262 Traducción y medios de comunicación al trasluz […]
Hikma 20 (2) (2021), 255 - 277
favor del cambio político y social (Inghilleri, 2010, p. 154). No por
casualidad, desde los estudios LGTB+ se apuesta por el afianzamiento de
las relaciones transnacionales en el reconocimiento e inclusión de otros
perfiles sexuales en otras partes del mundo para entender la formación de
diferentes identidades LGTB+ y para considerar, además, «possibilities for
transnational political alliances between such groups marginalized from
national cultural life» (Puri, 2002, p. 436).
No obstante, la dimensión ideológica que subyace a las decisiones
que toma el traductor al (re)crear conocimiento (Wolf, 2010, p. 38) no ha
pasado desapercibida para los estudios de traducción; muy al contrario, los
avances académicos amparados bajo el giro cultural (Bassnett y Lefevere,
1990), primero, y el giro del poder (Tymoczko y Gentzler, 2002),
posteriormente, han permitido «explore the specific situation in which
institutions of power have had an impact on translation activity and the
resulting impact that translations have had on the development of culture»
(Gentzler, 2002, p. 197). Ante este poder escondido en cualquier
reescritura, entendemos junto a Bielsa (2005, 2006) que la globalización,
también en el ámbito de la sexualidad, puede y debe leerse desde la óptica
de la traducción como vía que permite la comunicación cuasi instantánea en
contextos que requieren superar barreras lingüísticas y culturales para
posibilitar la conectividad global.
En este marco globalizado el cosmopolitismo y la hibridación influyen
en gran medida en la producción de información y en la traducción como
actividad global (Valdeón, 2010, p. 153). Su importancia llega hasta el punto
de que consideramos, junto a Gentzler (2012), la traducción como un
componente fundamental sobre el que se sustentan las sociedades
actuales, profundamente interconectadas. Sin embargo, Bielsa (2015, p.
371) incide en el papel dominante de las sociedades anglófonas y en los
flujos de información (traducida) que la sociedad de la información impone,
lo que, sin duda, nos lleva a considerar el poder que la perspectiva
occidental, con Estados Unidos a la cabeza, ostenta frente al resto del
planeta. La labor que puede desempeñar el traductor como agente que
replica y apuntala narrativas que favorecen la hegemonía cultural, política y
económica del gigante americano es manifiesto, especialmente si está
implicado en la circulación de narrativas localizadas en la cultura
estadounidense entre públicos que mantienen perspectivas diversas sobre
el mundo (Baker, 2006, p. 37).
El ámbito de la sexualidad no escapa tampoco a estos procesos y
diversos autores (cf. Jackson, 2009, pp. 358-359) han estudiado cómo la
globalización, movida por el capitalismo, consigue imponer una visión
anglocéntrica que domina y homogeneiza las identidades LGTB+ en todo el