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BATCHELOR, KATHRYN. TRANSLATION AND PARATEXTS.
TRANSLATIONS THEORIES EXPLORED SERIES EDITOR: THEO HERMANS
LONDON, NEW YORK: ROUTLEDGE, 2018, PP. 201, ISBN 978-0-
8153-4922-8
Como señala Kathryn Batchelor en la introducción de este libro
publicado en inglés, el concepto de paratexto que propuso Genette es un
tema que aún no se ha abordado en profundidad como debiera, ni tampoco
se ha llevado a cabo un estudio de la evolución de tal concepto de forma
exhaustiva y eminentemente práctica abriendo el campo de investigación
hacia disciplinas o géneros como los medios audiovisuales en la era digital, o
aquellos aspectos controvertidos como la categorización paratextual que
proponía Genette en base a elementos pragmáticos, funcionales, temporales
o situacionales. En líneas generales, Kathryn Batchelor da respuesta a
diversas preguntas interesantes entre las que caben resaltar la pertinencia
del concepto de paratexto hoy en día, el ámbito de aplicación de los
paratextos, las funciones o características que conllevan asociadas los
paratextos, en qué aspectos influyen los paratextos, en base a qué criterios
deben seleccionarse los paratextos para formar un corpus de estudio, o si es
factible aplicar el estudio de la paratextualidad a la traducción y a los medios
de masas de comunicación en la era digital o qué matices hay que introducir
para validar este concepto.
Así, para encontrar respuesta a estos interrogantes, Batchelor
estructura su trabajo en tres partes bien diferenciadas, divididas a su vez en
tres capítulos cada una. Sobre todo, este libro resulta una fuente interesante
en el campo de los estudios de la traducción y la paratextualidad o las áreas
poco exploradas que conllevan la digitalización de contenidos culturales, los
medios de comunicación de masas u otros productos audiovisuales, para los
que el concepto de trascendencia y paratextualidad puede presentar cierta
problemática de base. Batchelor (2018, 142) determina que un paratexto
debe entenderse como un umbral elaborado de forma consciente respecto
de un texto concreto, que tiene potencial para influir en la forma en que se
recibe dicho texto” (Batchelor 2018, 142), ya se trate de una obra literaria,
audiovisual, una traducción, noticias, en formato impreso o digital e
independientemente del autor que lo realice o la función que persiga.
Dicho lo cuál, en la primera parte de este libro, Batchelor aborda
aspectos clave del trabajo de Genette en Seuils (1987), los cuales son una
pieza fundamental para entender los orígenes de los estudios de la
paratextualidad, a pesar de que esos primeros trabajos estaban más en
consonancia con la relación de los paratextos y los textos literarios, o incluso
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con la posible relación entre las artes y la literatura. Batchelor concluye que
Genette adopta una visión de la traducción que no ignora por completo las
posibilidades de toma de decisiones y que conllevan una carga importante de
significado que va asociada a los procesos de traducción, aunque por otra
parte tiende a una visión conservadora de los cambios producidos por la
traducción, considerando las traducciones como sinónimo de ediciones
posteriores de un TO, lo cual es una postura contraria a la concepción de la
traducción que prevalece en la actualidad, según la cual ésta se considera un
proceso creativo de reescritura (Batchelor 2018, 21). Batchelor incide en
aquellos aspectos problemáticos que se han omitido o en los que no se ha
profundizado como son la cuestión del texto y paratexto, pues para Genette
el texto es algo inmutable. Batchelor argumenta que el texto es algo dinámico
en la era de los libros electrónicos, donde no tiene cabida pensar en un texto
estático o inmutable si hablamos de libros digitales que se reeditan, o de otros
formatos como series, películas, periódicos o videojuegos, y señala además
la existencia de posibles elementos periféricos como pueden ser (campañas
promocionales, créditos, pósters, trailers) que son determinantes a la hora de
conferir significado al producto (ya sea película, video juego, siguen siendo
portales, umbrales que están relacionados con la recepción) (Gray, 2010).
