De Desengaño 21 a Mirador de Montepinar:
representaciones de la vida urbana en Aquí no hay quien viva y La que
se avecina
From Desengaño 21 to Mirador de Montepinar: representations of urban life
in Aquí no hay quien viva and La que se avecina
Roberto
Huertas Gutiérrez[1]
Universidad Carlos III de Madrid
https://orcid.org/0000-0002-3344-6303
Resumen
Este artículo analiza las
representaciones de la vida urbana en dos comedias televisivas fundamentales de
la España contemporánea: Aquí no hay quien viva (Antena 3, 2003–2006) y La
que se avecina (Telecinco/Prime Video, 2007–). A través de un enfoque
textual y sociomaterial, basado en el modelo espacial
de Ruggero Eugeni (Casetti, 1999), se estudian los modos en que ambas ficciones
construyen y desnaturalizan imaginarios del habitar en la ciudad española. Aquí
no hay quien viva se examina como el origen del modelo de comedia vecinal,
donde la mezcla de lo público y lo privado articula una sátira de la
convivencia urbana; La que se avecina, en cambio, desplaza el conflicto
a la periferia residencial, reinterpretando el sueño inmobiliario de la clase
media en clave de desencanto poscrisis. El análisis revela cómo estas series
funcionan como foros culturales (Newcomb y Hirsch, 1983), donde las tensiones
sobre la propiedad, la convivencia y la precariedad se codifican en clave
cómica. Finalmente, se plantea que su circulación digital y su apropiación
memética reafirman su vigencia como archivo simbólico de los modos de vida y de
los imaginarios urbanos de la España contemporánea.
Abstract
This
article examines the representations of urban life in two landmark Spanish
television comedies: Aquí no hay quien viva (Antena 3, 2003–2006) and La que se avecina
(Telecinco/Prime Video, 2007–). Through a textual and sociomaterial
approach, using Ruggero Eugeni’s spatial model (Casetti, 1999), it explores how
both series construct and denaturalize the images of living in the Spanish
city. Aquí no hay quien
viva is analyzed as the origin of the contemporary community-sitcom model,
where the interplay between the public and the private generates a satire of
urban coexistence. Conversely, La que se avecina relocates this conflict to the residential
periphery, reinterpreting the middle-class real-estate dream through the lens
of post-crisis disillusionment. The analysis demonstrates how these comedies
operate as cultural forums (Newcomb & Hirsch, 1983), where issues such as
property, coexistence, and precarity are encoded in comic form. Finally, the
article argues that the digital circulation and appropriation of both series
reinforce their relevance as symbolic archives of contemporary Spanish ways of
living and urban imaginaries.
Palabras clave
Aquí no hay quien viva; La que se
avecina; vida urbana; espacio televisivo; ficción televisiva; comedia
televisiva; periferia.
Keywords
Aquí no hay quien viva; La que se
avecina; urban life;
televisual space; television
fiction; television comedy; periphery.
1.
Introducción: comedia televisiva y vida urbana
El presente trabajo tiene por objetivo analizar la
representación del espacio urbano en la ficción televisiva contemporánea
española. Para ello nos centramos en Aquí no hay quien viva (Miramón
Mendi, 2003–2006) y su secuela La que se avecina (Alba Adriática, Infinia, Contubernio Films, Prime Video, 2007). La relevancia
de esta elección reside, en primer lugar, en que ambas ficciones constituyen
ejemplos paradigmáticos de comedias de prime time que, además de figurar
entre las más vistas de la televisión española, han conocido una prolongada
circulación en canales temáticos y plataformas digitales (Marcos, 2021). Esto
nos permite interrogarlas desde su capacidad para atravesar «las fechas de
caducidad que con frecuencia tienen los productos televisivos» y encontrar una
segunda vida en el entorno digital (Palacio, 2024: 144)[2].
En segundo lugar, ambas ficciones articulan su propuesta
narrativa en torno a la cuestión de la vida urbana, reflejando las
transformaciones en los modelos de convivencia de España desde comienzos del
siglo XXI. En este sentido, las dos ficciones pueden leerse como respuestas
cómicas a la llamada «crisis del habitar» que motiva este volumen, marcada por
la especulación inmobiliaria, la expansión de la periferia y la pérdida del
sentido comunitario en las ciudades.
Aquí no hay quien viva se
estrenó en 2003 en Antena 3, en un momento de auge de la ficción televisiva
producida localmente, con títulos como Cuéntame cómo pasó (Grupo Ganga,
RTVE, 2001-2023), Los Serrano (Globomedia, 2003-2008), 7 vidas (Globomedia,
1999-2006) o Aída (Globomedia, 2005-2014) (GECA, 2004; Palacio, 2012).
A lo largo de sus cinco temporadas y 93 episodios alcanzó una media de 5,6
millones de espectadores y un 32,2 % de cuota de pantalla, llegando en varias
ocasiones a superar los siete millones[3].
En 2007, buena parte de su equipo creativo pasó a Telecinco, donde arrancó su
secuela La que se avecina. Aunque nunca alcanzó las audiencias masivas
de su predecesora, la serie se ha mantenido en emisión durante más de tres
lustros y ha acompañado los cambios más recientes de la industria televisiva:
desde 2020 estrena sus temporadas primero en Prime Video y, a partir de la
16.ª, ha reducido la duración de sus episodios a 30 minutos, en sintonía con
los formatos internacionales de comedia («La que se avecina reducirá…» 2025).
La investigación académica ha abordado Aquí no hay quien viva
desde perspectivas diversas, situándola tanto en la historia de la televisión
española como en el análisis de la comedia televisiva contemporánea. Trabajos
de carácter historiográfico y analítico han situado a estas ficciones en la
historia general de la ficción televisiva española (Palacio, 2024; Diego,
2010), mientras que otros estudios la han vinculado a la tradición concreta de
la comedia familiar y costumbrista, analizando sus personajes, estereotipos y
dinámicas de convivencia (Chicharro Merayo, 2009; Carrillo Pascual, 2012;
Hidalgo-Marí, 2018). Asimismo, tanto Aquí no hay quien viva como su
secuela La que se avecina han sido objeto de lecturas críticas centradas
en la representación de género, la inmigración o el potencial satírico de la
comedia televisiva (Carrasco Campos, 2011; Abad Villamor y Fernández Romero,
2018; Bandrés Goldáraz, 2019). Entre las aportaciones más relevantes destaca el
análisis de Paul Julian Smith (2006), que subraya la centralidad de la coralidad y de los espacios comunitarios en su
funcionamiento narrativo. Sin embargo, pese a la riqueza de estas
aproximaciones, sigue siendo escasa la investigación que aborde de manera
sistemática la organización espacial de estas ficciones y su relación con los
imaginarios urbanos, así como su pervivencia cultural más allá de su contexto
original de emisión. Este artículo se inscribe precisamente en ese espacio, proponiendo
un análisis del espacio televisivo como eje para comprender la vigencia y la
capacidad de estas series para dialogar con las transformaciones del habitar en
la España contemporánea.
1.1 Contexto y
antecedentes: la convivencia como espacio narrativo en el audiovisual español
Estas series pueden entenderse, en términos de Julián Smith,
como urban sitcoms (frente a las
clásicas domestic sitcoms): comedias
que convierten comunidades urbanas en escenarios privilegiados para explorar
temas sociales, a través de las formas de convivencia y los conflictos de la
vida moderna (Smith, 2006: 106–107). Esta idea conecta con el análisis que Juan
Carlos Ibáñez (2016: 111-118) realiza sobre las comedias urbanas
cinematográficas, que plantea como una forma de humor que, al desplazar la
acción al entorno cotidiano y centrarse en las relaciones sentimentales y de
convivencia, traduce en clave irónica las transformaciones morales y sociales
de la España democrática. Así, Aquí no hay quien viva despliega su
comicidad alrededor de las interacciones de un edificio céntrico en Madrid, en
el número 21 de la calle Desengaño, mientras que La que se avecina
parodia el ideal inmobiliario de Mirador de Montepinar, una urbanización
cerrada en la periferia, evidenciando sus contradicciones. El paso de un
espacio al otro (del centro urbano en decadencia al suburbio aspiracional)
traza una suerte de cartografía cómica de las maneras de vivir en la España
contemporánea.
