ISSN: 1579-9794
Hikma 22(2) (2023), 331 - 335
LEE, TONG KING AND WANG, DINGKUN (EDS.). TRANSLATION AND
SOCIAL MEDIA COMMUNICATION IN THE AGE OF THE PANDEMIC. NEW
YORK, ROUTLEDGE, 2022, 117 PP., ISBN 978-1-032-02558-2
Huelga decir que la pandemia por la COVID-19 ha afectado a muchos
ámbitos de nuestras vidas. En un momento de crisis sanitaria mundial en el
que las decisiones que han tomado los gobiernos ya sea a nivel local,
nacional o internacional han estado marcadas por una infodemia, es
relevante y necesario analizar la circulación de la información y la
comunicación durante los momentos de crisis.
Sin duda, la medida de prevención que muchos recordaremos con
mayor temor es el confinamiento, ya que acostumbrábamos a habitar un
mundo en movimiento y conexión. Sin embargo, la reclusión que nos mantuvo
en casa dio lugar al uso constante de espacios comunicativos a los que solo
accedíamos ocasionalmente en determinados contextos. Tras años de
derribo de diferentes fronteras, nos encontramos en un contexto de
aislamiento en el que nos relacionamos y comunicamos a través de los
medios digitales.
En este contexto surge el volumen editado por Tong King Lee y
Dingkun Wang con la intención de mostrar los procesos de información,
comunicación y traducción en las redes sociales durante la pandemia. Los
propios editores abren el libro con una introducción en la que describen la
situación comunicativa durante la pandemia. Así, los autores abordan puntos
como la seguridad, el control sobre los cuerpos o el sentimiento de
distanciamiento en relación con la circulación de información y con las formas
de comunicación. Asimismo, presentan a los autores que participan en el
volumen y aglutinan los capítulos en tres bloques temáticos: la comunicación
como traducción, la traducción como comunicación y la comunicación tras la
COVID-19.
Al igual que el propio contexto en el que se centra esta antología
dispar y cambiante, los capítulos nos muestran las aristas de la pandemia
con teorías y enfoques analíticos muy diversos. No obstante, el hilo conductor
de toda la obra conjuga tres temas principales: la traducción, las redes
sociales y la pandemia.
En el primer capítulo, Susan Bassnett comienza utilizando la eco-
translation de Michael Cronin (2017) para analizar los cambios en la
comunicación con la llegada de la pandemia y relaciona el estado en el que
se encuentran millones durante la crisis con el espacio intermedio propio de
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la traducción. Un espacio en el que tratamos de negociar entre la forma de
vivir previa a la pandemia con el nuevo contexto que habitamos. De hecho, a
lo largo de todo el volumen, diferentes alusiones a la noción de espacio serán
otra constante pues, aunque el propio título de la antología nos guía hacia lo
virtual, resulta indispensable aludir a otros espacios cotidianos (como el
académico o el laboral) para describir las diversas situaciones comunicativas
en las que ha incidido esta crisis.
La autora contrasta esta pandemia con epidemias y situaciones de
crisis anteriores para llegar hasta la actualidad y describe Zoom como
protagonista de nuestros intercambios cotidianos. No solo se centra en el uso
de nuevas herramientas, sino que compara los cambios en la comunicación
provocados por la pandemia con otros previos motivados por avances en las
tecnologías de la información y la comunicación. A pesar de ello, no aparta la
vista del contexto actual para argumentar las consecuencias del aislamiento.
Así, llega a cuestionarse cuál es el papel que ejerce el traductor en esta
situación, sobre todo, dado el auge de las herramientas de traducción
automática. Los estudios de traducción, que durante años se han esforzado
por servir de puente entre fronteras de diverso tipo, o incluso por derribarlas,
tienen ahora que buscar su lugar en un momento en el que se han construido
otras de muy diversa índole. Para Bassnett, este período será significativo en
el futuro, pues ha puesto en jaque los sistemas de comunicación actuales y
supuesto un cambio trascendental en la forma de relacionarnos. De esta
manera, la autora finaliza dejando abiertas diversas cuestiones, como las
ventajas del cese de la circulación de vehículos en el medio ambiente, o las
consecuencias del confinamiento en la salud mental.
