
Formas y
discursos del neonoir en la obra de Nicolas Winding Refn:
Demasiado viejo para morir joven (2019)
Forms and Discourses of Neonoir in Nicolas Winding refn's Work: Too Old to Die Young (2019)
Fernando Luque Gutiérrez
Universidad de Córdoba
https://orcid.org/0000-0002-2973-7116
Resumen
Partiendo del auge de la ficción televisiva y sus interferencias
con el medio cinematográfico, el artículo busca profundizar en la
identificación del sistema estético y significante movilizado por el cineasta
danés Nicolas Winding Refn en la serie Demasiado viejo para morir joven
(Too Old to Die
Young, Prime Video, 2019), un relato neonoir escrito junto al guionista Ed
Brubaker que aprovecha el metraje extendido de su formato para extremar
planteamientos formales ya afianzados en anteriores largometrajes. Partiendo de esta consideración, el
estudio analítico se centra en aquellos estilemas que afectarán a la
formalización de tres destacados aspectos identitarios que definieron la
naturaleza del noir clásico: la representación escenográfica, el desarrollo del
tiempo del relato y la violencia intrínseca asociada a los universos
criminales, así como la resignificación efectuada en torno al mito de la mujer
fatal que modificará radicalmente el sentido discursivo en la propuesta
refniana.
Abstract
Building on the rise of television fiction and its
intersections with cinema, this article seeks to identify the aesthetic and
system of signification deployed by Danish filmmaker Nicolas Winding Refn in
the series Too Old to Die Young (Prime Video, 2019), a neo-noir
narrative co-written with screenwriter Ed Brubaker that uses the format’s
extended running time to intensify strategies already established in Refn’s
earlier feature films to their limits. The analysis focuses on the stylistic
traits that shape three key features that defined classical noir: mise-en-scène, narrative temporality,
and the intrinsic violence associated with criminal worlds, as well as the
resignification of the femme fatale myth, which radically alters the discursive
thrust of Refn’s proposal.
Palabras clave
Nicolas Winding Refn; Géneros cinematográficos;
Neonoir; Televisión; Estética; Violencia.
Keywords
Nicolas
Winding Refn; Film genres; Neonoir; Television; Aesthetics; Violence.
1.
Introducción
Entre los muchos indicios que alertan
sobre la voracidad de los relatos posclásicos (Palao Errando, 2013: 19), el tan
debatido auge de las series de ficción televisiva destaca sobremanera por su
impacto en la producción audiovisual y en los hábitos de consumo desde finales
del siglo pasado (Cascajosa, 2022). Superando las limitaciones impuestas por la
duración estándar de una proyección comercial en sala tradicional, las
plataformas domésticas de televisión, streaming o video bajo demanda
posibilitan estirar temporalmente los relatos y dilatar la esperada clausura
mientras se ocupan horas de ocio del consumidor fidelizado. En este contexto,
la fructífera productividad ofrecida por este campo de explotación audiovisual
ha motivado una permanente y agresiva competencia entre los muchos agentes implicados,
obligando a productoras y canales de difusión a potenciar las estrategias de
marca con el objetivo de atraer a un espectador próximo a la saturación.
Dentro del amplio abanico de reclamos y señuelos encaminados
a tal objetivo, cabe destacar la libertad creativa otorgada a renombradas
figuras del medio cinematográfico para el desarrollo de proyectos personales en
un ámbito diferenciado de su habitual circuito de difusión. En este sentido, si
bien el éxito de referentes televisivos como la memorable Alfred Hitchcock
presenta (Alfred Hitchcock Presents y The
Alfred Hitchcock Hour, CBS y NBC, 1955-1965) nos recuerda de manera
oportuna que esta ha sido una práctica recurrente desde que comenzaran las
interferencias entre cine y televisión a mediados del siglo pasado (Sánchez
Noriega, 2018: 476), la producción reciente indica un significativo repunte de
esta tendencia en unas décadas marcadas por la proliferación de series
vinculadas a ilustres nombres del cine contemporáneo. Corroborando lo expuesto,
desde 2010 se han estrenado las aportaciones creativas de autores tan
relevantes como Martin Scorsese (Boardwalk Empire,
HBO, 2010-2014), los hermanos Coen (Fargo, FX Networks, 2014-2023),
David Fincher (Mindhunter, Netflix,
2017-2019), David Lynch (Twin Peaks: The Return,
Showtime, 2017), Lars von
Trier (Riget: Exodus, Zentropa, 2022) o Wong
Kar Wai (Blossoms Shanghái,
coproducción, 2023); estableciéndose, en cada caso, un productivo diálogo
formal y estilístico con las filmografías convencionales de sus respectivos
creadores.
En este marco general se inscribe la colaboración
del cineasta Nicolas Winding Refn con el escritor Ed Brubaker para la
plataforma Amazon Prime Video (Simmons, 2019), origen de la miniserie que será
objeto de nuestra atención en las páginas que siguen, Demasiado viejo para
morir joven (Too Old To Die Young, Prime Video, 2019): un relato neonoir
ambientado entre Los Ángeles y México donde el director danés explota la
singularidad estética y narrativa de su obra a través de un ejercicio de estilo que se
aprovecha de su metraje extendido para extremar planteamientos ya afianzados en
anteriores largometrajes.
Partiendo de esta consideración, metodológicamente
el presente artículo tratará de identificar los estilemas de la obra dirigida
por Winding Refn como base de una interpretación del sistema estético y
significante que es vehiculado por esta particular adaptación de los cánones
del neonoir contemporáneo, en especial, aquellos relacionados con algunas de
las señas de identidad que perfilaron la naturaleza del complejo género negro.
De tal modo, tras una necesaria contextualización teórica de la cuestión, el
análisis textual planteado aborda tres aspectos que valoramos como esenciales, en cuanto que afectan a
otras tantas claves de la fisonomía más reconocible del noir tradicional, tales
como: la reconfiguración estética de la particular expresividad escenográfica
asociada al género negro durante su periodo clásico; el tratamiento fílmico de
la violencia criminal intrínseca a sus particulares narrativas; y, finalmente,
la reconfiguración del mito de la fatalidad vinculada a lo femenino y sus
implicaciones en los nuevos discursos del cine negro y criminal en el siglo
XXI.
