Iván Villanueva y Frederic Chaume 119
Hikma 20 (2) (2021), 95 - 126
La metasíntesis ofrecida en este artículo pone al descubierto una
cuestión sustancial en nuestra disciplina: el concepto mismo de
«traducción». Según lo que entendamos por traducción, nuestra visión del
mundo a la hora de abordar su estudio variará y, por tanto, los resultados
obtenidos también variarán y serán difíciles de comparar y sobre todo de
elevar a categoría más o menos universal (del universo al que representen).
Es básico que se produzca un nuevo consenso sobre qué es traducción, y a
su vez, que seamos capaces de definir sus límites y de repensar si este
término realmente incluye todos los procesos de rescritura que se producen
en el mundo audiovisual actual.
Podemos (o no) considerar las adaptaciones, narrativas transmedia,
transcreaciones, remakes, etc., como traducciones y, en ese caso, las
categorías de la metasíntesis, desde la visión del mundo con que se afronte
el estudio, hasta los datos, las modalidades de la TAV o las estrategias
metodológicas, cambiarán y se adaptarán a los objetivos de la investigación.
Podemos (o no) entender la traducción desde un punto de vista pospositivo
(y por tanto, más aséptico, teóricamente) o desde posiciones
constructivistas o transformadoras, como las que se han revelado en este
artículo, en especial, tras la digitalización y la incorporación al campo de la
traducción audiovisual de los nuevos prosumidores, cuya agencia permite
poner en tela de juicio la visión equivalencista y logocéntrica de la
traducción que ha reinado e imperado en la práctica de la traducción y en la
teoría más clásica de nuestra disciplina. Según entendamos, por tanto, el
concepto de traducción, y en concreto, el de traducción audiovisual, tanto
nuestra visión del mundo como nuestras estrategias metodológicas variarán
en busca de unos u otros objetivos. Pero sin este consenso inicial no será
posible ni entender la capacidad real de transformación de la traducción
audiovisual (un fenómeno ya imparable en nuestro campo tras la
digitalización) ni tampoco su esencia misma.
Las críticas de Susam-Sarajeva (2001, 2009) siguen siendo
pertinentes una o dos décadas después. Tanto el entorno profesional de los
investigadores, a los que se les exige una tesis doctoral como conditio sine
qua non para su promoción o permanencia en la universidad, como la falta
de consenso sobre el concepto de traducción, dan como resultado estudios
adscritos parcial o totalmente a un solo paradigma, que muchas veces
pretenden generalizar sus conclusiones a todo un subsistema cultural, el de
los textos audiovisuales traducidos, de por sí esencialmente heterogéneo.
La utilidad de una metasíntesis como la que aquí se ofrece es, pues,
poner de relieve las presuposiciones con las que se efectúan los estudios,
propias de las limitaciones del sistema universitario o de la posición vital de
los mismos investigadores que necesariamente deben optar por el estudio