Ambas ficciones responden al modelo de comedia televisiva
española de máxima audiencia: episodios largos de 70/90 minutos, reparto coral
y personajes tipificados que actualizan la tradición del costumbrismo para
representar modos de vida urbanos (Puebla Martínez, 2012). En este marco, los
edificios funcionan como dispositivos narrativos que agregan distintas
tradiciones de la sitcom doméstica. En Aquí no hay quien viva
conviven, desde su inicio, perfiles asociados a modelos diversos (desde la sitcom
familiar clásica en las familias nucleares hasta comedias más contemporáneas
con familias alternativas), lo que llevó a sus propios guionistas a definir la
serie como una serie de series (citado en Rodríguez, 2003).
Esta lógica responde a las exigencias del prime time
televisivo de los años noventa y dos mil, que imponían la ocupación íntegra de
la franja mediante episodios de larga duración y relatos tendencialmente
cómicos, capaces de interpelar a públicos diversos a través de repartos
intergeneracionales (Palacio, 2024: 139). En este contexto se consolida lo que
Palacio denomina una “estética de la cocina” (o, podríamos argumentar, una estética
de la convivencia), en la que la familia, los amigos y los vecinos articulan
conflictos cotidianos en espacios compartidos. Series como Farmacia de
guardia (Antena 3, 1991-1996) o Médico de familia (Globomedia, 1995-1999) fijaron este modelo, que
posteriormente se desplazó del ámbito doméstico al vecinal en ficciones como Manos
a la obra (Aspa Cine-Video S.L., 1997-2001), Este es mi barrio (Aspa
Cine-Video S.L., 1996) o Menudo es mi padre (Globomedia, 1996-1997), así
como en barrios ficcionales tan reconocibles como Santa Justa (Los Serrano)
o Esperanza Sur (Aída). Aquí no hay quien viva y La que se
avecina retoman y sistematizan esta tradición, intensificando el espacio
comunitario como eje narrativo y satírico de la convivencia urbana.
Sin embargo,
consideramos relevante tratar de situar esas representaciones en una larga
tradición de la vecindad como metáfora social en la cultura española. Por
supuesto, la referencia más evidente de Aquí no hay quien viva es el
cómic 13, Rue del Percebe de Francisco Ibáñez. La propia serie fue
anunciada utilizando el cómic como reclamo (Silvestre, 2003), y también algunos
autores han señalado el abordamiento de la vida doméstica desde «una
perspectiva lúdica y absurda» como característica de buena parte de la
historieta popular española (Cuesta, 2020: 153-170).
Desde el cine del
franquismo se tematizó el problema de la vivienda (Esa pareja feliz
[Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, 1951]; El inquilino [José
Antonio Nieves Conde, 1957]; El Pisito [Marco Ferreri e Isidoro M.
Ferry, 1959]), pasando por representaciones de la Transición y la democracia (Duerme,
duerme, mi amor [Francisco Regueiro, 1975]; Vecinos, [Alberto
Bermejo, 1981]; Bajarse al moro [Fernando Colomo, 1989]), hasta
propuestas contemporáneas tan dispares como la sátira urbana de La comunidad
(Álex de la Iglesia, 2000), el terror claustrofóbico de [REC] (Jaume
Balagueró y Paco Plaza, 2007) o Malasaña 32 (Albert Pintó, 2020).
También el teatro había explorado este imaginario, desde las corralas y los
sainetes de Carlos Arniches hasta Historia de una escalera (Buero
Vallejo, 1949). El historiador del teatro Juan Antonio Ríos Carratalá señaló,
en su estudio de la presencia del sainete y el costumbrismo en el audiovisual,
cómo la vivienda y la convivencia es uno de los principales espacios del género
teatral que se perpetúa en su adaptación al cine:
Las películas
relacionadas con lo sainetesco se centran en los ambientes propios de las
clases populares y medias. Estos tradicionalmente propician la presentación de
una realidad repleta de pequeños y cotidianos problemas, que se convierten en
grandes por su inmediatez y concreción para los protagonistas e,
hipotéticamente, para unos espectadores que también los sufren. Estos ambientes
son recreados desde una perspectiva en la que se combinan en diferentes
proporciones el humor, la ternura y la crítica (Ríos Carratalá, 1997: 21)
En este sentido, la
investigación de Gil Vázquez (2017) sobre la comedia asainetada ha mostrado
cómo esta funcionó en los años cincuenta como un terreno ambivalente: por un
lado, ligado a formas conservadoras y populistas, pero también capaz de
introducir personajes y ambientes que encarnaban «elementos difícilmente
asimilables dentro de los discursos hegemónicos del Régimen» (Gil Vázquez, 2017:
64). La corrala en esas películas opera como sinécdoque de la sociedad del
momento y de un sentir colectivo (Gil Vázquez, 2017), y resulta sugerente
pensar que los edificios de estas ficciones hacen lo mismo con la sociedad
española contemporánea.
Las tramas de Aquí no
hay quien viva y, hasta cierto punto, las de La que se avecina responden
a este patrón. Se construyen a partir de problemas aparentemente triviales
(reformas, mudanzas, averías, discusiones sobre reciclaje o sobre la cuota de
la comunidad) que, sin embargo, adquieren una dimensión mayor al atravesar el
espacio colectivo de la comunidad y sus diferentes sentires. Los edificios no funcionan,
así como catalizadores de conflictos donde lo privado y lo público se
entrelazan, otorgando a la vivienda y la convivencia vecinal un rol capital
similar al que tuvo en el género del sainete teatral y cinematográfico. Toda
esta tradición revela hasta qué punto la comedia vecinal española ha funcionado
como un espejo deformante de la sociedad urbana.
1.2 Marco
teórico: la desnaturalización de la vida en comunidad
Como propone Merchant (2022), el espacio doméstico en su
representación audiovisual es un territorio atravesado por tensiones colectivas
y políticas: lo íntimo se hace público y lo público invade lo íntimo,
especialmente en espacios comunitarios como los de estas ficciones (las juntas
de vecinos, los patios de luces o el descansillo). Desde la geografía cultural,
Massey (2009) entiende los lugares como constelaciones abiertas de relaciones
sociales, una noción que encaja con la dinámica de estas series, donde las
viviendas privadas se ven continuamente atravesadas por lo colectivo. En este
sentido, puede relacionarse también con la función pedagógica que Hartley (2000:
228) atribuye a los relatos televisivos como enseñanza de la vecindad
cultural; un dispositivo que enseña a los espectadores a gestionar la
convivencia y la diferencia en clave de vecindad.
La noción de senso del luogo aplicada por Buonanno (1997) resulta igualmente
pertinente: para la autora, los espacios televisivos condensan experiencias
culturales compartidas y se convierten en emblemas reconocibles de identidad
colectiva. Desde esta perspectiva, las residencias de estas ficciones generan
un sentido de lugar inequívocamente español, marcado por la convivencia y por
la tensión constante entre lo privado y lo público. En esta línea, Smith (2006)
interpreta Aquí no hay quien viva como una representación de la vida
urbana específicamente española, marcada por pisos pequeños, un país de
propietarios y un elevado contacto con los vecinos (Jordan, 2002: 112); por su
parte, Palacio subraya la importancia de estas dos series para comprender la
España contemporánea (2024: 144).
Partimos de la hipótesis de que estas dos ficciones han logrado
conectar con los espectadores españoles gracias a su capacidad para reflejar, y
al mismo tiempo desnaturalizar, problemáticas sociales reconocibles. En ese
sentido, un buen punto de partida para aproximarnos a nuestros estudios de caso
es realizar una operación inversa a la que Mary Beth Haralovich (1989) propuso
en su clásico estudio sobre las sitcoms suburbanas estadounidenses de los años
50. En Sitcoms and Suburbs, Haralovich analiza cómo series como Father Knows Best
(CBS, NBC, 1954-1963) o Leave It to Beaver (CBS, ABC, 1957-1963)
participaron en la naturalización del modelo de vida suburbano, vinculando el
bienestar familiar a la propiedad de la vivienda y al consumo doméstico.