2. Identidad y vetas
creativas del neonoir contemporáneo: una aproximación
Atendiendo a la nutrida bibliografía sobre la cuestión, el
consenso generalizado fecha el ocaso del cine negro clásico a finales de los
años cincuenta, arrastrado por el de la propia edad dorada hollywoodiense
(Comas, 2005; Simsolo, 2007; Sullà, 2010). Parece más complicado hallar, sin
embargo, una similar uniformidad de criterios para fijar una definición
concluyente de su poliédrica naturaleza.
En este sentido,
como ya advirtieran Carlos F. Heredero y José A. Santamarina en la introducción
del fundacional trabajo en castellano El cine negro, maduración y crisis de
la escritura clásica (1996: 11): «cualquier esfuerzo metodológico destinado
a conceptualizar con rigor un territorio tan extenso y plural tropezará de
inmediato con las múltiples barreras que levanta (…) (su) extrema dispersión
referencial, diegética, estilística y dramática»; y, en efecto, sin
distanciarnos del inventario general perfilado por crítica e historiografía, el
mismo término puede enlazar películas como El terror del hampa (Scarface, H. Hawks, 1932), El halcón maltés (The
Maltese Falcon, J. Huston, 1941), El último refugio (High Sierra,
R. Walsh, 1941), Perdición (Double Indemnity,
B. Wilder, 1944) y La ciudad desnuda (The Naked City, J. Dassin,
1949), hasta llegar a Sed de mal (Touch of
Evil, O. Welles, 1958). Un recorrido este, como otros muchos trazables
dentro de la extensa filmografía noir, que puede resumir la complejidad de un
término que da cobijo en el imaginario popular a distintas corrientes
colindantes en lo temático —agrupándose por igual gánsteres, detectives
privados, policías y casuales criminales en un sentido más amplio—, aunque
puedan estar muy alejadas en cuanto a su identidad estética o incluso
discursiva (op. cit.: 28).
No en vano, como
se han encargado de remarcar los estudios historiográficos precedentes, en el
contexto de producción del Hollywood clásico nunca hubo conciencia de un género
como tal, no existiendo realmente «un esquema básico, una estructura ni un contrato
específicos de algo denominado cine negro» (Sullà, 2010: 17), al ser este un
término que sería acuñado por la crítica francesa con posterioridad. Ahora
bien, resulta evidente que existió un fuerte interés creativo y comercial por
ciertas temáticas que, diversificadas en motivos más o menos afines, podían
variar en tono y ejecución según la perspectiva desde la que se abordaba el
conflicto narrativo, según fuera la del policía o la del criminal. Del mismo
modo, la aproximación analítica a este conjunto fílmico consensuado bajo la
etiqueta noir ha demostrado que, además de temáticos, también se
comparten intereses formales que generalmente suponían una importante fuente de
inestabilidad dentro de la presupuesta homogeneidad del canon clásico
hollywoodiense (Bordwell, 1995: 171-256).
A este respecto,
en su exhaustivo estudio analítico Hollywood desafía a Hollywood, películas
que contravienen la norma clásica, Pedro Poyato (2024) ya advierte a tenor
de obras seminales del ciclo noir como son Laura (O. Preminger,
1944) y La mujer del cuadro (The Woman in the
Window, F. Lang, 1945) acerca de la extraordinaria complejidad en los
procedimientos enunciativos de unos sistemas formales que tensionaron la
transparencia clásica de manera decisiva para el camino que el cine americano
habría de seguir en su evolución manierista y posclásica. Un exceso en la
enunciación de los relatos que se suma al detectado en el apartado estético,
con la consabida adaptación del claroscurismo expresionista en sus
características escenografías, así como al referente a la atracción que el
género siempre demostró por la representación de motivos tan conflictivos en su
momento como los del sexo y la violencia, dentro de un sistema que también
debía ser transparente en cuanto a su moralidad.
En cualquier
caso, igual que había ocurrido antes durante el paso del mudo al sonoro, tras
el fin de lo clásico los grandes motivos narrativos articulados por el
discutido género negro proseguirían desarrollándose de manera natural,
adaptándose a las múltiples variaciones experimentadas por la forma fílmica y audiovisual
hasta la actualidad. Así, la necesidad terminológica acabaría generalizando el uso
del término «neonoir» (Comas, 2005; Conard,2007) para designar a toda
obra realizada después de lo clásico que pueda considerarse continuadora de esa
veta creativa tras la frontera cronológica, y por esto poco operativa, del paso
a la década de los sesenta. Un marco semántico que de nuevo nos sitúa ante un
campo demasiado abierto, tanto en lo temporal como en lo estilístico,
conformado por un inabarcable catálogo de títulos como A quemarropa (Point
Blank, J. Boorman, 1968), Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring
Me the Head of Alfredo Garcia, S. Peckinpah, 1974), Fuego en el cuerpo
(Body Heat, L. Kasdan, 1981), Blade Runner (R. Scott, 1982), Terciopelo
azul (Blue Velvet, D. Lynch, 1986), L. A. Confidential (C.
Hanson, 1997), Sin City (R. Rodriguez, 2005) o
Drive (2011) del propio Nicolas Winding Refn.
Sin necesidad de
ser exhaustivo, el listado ilustra la intrincada red de vías proyectadas desde
la aparente simplicidad del término, motivando la aparición de un amplio
abanico de subetiquetas identificativas en busca de una mayor precisión del
inventario. Con este fin se han popularizado términos como «retro-noir», «neón-noir», «scifi-noir», «post-noir»,
o cualquier otra denominación que ayude a señalar una tendencia más o menos
específica dentro del variado nuevo cine criminal (Comas, 2005: 19), en una
urgencia taxonómica que no hace sino reafirmar el problema de indeterminación
fronteriza arrastrado desde el anterior periodo clásico y acentuado a medida
que el género ganaba autoconciencia y metarreferencialidad.
Así, esta
propagación de tendencias creativas incluidas dentro del marco general del neonoir
contemporáneo ha acelerado el proceso iniciado desde los sesenta, al
multiplicar las vías de (re)exploración y ampliación de territorios ya
cartografiados, conectando viejos caminos o abriendo otros en principio ajenos,
a medida que se han ido añadiendo capas al palimpsesto. Un proceso de
formalización audiovisual que ratificando el espíritu formalmente contestatario
del género ya remarcado por Pedro Poyato (op. cit.) ha seguido alterando
exponencialmente la norma canónica como consecuencia de la adaptación,
tensionado o total subversión, según el caso, de aquellos rasgos que
diferenciaron al noir en el pasado. Por tanto, retomando los objetivos
planteados por el presente estudio sobre la propuesta de Nicolas Winding Refn
para Amazon Prime Video, el ejercicio de análisis textual abordará la manera
por la que Demasiado viejo para morir joven organiza un singular sistema
estético y de significación que parte de elementos comunes de la veta general
para adaptarlos a la mirada del cineasta danés.
