ISSN: 1579-9794
Hikma 25 (1) (2026), 1 - 5
TACHTIRIS, CORINNE. TRANSLATION AND RACE. ABINGDON Y
NUEVA YORK, ROUTLEDGE, 2024, 188 PP., ISBN 978-1003846840.
Este trabajo llega como resultado de una tradición investigadora que
ha ido redefiniendo el concepto de traducción y de los estudios de traducción.
Lejos de una mirada funcional y estrictamente puesta en la palabra y su
equivalencia, Tachtiris busca dar una visión más holística de la manera en
que las dinámicas de poder se materializan en la discriminación de todo
aquello no blanco en los procesos de publicación, edición y traducción. El
monográfico abre con un prefacio a modo de preaviso necesario sobre el uso
de mayúsculas en términos clave como n/Negro (b/Black) y la posición de la
autora como persona blanca, que pretender situar su trabajo no como un acto
de salvación blanca sino como una llamada a la solidaridad.
El libro se desarrolla a partir del debate alrededor de la traducción de
la obra de la poeta afroamericana Amanda Gorman, que lleva a la superficie
el racismo instaurado en las sinergias de la traducción. La introducción, que
lleva por título The unbearable whiteness of translation”, consigue capturar,
con este guiño literario, el pesado yugo del racismo sobre el Oeste: racismo
en la traducción, la escasez de académicas negras en los estudios de
traducción y de traductoras literarias negras, así como de traducciones de
autoras negras. La blanquitud pasa como universal, desplazando las
negritudes al margen, y esto lo hace de forma diferente a lo largo de la
historia, lo que nos recuerda que la raza es una construcción social, que muta
a través del tiempo y del espacio. En este contexto, la traducción puede ser
facilitadora del diálogo entre los estudios críticos de la raza y los movimientos
antirracistas.
En el primer capítulo, la autora da cuenta del paralelismo entre el
esclavismo y algunos tipos de traducción (slavish), como la literal, que era
realizada por traductoras negras en tiempos coloniales. Este tipo de
traducción es considerada como falta de imaginación, de la cual las
traductoras negras carecían. De la misma manera, la traducción puente es
analizada aquí como un paso intermedio sin ningún tipo de valor y totalmente
racializado: una herramienta para que el autor blanco pueda producir textos
valiosos. La historia de la traducción ha olvidado e invisibilizado el papel de
la traducción no blanca, así como la valía de ciertos idiomas no occidentales
considerados menos valiosos para traducir.
El segundo capítulo se centra en el capital racial de la traducción. Aquí,
Tachtiris analiza el mercado editorial estadounidense, que ha excluido
históricamente a las personas negras en todas sus facetas. A partir de la
distinción bordieuiana entre capital acumulado y “aristocrático”, explica cómo
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solo el capital blanco es el único naturalizado y universalmente valioso. Esta
distinción se muestra presente en las decisiones editoriales y de traducción,
que históricamente solo han incorporado a autoras negras como elementos
exotizados, dando cuenta de la racialización sistémica del capital cultural. De
la misma manera, y enmarcándose en la raciolingüística (raciolinguistics), la
autora muestra mo el sistema educativo ha dado y da menos valor
económico, cultural y simbólico a las lenguas racializadas como no blancas.
Al final del capítulo, se discute la propiedad intelectual y la autoría, que,
como teoriza Greene (2008), están construidas socialmente y desde el prisma
blanco y occidental. Tachtiris aboga, como respuesta a la continua usurpación
de patentes de invenciones y creaciones de los esclavos, por el regreso a la
traducción como labor y no como autoría, sin generar propiedad, entendiendo
“trabajo” como verbo en movimiento y no como acumulación. La autora vuelve
así al llamado a la solidaridad, que es un motivo recurrente a lo largo de este
ensayo.
El tercer capítulo nos acerca a los movimientos anti-antiracistas y al
asentamiento de términos como woke, cancelación y políticas identitarias en
la jerga popular blanca como arma arrojadiza y que estuvieron tan presentes
en el debate alrededor de la traducción de Gorman. La autora recupera los
principios del Combahee River Collective, feministas socialistas negras y
lesbianas, que abogaban por unas políticas identitarias dirigidas a la
solidaridad y la justicia racial en vez de la idea liberal blanca individualista que
se ha popularizado en recientes años.