Otro aspecto controvertido es que el traductor sea considerado autor del
proceso de traducción, pero no lo sea respecto del producto final,
entendiendo al traductor como un aliado del autor del TO. Batchelor recoge
la propuesta de autores que inciden en el hecho de que el estudio de los
paratextos no puede ser un sustitutivo de un análisis textual de la traducción
(Tahir-Gürçağlar, 2011) o de otros reclaman un lugar específico para las
traducciones, considerando estas como un texto por derecho propio (Dean-
Cox, 2014) introduciendo una tercera categoría que “denota el material de
autoría del traductor, por oposición al autor, al editor o a un tercero” (Batchelor
2018, 30). Como señala Batchelor, uno de los problemas cruciales de las
ideas de Genette surge con “el autor” del paratexto y el nivel de “autoridad o
fidelidad con la intención del autor”, lo que Batchelor rebate pensando en una
época en la que todo y todos estamos hiperconectados a través de redes
sociales y plataformas de contenido en la que interacciones e influenciamos
en mayor o menor medida. Pero además de esa intención de influenciar al
receptor, la autora menciona la pertinencia de analizar la relación que existe
entre el elemento paratextual y el agente del mismo, así como la conexión
entre fidelidad y el carácter de lo que se considera oficial en cuanto a la
realización de un paratexto. Estas afirmaciones generan según la Batchelor
contradicciones en la propia definición de paratexto ya que entran en conflicto
con el criterio de responsabilidad del autor y la definición de epitexto (quienes
son los aliados del autor y cómo debe ser la relación entre ambos), por lo que
existe un conflicto de ideas que cobra especial relevancia en la era digital, lo
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que también nos lleva a replantearnos el concepto de texto como elemento
dinámico e interactivo (Batchelor 2018, 22).
En el segundo capítulo, Batchelor también analiza el hecho de que el
concepto de paratexto en traducción se ha definido en términos materiales o
bien se ha obviado dicha definición, para sortear aspectos problemáticos
como la autoría de la persona que realiza el paratexto, ya que por ejemplo,
surgen discrepancias al estudiar el carácter paratextual de los prefacios
alográficos de los traductores, las notas de los traductores que se incluyen en
las traducciones, la traducción de títulos, las memorias de traducción,
diálogos entre autor y traductor, etc. Es decir, el tema de la autoría y la
legitimidad del comentario que emana del concepto de paratexto en términos
de Genette suele omitirse o pasarse de puntillas cuando se trata de adaptarlo
a otras disciplinas (Batchelor 2018, 28). Asimismo, la autora resalta las líneas
de investigación en el ámbito del concepto y del contexto del término
paratexto, presentando los estudios existentes en relación a la historia de la
traducción y los agentes que llevan a cabo la traducción de los paratextos, ya
sean los propios autores, traductores o editores, poniendo en relación el
concepto de paratexto y traducción que debaten varios autores (Benjamin
1968, Dean-Cox 2014, Dueck 2014, Santonie 2007), sopesando las
implicaciones que pueden tener el hecho de entender la traducción como un
mero paratexto subordinado al servicio de un TO (Tahrir 2002) o entendiendo
estas como textos por derecho propio no inferiores en jerarquía respecto al
TO, sino entendiéndolas como miniecosistemas (Boni 2016), o hablando
también del uso de los paratextos en el ámbito de los estudios de los medios
de masas y comunicación, o formatos digitales (Boni, Jones, Gray, Pesce y
Noto). Otro de los aspectos importantes que Batchelor comenta en este
apartado es que ninguno de los estudios llevados a cabo hasta el momento
por críticos de la teoría de Genette se hayan ocupado de los puntos oscuros
relacionados con la definición de paratexto en conexión con la función que
persigue el autor. Además, enfatiza el interés de los paratextos en el campo
de los estudios de traducción desde un enfoque multidisciplinar que permita
entenderlos como documentos que posibiliten una investigación histórica de
la traducción, que permitan analizar el papel y la visibilidad del traductor (ya
sea con un cariz positivo o negativo), que sometan a estudio la influencia que
puede tener en la imagen del autor o de estereotipos en el contexto
sociocultural receptor, la relación que existir en materia de género o incluso
un análisis de quién es quién realiza el paratexto, es decir, la autoría desde
un punto de vista oficial o no.
