campos han experimentado cambios o se ha censurado parte
de su contenido al traducirse a una lengua con una cultura completamente
diferente, como, por ejemplo, la película El código Da Vinci (Howard, 2006),
cuya versión cinematográfica fue censurada en Egipto, Jordania, Líbano,
Pakistán, China, etc., por blasfemia debido a que en estos países predomina
la misma religión, el islam. Lo más curioso es que no todo el mundo tiene
conocimiento de estas censuras. Según Mahyub (2017, p. 295), la censura
en el mundo del cine conlleva una cantidad de dificultades y obstáculos a la
hora de subtitular del español al árabe, y «en este viaje, la traducción
audiovisual se enfrenta a numerosos obstáculos, algunos salvables y otros
insalvables, dependiendo del par de lenguas y culturas que estén en juego».
Uno de los resultados de estos obstáculos es la pérdida de información, la
alteración del mensaje original, etc. Por mostrar un ejemplo, pongámonos en
la situación de una escena donde el personaje principal está cabreado y
expresa su estado de ánimo recurriendo a todo tipo de palabras malsonantes,
groserías, blasfemias, etc., pero, cuando leemos los subtítulos en árabe,
observamos que se emplea un lenguaje más inocuo. Lo cual puede provocar
cierta confusión, no entender realmente el mensaje que envía el emisor,
rechazo por parte del receptor e incluso que al espectador le parezca ridículo
o gracioso al captar las diferencias que hay en ambas lenguas, ya que se
diluye esa carga malsonante y, con ella, la naturalidad. Este suceso no solo
ocurre a causa de la lengua o la cultura, sino que también reside en el dominio
de la lengua origen y meta por parte de los traductores/subtituladores.
Con esto se debe aclarar que no significa que en los países árabes no
se pueda hablar de contenido tabú, ya sea sexual, político, religioso,
ideológico, etc. Al contrario, sí que se tratan estos temas. Tal y como expone
El-Madkouri (2014), en la religión, el sexo no es tabú; por tanto, se pueden
tener conversaciones sobre este contenido dependiendo de cuándo y con
quién se traten estos temas, pero sí es prácticamente invisible en las
pantallas árabes:
El tema del sexo no es tabú en sí (ni es positivo, ni es negativo
desde el punto de vista de las prácticas discursivas entre iguales),
pero sí lo son algunas construcciones lingüísticas que lo denotan
públicamente; es decir, que se puede hablar abiertamente del sexo,
pero sabiendo cuándo, dónde y con quién. [...] es la cultura la que
pone las reglas a las prácticas discursivas sobre el sexo y no la
religión [...]. De hecho, el discurso teológico musulmán es más
abierto, cuando se trata de educación sexual, que el discurso común
diario. (El-Madkouri, 2014, p. 184)