
Rosalía Villa Jiménez 13
Hikma 22(2) (2023), 9 - 33
mientras que a los miembros de la clase campesina se les recordará por su
anonimato, por lo que se puede decir que: Elegy written in a country
churchyard «conflates the limitations of poverty with the enervating force of
death» (McKendry, 2012, p. 104).
Estos oprimidos nunca formarán parte de los anales de la historia, y
solo se les rememorará en un sentido obscuro, es decir, como aquellos que
nunca existieron, puesto que, como afirma Weinfield (1991): «the unknown
peasantry are condemned by their socio-economic limitations to a state of
“death-in-life”» (p. xix). McKendry (2012) explica que la obra de T. Gray
acentúa el silencio al que los campesinos están sometidos y que esta
circunstancia debería fomentar la transformación de las instituciones de
poder, pues T. Gray tilda la necesidad de empatizar y tomar conciencia de la
segregación del campesinado: «It is the situation of the poetic environment,
markedly removed from those institutions capable of producing sound, that
effectively silences the uncouth peasants» (McKendry, 2012, p. 102). Para
estos desdichados, la muerte no es sino el siguiente inevitable estadio de
reposo que prosigue a su inexistencia, a su invisibilidad: «the poor and simple
die […] with the minimum of fuss» (Edwards, 1971, p. 126).
El poema y, en concreto, las tres últimas estrofas se pueden interpretar
como una rememoración canalizada tanto por el medio escrito como el oral,
creando, así, los anales de los olvidados y silenciados de noble espíritu, de
los subyugados servidores del orden capitalista y estamental. Asimismo,
realza los posibles grandes talentos que la alta alcurnia haya eclipsado con
sus himnos de gloria y que la penuria y, finalmente, la muerte les ha
arrebatado: «Full many a gem of purest ray serene / The dark unfathomed
caves of ocean bear: / Full many a flower is born to blush unseen / And waste
its sweetness on the desert air» (T. Gray, 1834, vv. 53-55). En esta tesitura,
Clymer (1995) enuncia que: «the silent voice of the tombstone, otherwise inert
language, is heard when it is read» (p. 348). Manlove (1978) secunda esta
idea y expone que: «indeed, he [Gray] has written his poem as a further
epitaph (the title he first gave it) and disseminator of fame» (p. 155). Quizás,
entre estos aldeanos se pudo haber hallado: «some village-Hampden, some
mute inglorious Milton, some Cromwell guiltless of his country’s blood» (Gray,
1834, vv. 57-60). Con estos enjundiosos versos, T. Gray alcanza al público
iletrado y al ilustrado, y enfatiza su intención de disipar el anonimato de la
clase campesina, de virtudes loables.
Para concluir, T. Gray atesora los tópicos que conforman los géneros
poéticos de la poesía de la naturaleza, la elegía fúnebre y la poesía del
cementerio, y los amolda, con excelencia, al culto de la sensibilidad
prevalente en la segunda mitad del siglo
XVIII, una etapa a caballo entre la
corriente neoclásica augusta, formalista y racionalista, y el sentimentalismo