En el tercer capítulo y para cerrar la primera parte del libro en el que
expone los estudios previos sobre el tema, Batchelor enfoca su discusión en
la aplicación del concepto del paratexto al mundo digital y a los medios de
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comunicación de masas. La autora de este libro deja claro que deben
considerarse algunos aspectos de la teoría de Genette que presentan ciertas
flaquezas como la intención del autor que escribe paratexto en una época en
la que como decía Foucault o Barthes el autor prácticamente ha muerto, pues
no hay un autor, sino el autor se diluye en una masa de seguidores
incondicionales en plataformas y redes sociales; por lo tanto es necesario
replantearse el fenómeno editorial de hoy en día hace que nos encontremos
inmersos en una realidad muy distinta de la de que nos podíamos encontrar
a mediados del siglo pasado, con un modelo económico diferente, con la
difusión de internet, por lo tanto la autoría reconocida y la responsabilidad de
lo que se dice en esos paratextos de la era digital: el contenido editorial, la
dinamización del contenido, el cambio constante, la interacción a través de
algoritmos que conllevan una respuesta prefijada y personalizada, la
estructura del espacio en referencia al paratexto (off-line, on-line, in-file), la
implicación de los derechos digitales (DRM), la indexación en motores de
búsqueda o la difusión de comentarios en las redes sociales en las que las
que dichas opiniones corroboran la calidad del texto (Nottingham-Martin
2014, McCracken 2013, Vitali-Rosati 2014).
Batchelor (2018, 59) señala que Gray (2010) adopta la terminología de
Genette apelando al concepto de paratextos y paratextualidad y señala que
aquellos elementos periféricos como pueden ser (campañas promocionales,
créditos, pósters, trailers) son determinantes a la hora de conferir significado
al producto (ya sea película, video juego, siguen siendo portales, umbrales
que están relacionados con la recepción). Por otra parte, también se interesa
en la visión que Consalvo (2007) y Jones (2008) adoptan para hablar de los
videojuegos, un enfoque más amplio de la teoría de Genette para dar cabida
a otro tipo de materiales creados por los seguidores de la industria más que
los propios creadores oficiales. Además, ofrece una sucinta tipología de
textos originariamente digitales según la categorización de Pesce y Noto
(2016) y una recopilación de las características de los paratextos en este
contexto de los medios de la era digital que muestran diferencias y
peculiaridades respecto de otros neros o formatos. En el caso de la autoría,
Batchelor apunta que cuando pensamos en los medios de masas hay que
tener en cuenta ciertas distinciones entre aquellos creados por la industria y
aquellos creados por los fans (oficiales y no oficiales), segundo grupo en el
que en referencia a los videojuegos se incluyen las guías, trucos, pero
ninguna de estas categorías establece una oposición entre autor y usuario
(autoría y quién es el responsable, autoría y origen), marcas, complejidad de
todos los participantes implicados lo que muchas veces hace que estos
paratextos se estudien desde la perspectiva de función en lugar del autor (61).
Otro punto interesante a tener en cuenta cuando se estudian estos paratextos
es su carácter efímero dada su duración y su disponibilidad, lo que hace que
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a veces no se tengan en cuenta para posibles análisis en un futuro.
Relacionado con el punto anterior y citando a Gray (2016) y a Jones (2008),
Batchelor habla de la temporalidad y de cómo el significado se construye en
un contexto dinámico, global, cooperativo y social si nos centramos en el caso
de los videojuegos. Otra idea que se recoge es la de jerarquía y proliferación,
de modo que, aunque no se descarta del todo la idea de central y periférico
de Genette, que se cuestionan las ideas de Genette en cuanto a jerarquía
entre texto y paratexto, se entiende que están integrados en la experiencia y
en la comunidad, llegando incluso a superar al propio texto. Resulta harto
complicado concebir el término paratexto en términos de correlación absoluta
con el TO, sino s bien como parte de un miniecosistemas (Boni, 2016).