Sin bien es cierto que el caso de Gorman dejó ver cómo estas políticas
pusieron en entredicho todo un sistema, Tachtiris nos recuerda que no hay
que caer en esencialismos: entender estas políticas como una
desacreditación de cualquier profesional no negra también contribuye a
encasillar a aquellas profesionales negras en el activismo y en la queja, es
decir, en el tropo de la “angry black woman”. Al mismo tiempo, este capítulo
cuestiona el aspecto universalista de la traducción en el que muchas
traductoras y traductores blancos se amparan para acceder a todo tipo de
textos.
Este capítulo incide en la importancia de la combinación de la
experiencia, la estética y la política influida por el concepto escrevivencia de
la escritora brasileña Conceiçao Evaristo, para también traducir textos, algo
que ha quedado apartado en los estudios de traducción, que permanecen en
gran medida despolitizados. Tachtiris defiende una solidaridad radical (thick
solidarity), basada en la creencia en el valor inherente de las experiencias de
cada vida, aunque sean imposibles de entender y compartir de forma
completa. Asimismo, esta manera de acercarse a la traducción no debería
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descalificar a traductoras blancas a la hora de trabajar con autorías negras,
una práctica basada en este esencialismo liberal dentro las políticas
identitarias.
En el penúltimo capítulo se explora el papel de la traducción en los
estudios críticos raciales. El capítulo da cuenta primeramente de cómo se ha
construido el conocimiento de los pueblos negros, que permanece incompleto
y elaborado desde un prisma eurocéntrico, pues, mediado por el racismo, la
supremacía blanca, el clasismo y la homofobia. Estos individuos se
construyen, pues, desde la periferia e irremediablemente desde el consumo
de conocimiento occidental. Tachtiris dibuja un paralelismo con el potencial
de la traducción en los estudios de sexualidad (Baer, 2021), también mediada
por una norma heterosexual imperante. La traducción se erige como
herramienta clave en los debates sobre la agencia de todo aquello
considerado subalterno. A pesar de esta realidad, la traducción puede, al
mismo tiempo, ejercer violencia sobre el conocimiento local, poniendo en
duda su veracidad encarnada en una traductora mujer y negra que sustituye
lo auténtico por algo inauténtico. La autora se sirve de Anzaldúa (1987) para
describir a la lengua como constituyente de identidad, y el rechazo a hablar
la lengua estándar como eco de un rechazo a las categorías raciales y
étnicas. Ejemplo claro de esto es la traducción de la propia palabra
“raza/race”, que adquiere diferentes connotaciones fuera del mundo
anglosajón, así como de sus categorías (p. ej. black en inglés o noir/nègre en
francés).
El quinto y último capítulo nos presenta más casos de estudio. Abre
con el recordatorio del papel dual de la traducción, que puede a la vez generar
solidaridad y reestructurar el sistema epistemológico blanco imperialista, y
usarse como herramienta para ejercer opresión, tal y como constatan los
estudios de traducción poscolonial. El capítulo analiza tanto la traducción de
textos racistas como traducciones cuyo resultado es un texto racista. Así
pues, elementos que pudieran resultar racistas en el contexto origen, pueden
reescribirse de forma que no lo sean para elblico meta. Esta negociación
demanda que la traductora tenga un profundo conocimiento tanto del público
objetivo como del contexto origen y la multiplicidad de connotaciones que
adquieren ciertos términos y discursos. En la praxis, la autora presenta dos
estrategias: reducir o borrar el discurso racista o, por el contrario, mantenerlo
e intensificarlo; serán la función del texto y el impacto en el público los
principios que regirán las decisiones traductológicas.
Estas cuestiones exponen casos complejos, como son los textos
considerados clásicos, textos que poseen un componente afectivo y que son
venerados por el público. Sin embargo, a veces esta condición impide ver el
impacto que los contenidos racistas de estos textos pueden tener, sobre todo,
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en el público infantil negro. Cabe recordar, como explica Eagleton
(2003/1996), que el canon literario, esa gran tradición de literatura nacional,
es en un constructo fabricado por una gente y un tiempo determinados,
haciendo de la traducción una pieza clave en el desarrollo de este canon.