3. Contextualización
temático-narrativa: el neonoir según Refn y Brubaker
La relación de Nicolas Winding Refn con las temáticas de índole
criminal se encuentra ya claramente activa en su debut cinematográfico con el
largometraje Pusher: un paseo por el abismo (Pusher, 1996), un
retrato coral del entramado mafioso de su Copenhague natal que encontraría
continuidad en Con las manos ensangrentadas (Pusher II, 2004) y Soy
el ángel de la muerte (Pusher III, 2005). De igual modo, se pueden
destacar en su obra internacional otras aproximaciones tangenciales al género
como los filmes Fear X (2003) y Solo Dios perdona (Only God Forgives,
2013), en los que la obsesiva investigación del asesinato de la mujer del
protagonista, planteada por la primera, y la representación del Bangkok
criminal de la segunda, se reorientan del thriller al drama psicológico,
desviándose así de unas expectativas genéricas que sí acabarían cristalizando
en el que fue su primer gran éxito internacional, Drive (2011).
El filme
protagonizado por Ryan Gosling suponía hasta el estreno de Demasiado viejo
para morir joven el epítome del estilo neonoir de un Refn inscrito en el
sistema de producción norteamericano, definido por la sustitución de la crudeza
naturalista de la trilogía danesa Pusher en base a una reinterpretación
del relato heroico del buen criminal bajo una estética hiperbólica (F1), que
tras ser extremada en The Neon Demon (2016), acabará cristalizando en la
miniserie objeto de estudio así como en el último trabajo estrenado hasta la
fecha, también televisivo, Copenhagen Cowboy (2023).

F1. El conductor en Drive (Nicolas
Winding Refn, 2011).
Por su parte, el
guionista Ed Brubaker se ha consolidado como uno de los autores más renombrados
del cómic de temática negra en las últimas décadas. En tándem con el dibujante
Sean Phillips, el escritor estadounidense ya había desarrollado varias series y
colecciones asociadas a representativas tendencias del neonoir contemporáneo,
entre las que sobresalen el elegante retro-noir
de Fatale (Image Comics, 2012-2014) y The
Fade Out (Image Comics,
2013-2016), la frenética violencia del justiciero posmoderno en Kill or Be Killed (Image Comics, 2016-2018) y, especialmente, la antología
metarreferencial del género que supone la longeva serie Criminal (Icon Comics e Image Comics,
2007-2019), conformada por un conjunto de historias focalizadas en diferentes
personajes arquetípicos que acontecen en un mismo universo pulp que
podría ser compartido por el protagonista de la citada Drive o la galería
de personajes y situaciones dramáticas incluidas en el proyecto televisivo
llevado a cabo junto a Refn.
En este sentido,
la línea narrativa que puede ser considerada principal en Demasiado viejo
para morir joven sigue los pasos del agente de policía Martin Jones (Miles
Teller), un impertérrito personaje que remite a la tradición del polar francés
de Jean-Pierre Melville, como también ocurriera en el antecedente de Drive
(Piñeiro y Crespo, 2014: 491), pero exagerándose la frialdad de su
comportamiento hasta el práctico vaciado de sus sentimientos. Una máscara que
no modifica el gesto sea cual sea la situación a la que se enfrente durante su
ambiguo desarrollo como personaje, actuando por igual como policía, sicario o
justiciero urbano, a medida que su historia personal va imbricándose con otras
referidas a constantes del género como: la relacionada con al ascenso imparable
del gánster sanguinario, Jesús Rojas (Augusto Aguilera) dentro del arquetípico
drama familiar motivado por la sucesión del poder en la organización criminal;
la del viejo asesino reconvertido en vengador urbano, en el caso de Viggo (John
Hawkes); además de la vinculada a la particular influencia de sendas mujeres
fatales, Yaritza (Cristina Rodlo) y Diana (Jena Malone), encargadas de
reorientar el sentido discursivo de la clausura, como se abordará posteriormente.
En suma, un
planteamiento coral ya trabajado por autores en las respectivas sagas Pusher
y Criminal que es especialmente propicio para un entrecruzamiento de
personajes, motivos y líneas de acción que favorezca la diversificación de
tramas y núcleos narrativos, propia de las estructuras hipernarrativas
posclásicas (Palao Errando, 2013: 21-22), dentro de la gran red
metarreferencial desde la que se llevará a cabo la reinterpretación del neonoir
a través del prisma estético y delirante que ha definido la poética visual de
Winding Refn en los últimos años.
4. Sombras de neón: espacio, figuras y materia de expresión
Desde una perspectiva narrativa, la miniserie escrita por Refn y
Brubaker se asienta en el marco del género negro y criminal desde su misma
secuencia de apertura, cuando el agente Martin Jones es testigo de la ejecución
de su compañero en un ajuste de cuentas a manos de Jesús Rojas, un joven
miembro de un poderoso cártel familiar mexicano. Este acto fundacional
espoleará la apuntada historia de policías corruptos, organizaciones mafiosas,
justicieros y mujeres fatales a ambos lados de la frontera, todos arrastrados
por la implacable violencia que rige un universo definido por los parámetros e
intereses del neonoir contemporáneo (Wilson, 2020: 25).
Sin embargo,
según los objetivos perseguidos por el estudio, resulta pertinente señalar que
la primera imagen ofrecida al espectador no se corresponde exactamente con el
mundo fílmico que albergará la interacción narrativa, esto es, el reconocible
paisaje nocturno de la ciudad de Los Ángeles, sino con el detalle pictórico de
un mural urbano que representa un idealizado paisaje mexicano. Más allá de la
función como presagio o foreshadowing que este
pueda desempeñar con su alusión al otro punto geográfico protagónico del
relato, cabe destacar que en su fundación no comparezca la realidad, sino su
estilización artística y puramente imaginaria, estableciendo así una primera
marca enunciativa que encontrará inmediata correlación en el pausado trávelin
que acabará, ahora sí, conectando de manera directa con el paisaje de la noche
angelina ocupado por los personajes, y que, como aquel, también supone una mera
representación, resultante de un proceso de estilización plástica desde la
supuesta realidad referencial (F2).