Con un enfoque diferente, José van Dijck y Donya Alinejad convienen
que las redes son un arma de doble filo en la comunicación sanitaria, en tanto
pueden utilizarse con diferentes propósitos; bien para contribuir a la
desinformación, bien como herramienta para que la población participe en el
debate público. Su investigación parte de dos preguntas: por un lado, ¿cómo
se utilizan las dinámicas de las redes sociales para socavar o reforzar la
confianza en los conocimientos científicos durante una crisis sanitaria? Y, por
otro, ¿qué significa esto para la comunicación sanitaria como un intrincado
proceso de intercambio de información, debate público y traducción de
conocimientos? Para responderlas, los autores dedican una sección a
comparar las nociones de «transmisión» y «traduccióen la comunicación
sanitaria, esenciales para confrontar después los dos modelos comunicativos
de su análisis: la comunicación desde las instituciones al público y la
comunicación en red (no hay un único agente del que parten los mensajes y
un extenso público que los recibe). Los autores concluyen que el segundo
modelo no sustituye al primero, sino que lo ha transformado. Estas nociones
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serán esenciales a lo largo de la obra pues, aunque se tratan temas y
contextos muy diversos, el modelo comunicativo que plantean se ve reflejado
en el resto de los capítulos.
Anthony Pym y Bei Hu retoman en el tercer capítulo la noción de
confianza. Los autores explican que la relación entre traducción y confianza
no es una cuestión de naturaleza, y desarrollan los matices de la relación
entre ambas nociones. Su objetivo es estudiar los grados de confianza y
desconfianza en las traducciones durante la pandemia en Melbourne. Para
ello, se centran en los diferentes actores e ilustran las formas en las que la
confianza se puede construir, mantener o romper con el análisis y reflexión
de cuatro estudios de caso sobre la distribución de la información durante la
COVID-19 poniendo el énfasis en el papel de las redes sociales. Así,
concluyen que, en el escenario pandémico, las poblaciones monolingües
confían más en la ciencia y el gobierno, es decir, en las fuentes de información
oficiales, que en las redes sociales. No obstante, en contextos multilingües
en los que puede haber bloqueos de comunicación repentinos, los hablantes
de lenguas comunitarias adoptan un comportamiento opuesto y confían más
en las redes sociales que en los medios oficiales.
Estas redes sociales son las mismas que tratan Sharon O’Brien, Patrick
Cadwell y Tetyana Lokot en el cuarto capítulo. Para ellos, nos permiten crear
un espacio virtual paralelo que se hizo necesario en los diversos contextos
de confinamiento. Los autores destacan la importancia de las redes sociales
en la difusión de información traducida a lo largo de la pandemia. Estos
autores coinciden en que la confianza no puede construirse de forma
automática en una crisis, sino que debe establecerse previamente. Al mismo
tiempo, y como resultado de su análisis, concluyen que en estos contextos la
confianza no puede analizarse simplemente en los traductores o intérpretes
profesionales. Esto pone en tela de juicio la noción que se tiene en los
entornos profesionales y académicos de que la traducción profesional es el
único modelo éticamente aceptable en un contexto de crisis, pues esta no
puede ser la única estrategia para situaciones caóticas y cambiantes. Como
explican estos autores, los usuarios de las redes sociales traducen según sus
necesidades de formas muy diversas, por ejemplo, pueden recurrir a
personas cercanas, a sistemas de traducción automática, o pueden eludir la
necesidad de traducir información de sus países de origen, lo que puede dar
lugar a consejos erróneos y peligrosos. Por eso, proponen soluciones
híbridas en las que no se confíe en un solo canal de comunicación. Así,
aconsejan, por ejemplo, una mayor integración de las comunidades en la
información y la comunicación mediante la incorporación de personas
influyentes en las redes sociales que sean parte de una comunidad
determinada y ejerzan como traductores, como «puentes» entre los
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proveedores de servicios y las propias comunidades. No obstante, explican
los autores que son conscientes de los riesgos de esta estrategia híbrida,
pues quienes se presentan como «puentes» pueden no ser necesariamente
aceptados por las comunidades destinatarias o pueden no ser traductores
adecuados de la información.