Aquellas comedias contribuyeron a legitimar el sueño de la clase media blanca, basado
en la estabilidad, la homogeneidad y la división de roles de género,
presentando la vida en los suburbios como el destino natural de la prosperidad
norteamericana (Haralovich, 1989). En cambio, tanto Aquí no hay quien viva
como La que se avecina utilizan el mismo formato de comedia vecinal para
desnaturalizar el ideal de la vida urbana y periférica: sus gags, sus
personajes y sus tramas parodian el lenguaje de la convivencia, el desarrollismo
inmobiliario español y revelan el reverso cómico del sueño hipotecario de los
2000.
Como apunta Feuer (2015: 101), la comedia televisiva ha sido y
es un formato privilegiado para ilustrar conflictos ideológicos de actualidad
al tiempo que entretiene a su audiencia; de manera similar, Corner (1999: 97) señala
que el principal disfrute de la comedia televisiva surge de sus
representaciones de, tanto los valores públicos de una sociedad, como los
deseos y temores de la vida privada. Por tanto, quizás la fuerza de
identificación con la experiencia urbana cotidiana de estas ficciones puede
explicar el hecho de que ambas hayan encontrado una segunda vida en las
plataformas de streaming.
En el siguiente apartado, presentamos brevemente la metodología
empleada para, a continuación, examinar cómo Aquí no hay quien viva
representa la vida comunitaria en el centro urbano y cómo La que se avecina
reinterpreta esas dinámicas en la periferia residencial. El artículo concluye
con una breve reflexión sobre la relación de estas representaciones con la
propia circulación de las series en el tejido social.
2.
Metodología
Para realizar esta investigación hemos llevado a cabo un
análisis del espacio televisivo y su representación en las ficciones Aquí no
hay quien viva y La que se avecina. Partimos del modelo propuesto
por Ruggero Eugeni citado por Casetti (1999: 274–279)[4],
en el cual se aborda el espacio como constructos discursivos. Su propuesta
metodológica permite estudiar el espacio en tres dimensiones complementarias:
1.
La estructura y
estilística, que comprende la tipología, disposición arquitectónica,
escenografía, colores o iluminación.
2.
La semántica, que alude
a los significados inmediatos y simbólicos de esos entornos.
3.
Los usos, referidos a
los recorridos de los personajes, las referencias discursivas o las funciones
narrativas y cómicas que emergen de su interacción.
Casetti añade, además, una reflexión de carácter histórico
especialmente pertinente: en la transición de la paleotelevisión
a la neotelevisión, los espacios pasaron de intentar «televisar
lo cotidiano» a «cotidianizar lo televisivo» (1999: 278),
es decir, de imitar la realidad a modelar los decorados sobre entornos
reconocibles de la vida diaria. Las ficciones aquí estudiadas se inscriben
plenamente en esta lógica, ya que la recreación de un edificio madrileño típico
refuerza la verosimilitud del relato y facilita la identificación del
espectador.
Es importante matizar que cuando hablamos de representaciones
concebimos estas como construcciones ideológicas situadas en un contexto social
y cultural concreto (D’Acci, 2004; Galán Fajardo, 2007). El interés, por tanto,
no reside en evaluar la capacidad de estas series para reflejar una realidad,
sino en analizar cómo construyen y hacen circular imaginarios de lo urbano y de
la convivencia que operan como normas e ideales sociales.
Los resultados aquí presentados se organizan de la siguiente
forma: Aquí no hay quien viva nos sirve para fijar el origen del modelo
espacial de la comedia vecinal; La que se avecina, por su parte, nos
permite trabajar a partir de ese modelo para observar los cambios al
trasladarse a la periferia residencial, algo especialmente pertinente para este
monográfico sobre periferias.
En el primer apartado se adopta un análisis más espacial y de
detalle, centrado en cómo la serie mezcla lo privado y lo público a través de
los espacios de la serie. El análisis va acompañado de capturas de imagen para
reforzar la argumentación[5].
Complementamos el esquema de Eugeni con un enfoque sociomaterial:
entendemos la escenografía y los elementos técnicos como agentes de sentido,
siguiendo la propuesta de que la escenografía participa en la construcción
estética y social del texto (Strandvad, 2013). En este marco, se ha realizado
una entrevista a Juan Botella, el director de arte de la serie. Su testimonio
ilumina cómo las decisiones materiales y su realización audiovisual producen la
porosidad entre lo público/privado que aquí analizamos. En el apartado dedicado
a la secuela, el foco se desplaza del modelo a los cambios que impone la
urbanización periférica como escenario. Por ello, junto al análisis del espacio,
incorporamos el análisis de tramas y gags recurrentes de su primera
temporada.
En ambos casos se trabaja con capítulos y escenas concretas de
la primera temporada, seleccionados como muestras ilustrativas por su función
estructural y su recurrencia humorística. Esta decisión responde, en primer
lugar, a criterios metodológicos y de delimitación: en Aquí no hay quien
viva el diseño espacial y el trabajo de arte quedan fijados desde la
primera temporada y apenas experimentan variaciones significativas a lo largo
de la serie. En el caso de La que se avecina, el análisis se concentra
igualmente en su etapa inicial con el fin de evitar una lectura formalmente
anacrónica, dado que la serie ha experimentado transformaciones sustanciales en
su realización, uso de exteriores y concepción visual en temporadas posteriores.
El énfasis en las primeras temporadas responde asimismo a las limitaciones de
extensión propias del formato artículo y no excluye la pertinencia de futuros
estudios que analicen la evolución espacial de La que se avecina,
incluyendo los cambios de edificio y de modelo visual que caracterizan su
trayectoria posterior.
3.
Análisis
3.1.
Aquí no hay quien viva:
la vida comunitaria en la calle Desengaño
Aquí no hay quien viva cuenta las cuitas de una comunidad de vecinos en un edificio en
el centro de Madrid, en el número 21 de la Calle Desengaño[6]. La
serie fue creada por Alberto Caballero e Iñaki Ariztimuño; la idea original
vino de este último:
A él se le ocurrió la
idea de reflejar en la ficción la vida de un edificio del centro de una gran
ciudad (Chueca, para dar más señas). ¿Y qué interés podría tener un edificio?
Ahora la respuesta es fácil, pero por aquel entonces el único argumento que parecía
sólido era la gran variedad de personas que se reunían bajo un mismo techo,
obligados a vivir en comunidad: gente mayor junto a parejas homosexuales;
matrimonios tradicionales junto a solteros con ganas de fiesta; personas
discretas junto a cotillas con vocación de paparazzi… (Fernández y Abajo, 2007:
99)
Así, el concepto de la
serie se plantea, en palabras de sus guionistas, como una serie que hablaba de
la convivencia de unos vecinos; unos vecinos que están constantemente
enfrentados y que plantean una «guerra diaria por defender su espacio y sus
derechos como vecinos» (Fernández y Abajo, 2007: 101). La serie aprovechaba la
idea del vecindario como representación de los diferentes tipos de persona que
puede haber en la sociedad; y también los potenciales espectadores, que
contarían con un amplio abanico de personajes con los que identificarse.
La escenografía fue
encargada a Juan Botella[7],
director de arte que acababa de recibir el Goya por Belle Époque
(Fernando Trueba, 1992). Aunque aparece acreditado durante toda la producción,
su participación se concentró en la primera temporada, cuando se definió el
modelo visual de Aquí no hay quien viva. El productor José Luis Moreno
le encargó personalmente la construcción del edificio, que se levantó en dos
naves de unos 500/600 metros cuadrados en Moraleja de Enmedio, propiedad del
propio Moreno. Aquellos pequeños espacios obligaron al equipo de Botella a
ingeniar un plató compacto, organizado en tres módulos horizontales (uno por
cada planta del edificio) que daban acceso directo a dos viviendas por piso y a
escaleras que simulaban continuidad vertical. El set incluía simulaciones de un
ascensor y escaleras que daban la apariencia de subir y bajar, que contribuían
a generar la sensación de realismo y profundidad pese a las limitaciones
técnicas.
Para preparar su
trabajo, Botella estudió el funcionamiento de las grandes sitcoms
norteamericanas, como Friends (NBC, 1994-2004). Sin embargo, el reducido
espacio le llevó a romper la convención del decorado de tres paredes. Diseñó
pisos completos, con cuatro paredes, una de ellas desmontable, lo que permitía
en teoría filmar contraplanos y enriquecer la estética y el realismo del
espacio. Botella describe su enfoque como una suerte de comedia verité: una búsqueda de realismo cotidiano basada en
materiales reconocibles, luces neutras y texturas que evocaran el centro
histórico madrileño.