F2. Mural. Demasiado viejo para morir joven
(Nicolas Winding Refn, 2019). Ep.1, El diablo.
De tal modo,
aunque la operación de escritura acabe encontrando una función narrativa
desembocando en la presentación visual de los personajes, la acentuada lentitud
del encuadre móvil durante la transición de un punto a otro, así como el
tensionado del tiempo fílmico que esto implica, se convierten en factores que
sobrepasan la simple continuidad espacial para inscribir un desplazamiento
expresivo y estético que caracterizará a la imagen refniana en lo que sigue, en
un temprano aviso sobre la subordinación de la fluidez narrativa bajo el peso
del discurso estético que empieza a ser movilizado.
Lo que centra el
interés de la mirada enunciativa en este movimiento inaugural, así pues, se
reduce al escrutinio de la pulida superficie del coche patrulla convertido en
un campo reflectante en el que incide y desde donde se proyecta el eléctrico
cromatismo nocturno de la urbe angelina. Un trabajo lumínico que se confirma
definitivamente justo a continuación (F3), contextualizando a la pareja
policial junto a su vehículo en el entorno fluorescente que hasta ahora se
reflejaba desde el fuera de campo, así como, en el correspondiente contraplano,
al inminente asesino al acecho del momento propicio para ejecutar su venganza.
La diegética iluminación verde-anaranjada utilizada para modelar el plano de
situación de los primeros se confronta entonces con los tonos rojos y
amarillentos que, por su parte, bañan el citado contraplano del antagonista,
añadiéndose a la forma resultante un remarcado conflicto gráfico que anticipa
expresivamente el otro que está a punto de ocurrir a nivel narrativo.

F3. Paisaje urbano. Demasiado
viejo para morir joven (Nicolas Winding Refn, 2019). Ep.1, El diablo.
Desde esta
perspectiva, la propuesta escenográfica de Refn responde a una de las
principales transformaciones experimentadas por el cine negro en su paso al
neonoir, en cuanto que repercutiría sobre una de las características visuales
más reconocibles de la etapa clásica. A diferencia de otros géneros como la
comedia, el musical o incluso el cine bélico que no dependen de un espacio
escenográfico especializado, el cine negro clásico, como ocurre con el western,
vincularía su marco de actuación a unas coordenadas espaciales concretas que
participan de manera decisiva en la definición de su propia identidad como
género. En el caso del cine negro, como es sabido, esta identificación
escenográfica y paisajística se asociaría principalmente a los espacios de la
gran ciudad, corrupta y corruptora, afectada por la consabida asimilación estética
del expresionismo alemán y su contrastada fotografía de las sombras (Sánchez
Noriega, 2018: 159). No obstante, esta imagen arquetípica experimentaría
notables cambios con la inmediata incorporación del color en el cine y la
televisión, pero también como consecuencia de la transformación de los propios
espacios narrativos que históricamente habían resultado propicios para
fundamentar los relatos de índole criminal.
Las prolijas
bifurcaciones del neonoir promovieron, en este sentido, un progresivo traslado
geográfico desde la ciudad hacia otros entornos diferenciados que
irremediablemente han modificado las composiciones escenográficas en el nuevo
cine negro, tal y como ocurre en su recurrente hibridación con los espacios
áridos y fronterizos que anteriormente fueran transitados por el western
—oficializada por Sam Peckinpah en filmes como La huida (The Getaway, 1972) y la citada Quiero la cabeza de
Alfredo García— o bien, en la readaptación al paisaje natural de universos
rurales como los del Fargo de los hermanos Coen. De manera paralela, el
neonoir todavía urbano también experimentaría su propia transformación derivada
de los cambios fisionómicos de la propia ciudad postindustrial (Sanders, 2007),
con su nuevo paisaje caracterizado por el artificial cromatismo emitido por la
constelación de luces de flúor y neón que modelarán las figuras y espacios,
públicos o privados, en la reconfiguración estética del original claroscurismo
expresionista del noir clásico en otros ejemplos seminales como Blade Runner,
Ladrón (Thief, M. Mann, 1981) o Calles
de fuego (Streets of Fire,
W. Hill, 1984).
Retomando la
aproximación analítica a Demasiado viejo para morir joven, el remarcado
tratamiento escenográfico de la iluminación durante la secuencia de apertura ya
refleja la clara vinculación de la propuesta refniana con esta particular
tendencia de representación urbana en el cine negro posclásico y posmoderno que
es conocida comúnmente bajo la definición de «neón-noir» (Comas, 2005).
Ahora bien, considerando el amplísimo repertorio de películas y series que
pueden ser incluidas en esta etiqueta manejada por la crítica comercial, la
cuestión a determinar debería enfocarse hacia la singular identidad que la
poética de Refn representa dentro de ese conjunto estético.
Tomemos como
ejemplo el tramo conclusivo del mismo capítulo inaugural (1h 17’ – 1h 20’).
Narrativamente hablando se corresponde con el primer encargo como sicario que
el corrompido agente Teller ejecutará para saldar sus deudas con la
organización criminal local dirigida por Damian (Babs Olusanmokun), lo
que permite formalizar una estructura que ha sido sobreexplotada por el thriller
y el cine de acción. Así, el montaje alterna la aproximación sigilosa del
pistolero con el espacio ocupado por la víctima hasta que convergen en el
mortal enfrentamiento del clímax, en base a una articulación que insiste en
acentuar el conflicto gráfico entre la iluminación verdosa de los pasillos
conectores atravesados por el policía-sicario y el saturado rojo sangre del
lugar destinado al estallido de la violencia y la muerte, extremando un cierto
antinaturalismo fauve convertido en seña de identidad del neonoir
refniano (F4).

F4. Cromatismo. Demasiado
viejo para morir joven (Nicolas Winding Refn, 2019). Ep.1, El diablo.