Asimismo, la variabilidad de los paratextos y los servicios a la carta, junto con
los algoritmos y la experiencia centrada en el usuario hacen que el concepto
y el alcance de los estudios paratextuales difieran de las ideas que postuló
Genette o que nos hagan preguntarnos qué paratextos alcanzan mayor
público. Por otro lado, Batchelor también recoge en este capítulo el tema del
paratexto en relación con aquellos elementos que se utilizan para designar
los titulares dentro del texto informativo entendiendo estos también como
umbrales que permiten acceder al mensaje, en base al formato y la estructura
como partes del análisis del discurso, a la etiqueta de la sección en la que
aparece o en función del formato (digital o impreso).
En el cuarto capítulo, la autora plantea un estudio de las traducciones
vertidas al inglés de Nietzsche demostrando que, la etiqueta de "traducción
autorizada” puede generar ciertas expectativas (comerciales, morales)
fundamentalmente engañosas para los lectores del TM o incluso
completamente antagónicas con las ideas del autor del TO, ya que la
liberalidad con la que se utiliza la etiqueta “traducción autorizada” tiene un
impacto real en la recepción de la obra, entendida esta como transmisión de
las ideas, como ocurre en el caso del análisis de las traducciones de Levy
que presenta Batchelor, pues parece que el adjetivo “autorizada” otorga en
este caso un estatus favorable por mantener conexión directa con un pariente
del autor del TO, más que por la capacidad del traductor para llevar a cabo el
proceso de traducción. Así, surgen obras traducidas que ofrecen una
interpretación sesgada acorde con los ideales de terceros que con el propio
pensamiento del autor. Esto influye en la recepción del autor en la cultura
meta hasta que Walter Kaufman se preocupó de rehabilitar su imagen y poner
en duda la etiqueta de “traducción autorizada”. Por otra lado, en este capítulo
también se exponen aspectos como la relación entre traductor y autor, la
autotraducción o incluso la transferencia que se da cuando el propio autor del
texto se encarga de narrar un audiolibro, o que los paratextos como pueden
ser los prefacios de las obras traducidas funcionan de forma similar a los
paratextos de las obras originales, de modo que posibilitan un acceso a las
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ideas del autor y conllevan un impacto en la reputación del mismo, pues
modelan la forma en que el futuro lector de la cultura meta lo entenderá.
El análisis paratextual de Batchelor (2018, 101) del quinto capítulo,
encontramos una serie de textos pertenecientes a monografías sobre de
estudios de traducción extranjeros disponibles en China para arrojar luz sobre
las dos posiciones antagónicas en las que se contrapone una visión negativa
acerca de esa occidentalización” intelectual con la introducción de estos
modelos. Los resultados revelan que esas publicaciones “supuestamente
occidentalizadas” pretenden beneficiar a China (103) mediante una
transferencia del conocimiento (Richard Hua Li 2003) que no amenaza
necesariamente a la identidad nacional o de una marca del imperialismo
occidental.
El último caso que incluye Batchelor conforma el sexto capítulo del libro
en el que muestra cómo ha cambiado la recepción de productos
audiovisuales procedentes de la televisión extranjera, ya que mientras que en
un principio los espectadores más convencionales de la audiencia británica
contemplaban el subtitulado de series extranjeras con reticencia y
desconfianza, ese miedo se tornó poco a poco en una actitud más positiva
que entendió esa práctica como algo positivo, como una garantía de calidad
y sofisticación que incluso confiere atractivo especial al producto (Batchelor
2018, 118). Uno de los detonantes de este cambio subyace en la aparición
de lo que Batchelor denomina “curated programming” o programación a la
carta en plataformas digitales, que puede entenderse como una experiencia
personalizada, basado en la ilusión de una recomendación única e irrepetible,
cuidadosamente seleccionada, organizada y presentada por un experto
acreditado que conoce la materia (Batchelor 2018, 121), que conlleva una
comunidad interactiva de espectadores, basada en la supuesta conexión
interpersonal, de modo que contribuye a la imagen y a la creación de una
marca (Batchelor 2018, 124).
