2 Francisco Lafarga
Hikma 25 (1) (2026), 1 - 4
Los poetas que le han servido al autor para la demostración son, los
cuatro, cordobeses: Guillermo Belmonte Müller, José Siles, Manuel Reina y
Rafael Blanco Belmonte. Los tres primeros (nacidos en la década de 1850)
son rigurosamente contemporáneos, aunque J. Siles tuvo una vida más
breve. Blanco Belmonte (primo de Belmonte Müller) era unos veinte años más
joven que los demás, y aunque su época de mayor actividad fue más tardía,
coincidió con ellos varios años.
Un caso aparte, y así lo confiesa el autor, es el de Salvador Rueda,
contemporáneo de los poetas citados y también andaluz, de Málaga. Si le
dedica un capítulo es por su relevancia en la constitución del Modernismo y
por cierta autoridad que le reconocieron sus coetáneos. En realidad,
constituye un contrapunto a la labor de los demás, por su oposición frontal a
la presencia de la poesía francesa y al lugar preeminente que generalmente
se le concedía. Son numerosos los textos en los que muestra, a veces con
ácida ironía, su desprecio por los vates franceses, de los parnasianos a los
decadentes.
El prestigio de Salvador Rueda y su posición beligerante ante la
presencia de la poesía francesa no fue suficiente para que los cuatros poetas
que forman el núcleo del estudio renunciaran a su lectura y traducción, con la
convicción de que, impregnados de su ejemplo, podrían contribuir a la
renovación de la poesía española de las últimas décadas del siglo XIX.
Este es el panorama previo que traza Emilio José Ocampos al dedicar
un amplio apartado (p. 33-103) a “La traducción y el inicio del Modernismo
español”, en el que, tras presentar la situación de la poesía en aquel momento
histórico, incide en la polémica sobre la traducción (y todo lo que implica),
especialmente en la traducción de poesía, que se suscita a lo largo de los
años 1880 y 1890. También se ocupa –por la importancia que tiene en los
autores estudiados– de la figura del escritor-traductor o del poeta-traductor,
que conduce irremediablemente a la relación traducción-creación (y
viceversa), a la situación de creadores literarios que son también traductores,
si no a lo largo de toda su carrera, por lo menos durante parte de ella.
Tras el ya mencionado capítulo dedicado a Salvador Rueda, un largo
capítulo engloba los estudios individuales acerca de los autores centrales,
bajo el esclarecedor epígrafe “Cuatro cordobeses creadores-traductores y
traductores-creadores en la renovación poética finisecular”. Y ahí se
encuentran, en subcapítulos de alrededor de setenta páginas cada uno, los
cuatro estudios centrales de la obra.
En este capítulo es donde se halla la mayor aportación documental,
con numerosos datos no solo acerca de la vida de los escritores, sino
fundamentalmente sobre su actividad creadora y traductora. El hecho de que