Laura Mejías-Climent y Pilar Ordóñez-López 5
Hikma 25 (1) (2026), 1 - 30
Moorkens et al., (2018). Ahora bien, todas ellas se centran en la evaluación
de la traducción en sí misma, entendida como producto, es decir, como el
texto traducido, o como proceso. La evaluación de la competencia
lingüística en L1 ha recibido escasa atención hasta el momento, al quedar,
más o menos implícitamente, reflejada en la producción del texto traducido.
De ahí que, como constatamos en estudios anteriores (Ordóñez-López y
Mejías-Climent, 2024, p. 218, 224), es habitual que se recurra a
instrumentos de evaluación inicialmente diseñados para asignaturas de
traducción en asignaturas de español L1 en las titulaciones en traducción,
como también apuntan Romero-Muñoz y Juste Vidal (2024, p. 253-254).
La falta de definición y de adecuación, así como la opacidad de los
instrumentos de evaluación, representan un obstáculo para el aprendizaje,
por cuanto inciden negativamente en la identificación por parte del
alumnado de los resultados de aprendizaje que se espera que adquiera en
la asignatura (evaluación sumativa) y en el aprovechamiento de la
retroalimentación recibida o feedback (evaluación formativa). Esta
retroalimentación permite que el alumnado tome “conciencia de los logros
en sus aprendizajes e identifique errores y faltas” (Anijovich y Cappelletti,
2018, p. 21; Irons y Elkington, 2022). Velasco-Martínez y Tójar Hurtado
(2020) también reivindican la importancia de establecer unos criterios e
instrumentos de evaluación adecuados y claros. En este sentido, en
publicaciones recientes se plantea la necesidad de fomentar la
alfabetización con respecto a la evaluación (Assessment Literacy), tanto del
profesorado como del alumnado (Zhu y Evans, 2022; Hannigan et al., 2022;
Meijer et al., 2023), para optimizar los procesos de aprendizaje.
En lo que respecta a la evaluación del español L1 en los grados en
traducción, conviene destacar la necesidad de contar con estudios e
instrumentos de evaluación adecuados, tanto en términos de valoración de
las competencias y los conocimientos adquiridos (evaluación sumativa)
como desde una perspectiva formativa, es decir, que contribuyan a que el
alumnado aprenda de sus errores y de la retroalimentación recibida, y, en
último término, pueda ir dando respuesta a sus carencias formativas, de
manera autónoma y/o conjuntamente con el profesorado. En las escasas
investigaciones que abordan la identificación y categorización de errores
cometidos por el alumnado en asignaturas de español L1 en programas de
grado en traducción se aplican las siguientes categorizaciones de error. Por
un lado, García Izquierdo (2015, p. 93), en un análisis de corpus de reseñas
redactadas por el alumnado de una asignatura de español L1, utiliza las
siguientes categorías de errores: a) gramaticales, que incluyen usos
morfosintácticos inadecuados; b) léxicos, debidos a una selección léxica
inadecuada; c) ortotipográficos, que engloban cuestiones ortográficas y