
Antonio José de Vicente-Yaguë Jara y Víctor Tomás Pérez 71
Hikma 21 (2) (2022), 65 - 90
3. LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA SOBRE ASTRONOMÍA EN LA FRANCIA DEL SIGLO XIX
La difusión de saberes científicos supone un progreso de la civilización,
pero este tipo de conocimientos solo ha estado al alcance de unos pocos
hasta hace relativamente poco. En Francia, la ciencia se volvió
considerablemente más accesible con la llegada de la Ilustración a mediados
del siglo
XVIII, permitiendo la publicación de obras que llegaron más allá de la
aristocracia y la alta burguesía, como la Encyclopédie de Diderot y
D’Alembert, una compilación de todos los conocimientos que pudieron
recogerse hasta la fecha, algunos de los cuales fueron considerados
controvertidos. Su intención era la de instruir al pueblo, lo cual representa una
de las ideas de la Ilustración: la necesidad de combatir el oscurantismo y
satisfacer la curiosidad, de informar al ciudadano de sus derechos y de
familiarizarlo con el progreso científico. Aun así, el conocimiento de ciencias
como la astronomía seguía siendo poco asequible para un público general,
no solo por el desembolso económico que implicaba la adquisición de libros
de este tipo, sino por la elevada dificultad de las obras, que seguían estando
destinadas a un público con amplios conocimientos de física y matemáticas
(Bensaude-Vincent, 1993).
Afortunadamente, la divulgación de la astronomía evolucionó tras la
Revolución francesa y a lo largo del nuevo siglo. Pierre-Simon Laplace (1749-
1827) marcó un antes y un después al publicar su obra Exposition du système
du monde (1796), un tratado de astronomía sobre los descubrimientos que
se habían realizado hasta entonces del «sistema del mundo», es decir, del
conjunto de cuerpos celestes conocidos (Sol, planetas, estrellas, satélites,
cometas...). Laplace concibió esta obra para un lector no especialista: los
conocimientos requeridos para comprender los contenidos de la Exposition
du système du monde no eran tan avanzados como los que se necesitarían
para entender su Traité de mécanique céleste (1798-1825), un compendio de
sus estudios de mecánica celeste, estructurado en cinco volúmenes (Le Lay,
2002).
Por aquel entonces, los estudios de astronomía en Francia dependían
principalmente de dos instituciones: la Académie des sciences y el Bureau
des Longitudes. La primera de estas era un organismo rígido y cerrado,
dependiente del Estado, que defendía el profesionalismo y las prácticas
ortodoxas. En contraposición, François Arago, como director del Bureau des
Longitudes (1812-1840), creó el concepto de «astronomía popular»,
convencido de que se podían enseñar abiertamente las teorías modernas de
la astronomía a un público aficionado de manera simplificada. De 1813 a
1846, Arago dio clases públicas de «astronomía popular», en el anfiteatro del
Observatorio de París, el cual dependía de la institución que dirigía (Nieto-
Galán, 2006). Más adelante, comenzaría a publicar el Annuaire du Bureau