Confirmando lo
expuesto en relación con la operación formal que inauguraba la secuencia de
apertura, la acumulación superlativa de marcas estilísticas altera de manera
decisiva la jerarquía dominante para exaltar un tipo de revestimiento
ornamental y expresivo de vocación manierista, que enuncia insistentemente el
pretendido desapego de la imagen con respecto a la realidad para subrayar todas
aquellas operaciones de formalización que determinan su transformación en pura
materia imaginaria. Una perspectiva que de alguna manera revitaliza viejas
disertaciones sobre la forma y el arte cinematográficos que polarizaran la
reflexión teórica de defensores del sistema clásico como R. Arnheim:
Todo aquel que haya observado lo irreales que resultan la mayor
parte de los rostros en los filmes, qué poco terrenales, qué bellos y cómo, a
menudo, dan la impresión de no ser tanto un fenómeno natural como una creación
artística. Todo aquel que acostumbra a ir a los estrenos cinematográficos sabe
hasta qué punto los rostros de los actores de cine son penosamente sonrosados
en la vida real, cuando salen al escenario y saludan al público una vez
terminada la proyección. Las gigantescas máscaras estilizadas y expresivas que
hay en la pantalla no corresponden a seres de carne y hueso; son material
visual, la materia con que se hace el arte (1990: 54-55).
Situándose en un
contexto evidentemente diferenciado, en plena era de la imagen digital, la
práctica fílmica de Nicolas Winding Refn apuesta por una idea similar a la del
trasnochado formalismo de mediados del siglo pasado, en tanto en cuanto
fundamenta su ontología en un distanciamiento extremo de la imagen entendida
como registro de la realidad, estableciendo un claro contraste en relación con
las aspiraciones realistas, o al menos costumbristas, de hitos televisivos de
las últimas décadas como The Wire (HBO, 2002-2008) o Los Soprano
(1999-2007). Por el contrario, Demasiado viejo para morir joven extrema
el proceso de estetización de figuras y espacios de la ciudad angelina iniciado
en Drive y The Neon Demon, a través del tensionado de las
posibilidades plásticas de la luz y del color en una reinterpretación
escenográfica del neonoir que linda con un sentido delirante de la imagen (González
Requena, 1990: 126-129), compartido por la sugestiva artificiosidad de la
imagen publicitaria en su conversión en mero fetichismo icónico (F5).

F5. Materia de expresión.
Demasiado viejo para morir joven (Nicolas Winding Refn, 2019). Ep.6, La
Suma Sacerdotisa.
Tal es la materia de expresión manejada por la escritura
refniana en la reinterpretación neonoir que nos ocupa, algo que también tendrá
repercusión en la acción narrativa vinculada a la violencia que define el mundo
representado.
5. Tiempo y acción de la violencia
Recordemos en este punto que, si bien el concepto de noir
institucionalizado por la crítica francesa remitiría a unos determinados
valores visuales y morales compartidos por los filmes así catalogados (Altman,
2000: 92-93), desde una perspectiva anglosajona estas mismas películas
responderían a la etiqueta general de «thriller»:
(Este) deriva de la palabra inglesa thrill
(escalofrío, estremecimiento) y se emplea, indistintamente, para referirse
al cine de gánsteres, el cine negro, el cine policíaco, el
cine criminal, el cine de suspense, el cine de acción o
cualquiera otra manifestación paralela que se relacione, aunque sea en términos
figurados o muy generales, con el crimen, la policía, la intriga, el misterio,
las persecuciones; en definitiva, distintas y heterogéneas formas de
construcción narrativa o de agrupación temática contagiadas, de manera más o
menos explícita, por el ejercicio de la violencia (Heredero y Santamarina,1996:
23).
Considerando esta
última acepción, efectivamente, desde el violento homicidio impulsor de la
lógica causal en la presentación del relato, Demasiado viejo para morir
joven atará el desarrollo narrativo de la serie a esa misma energía que
guiará implacablemente las acciones y destinos de los personajes. Ahora bien,
del mismo modo que el tensionado estético tratado en el anterior apartado
implicaba, por desbordante, una importante interferencia en la configuración
espacial y escenográfica del universo narrativo, en el caso de su articulación
temporal también se tiende a una misma política del exceso que afecta
decisivamente a la representación de los motivos narrativos genéricos del
neonoir y la violencia tradicionalmente asociada.
Si la noción de thriller
involucra por definición esa cierta sensación de escalofrío o estremecimiento
en el espectador a la que hace referencia el término en su voz inglesa, el
modelo dominante se ha caracterizado históricamente por forzar tal efectismo a
través de un sistema de montaje que construye la tensión requerida subyugando
el interés escópico del receptor al frenético ritmo de la acción narrativa. Sin
embargo, como es habitual en su filmografía, Refn opta por abortar la
espectacularidad comercial con la suma de procedimientos formales que suponen
una renuncia al dinamismo de la imagen-movimiento clásica en favor del carácter
contemplativo de la llamada imagen-tiempo de la modernidad, según la conocida
diferenciación establecida por Gilles Deleuze (1996) en sus célebres ensayos
homónimos.
Así, en
consonancia con rasgos estilísticos asentados previamente en filmes como los
citados Solo Dios perdona o The Neon Demon, la miniserie
ejecutará un amplio inventario de operaciones formales que posibilitan el
desarrollo de extensos fragmentos temporales mediante el uso de largos planos
sostenidos y movimientos de cámara que tienen como fin espesar los tiempos
muertos narrativos en las escenas, lo que puede provocar frustración en un
espectador acostumbrado al sentido dinámico del género en su vertiente más
aceptada y comercial.
Para ilustrar
estos rasgos estilísticos se considerará analíticamente una estructura nuclear
del segundo episodio, Los amantes, dedicado en su totalidad al periodo
en el que Jesús se oculta en México tras el crimen cometido, bajo la protección
de la poderosa familia Rojas. Esta se compone de tres escenas conectadas por la
causalidad narrativa dentro de una arquetípica trama sobre el traspaso de poder
generacional en el seno de una organización mafiosa.
La primera escena
(Ep.2, 45’-50’) se corresponde con la preocupación del patriarca del cártel
Rojas por el incierto futuro de la familia ante su inminente muerte. Por este
motivo, tras expresar su desconfianza en las aptitudes para el liderazgo de su
primogénito Miguel, el anciano don Ricardo (Emiliano Díez) pide consejo a la
joven y enigmática Yaritza a través de la lectura del tarot. Se sustituye, por
tanto, el habitual consejo masculino responsable del legado en los nuevos
imperios criminales, por la influencia de una figura femenina que empieza a
demostrar así su trascendencia en el universo noir representado.