Cada vivienda fue
decorada en función de sus habitantes, siguiendo una biblia de personajes. Los
pisos modernos recurrían a mobiliario de La Oca, mientras que los más antiguos
o modestos se vistieron con piezas de casas de atrezzo clásicas como
Hermanos Vázquez Muebles o Mateos Atrezzo[8].
Esta mezcla deliberada de estilos subrayaba las diferencias generacionales y
socioeconómicas de los diferentes personajes.
La clave para analizar Aquí
no hay quien viva desde una perspectiva espacial es entender Desengaño
21 como un edificio donde lo privado y lo público se entremezclan
constantemente. Dada la amplia cantidad de espacios, centramos la atención en
los espacios públicos del edificio (fachada, portal, escaleras y patio de
luces) como ejes visuales que condensan su sentido narrativo y representativo.
F1.
Aquí no hay quien viva (Miramón Mendi, 2003-2006).
La fachada de la ficción y su inspiración en
la Calle Hortaleza[9]
El inmueble, de fachada
amarilla y tres plantas, reproduce la estética de las fincas madrileñas del
primer tercio del siglo XX (F1). Su diseño se inspiró, según Botella, en un
edificio real del barrio de Chueca, en la calle Hortaleza: «una casa clásica de
Madrid, con balcones de obra, tres plantas y dos locales comerciales». La
fachada funciona como un espacio liminal donde lo doméstico se expone al
escrutinio colectivo: los vecinos se escuchan a través del telefonillo, y los
balcones y ventanas son puntos de observación y espionaje (F2); en ellos tienen
lugar algunas escenas especialmente recordadas, como la «salida del armario»
ante los vecinos de Fernando en Érase una Nochebuena (Episodio 16 de la 1ª
temporada). En su dimensión simbólica, la fachada representa el bien común e
indivisible que provoca disputas constantes.
F2. Aquí no hay quien viva (Miramón
Mendi, 2003-2006). Plano-contraplano desde la calle y uno de los balcones.
F3. Aquí no hay quien viva (Miramón
Mendi, 2003-2006).
Presidido por un
ascensor casi siempre averiado, el portal concentra buena parte de las
reuniones y disputas vecinales. El propio ascensor es una suerte de metáfora
del edificio: un elemento compartido que debería facilitar la convivencia, pero
permanece inutilizado por falta de cooperación. Las escaleras y los
descansillos son los escenarios donde la intimidad se interrumpe: lugares de
tránsito donde los personajes entran y salen sin cesar, y donde el humor surge
del cruce, la intromisión y el chisme. Visualmente, la serie aprovecha el
plano-contraplano entre puertas abiertas para unir en un mismo eje lo doméstico
y lo colectivo (F3). Las ancianas de radio patio (un medio de
comunicación metafórico que cubre lo que ocurre en el edificio) asomadas a la
barandilla o a la ventana, encarnan la vigilancia mutua que convierte la vida
cotidiana en espectáculo público (F4).
F4. Aquí no hay quien viva (Miramón
Mendi, 2003-2006).
El patio de luces
sintetiza la tensión entre interior y exterior. La idea de poner un patio con
cuerdas para tender entre los edificios fue idea del propio Botella, y aparece
desde el primer episodio como un espacio de observación y de comicidad. Las cocinas
de todas las viviendas dan al patio, lo que permite una comunicación constante
entre vecinos. El montaje recurre reiteradamente al plano–contraplano de
personajes asomados (F5), creando escenas corales donde cada uno interviene
desde su propia ventana, pero dentro de un mismo marco común. La ropa tendida,
siempre visible, introduce un componente visual de intimidad: las prendas
flotan sobre el vacío como recordatorio de que lo privado no puede aislarse del
todo en la vida comunitaria. En conjunto, estos espacios públicos conforman una
geografía simbólica de la convivencia. En este sentido, la arquitectura se
convierte en un punto de fricción del que nace la comicidad de Aquí no hay
quien viva.
F5. Aquí no hay quien viva (Miramón
Mendi, 2003-2006).
Hasta aquí hemos
analizado cómo Aquí no hay quien viva construye su espacio escenográfico
como un entorno de convivencia forzada donde los límites entre lo público y lo
privado se desdibujan. Para comprender plenamente su interés como
representación de la vida urbana, resulta necesario poner este entramado espacial
en relación con la construcción de sus personajes. Desde su concepción
original, los guionistas concibieron Desengaño 21 como una comunidad
definida por el conflicto, una suerte de sociedad en miniatura donde
cada vecino defiende su parcela de poder y su derecho a habitar. En palabras de
los propios creadores,
En el primer piso
situamos a las dos señoras mayores: Vicenta y su hermana Marisa; enfrente, la
pareja gay, Mauri y Fernando. En el segundo vivían los Cuesta, un matrimonio
tradicional con hijos, frente a Armando, un ‘donjuán’ trasnochado. Y en el
tercero, una parejita que empieza la convivencia frente a dos solteras, Belén y
Alicia, a las que les va la marcha (Fernández y Abajo, 2007: 101).
La escenografía, como ya
hemos visto, favorece la permeabilidad entre los espacios privados y
colectivos, y por tanto intensifica estos contrastes: las viviendas y los
rellanos son lugares de negociación constante, atravesados por diferencias de
edad, género, clase y orientación sexual. En este sentido, los personajes
encarnan una radiografía cómica de la España urbana de comienzos de siglo:
ancianas propietarias, jóvenes inquilinos, parejas heteronormativas en crisis,
y nuevos modelos de convivencia que tensan las normas del edificio y de la
sociedad. El guionista Alberto Caballero ha explicado que el éxito perdurable
de la serie reside en esa estructura de conflicto generacional:
Había unos personajes
mayores (viejos), que eran los agresores, y otros jóvenes, que eran los
agredidos. Esa estructura de convivencia, en esencia generacional, es lo que
enganchó a la gente. Hablábamos de temas como empezar a vivir en pareja, la
emancipación, comprar o alquilar una casa, la precariedad del mercado laboral,
la intransigencia de la gente mayor con tus opciones de vida… y eso sigue muy
vigente (Citado en Medina, 2023).
Esta lectura coincide
con lo que Aquí no hay quien viva refleja de manera transversal: la
dificultad de emanciparse y de acceder a una vivienda en la España del boom inmobiliario.
El edificio de Desengaño 21 es, en ese sentido, una metáfora de la sociedad
española que emerge antes de la crisis del 2008; un espacio abarrotado donde la
convivencia es obligada, los precios suben y la precariedad se disfraza de
normalidad.
Entre todos los
personajes, Belén López Vázquez (Malena Alterio) encarna mejor que nadie esta
tensión. Belén ha sido recuperada en redes sociales y medios digitales como la antiheroína millennial
por excelencia, símbolo de la precariedad vital y laboral (Díaz, 2019;
González, 2022). A lo largo de la serie, su desventura económica se convierte
en un running gag: pasa por más de una decena de trabajos (como cool hunter, dependienta de tintorería,
cajera, telefonista erótica, portera, socorrista, vendedora de seguros o
limpiadora), encarnando una inestabilidad laboral estructural que contrasta con
la estabilidad económica y residencial de otros vecinos. Incluso su apellido,
López Vázquez, parece rendir homenaje irónico al cine de los sesenta y setenta,
aludiendo al arquetipo del español medio perdedor y resignado.
Belén y su compañera de
piso Alicia son, además, las únicas inquilinas que viven en régimen de alquiler
en el edificio. Su relación con Concha (Emma Penella), la casera, ilustra el
desequilibrio de poder que atraviesa toda la comunidad. Desde el primer
episodio, Concha impone su autoridad con la frase que se convertirá en uno de
los leitmotivs más recordados de la serie: «Soy
Concha, entro». Esa irrupción constante en el espacio ajeno materializa la
jerarquía entre propietarios e inquilinos, y al mismo tiempo la tensión central
de la serie: la invasión del espacio íntimo por parte de la comunidad. Al
final, en buena parte de las tramas el humor surge precisamente de esa
desigualdad estructural.
