
366 Reseñas
Hikma 22(2) (2023), 363 - 367
como herramienta genealógica –como sucede con el estudio de Bauer (2009)
en torno a la construcción de la teoría sexológica entre Alemania e Inglaterra–
. Sin embargo, la teoría de la traducción y la exploración de la construcción
del conocimiento mediante la traducción son campos no explorados en el libro
de Evans, a pesar de aparecer expresamente en los capítulos sobre Preciado
y Wittig. «Even in France, readings of Wittig’s work emerge via the translation
into French of Butler’s reading of her. And yet Butler’s reading of Wittig in
Gender Trouble has been much criticised: de Lauretis claims Butler offers a
reductive and superficial reading of Wittig’s work» (p. 77). Pero esta
perspectiva omitida en el libro de Evans también señala vías de investigación
prospectivas en el campo de la traductología y para quienes investigan en los
distintos puntos de encuentro entre la sexualidad, la filosofía, el género, la
traducción especializada, entre otros. En particular, resulta relevante la
construcción de la teoría o teorías de género mediante la traducción y sus
trayectos transnacionales en distintos periodos. Estos trayectos pueden
reconstruirse mediante la voz de las propias traductoras o traductores; por
ejemplo, como sucede en el caso de Javier Sáez del Álamo, traductor español
con amplia experiencia en el campo de la teoría queer y que ha sido clave en
la recepción de autores como Jack Halberstam en español (Villanueva-Jordán
y Martínez-Carrasco, 2023).
El libro de Evans contribuye a repensar los límites del paradigma
socioconstructivista y de las teorías posestructuralistas según se han
integrado en la teoría queer anglófona. Sin embargo, la potencia de la
propuesta de reconsiderar la obra de Wittig o Preciado como alternativas para
pensar la materialidad del cuerpo y la permeabilidad de este para la recepción
y transformación de significantes puede extrapolarse para visibilizar sesgos
en la propia traductología. Por ejemplo, enfocar la práctica de la traducción,
como un proceso de formación o un ejercicio profesional, sin considerar una
perspectiva crítica sobre la materialidad del trabajo, facilita la entrada a un
registro principalmente neoliberal en el que se enfatiza la integración de
habilidades, conocimientos y tecnologías con la finalidad de traducir/producir
más y «mejor». Por el contrario, el género como parte de esta reflexión
material permite pensar en la división y estratificación del trabajo por razones
de sexo en intersección con la edad, la nacionalidad entre otros factores que
influyen en la traducción como un proceso y producto. Entonces, la base
material y la función del cuerpo en la reflexión traductológica implicaría
reconocer la importancia del trabajo como forma de estructuración social. En
un momento de discusión sobre el futuro de la traducción automática y la
inteligencia artificial, este proyecto materialista o encarnado no buscaría
negar la interacción humano-máquina/tecnología, sino que conllevaría
comprender que el destino de los sujetos y (sus) cuerpos no puede depender
de una visión solamente productiva del capital. En efecto, la reflexión sobre