Ante la complejidad que plantea la traducción de estos textos, Tachtiris
sugiere la posibilidad de reducir ese contenido racista, si es muy esporádico
en el texto, ya que podríamos considerarla dentro de los límites de la
“reparación”. Sin embargo, ante tales transformaciones, intrínsecas en
cualquier proceso de traducción (Lefevere, 1985), el uso de explicaciones
metatextuales puede beneficiar a autoras y editoras. La autora incide, así, en
su rechazo a enmascarar el racismo presente en los textos y caer en esta
ceguera al color (colorblindness) como la solución al racismo. Argumenta que
suponen una oportunidad perdida para poner en relieve un racismo imperante
y normalizado, y se alinea con el activismo antirracista que critica el
blanqueamiento de los planes educativos.
En conclusión, el libro, tal y como se nos presenta en su introducción,
funciona como una crítica a estudios de traducción, que se enraízan y
mantienen la supremacía blanca. Paralelamente, Tachtiris hace autocrítica y
enfatiza no solo su posición de privilegio en el sistema racista, sino también
que el libro sufre las mismas críticas que intenta hacer. Sus páginas, indica
la autora, buscan la superación del giro intelectual en el campo de la
traducción y conseguir un cambio material real, y convertirse en un gesto para
iniciar debates entre intelectuales, traductoras y activistas.
Este es un volumen necesario en los estudios de traducción, que
aparece después de los pocos libros que se han centrado en las cuestiones
de raza, racismo y traducción como son el volumen de Kadish y Massardier-
Kenney (1994), centrado en las abolicionistas blancas francesas, y el de Stam
Shohat (2012), Race in translation, que, según la Tachtiris, a pesar de su
título, solo menciona la traducción en ocho páginas en el índice.
Más de una década después, este libro, que ofrece una lectura muy
accesible, nos brinda una visión muy holística sobre el racismo dentro de la
traducción en su sentido más amplio. Consigue dar una visión extensa que
se aleja de la mera praxis de la traducción de textos, invitando al público lector
a reflexionar acerca de fenómenos históricos, que recorren de manera casi
invisible las estructuras de pensamiento y de poder, del racismo imperante
en la industria editorial y de la falta repetida de profesionales negras en todos
los estratos de la industria de la traducción.
Sin embargo, esa intención holística y reflexiva parece llevar el
volumen a la misma crítica que hace sobre la insuficiencia de un giro
intelectual. Los casos prácticos y tangibles de la gestión del racismo en la
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traducción y las consecuencias que eso acarrea en la construcción de
discurso y su recepción, no se desarrollan en profundidad, y pueden dejar a
quién se inmersa en el libro con intenciones pragmáticas sin estrategias y
soluciones aplicables ante la corporalidad del texto.
No obstante, este último apunte no resta valía a este ensayo tan
multifacético. El texto pone sobre la mesa aspectos cruciales para la
comprensión del racismo en la traducción y la generación de nueva
investigación y nuevas prácticas alrededor de este término tan inestable y
maleable como es la “raza” en los circuitos de traducción.
REFERENCIAS
Anzaldúa, G. (1987). Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. Aunt Lute.
Baer, B. J. (2021). Queer Theory and Translation Studies: Language, Politics,
Desire. Routledge.
Eagleton, T. (2003/1996). Literary Theory: An Introduction. 2
nd
Edition.
University of Minnesota Press.
Greene, K.J. (2008). Intellectual Property at the Intersection of Race and
Gender: Lady Sings the Blues. Journal of Gender, Social Policy & the
Law, 16(3), pp. 365-385.
Kadish, D. y Massardier-Kenney, F. (eds.) (1994). Translating Slavery Vilme
1: Gender and Race in French Abolitionist Writing, 1780-1830. Kent
State University Press.
Lefevere, A. (1985). Why Waste Our Time on Rewrites? The Trouble with
Interpretation and the Role of Rewriting in an Alternative Paradigm. En
T. Hermans (Ed.), The Manipulation of Literature: Studies in Literary
Translation, (pp. 215-243). Croom Helm.
Stam, R. y Shohat, E. (2012). Race in Translation: Culture Wars and the
Postcolonial Atlantic. New York University Press.
GONZALO ITURREGUI-GALLARDO