Podríamos analizar
muchos otros aspectos de Aquí no hay quien viva, como el papel de Rafael
Álvarez (Nicolás Dueñas), empresario que amenaza con comprar el edificio para
levantar oficinas, o las tensiones entre vecinos y poderes económicos que
anticipan preocupaciones posteriores de su secuela. Sin embargo, eso exigiría
salir del marco de la primera temporada y, sobre todo, del contexto de la vida
urbana que nos ocupa aquí. Lo verdaderamente significativo es reconocer cómo la
serie crea un modelo de comedia vecinal que combina sátira social, coralidad narrativa y observación costumbrista del habitar
contemporáneo. En el siguiente apartado veremos cómo La que se avecina
hereda y transforma este modelo, desplazando el conflicto desde el centro
histórico hacia la periferia residencial y reescribiendo, en clave más cínica,
el mito contemporáneo de la convivencia urbana.
3.2.
La que se avecina:
periferia y burbuja inmobiliaria
Durante las primeras temporadas de Aquí no hay quien viva,
Paloma (interpretada por Loles León) suele espetarle a su marido Juan Cuesta: «Tenemos
que irnos a un chalet, Juan». Paloma no vería su sueño
cumplirse, pero a partir de 2007 la mayoría del equipo creativo y buena parte
del elenco de Aquí no hay quien viva se trasladaría a Telecinco tras la
entrada de esta cadena en el capital de Miramón Mendi (Alvarado, 2006). Allí se
emitiría La que se avecina, una secuela directa de Aquí no hay quien
viva. La nueva ficción rehace el dispositivo de la comedia vecinal, desplazándolo
a una urbanización periférica (F6) de reciente construcción y modificando a sus
personajes principales para evitar conflictos con los derechos de propiedad
intelectual de su predecesora. Ese desplazamiento espacial conlleva, además, un
cambio profundo de tono: frente al optimismo reformista que todavía asoma en Aquí
no hay quien viva, La que se avecina adopta un cínico desencanto,
acorde con el clima de la crisis de 2008 y su prolongación en la década de
2010.
F6. La que se avecina (Alba
Adriática, Infinia, Contubernio Films, Prime Video,
2007- ).
En términos culturales, la crisis no fue solo económica. Según
Mecke et al (2017), puede hablarse de una «crisis cultural completa» cuando se
sincronizan disfunciones en varios campos (económico, político, institucional y
social), como sucedió en España, donde la corrupción, los desahucios o la
reconfiguración del sistema de partidos desbordaron el marco económico para
reconfigurar los relatos culturales del país.
Para leer ese giro cómico en clave de crisis resulta útil el
marco propuesto por Mejón y Romero (2017) a propósito de Perdiendo el norte
(Nacho G. Velilla, 2015): una comedia popular que se convirtió en el retrato de
la crisis más visto por el público, y que dialoga intertextualmente con ¡Vente
a Alemania, Pepe! (Pedro Lazaga, 1971) para actualizar la figura del
emigrante precario en clave de costumbrismo televisivo y cinematográfico. Los
autores subrayan tanto su condición industrial y televisiva (productoras
vinculadas a cadenas, reparto y guionistas procedentes de la televisión) como
su recepción crítica («rancio costumbrismo», «estilo televisivo»), elementos
que, lejos de invalidarla, confirman el papel de la comedia comercial como
vehículo de memoria social y como heredera de las tradiciones
cómico-costumbristas españolas (Mejón y Romero, 2017). Este enfoque resulta
especialmente útil para pensar La que se avecina: una serie que traslada
a la periferia residencial la sátira de la precariedad, el endeudamiento y el
desclasamiento que definieron la poscrisis.
Con todo, conviene recordar que La que se avecina es un
objeto de estudio particularmente inasible. La serie cuenta con quince
temporadas y casi doscientos episodios, pero lo que realmente complica su
análisis es su larga duración temporal: se estrenó el 22 de abril de 2007 y, a día de hoy, continúa en emisión. Podría decirse, por
tanto, que existen varias La que se avecina, con distintos tonos,
elencos y hasta edificios. Por ello, el análisis que aquí se presenta se centra
únicamente en la primera temporada, en la que se fijan los principales rasgos
formales y temáticos. Esperamos que futuras investigaciones profundicen en las
transformaciones posteriores.
Siguiendo con la idea de crisis, en una cultura posterior a la
ilusión de futuro, marcada por el desencanto político y la desmovilización
ciudadana que Junkerjürgen (2017) identifica en su lectura del filme El
futuro (Luis López Carrasco, 2013), la convivencia se transforma en un
espacio de repliegue individualista. En este contexto, los espacios de Mirador
de Montepinar, la urbanización donde transcurre La que se avecina,
encarnan un entorno marcadamente individualista frente a la comunidad de Desengaño
21. Ahora es el descansillo el principal lugar de encuentro (sede de las
juntas de vecinos), mientras que desaparecen los espacios intermedios, como el
patio de luces, sustituido por el garaje, donde los personajes comparan su
poder adquisitivo a través del coche que poseen. Ya no hay peleas por la
modificación de los elementos comunes, sino competiciones por ver quién tiene
el mejor piso.
La realidad que La que se avecina intenta representar es
la de la burbuja inmobiliaria y las consecuencias sociales del modelo
urbanístico de la España reciente. De hecho, la serie ha sido leída desde el
ensayo crítico como un síntoma de época, especialmente en textos divulgativos
como La España de las piscinas (Dioni López, 2021), donde se toma como
emblema de ese sueño hipotecario de clase media que prometía comunidad y bienestar,
pero acabó produciendo aislamiento y desconfianza. Ese mismo modelo urbanístico
se materializó en los PAUs (Programas de Actuación Urbanística), grandes
desarrollos periféricos como Sanchinarro, Las Tablas o Valdebebas, concebidos
durante los años de expansión económica como utopías residenciales para las
nuevas clases medias. La que se avecina recoge ese imaginario y lo
subvierte: convierte la urbanización cerrada (con piscina, garaje y seguridad
privada) en un espacio de conflicto, desilusión y precariedad, mostrando el
reverso cómico del sueño inmobiliario español.
Como señalan Mecke et al. (2022), los estudios culturales
hispánicos constituyen todavía un campo fragmentado y con escasa articulación
interdisciplinar, una situación que se acentuó tras la crisis económica de
2008, cuando parte de la reflexión sobre la cultura española se desplazó del
ámbito académico al ensayo literario o periodístico. En este contexto, La
que se avecina resulta un caso paradigmático: una serie masiva y de enorme
influencia cultural que, pese a su frecuente presencia en discursos no académicos,
ha recibido aún una atención limitada por parte de la investigación
universitaria.
Los títulos de crédito iniciales constituyen un paratexto
privilegiado desde el que aproximarse a una serie de televisión (Magro-Vela et
al., 2020). En apenas unos segundos condensan la premisa narrativa y marcan el
tono de la ficción, al tiempo que, gracias a su repetición semanal, generan en
los espectadores un recuerdo duradero tanto de los personajes y espacios
representados, como de la atmósfera de la serie. Los títulos de crédito de La
que se avecina nos introducen, a través de su letra, en el mundo de la
especulación inmobiliaria:
La que se avecina, vecina,
¡oh! La que se avecina
Se acabó la discoteca, ahora
pago la hipoteca, tengo piso, nueva construcción, lo he pagado
sobre el plano, ¡está mal alicatado!
Bienvenido a la urbanización.
Oh la que se avecina. Usted invierta en casas,
de 100 metros con terraza,
¡Todo puede pasar!
¡Déjenme descansar!
Welcome to Montepinar
Atrapado en la comunidad
ahora solo sueño en escapar
en el vecindario, no hay ni un solo
día normal.
Atrapado en la comunidad
un millón de letras por pagar
pasen y disfruten
vendo piso en Montepinar
La que se avecina vecina
Oh la que se avecina.
Visualmente, los títulos de crédito muestran un plano de
arquitectura sobre el que se levanta una maqueta del edificio con fragmentos de
papel que es recorrida por los personajes, también hechos de papel (F7). Así,
los títulos de crédito reflejan la construcción del planteamiento urbanístico,
como un proceso aséptico, frágil y rápido.
F7. La que se avecina (Alba
Adriática, Infinia, Contubernio Films, Prime Video,
2007- )
En la ficción, la constructora funciona como un personaje más y
su oficina se convierte en uno de los espacios recurrentes de la serie.
