
María Cantarero Muñoz 333
Hikma 22(2) (2023), 331 - 335
serán esenciales a lo largo de la obra pues, aunque se tratan temas y
contextos muy diversos, el modelo comunicativo que plantean se ve reflejado
en el resto de los capítulos.
Anthony Pym y Bei Hu retoman en el tercer capítulo la noción de
confianza. Los autores explican que la relación entre traducción y confianza
no es una cuestión de naturaleza, y desarrollan los matices de la relación
entre ambas nociones. Su objetivo es estudiar los grados de confianza y
desconfianza en las traducciones durante la pandemia en Melbourne. Para
ello, se centran en los diferentes actores e ilustran las formas en las que la
confianza se puede construir, mantener o romper con el análisis y reflexión
de cuatro estudios de caso sobre la distribución de la información durante la
COVID-19 poniendo el énfasis en el papel de las redes sociales. Así,
concluyen que, en el escenario pandémico, las poblaciones monolingües
confían más en la ciencia y el gobierno, es decir, en las fuentes de información
oficiales, que en las redes sociales. No obstante, en contextos multilingües
en los que puede haber bloqueos de comunicación repentinos, los hablantes
de lenguas comunitarias adoptan un comportamiento opuesto y confían más
en las redes sociales que en los medios oficiales.
Estas redes sociales son las mismas que tratan Sharon O’Brien, Patrick
Cadwell y Tetyana Lokot en el cuarto capítulo. Para ellos, nos permiten crear
un espacio virtual paralelo que se hizo necesario en los diversos contextos
de confinamiento. Los autores destacan la importancia de las redes sociales
en la difusión de información traducida a lo largo de la pandemia. Estos
autores coinciden en que la confianza no puede construirse de forma
automática en una crisis, sino que debe establecerse previamente. Al mismo
tiempo, y como resultado de su análisis, concluyen que en estos contextos la
confianza no puede analizarse simplemente en los traductores o intérpretes
profesionales. Esto pone en tela de juicio la noción que se tiene en los
entornos profesionales y académicos de que la traducción profesional es el
único modelo éticamente aceptable en un contexto de crisis, pues esta no
puede ser la única estrategia para situaciones caóticas y cambiantes. Como
explican estos autores, los usuarios de las redes sociales traducen según sus
necesidades de formas muy diversas, por ejemplo, pueden recurrir a
personas cercanas, a sistemas de traducción automática, o pueden eludir la
necesidad de traducir información de sus países de origen, lo que puede dar
lugar a consejos erróneos y peligrosos. Por eso, proponen soluciones
híbridas en las que no se confíe en un solo canal de comunicación. Así,
aconsejan, por ejemplo, una mayor integración de las comunidades en la
información y la comunicación mediante la incorporación de personas
influyentes en las redes sociales que sean parte de una comunidad
determinada y ejerzan como traductores, como «puentes» entre los