Si bien en el
siguiente apartado del estudio se retomará el papel de esta particular versión
del mito de la mujer fatal, ahora destacamos la propia formalización de esta
relevante escena para la causalidad narrativa, la cual se verá limitada a un
único plano sostenido en el tiempo durante más de cinco minutos, el cual deja a
Yaritza ocupando el centro del encuadre y al anciano patrón semioculto tras el
borrón propiciado por el mobiliario de la puesta en escena. La enunciación
rechaza de manera patente la posibilidad dramática de un montaje que enfatice
primeros planos, gestos, miradas o cualquier otro signo destacado para
favorecer la articulación afectiva de la imagen, ofreciendo a cambio el
distanciamiento expresivo de una acción férreamente subordinada al
planteamiento formal y compositivo, invariable a pesar de los estímulos que el
cine dominante nos ha educado a saciar.
Precedente de la
anterior, la segunda escena materializa la prueba de confianza exigida por el
padre a su heredero haciéndole responsable de la negociación con el jefe de
policía local que reafirmará los términos de la provechosa alianza corrupta que
ha unido a ambas instituciones en los últimos años (Ep.2, 21’00’’-32’00’’). De
nuevo, una escena de gran relevancia narrativa dentro de la cadena causal que
se resolverá mediante un único fragmento temporal continuado que recoge, sin la
intervención del montaje externo, la totalidad de la verborreica interlocución
entre el primogénito Miguel Rojas (Roberto Aguire) y el capitán de la policía
local en el interior de la polvorienta comisaría. No obstante, lo remarcable es
que la composición de esta escena desarrollada en estricta continuidad
espaciotemporal vuelve a demostrarse impasible ante los esperados focos de
atención de la acción narrativa representada, esto es, la interacción entre los
personajes durante la tensa negociación, mientras la cámara ejecuta un
sistemático trávelin que barre de izquierda a derecha el espacio escenográfico
sin alterar la escala, distancia, altura o angulación del plano.
Aunque la
ocularización externa de la escena alterna entre el conjunto principal en torno
al escritorio del policía y el lado opuesto de la habitación ocupado por Jesús —cuya
presencia se justifica como acompañante de su primo y funciona como presagio de
su trascendente papel en la clausura que desarrollará la tercera escena—, el
procedimiento enunciativo insiste en su distanciamiento con respecto a la
acción principal, en esta ocasión mediante la invariabilidad de un encuadre
móvil que provoca el descentrado de las figuras principales e incluso el
estiramiento de largos tramos con el campo visible totalmente vacío de figuras
durante la prolongada continuidad del hecho narrativo.
Finalmente, las
líneas narrativas abiertas en las escenas previas encuentran momentánea
clausura con la tercera escena destacada (Ep.2, 1h 31’-1h 35’), tras el
fallecimiento del patrón Rojas y la toma de poder del heredero Miguel. En el
desenlace del episodio los temores del anciano se confirman cuando la nueva
generación sustituye la aconsejada diplomacia por la acción de una violencia
incontrolable que será consagrada con la total aniquilación del cuerpo de
policía que antes fuera considerado aliado. En esta última unidad dramática
también será un extendido trávelin lateral el encargado de visualizar la larga
fila de hombres uniformados esperando el ajusticiamiento, de la misma manera
que el movimiento inverso de la cámara hará lo propio con cada una de las
ejecuciones. Sin embargo, en este clímax de la secuencia se detecta una
significativa variación formal al incluirse en la operación compositiva la
actuación del montaje y otros añadidos expresivos que aparentemente alteran la
norma reflejada con anterioridad (F6).

F6. La estilización de la
violencia. Demasiado viejo para morir joven (Nicolas Winding Refn,
2019). Ep.2, Los amantes.
Así pues, a diferencia del distanciamiento reflejado en las
escenas anteriores, ahora la escritura incorpora la expresividad del primer
plano, de la ralentización de la imagen, la música extradiegética y de las
composiciones centradas en los escorzos de los cuerpos en la matanza. En suma,
una recargada coreografía que en esta ocasión sí exhibe unos códigos y motivos
compartidos por el neonoir comercial y que, a su vez, entroncarían con el
proceso de estetización hiperbólica de la violencia experimentado por la
posmodernidad cinematográfica y televisiva al perseguir «una iconización o
distanciamiento pictórico del horror violento que, por tremebundo que resulte,
se trata como motivo decorativo, como una porción más del exceso ornamental que
caracteriza a tantos artistas de la tendencia» (Molina-Foix, 1995: 165).
En sintonía con estas derivaciones posmodernas del tratamiento
de la violencia cinematográfica, su manifestación en la poética visual y
narrativa del cineasta danés se corresponde con un mismo proceso de iconización
metarreferencial a partir de los fetiches tradicionales del género, y su
subordinación al efectismo formalista de un narrador cinemático que se
fundamenta en el exceso delirante, también en cuanto a la manipulación del
tiempo fílmico, para la fundamentación de su sistema narrativo y significante.
6. Lo femenino y el mito de lo fatal
De vuelta a la
secuencia de apertura, hasta el momento nos hemos referido a ella en relación
con el sistema estético y su función como desencadenante de la causalidad
narrativa vertebradora de la miniserie. En este apartado debemos añadir su
incidencia en la activación de un discurso sobre lo femenino que acabará
reorientando el sentido de la fatalidad asociada a la mujer en el noir
tradicional.
Según este punto
de vista, resulta revelador que las primerísimas palabras audibles en el
arranque de la miniserie pertenezcan al compañero de patrulla de Martin
aludiendo a la joven amante que, según dice, está destrozando su vida familiar:
“Creo que tendré que matarla, me va a arruinar la vida”. Cabe destacar,
por tanto, que lo primero en verbalizarse sea una referencia al femicidio y,
aún más, que esta provenga de un representante de la ley en tanto señal
inequívoca del desamparo ante la violencia misógina que enraizará en el mundo
representado. La idea se confirma justo a continuación, dilatando el tiempo
narrativo hasta la ya comentada aparición del asesino Jesús Rojas, cuando una
reprimenda por una leve y rutinaria infracción de tráfico deviene en un impune
ejercicio de abuso de poder con evidentes connotaciones sexuales sobre la
también joven infractora.