Guillermo Ortega y Elio González interpretan a dos jóvenes promotores que, bajo
las órdenes del empresario corrupto José Luis San Cristóbal (Pep Guinyol),
antagonista principal de la primera temporada, intentan vender los pisos de
Mirador de Montepinar. A lo largo de la trama, los vecinos descubren múltiples
desperfectos mientras la empresa elude responsabilidades o los compensa con
regalos simbólicos, como microondas o sandwicheras. De este modo, el imaginario
de la promoción inmobiliaria se convierte en objeto de comedia y vehicula una
crítica directa a un modelo basado en la especulación, la estética del lujo
asequible y la promesa de ascenso social.
Este discurso empresarial impregna asimismo el lenguaje y el
comportamiento de los personajes, que hablan de sus bloques como fases conciben
la urbanización en términos de inversión y calidad de vida y exhiben el
traslado a la periferia como un signo de estatus. Esta retórica de la
modernidad residencial contrasta sistemáticamente con la realidad material del
edificio, defectuoso, mal diseñado y carente de servicios.
Tres gags recurrentes ilustran la manera en la que La
que se avecina desnaturaliza de la vida suburbana. El primero tiene como
protagonista a Enrique Pastor, concejal interpretado por José Luis Gil. Antiguo
presidente de la comunidad de Aquí no hay quien viva, Pastor hereda el
tono pomposo de Juan Cuesta y su obsesión por el estatus. Cada vez que alguien
tropieza con el escalón del salón de su bajo, Enrique corrige: «No es un
desnivel, es un salón a doble altura». La frase sintetiza la retórica
aspiracional de la serie: un intento de maquillar la chapuza bajo un discurso
de distinción. El segundo gag recae en Fran, el hijo adolescente de
Enrique. Desde el primer episodio expresa su descontento con haber dejado el
centro de Madrid: para ver a sus amigos, necesita desplazarse. Por ello, se
pasa toda la primera temporada insistiendo en que alguien le compre un scooter;
su padre le invita a coger el bus, a lo que él responde que «Es que da mucha
vuelta». Esa frase se vuelve un running gag colectivo espetado por el
resto de los vecinos, parodiando la dependencia del automóvil y la falta de
transporte público en estos nuevos barrios periféricos. El tercer ejemplo lo
protagoniza Araceli Madariaga (Isabel Ordaz), que abre una peluquería en los
bajos del edificio. El negocio languidece por falta de clientela, y Araceli
repite resignada: «¿Por qué me vine aquí?». El gag revela una verdad
estructural: estos barrios de nueva construcción, concebidos solo como
conjuntos residenciales cerrados, carecen de tejido económico y de
planificación urbana, lo que condena al pequeño comercio a la inviabilidad y
disuelve la vida comunitaria.
En conjunto, estos momentos convierten la comedia vecinal en un
espejo deformante de la España de la burbuja: una sociedad que compró el sueño
de la periferia y despertó en un escenario de soledad, deudas y desconexión. La
que se avecina desmonta ese ideal a través de la comedia, transformando el lenguaje
de la promoción inmobiliaria en una sátira del habitar contemporáneo.
Aunque el foco de este análisis se centra en la primera
temporada, conviene subrayar que este carácter crítico de La que se avecina
no se mantuvo con igual claridad a lo largo de la serie. Como señalábamos al
principio, la ficción tiene una larga duración y ha variado
sustancialmente de tono con el paso de los años. Su primera temporada, emitida
en 2007, no alcanzó las excelentes audiencias de su predecesora, y las
temporadas posteriores reorientaron el formato hacia un humor más disparatado y
ácido. Sin embargo, ese arranque sigue siendo una representación de enorme
interés de la crisis de la vivienda y de los imaginarios de la burbuja
inmobiliaria, hasta el punto de que algunos de sus momentos han sido releídos
por los espectadores contemporáneos en clave de crítica social.
Un ejemplo paradigmático es el monólogo de Izaskun, interpretada
por Mariví Bilbao, una anciana que decide okupar el piso piloto de Mirador de
Montepinar y que aboga, con sorprendente contundencia, por la ocupación como
solución al problema de la vivienda. Ese fragmento ha circulado en redes
sociales («La reveladora reflexión sobre los okupas…», 2020), resignificado
como denuncia de la precariedad habitacional y como antecedente involuntario
del discurso antidesahucios de la década siguiente.
El contexto de esa escena pertenece al arco narrativo de la
primera temporada, que resulta especialmente revelador. A medida que avanza la
serie, los vecinos descubren que la construcción de Mirador de Montepinar se
levantó mediante acuerdos corruptos entre la promotora y el gobierno
autonómico, edificando sobre suelo recalificado de forma ilegal. Cuando estalla
el escándalo, el jefe de la constructora se da a la fuga, y el edificio es
declarado en riesgo de demolición, convirtiéndose en una auténtica pesadilla
inmobiliaria para los nuevos propietarios.
Las protagonistas de esta trama son Izaskun y Mari Tere (Gemma
Cuervo), dos ancianas que escapan de una residencia para ocupar el piso piloto.
La constructora, en un gesto de violencia privatizada que anticipa las
prácticas de Desokupa, envía matones para
desalojarlas (F8), pero las mujeres responden organizando una huelga de
jubilados. En el clímax de la trama, los vecinos del edificio se unen a la
causa, desplegando pancartas con lemas como «Lucha anticapitalista en los
barrios», asistidos por una autodenominada «oficina del okupa» que parodia
la estética de los movimientos sociales de desobediencia civil. En uno de los
episodios, Izaskun proclama con un megáfono: «Desde este piso piloto vamos a
activar la resistencia social contra la hipocresía de un sistema que privatiza
nuestros hogares y nos priva de lo que es nuestro derecho.»
F8. La que se avecina (Alba
Adriática, Infinia, Contubernio Films, Prime Video,
2007- )
El contraataque de la constructora añade otra capa satírica. Con
el objetivo de desacreditar a las okupas, deciden llamar a la televisión para
que cubra el caso, pero la operación resulta contraproducente: el programa
genera un movimiento espontáneo de simpatía pública y el piso se llena de
pensionistas que afirman haber «encendido la mecha de la revolución de los
jubilados contra el Estado opresor y especulador». Entre sus demandas aparecen cánticos
que reclaman «pensiones justas» y «buses que no den tanta vuelta».
Desde la contemporaneidad, tramas como esta resultan de enorme
de actualidad. En un panorama mediático en el que la representación de la okupación
suele estar marcada por el alarmismo o el estigma, resulta llamativo que La
que se avecina mostrara en 2007 una solidaridad cómica con los desposeídos,
situando a unas ancianas como heroínas de la resistencia frente a la
especulación. Casi conmueve imaginar un mundo en el que los medios generan
simpatía con la desobediencia civil y plantean la vivienda como un derecho
antes que como un bien de consumo. Esa mirada, por ingenua o paródica que
parezca hoy, reafirma el interés de la serie como documento cultural sobre la
crisis del habitar en la España contemporánea.
4.
Conclusiones:
de las representaciones a la práctica social
Rosich Argelich et al
señalaban en un artículo reciente cómo el audiovisual español «se ha convertido
en testigo y narrador de la evolución histórica, social y política de España,
reflejando las vicisitudes autóctonas del país y su conexión dialéctica con el
resto del mundo» (2025: p. 2). En esta línea, este artículo ha analizado cómo
dos de las comedias más populares de la televisión contemporánea, Aquí no
hay quien viva y La que se avecina, construyen imaginarios urbanos
que dialogan con los cambios sociales y económicos de las últimas dos décadas.
Sin embargo, lo
interesante de trabajar con objetos de estudio tan populares reside no solo en
examinar sus representaciones, sino en considerar el recorrido social de las
propias series. Ambas funcionan como ejemplos paradigmáticos de lo que Newcomb
y Hirsch (1983) definieron como foro cultural: la televisión de gran
audiencia, en su aspiración a llegar al mayor número de espectadores, se
configura como un espacio donde la sociedad debate consigo misma, codificando
en sus mensajes los deseos y miedos de la sociedad en un debido momento. No
deja de ser relevante señalar como las dos vidas de estas ficciones (su estreno
original y su redescubrimiento en plataformas) coinciden con los momentos de
mayor preocupación ciudadana por la vivienda según el CIS (F9).
F8. La preocupación por la vivienda en España. Elaboración
propia a partir de datos del CIS (2000-2025).