En la tercera parte, Batchelor presenta un marco teórico construido a
partir de las bases y aspectos comentados en las partes precedentes con el
fin de analizar y estudiar los paratextos y el concepto de paratextualidad
aplicada la traducción, mediante la adaptación de la terminología a otras
disciplinas para solventar aspectos problemáticos como era la autoría o
localización del paratexto, la creación de tipologías que permitan categorizar
los paratextos, las características asociadas o las funciones a las que están
destinados, incluyendo una adaptación de la categorización que propone
Rockenberg (2014) y que supera “la simple intención autorial” de Genette.
Así, Batchelor afirma que las funciones asociadas a los paratextos pueden
ser de tipo referencial, autoreferencial, decorativa, genérica,
metacomunicativa, hermenéutica, ideológica, evaluativa, comercial, o legal y
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deja la puerta abierta a futuros estudios o adaptaciones de su propuesta.
Batchelor ha conseguido un doble objetivo al demostrar las complejidades
que conlleva el desarrollo de tipologías adecuadas para la exploración de los
paratextos en el campo de la traducción y ha contribuido al desarrollo de
herramientas que permitan clasificar y adoptar enfoques sistemáticos para el
estudio de los elementos paratextuales. Batchelor aboga por el uso del
término paratexto en detrimento de otras posibilidades en base a que
entiende el paratexto como una tradición establecida de uso en una serie de
disciplinas con las que se cruzan los estudios de traducción, así como dentro
de los propios estudios de traducción, de modo que al seguir utilizando el
término paratexto se mantiene un compromiso explícito con los desarrollos
teóricos que han tenido lugar desde los orígenes Genette hasta desembocar
e incorporar la investigación y los resultados que aporta en esa tradición
(Batchelor 2018, 142). A pesar de la definición más flexible de paratexto que
ofrece Batchelor (2018, 139) puede plantearse la duda de qué debe incluirse
en un corpus de paratextos y qué debe dejarse fuera, paratextos centrados
en la producción, en la recepción, aquellos fruto de los seguidores como
creadores de contenido ligado al TO o de los productores que buscan
conscientemente manipular a los lectores o espectadores, las dedicatorias o
los materiales que hacen pensar en una experiencia personalizada, como se
apuntaba en el estudio de caso de las plataformas de televisión a la carta y
subtitulado del capítulo sexto. Por ejemplo, en el caso de prefacios o
paratextos que nunca se publicaron y que tampoco se concibieron de cara al
lector o el espectador meta es necesario centrar el foco de atención en aquel
del aspecto que se quiere investigar, y así dependiendo de si el interés radica
en la recepción o en la producción del paratexto poder dirimir si es necesario
o no incluir estos materiales dentro del corpus paratextual. Batchelor
conseguir puntualizar conceptos como paratexto,texto, extratexto, metatexto,
epitexto, paratraducción y adapta la tipología de Genette ampliando las
características que acotan el concepto de paratexto como el poco adecuado
de espacio en base a uno más dinámico y flexible como el que propone
(Stewart’s 2010 , McCracken 2013 o Dunne 2016) o de sustancia para
concebirlo como algo que tiene un modo de expresión propia cuya
materialización cobra sentido en el ámbito público, el función de la
temporalidad, de los creadores y receptores del paratexto o de las funciones
que Rockenberg (2014) apuntaba y que Batchelor matiza: referencial,
autoreferencial, decorativa, genérica, metacomunicativa, informativa,
hermenéutica, ideológica, evaluativa, comercial o legal (Batchelor, 2018).
Batchelor es capaz de abrir las puertas al lector a un viaje complejo
explicando una problemática con claridad de forma práctica, fundamentada,
multidisciplinar, sistemático y concisa, introduciendo matices que permiten
traspasar umbrales que facilitan la investigación a la vez que dilatan el campo
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de investigación en la era digital en la que es necesario utilizar un diálogo
interdisciplinar. De modo magistral, la autora consigue acercar y simplificar
un tema interesante que enriquece y complementa desde el rigor con diversos
enfoques, con la recopilación de estudios de varios autores a los que aporta
sus propios comentarios y análisis de corpus paratextuales.
[MIRIAN SOLEDAD TRIGUEROS DE LA FUENTE]