Se asienta así el
tono que dominará nueve de los diez capítulos que componen el total de la
serie, en un recorrido que llevará a cabo una acumulación significante de
víctimas femeninas de la violencia y el deseo perverso del hombre: asesinadas,
violadas, esclavizadas, vejadas en algún momento de su vida cotidiana. Sin
embargo, como decíamos, en el décimo y último capítulo se consolida una
excepcionalidad que afecta decisivamente al sentido del conjunto.
Reforzado en su
condición de epílogo conclusivo por un acusado recorte de su duración respecto
a la estándar de los episodios anteriores, con un metraje final de una escasa
media hora frente a la media de setenta minutos del resto, el décimo episodio
titulado «El mundo» representa el definitivo relevo de las figuras
protagonistas del relato, sustituyéndose la coralidad que hasta ahora imperaba
por los exclusivos puntos de vista de Yaritza y Diana y el consiguiente tránsito
desde las motivaciones de los personajes masculinos hacia los propios de una
feminidad encarnada en las dos mujeres fatales que acabarán reinando en la
clausura del universo narrativo. De tal modo, si hasta el momento la narración
era dirigida por la violencia desperanzadora del neonoir y sus conflictos
arquetípicos, a la luz de esta desviación se hace necesaria una reformulación
del sistema discursivo de la obra en su conjunto, al verse afectado
decisivamente por las variaciones introducidas por el episodio-epílogo
comentado.
El primer hecho a
destacar es que esta sustitución de lo masculino se personifica en sendas
figuras femeninas que reaccionan ante la violencia endémica aprovechándose de
ella para cumplir sus particulares objetivos subversivos: ya sea liberar a
esclavas sexuales ejecutando a sus captores, en el caso de Yaritza; bien sean
los de una Diana que haciendo honor a su mitológico nombre utiliza la
información confidencial que obtiene en su oficio como fiscal para dar caza a
todos aquellos depredadores que hayan burlado las consecuencias de la justicia
oficial. No se trata por tanto de erradicar la acción de lo violento, sino de
canalizarla para darle un fin purificador, siendo este un aspecto donde cobrará
una gran importancia el propio concepto de mito como relato fundador, capaz de
organizar el caos de la existencia dándole un sentido al horror que esta
conlleva.
Precisamente, es
un cuento de los llamados infantiles el medio utilizado para verbalizar el
verdadero sentido de la misión de Diana dentro del universo neonoir
representado. En un momento clave del episodio 9, con el significativo título
de «La emperatriz», la anécdota narrativa convierte a Diana en la
narradora intradiegética de una de las muchas versiones de La Caperucita
Roja (58’ 30’’-1h 04’). Como le remarca a la camarera que sirve de oportuna
receptora del mensaje, esta se trata de una versión que varía con respecto a la
más reconocida de sus clausuras tradicionales. Así, aquí el lobo también devora
a la abuela y abusa de la niña antes de que el cazador actúe como salvador, sin
embargo, en el cuento transmitido por Diana es la propia niña quien regresa al
bosque, dominio de la bestia, para ejecutar la venganza destripando a su
agresor. De tal modo, la antigua narración oral posteriormente registrada en
las versiones de Perrault y los hermanos Grimm reconfigura su sentido hacia una
particular expresión del subgénero conocido como rape and revenge (violación y venganza) que fuera
institucionalizado cinematográficamente por emblemas de culto dentro del cine
de explotación de los años setenta y ochenta como la originaria I Spit on Your
Grave (Meir Zarchi, 1978) o Ángel de Venganza (Ms. 45, Abel
Ferrara, 1981). Un relato este que, injertado en el principal, ancla de manera
precisa la definitiva reorientación de la cruzada de la propia Diana en su
lucha contra todos los lobos del mundo.
Ahondando en la
cuestión, la identidad de la complementaria Yaritza también estará sustentada
por un cuento tradicional, en esta ocasión plenamente ficticio, convertido en
profecía mesiánica. Poco importa en este sentido que la personificación en la
joven de la llamada «Sacerdotisa de la muerte», un poderoso espíritu/ángel
vengador reencarnado para vengar el sufrimiento femenino (F7). Sea esta una
personificación literal o meramente simbólica, lo que se destaca en la
explicita carga mítica que progresivamente acumulará el personaje hasta su
eclosión en el sentido de la clausura.

F7. La Sacerdotisa de la
Muerte. Demasiado viejo para morir joven (Nicolas Winding Refn, 2019).
Ep.8, El ahorcado.
Así, el origen
del personaje también se fundamentará en una narración oral que el patrón
transmite a Jesús antes de su fallecimiento: «La encontré en el desierto, salía
desorientada de una nube de polvo, sola, desnuda, como si estuviera
esperándome. No sé qué edad tenía, era tan bella y delicada como una mariposa»
(Ep.2, 59’08’’- 1h 00’’)
De esta manera
explica el anciano su mágico encuentro con la niña Yaritza, surgida de la nada
en el paisaje telúrico del desierto. Un acontecimiento inexplicable desde la
lógica racional que confirma el viraje del personaje hacia una componente
fantástica que justifica su capacidad para prever el futuro a través del tarot,
pero también el poder de seducción hipersexualizada que tradicionalmente ha
caracterizado la fatalidad de la mujer desde el cine negro clásico. Una
vinculación que insiste en la resignificación de los motivos arquetípicos del noir,
en este caso el de la mujer fatal, tradicionalmente definida desde la
negatividad de su naturaleza perversa.
Sirva en este
sentido la definición aportada por Heredero y Santamarina en su citado estudio
(1996: 214): «ambiciosas, crueles y astutas, parecen dotadas de un instinto
criminal especialmente desarrollado (…) expertas en utilizar el sexo — o la
promesa del sexo— como su arma favorita, todas ellas son maestras en el arte de
la seducción y del fingimiento». Ciertamente, la definición encajaría con las
interacciones de Yaritza en el marco del mundo masculino donde habita, asentado
sobre la violencia y corrupción del cártel que la adoptó como propia, sin
embargo, como advertíamos, la reinterpretación refniana se fundamentará en dos
variaciones del esquema que resultarán esenciales en la reorientación
discursiva tratada. Primero, las connotaciones mágico-esotéricas de sus
atributos inscriben un proceso de hibridación posmoderna de los géneros que
Brubaker ya había experimentado en la citada serie Fatale con la
incorporación de elementos extraídos del horror cósmico lovecraftiano. Segundo,
más relevante para los intereses de este apartado, la subversión del propio
sentido de su fatalidad al ser investida con una reinterpretación en clave
feminista donde acabarán convergiendo la función de las dos mujeres aquí
destacadas. Por este motivo, los destinos de ambas mujeres acabarán
entrelazándose en el último episodio, punto de arranque de su victoria.