A
modo de conclusión, aunque no sea pertinente desarrollarlo en profundidad aquí,
conviene recordar la ubicuidad de estas ficciones en la cultura digital
contemporánea. Cualquier usuario de redes sociales conoce la cantidad de memes
y vídeos que circulan a partir de Aquí no hay quien viva y La que se
avecina. Como ha señalado An Xiao Mina (2019) en su estudio sobre los memes
y los movimientos sociales, estos funcionan como el «arte callejero de la web
social» y su circulación no se limita al entorno virtual: en su forma material (carteles,
camisetas, pancartas) se transforman en «object memes», una nueva ola de
activismo memético que traslada la viralidad digital al espacio público (Mina, 2019: 155).
En
este sentido, no deja de ser significativo que las recientes manifestaciones
por el derecho a la vivienda hayan incorporado iconografía de ambas series. En
las siguientes imágenes (F10) pueden verse algunos ejemplos: una ilustración
con buitres sobrevolando Madrid bajo el título La que se avecina,
aludiendo a la especulación inmobiliaria; otra en la que el edificio de
Desengaño 21 aparece ocupado por logotipos de bancos y portales inmobiliarios;
o una versión del logo de La que se avecina acompañado del lema «Si no
luchamos, La que se avecina será peor». Según relataban algunos asistentes en
redes sociales, incluso se llegó a corear la canción de los créditos durante la
marcha (Vigo, 2024).
F9. Elaboración propia. Fotos tomadas en la manifestación por
la vivienda del 13 de octubre de 2024 en Madrid.
Estos
gestos confirman la vigencia simbólica de ambas series y sus representaciones como
espacios de debate: ficciones que, reactivadas en la calle y en la red, siguen
articulando las formas en que los españoles se piensan (y se ríen) de sus modos
de habitar.
Referencias bibliográficas
«“La que se avecina” reducirá la duración de sus
capítulos con el estreno de la temporada 16: “Es una bendición”», Vertele (eldiario.es), 21 de septiembre de
2025. En: https://www.eldiario.es/vertele/series/la-que-se-avecina-duracion-capitulos-temporada-16-amazon-prime-video-telecinco-laura-caballero_1_12620084.html (consulta: 17-10-2025).
«La reveladora reflexión sobre los okupas que
pasó desapercibida en “La que se avecina”», La Vanguardia, 3 de
septiembre de 2020. En: https://www.lavanguardia.com/cribeo/viral/20200903/483281876942/reveladora-reflexion-sobre-okupas-paso-desapercibida-la-que-se-avecina-marivi-bilbao.html (consulta: 17-10-2025).
ABAD VILLAMOR, Ana Isabel y FERNÁNDEZ ROMERO, Cayetano
(2018), «Inmigrantes en las series de televisión Aída y La que se avecina.
Entre la parodia y los prejuicios», Ámbitos. Revista Internacional de
Comunicación, n.º 40, pp. 114–121. DOI: 10.12795/Ambitos.2018.i40.16
ALVARADO, Enrique (2006), «Los vecinos de Aquí
no hay quien viva se mudan de serie y de cadena», El Mundo, 13 de
diciembre, p. 61.
BANDRÉS GOLDÁRAZ, Elena
(2019), «Survival in the TV series “La que se avecina” of the stereotypes against women denounced by
Simone de Beauvoir», Doxa Comunicación. Revista interdisciplinar de estudios de
comunicación y ciencias sociales,
n.º 29, pp. 75–95. DOI: 10.31921/doxacom.n29a
BUONANNO, Milly (ed.)
(1997), Il senso
del luogo: La fiction
italiana, l’Italia nella fiction; anno ottavo,
Roma: RAI ERI.
CARRASCO CAMPOS, Ángel (2011), «Representaciones
de la sociedad urbana actual en la telecomedia española contemporánea:
costumbrismo e identidad social», Mediaciones Sociales, n.º 8, pp.
71–96. DOI: 10.5209/rev_MESO.2011.n8.4.
CARRILLO PASCUAL, Elena (2012), «La
representación de la familia en la ficción televisiva española», en PUEBLA
MARTÍNEZ, Belén; CARRILLO PASCUAL, Elena y ÍÑIGO JURADO, Ana Isabel (eds.), Ficcionando: Series de televisión a la española,
Madrid: Editorial Fragua, pp. 135–156.
CASETTI, Francesco (1999), Análisis de la
televisión: Instrumentos, métodos y prácticas de investigación, Barcelona:
Paidós.
CHICHARRO MERAYO, María del Mar (2009), «Familia
y televisión: algunas representaciones de la familia española en la pequeña
pantalla», Doxa Comunicación. Revista interdisciplinar de estudios de
comunicación y ciencias sociales, n.º 8, pp. 145–162. DOI: 10.31921/doxacom.n8a7
CIS. (Centro de investigaciones sociológicas)
(2000–2025), Barómetro de opinión pública, Madrid: CIS. En: https://www.cis.es.
CORNER, John (1999), Critical
Ideas in Television Studies, Oxford: Clarendon Press / Oxford University
Press.
CUESTA, Mery (ed.) (2020), Humor absurdo: Una
constelación del disparate en España, Bilbao / Móstoles: Astiberri / CA2M.
D’ACCI, Julie (2004),
«Television, representation and gender», en ALLEN, Robert C. y HILL, Annette
(eds.), The Television Studies Reader, Londres: Routledge, pp. 373–385.
DÍAZ, Luis (2019), «Belén López Vázquez, la voz
de nuestra generación», Poscultura, 13 de mayo. En: https://poscultura.com/poscultura/belen-lopez-vazquez-la-voz-de-nuestra-generacion/ (consulta: 17-10-2025).
DIEGO, Patricia (2010), La ficción en la pequeña
pantalla: cincuenta años de series en España, Pamplona: Ediciones Universidad
de Navarra.
DIONI LÓPEZ, Jorge (2021), La España de las
piscinas: Cómo el urbanismo neoliberal ha conquistado España y transformado su
mapa político, Barcelona: Arpa.
DIRECCIÓN GENERAL DEL CATASTRO, Consulta de
Bienes Inmuebles, Sede Electrónica del Catastro. En: https://www1.sedecatastro.gob.es/CYCBienInmueble/OVCListaBienes.aspx?RC1=0953023&RC2=VK4705D
FERNÁNDEZ, David y ABAJO, David (2007), «Aquí no
hay quien viva (¡qué follón!)», en HUERTA FLORIANO, Miguel Ángel y SANGRO
COLÓN, Pedro (eds.), De Los Serrano a Cuéntame: Cómo se crean las series de
televisión en España, Madrid: Arkadin Ediciones, pp. 99–114.
FEUER, Jane (2015), «Situation
Comedy, Part 2», en
CREEBER, Glen (ed.), The Television Genre Book (3.ª
ed.), Londres: BFI Palgrave, pp. 103–105.
GECA (2004), El anuario de la televisión 2004,
Madrid: GECA.
GIL VÁZQUEZ, Asier (2017), «Arniches va al cine:
Conservadurismo y elementos disruptivos en la comedia asainetada Así es
Madrid (Marquina, 1953)», Cadernos del
Aleph, n.º 9, pp. 61–77.
GONZÁLEZ, Víctor M. (2022), «En Aquí no hay
quien viva, Belén era una antiheroína millennial antes de que existieran las antiheroínas millennial», Revista
GQ, 6 de julio. En: https://www.revistagq.com/noticias/articulo/aqui-nohay-quien-viva-belen-lopez-malena-alterio-personajes (consulta: 17-10-2025).
GOROSTIZA, Jorge (2001), La arquitectura de
los sueños: Entrevistas con directores artísticos del cine español, Alcalá
de Henares: Festival de Cine de Alcalá de Henares.
HARALOVICH, Mary Beth
(1989), «Sitcoms and Suburbs: Positioning the 1950s Homemaker», Quarterly
Review of Film and Video, vol. 11, n. º 1, pp. 61–83. https://doi.org/10.1080/10509208909361287
HARTLEY, John (2000), Los usos de la
televisión, Barcelona: Paidós Comunicación.
HIDALGO-MARÍ, Tatiana (2018), «La comedia
familiar española desde la apertura del mercado televisivo hasta el apagón
analógico: formatos, audiencias y producción (1990–2010)», Comunicación y
sociedad, vol. 31, n.º 2, pp. 39–50.
