
Sánchez Herrero y Reverter Oliver 63
Hikma 22(2) (2023), 61 - 102
153010 (AENOR, 2012)– para tratar de mejorar la coexistencia de estos tres
parámetros. Por ejemplo, el uso de iconos, en lugar de las tradicionales
didascalias, se ha propuesto como alternativa con el objetivo de reducir la
carga de caracteres y, así, mejorar la velocidad de lectura. Entre algunos de
los trabajos más destacables, podríamos citar los estudios descriptivos de
Neves (2005 y 2009), Civera y Orero (2010) o Hersh y Ohene-Djan (2010), o
los de recepción de Arnáiz-Uzquiza (2012), Mascow (2015a y 2015b),
Tamayo (2015), Tsaousi (2016a y 2018) y Rica (2019). Con todo, las
propuestas sobre el uso de iconos a menudo no han dado los resultados
esperados y, por el momento, parece que este recurso no se emplea con
demasiada frecuencia en la práctica. Por ejemplo, el estudio sobre el
movimiento ocular desarrollado por Arnáiz-Uzquiza (2012, p. 114) demostró
que los iconos pueden mejorar la comprensión y el tiempo de lectura, aunque
suelen pasar desapercibidos para los espectadores. En el proyecto llevado a
cabo por Rica (2019, p. 10) durante dos años consecutivos, estudiantes de
grados universitarios de la rama lingüística elaboraban SPS con iconos, los
cuales eran evaluados por personas sordas posteriormente. Aunque, en
general, los resultados sobre la SPS realizada por los universitarios fueron
positivos, el uso de iconos en concreto se valoró negativamente los dos años
seguidos –con resultados algo mejores en el segundo año–. También, en
investigaciones realizadas en Alemania, los participantes rechazaron los
iconos, a pesar de que aportaban mejores resultados en la comprensión y la
velocidad de lectura (Mascow, 2015a y 2015b). En su investigación, Tamayo
(2015) extrae la conclusión de que el uso de iconos, junto con la omisión de
efectos sonoros cuando se considera que se pueden inferir de la imagen,
permite espaciar la lectura del subtitulado sin que repercuta en una peor
comprensión. Esto nos sugiere que los iconos podrían ser beneficiosos en la
SPS, no solo porque permiten entender mejor la información, sino por la
reducción de caracteres que conlleva su uso, lo que supone un ahorro de
tiempo en la lectura de didascalias que puede dedicarse a la lectura del
discurso de los personajes o al visionado de la imagen. Por su parte, el
estudio de Tsaousi (2018) revela que el uso de estrategias verbales o no
verbales para la representación de efectos sonoros no afecta al enganche ni
al disfrute de una obra –aunque nos preguntamos si los resultados serían
similares cuando el efecto sonoro coincide con el diálogo de los personajes,
como sucede en el vídeo que empleamos en esta investigación–. Pese a que
el uso de iconos no se valide como una forma más efectiva, sí se demuestra
que no produce resultados negativos en la experiencia narrativa, por lo que
esta autora considera que puede ser una herramienta igual de eficaz que las
didascalias tradicionales.
Al hilo de lo anterior, se ha de tener en cuenta que, mientras el público
oyente percibe la información de los productos audiovisuales mediante los