
46 Estudio panorámico sobre la traducción accesible en España: evolución […]
Hikma 22(2) (2023), 35 - 60
no hay imágenes en movimiento y en las que la experiencia táctil, o
nuevas tecnologías que simulen este tipo de experiencia, tiene una
gran importancia.
c) AD en directo o semi-directo: de obras teatrales, musicales,
ballet, opera, deportes y otros espectáculos similares. También
entran dentro de esta categoría los congresos y cualquier
manifestación pública como los actos públicos. (p. 50)
En general, puede afirmarse que la AD suele ser intralingüística,
aunque se encuentran también ejemplos interlingüísticos. En algunos casos,
se trata de traducciones de las AD originales. Estas no están libres de
polémica, pero diferentes estudios enfatizan que este método supone un
ahorro significativo de tiempo (Jankowska, 2015), aunque haya que cotejar el
resultado final con la película original. Por otra parte, señala Romero (2019)
que la AD es «the access mode that filmmakers might find the strangest of
all» (p. 172), seguramente porque las películas están concebidas como
sucesiones de imágenes y esta modalidad de TAV las convierte en
secuencias de palabras. Al igual que otras formas de traducción, la AD existe
desde hace muchos siglos, tantos que afirma Benecke (2004) que esta es
«as old as sighted people telling visually impaired people about visual events
happening in the world around them» (p. 78). Matamala (2019) menciona
también que en la antigua Grecia ya se practicaba mediante la figura de la
Ekphrasis, es decir, la descripción en voz alta de un objeto u obra artística.
De forma profesional, se originó en representaciones teatrales en los años
ochenta en EE. UU. y la primera película audiodescrita fue Tucker (Coppola,
1988; Limbach, 2012, p. 11).
En España, los seriales radiofónicos narrados que en los años cuarenta
se retransmitían en Ràdio Barcelona y Ràdio Miramar pueden también
considerarse antecedentes, aunque no se crearan con el objetivo de ser
accesibles para la población invidente (Orero, 2007, p. 147). Su
profesionalización está muy ligada a la ONCE, que en 1988 llevó a cabo el
proyecto «Sonocine», desde el que se comenzó a audiodescribir películas
para el público español invidente. La primera que se presentó audiodescrita
fue El último tango en París (Bertolucci, 1972). A esta le siguieron Casablanca
(Curtiz, 1942), Home alone (Columbus, 1990), Tacones lejanos (Almodóvar,
1991), Basic instinct (Verhoeven, 1992) y Belle époque (Trueba, 1992)
(Hernández y Mendiluce-Cabrera, 2004, citados en Talaván et al., 2016, p.
171), un variopinto abanico que incluye comedias, cine clásico, cine de autor,
grandes éxitos, etc.
Aunque existen diferentes tipos de ceguera, la práctica más extendida
es la de «realizar una AD que contempla las necesidades de las personas
con ceguera total» (Díaz, 2006, p. 16). Al igual que con los subtítulos, existen