La conexión se
efectúa, siguiendo esta lógica, mediante una visión profética durante el rito
chamánico que Diana ceremonia para curar un episodio de ceguera transitoria y
evidente sentido simbólico, por el cual accede a un saber restringido que
anuncia la inminente llegada de esa sacerdotisa de la muerte que es Yaritza.
Por ello, Diana baila triunfante en la apertura del epílogo, conocedora del
poder aniquilador de la esperada figura mesiánica y del anuncio que esta
implica, el cual será explicitado en el soliloquio con el que se despide del
espectador (Ep.10, 11’46’’-15’ 20’’):
“(…) Mientras que las masas aclaman las ejecuciones públicas
espoleadas por la ira del fascismo, se construirán campos de concentración. La
ignorancia será encumbrada (…) La perversidad se dignificará. El incesto, los
abusos sexuales y la pedofilia serán ensalzados. Las violaciones serán
premiadas. (…) Con el tiempo, tendremos nuestra propia religión, nuestra propia
dinastía, y con esta, despertará la auténtica furia del mundo. Y cuando el
hombre implosione en un temporal de sangre y silencio, emergerá una nueva
situación. Y ese día, declararé el comienzo de la inocencia”.
Un cierre que
asienta discursivamente un mensaje de resistencia y esperanza que promete la
canalización de la violencia para subvertir el horror causado. Una promesa esta
cuya veracidad será reafirmada en la definitiva clausura narrativa en el un
espacio de condensación simbólica como es el burdel liberado por Yaritza en la
secuencia final (F8).

F8. Mujeres y serpiente. Demasiado viejo
para morir joven (Nicolas Winding Refn, 2019). Ep.10, El mundo.
En este espacio
ontológicamente ligado a la degradación femenina por el deseo perverso del
hombre, la Sacerdotisa de la Muerte se erige como definitiva salvadora ante la
serpiente edénica representada en sus muros (Ep.10, 16’20’’-28’16’’). Una
identidad mesiánica que es significada, una vez más, por un relato fundador
convenientemente injertado en la clausura discursiva. Un relato que ya no viene
asociado a la palabra del hombre, como era el caso de la historia del origen de
la niña Yaritza narrado por el anciano patrón, anteriormente citada, sino la
versión del folklore que ocupa la banda sonora con la voz de la cantante
Carolina Hoyos, asentando desde la verdad mítica del imaginario popular la
subversiva naturaleza de su figura.
7. Conclusiones
A tenor de los resultados obtenidos a
través del recorrido analítico que ha vertebrado el estudio, la serie ideada
por Nicolas Winding Refn en colaboración con el escritor Ed Brubaker se
confirma como un ejercicio de estilo dentro de la veta creativa del neonoir
contemporáneo que se fundamenta en el desplazamiento expresivo y significante
de los elementos más reconocibles del género desde su periodo clásico. Así,
correspondiéndose con los objetivos señalados en el bloque introductorio, se ha
dado cuenta de las particularidades vinculadas a los aspectos estéticos y
escenográficos, a la formalización del tiempo fílmico en relación con la
intrínseca violencia vinculada a la acción narrativa de este cine criminal y,
por último, la decisiva reorientación discursiva que se produce por la
intervención de la nueva mujer fatal en la clausura del relato.
En cuanto al sistema estético de la
serie, se comprueba que el proceso de estilización hiperbólica iniciado en
anteriores largometrajes de la filmografía de Winding Refn se consolida a
través del metraje extendido posibilitado por el formato televisivo. Como se ha
indicado, desde su primera imagen, el trabajo escenográfico de Demasiado
viejo para morir joven insiste, como antes ocurriera en The Neon Demon
y en el antecedente directo de Drive, en una desmaterialización del
referente que subraya la desvinculación entre imagen y realidad. En este
sentido, participando de la reconfiguración estética de los escenarios de
herencia expresionista del noir clásico acometida por las tendencias generalistas
del nuevo cine negro, la particular poética visual del modelo refniano parte
desde unos rasgos visuales vinculados al paisaje de la ciudad postindustrial y
posmoderna que ha dado identidad al subgénero conocido como neón-noir. Ahora
bien, en su interpretación, Refn lleva al extremo este modelado lumínico y
cromático del mundo representado con el fin de revelar su condición de materia
imaginaria, pura forma destinada a representar el exceso manierista que
caracteriza su estilo.
En segundo lugar, se detecta una
traslación de esta misma política de exceso formalista en la construcción
temporal del relato que entra en conflicto con el dinamismo que
tradicionalmente ha caracterizado a los modelos dominantes del thriller
en su vertiente negra y criminal. Así, la secuencia destacada en el análisis
ejemplifica el desplazamiento hacia la imagen-tiempo deleuziana
manifestada mediante procedimientos de escritura que espesan la fluidez
narrativa en largos planos sostenidos y movimientos de cámara no subordinados a
la mostración efectiva de la acción narrada, sino a la premisa formal que
sustenta la estrategia de estetización movilizada por la mirada del enunciador
cinemático. En cualquier caso, meros rasgos formales que, cuando el relato lo
demanda, adoptarán el efectismo normalizado para representar la violencia que
necesariamente acabará estallando dentro de los confines del neonoir. En un caso
o en otro, nos encontramos ante el mismo exceso manierista y delirante que se
orienta a la iconización metarreferencial de los elementos identificativos del noir,
también en el tratamiento de los fetiches de la violencia.
Finalmente, el tercero de los ejes
comprendidos por la investigación ha profundizado en el procedimiento
subversivo que afecta a la figura arquetípica de la mujer fatal dentro de la
reorientación significante que cristalizará en la clausura del universo narrativo.
Reexplicando la fatalidad perversa y corruptora asociada tradicionalmente a su
representación en el periodo clásico, Refn resignifica su papel desde el mito,
desde el cuento fundador que dando sentido a su existencia permitirá canalizar
la violencia aniquiladora del universo masculino hacia una idea de purificación
que sirva de reparación definitiva en nombre de la vejada femineidad.
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