HUERTAS GUTIÉRREZ, Roberto (2026), Los hermanos
Caballero y la comedia televisiva contemporánea: Aquí no hay quien viva, Tesis
doctoral inédita, Universidad Carlos III de Madrid.
IBÁÑEZ, Juan Carlos (2016), Cine, televisión y
cambio social en España: Del franquismo a la postransición, Madrid:
Editorial Síntesis.
JORDAN, Barry (ed.)
(2002), Spanish Culture and Society: The Essential Glossary, Londres:
Arnold.
JUNKERJÜRGEN, Ralf (2016), «Anacronismos para
politizar a los ciudadanos. El futuro (2013) de Luis López Carrasco», en
JUNKERJÜRGEN, Ralf, MECKE, Jochen y PÖPPEL, Hubert (eds.), Discursos de la
crisis: Respuestas de la cultura española ante nuevos desafíos, Fráncfort: Vervuert, pp. 139-154
MAGRO-VELA, Silvia, PUEBLA-MARTÍNEZ, Belén y
BARAYBAR FERNÁNDEZ, Antonio (2020), «Los openings,
antesala del relato de ficción en televisión: Identidad y marca», Revista de
Comunicación, vol. 19, n.º 2, pp. 175–191. https://doi.org/10.26441/RC19.2-2020-A10.1
MARCOS, Natalia (2021), «Aquí no hay quien viva
disfruta de una segunda vida», El País, 21 de noviembre, p. 58.
MASSEY, Doreen B.
(1994/2009), Space, Place and Gender (6.ª ed.), Minneapolis: University
of Minnesota Press.
MECKE, Jochen,
JUNKERJÜRGEN, Ralf y PÖPPEL, Hubert (eds.) (2017),
Discursos de la crisis: Respuestas de la cultura española ante nuevos
desafíos, Fráncfort: Vervuert. https://doi.org/10.31819/9783954876006.
MECKE, Jochen, JUNKERJÜRGEN, Ralf, PÖPPEL, Hubert
y SCHMELZER, Dagmar (2022), «Estudios culturales hispánicos: Enfoques teóricos,
retos metodológicos y ejes temáticos», Estudios Culturales Hispánicos,
pp. 9–17. https://doi.org/10.5283/ECH.69.
MEDINA, Marta (2023), «Por qué “Aquí no hay quien
viva” es la serie que lo peta entre los jóvenes... 20 años después», El
Confidencial, 13 de septiembre de 2023. En: https://www.elconfidencial.com/cultura/2023-09-13/aqui-no-hay-quien-viva-fenomeno-cultural_3612209/ (consulta: 17-10-2025).
MEJÓN, Ana y ROMERO, Rubén (2017), «Perdiendo el
norte: Una brújula para la crisis», en MECKE, Jochen, JUNKERJÜRGEN, Ralf y
PÖPPEL, Hubert (eds.), Discursos de la crisis: Respuestas de la cultura
española ante nuevos desafíos, Fráncfort: Vervuert,
pp. 123–138. https://doi.org/10.31819/9783954876006-007.
MERCHANT, Paul R. (2022),
Remaking Home: Domestic Spaces in Argentine and Chilean Film, 2005–2015,
Pittsburgh: University of Pittsburgh Press.
MINA, An
Xiao (2019), Memes to Movements: How the World’s Most Viral Media Is
Changing Social Protest and Power, Boston: Beacon Press.
NEWCOMB, Horace y HIRSCH,
Paul M. (1983), «Television as a Cultural Forum: Implications for Research», Quarterly
Review of Film and Video, vol. 8, n. º 3, junio,
pp. 45–55. https://doi.org/10.1080/10509208309361170
PALACIO, Manuel (2012), «La ficción televisiva
española (2005-2011)», en FRANCÉS I DOMENEC, Miquel y LLORCA ABAD, Guillermo
(eds.), La ficción audiovisual en España, Barcelona: Gedisa, pp. 63–74.
PALACIO, Manuel (2024), La televisión en
España (1990-2022): Sociedad y cultura, Madrid: Cátedra.
PUEBLA MARTÍNEZ, Belén (2012), «La comedia de
situación en España. Características y evolución del formato», en PUEBLA
MARTÍNEZ, Belén, CARRILLO PASCUAL, Elena y ÍÑIGO JURADO, Ana Isabel (eds.), Ficcionando: Series de televisión a la española,
Madrid: Editorial Fragua, pp. 15–38.
RÍOS CARRATALÁ, Juan Antonio (1997), Lo
sainetesco en el cine español, Alicante: Publicaciones de la Universidad de
Alicante.
RODRÍGUEZ, Juan Carlos (2003), «La psicología
navideña de la comunidad más famosa de España», Magazine (El Mundo), 13
de diciembre, pp. 135–139.
ROSICH ARGELICH, Ricardo, CRUSELLS VALETA, Magí y RODRÍGUEZ LÓPEZ, Rafael Ángel (2025), «La España
audiovisual: Reflexiones desde el cine y las series», SERIARTE. Revista
científica de Series Televisivas y Arte Audiovisual, n.º 7, pp. 1–2. https://doi.org/10.21071/seriarte.v7i.17876.
SILVESTRE, Juan (2003), «El “13, rue del Percebe”
cobra vida», Supertele, n.º 595, 9 de agosto,
pp. 8–9.
SMITH, Paul Julian
(2006), Television in Spain: From Franco to Almodóvar, Woodbridge:
Boydell and Brewer Limited.
STRANDVAD, Sara Malou (2013), «Analyzing Production from a Socio-material Perspective», en SZCZEPANIK, Petr y VONDERAU, Patrick (eds.), Behind the Screen, Nueva York: Palgrave Macmillan US, pp. 27–43. https://doi.org/10.1057/9781137282187_3.
VIGO, Fernando [@F_Vigo00] (13 de octubre de
2024), «En la manifestación por la vivienda se han puesto a cantar la cabecera
de Aquí no hay quien viva» [Tuit], X (Twitter). En: https://x.com/F_Vigo00/status/1845413736003068369
[1]
Este estudio se ha realizado en el marco y con el apoyo del proyecto «El cine y
la televisión españoles en la era digital (2008-2022): nuevos agentes y
espacios de intercambio en el panorama audiovisual» (CITEDIG), financiado por
la Agencia Estatal de Investigación (PID2022-140102NB-100 / AEI /
10.13039/501100011033).
[2] En
este artículo se aborda la pervivencia cultural de estas ficciones desde el
análisis de sus representaciones. Un desarrollo más amplio de los factores
industriales y tecnológicos que también explican su vigencia puede encontrarse
en Huertas Gutiérrez (2026).
[3]
Según datos de GECA.
[4]
El modelo de análisis espacial de Ruggero Eugeni al que se alude procede de un
trabajo desarrollado por el investigador para una empresa privada. Su
formulación ha sido posteriormente sistematizada y difundida en el volumen
editado por Francesco Casetti, que actúa aquí como fuente de referencia.
[5] Las
capturas de imagen incluidas en este trabajo se realizan al amparo del artículo
32 del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (Real Decreto
Legislativo 1/1996, de 12 de abril, con sus modificaciones posteriores). Su
utilización responde exclusivamente a fines de investigación y análisis
crítico, sin ánimo de lucro.
[6] La
calle Desengaño existe en la realidad, pero la serie utiliza solo el nombre; en
el mundo de la ficción, la calle se ubica en otro lugar indeterminado. Sabemos
que la serie tiene lugar en Madrid porque en los títulos de crédito vemos cómo
la cámara baja desde una perspectiva general del planeta tierra hasta acercarse
a Madrid.
[7]
Salvo indicación expresa, la información y las citas aquí reflejadas proceden
de una entrevista realizada por el autor a Juan Botella en mayo de 2025.
[8]
Ambas casas de atrezzo son negocios familiares y pioneras en el decorado
audiovisual. Según el diccionario de empresas relacionadas con la dirección
artística de Gorostiza (2001: 506, 518), los Hermanos Vázquez empezaron en 1960
alquilando muebles a los teatros madrileños; Mateos se funda en 1920, y
rápidamente se especializa en el medio cinematográfico.
[9]
Calle Hortaleza 96. Imagen de la fachada extraída de la Dirección General del
Catastro (s.f.).