El quinto capítulo nos lleva hasta un contexto diferente. Desjardins
analiza muy críticamente las traducciones de la información de la pandemia
del gobierno de Manitoba. En estas páginas se demuestra que las estrategias
de comunicación y las políticas lingüísticas que ignoran la importancia de la
traducción tienen consecuencias directas en grupos desfavorecidos que
sufren la insuficiencia informativa y la desinformación en momentos de crisis,
además de exacerbar desigualdades subyacentes respecto a otros grupos,
como los hablantes de amárico/etíope, árabe, cree, español, francés, hindi,
inglés, mandarín, punjabi, tagalo, ojibwe o dene, que representan
comunidades lingüísticas minoritarias y que recibían casi exclusivamente
información básica respecto a la pandemia en su lengua (por ejemplo, sobre
el lavado de manos o la distancia de seguridad).
Su estudio busca analizar cómo la traducción en el contexto pandémico
influye en el acceso a la información desde la perspectiva del usuario. La
autora primero examina las páginas oficiales del gobierno en inglés y francés,
desde donde accede a sus redes sociales para identificar diferentes
estrategias de comunicación y los contenidos tanto traducidos/plurilingües
como no traducidos/monolingües. Así, se centra en la accesibilidad a la
información para los hablantes de lenguas no oficiales. Desjardins muestra
que aquellos lugares con sólidas políticas lingüísticas sobre diversas lenguas
oficiales no garantizan la comunicación multilingüe equitativa, especialmente
en momentos de crisis en los que el acceso a la información es fundamental
para los ciudadanos.
Finalmente, África Vidal Claramonte e Ilan Stavans dialogan en el
último capítulo, en el que tratan los memes como traducciones de internet que
reescriben cuestiones y temas contemporáneos. Cabe señalar aquí el uso
que hace Chesterman (2016) de la metáfora del meme. Por un lado,
Chesterman explica los (super)memes de la teoría de la traducción para
referirse a cinco grandes temas que surgen continuamente en los debates de
los Estudios de Traducción. Por otro lado, y en el sentido que los autores del
capítulo defienden, Chesterman hace algunas afirmaciones generales sobre
los memes culturales a través de la lente de la traducción. Para él, la metáfora
del meme sirve para superar la de la transferencia en la traducción: la forma
en que las ideas se propagan y cambian a medida que se traducen.
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Así, Vidal y Stavans describen los memes como armas de doble filo,
granadas de mano que pueden herir a quienes las lanzan, pues no todos los
memes son hilarantes, divertidos o tienen una intención cómica. Durante la
pandemia, muchos de estos textos multimodales se han compartido
globalmente con diferentes intenciones, contribuyendo, en muchos casos, a
la desinformación bajo el amparo del anonimato de internet. Al igual que las
traducciones, explican los autores, no existen memes completamente
inocentes.
En conclusión, las múltiples perspectivas de estudio que alberga esta
antología ponen de manifiesto que a pesar de tratarse de una pandemia y de
un mismo virus, la forma de acceder a la información y de compartirla ha sido
completamente diferente. Más que eso, las diferencias dentro de un mismo
lugar por motivos lingüísticos son cruciales en tiempos de crisis. Como en
cualquier traducción, vemos que la dependencia del contexto es esencial para
definir las consecuencias en cada caso concreto. Aunque desde hace tiempo
se analiza la diversidad lingüística desde varias perspectivas en los estudios
de traducción, la pandemia por la COVID-19 ha revelado otras asimetrías, o
acrecentado las subyacentes. Sin duda, esta obra tiene un gran valor al
exponer las diferencias entre países y comunidades, al mismo tiempo,
supone una fotografía, en un momento determinado, del contexto pandémico.
Este ha evolucionado hasta un entorno pospandémico igualmente diverso
que puede generar nuevos análisis y conclusiones.
[M
ARÍA CANTARERO MUÑOZ]