Pedro Poyato y el arte de investigar el cine  

Pedro Poyato and the Art of Investigating Cinema

Ana Melendo Cruz

Universidad de Córdoba

Un dibujo de una cara feliz

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https://orcid.org/0000-0001-8985-6830

 

 

Hay algunas ocasiones en la vida académica en las que la escritura deja de ser un ejercicio intelectual para convertirse en un gesto de amistad; y escribir estas páginas, referidas al homenaje dedicado al profesor Pedro Poyato, por la revista SERIARTE, con motivo de su jubilación, pertenece, sin duda, a esa clase de actos. En estas líneas quiero detenerme en una vida universitaria fecunda, la de un profesor y un investigador que, con su manera de mirar, de enseñar, de pensar y de transmitir el cine, se ha convertido en un maestro, un guía y un referente. Pero, sobre todo, deseo subrayar el profundo afecto que quienes participamos en este reconocimiento le profesamos.

Efectivamente, la revista SERIARTE. Revista científica de series televisivas y arte audiovisual, alcanza su décima entrega y dedica sus páginas a un científico cuya obra ha contribuido decisivamente a consolidar los estudios cinematográficos en el ámbito de la Historia del Arte y de las Humanidades dentro y fuera de la Universidad de Córdoba. Con este motivo hemos procurado reunir a un ramillete de voces de investigadores e investigadoras que, desde diferentes generaciones, metodologías y sensibilidades, dialogan con algunos de los territorios que Pedro Poyato ha transitado a lo largo de su carrera. En este reconocimiento confluyen colegas, amigos, discípulos y estudiosos que nos hemos acercado a él por caminos diversos, pero unidos por la certeza de que Pedro ha calado de manera intelectual y humana en cada uno de nosotros.

Por eso, aunque asumo la dirección de esta revista desde el instante mismo de su gestación, junto a la profesora Linda Garosi, en mi posición de primera discípula y amiga del homenajeado, entiendo que mi labor no podía limitarse a coordinar este número partiendo de la distancia institucional que suele exigir la tarea editorial, porque la reunión de este grupo de estudiosos del cine en torno a su figura y la densidad afectiva de este tributo hacían necesario que mi palabra encontrara un lugar para señalar, con la emoción contenida que corresponde a la escritura académica, que hay trayectorias que merecen ser celebradas desde la inteligencia y desde el afecto.

Hablar de Pedro Poyato significa referirnos a un docente e investigador que plantea la imagen cinematográfica como un espacio de pensamiento. Su obra está atravesada por la convicción de que el cine no puede entenderse como un territorio aislado, autosuficiente o encerrado en sí mismo, y de que el cine dialoga con las demás artes, con la pintura, con la literatura, con la fotografía, con la arquitectura, con el teatro, con la cultura visual y con los discursos de cada época. Pues bien, esa vocación comparatista, esa voluntad de poner las formas cinematográficas en relación con otras formas artísticas, constituye una de las claves de su aportación y de su enseñanza.

En su magisterio, la forma se constituye en el lugar donde el sentido se construye. Por eso su trabajo sobre Luis Buñuel, sobre Pedro Almodóvar, sobre el cine clásico de Hollywood, sobre las relaciones entre cine y artes plásticas o sobre los documentales agrarios responde a una misma fidelidad metodológica, aquella que interroga las formas para comprender eso que las imágenes saben incluso cuando no lo dicen de manera explícita.

Esta idea se pone de manifiesto a lo largo de la conversación que mantiene el profesor Poyato con María José Redondo Cantera y con José Luis Cano de Gardoqui García, y que se recoge en este monográfico; una charla que resulta especialmente reveladora por cuanto aparece en ella un Pedro Poyato que recorre su propia trayectoria con la lucidez y la ironía que quienes lo conocemos reconocemos de inmediato. Valladolid emerge allí como un lugar decisivo, como un origen intelectual. Los cursos de verano de la Cátedra de Historia y Estética de la Cinematografía abrieron para él una vía que lo llevó desde la química hacia las Humanidades, desde la docencia en enseñanzas medias hacia la investigación cinematográfica, desde una inquietud personal hacia una carrera universitaria que acabaría siendo fundamental para varias generaciones de estudiantes. Por eso, ese momento en el que Pedro descubre que el cine podía estudiarse como arte, con rigor técnico, histórico, estético y formal, adquiere en su relato la fuerza de una revelación.

En la misma entrevista, nuestro homenajeado recuerda a quienes fueron fundamentales en su formación, a saber, Francisco Javier de la Plaza Santiago, Luis Martín Arias, Jesús González Requena o Santos Zunzunegui, cuya presencia en este número tiene un valor que excede la colaboración académica. Santos, maestro de maestros, simboliza una continuidad, una genealogía intelectual y afectiva, una cadena de transmisión en la que el magisterio se prolonga más allá de ellos mismos. Que Valladolid se sume a este homenaje mediante la entrevista de María José Redondo y José Luis Cano de Gardoqui García y que Santos Zunzunegui participe con un estudio sobre Buñuel permite cerrar, o quizá abrir de nuevo, un círculo de correspondencias. Pedro encontró en Valladolid un impulso decisivo; ahora Valladolid, en un proceso de ida y vuelta, se presenta ante él en forma de palabra, reconocimiento y amistad.

Resulta innegable que la dimensión humana, tejida a través de los años mediante vínculos, afinidades, conversaciones y lealtades por Pedro Poyato, se vislumbra en este monográfico de SERIARTE, a través de la participación de un considerable número de investigadores de larga trayectoria universitaria vinculados al cine y al audiovisual que, en numerosas ocasiones, han compartido con Pedro espacios de trabajo, inquietudes intelectuales y, en muchos casos, una amistad estrecha. Santos Zunzunegui, anteriormente mencionado, Agustín Gómez, Nekane Parejo, Pascale Thibaudeau, José Luis Sánchez Noriega, Celia Fernández Prieto, M.ª Ángeles Hermosilla, M.ª Paz Cepedello, Gloria Camarero, Manuel Jódar, Diane Bracco o Cristina Jiménez forman parte de esa constelación de colegas y amigos que han querido estar presentes en este momento. Su participación habla no solo del prestigio académico de Pedro, sino también del afecto que ha sabido suscitar.

Junto a ellos participan, igualmente, investigadores más jóvenes; algunos de ellos, discípulos directos, y otros, que se han acercado a él por distintas vías: Fernando Luque, Alberto Añón, Jesús España o Álvaro Martínez. Su presencia confirma que Pedro es un maestro para quienes tuvimos la fortuna de formarnos directamente con él, pero también para quienes encontraron en sus investigaciones una manera de entender el análisis cinematográfico.

Los artículos que integran el homenaje componen un mapa amplio y plural de los estudios cinematográficos y audiovisuales contemporáneos. Pero, al mismo tiempo, ese mosaico de trabajos deja entrever algunos de los territorios que han sido centrales en la trayectoria de Pedro Poyato: Buñuel, Almodóvar, las relaciones entre el cine y las otras artes, la imagen como forma de pensamiento, la adaptación, la intertextualidad, los géneros, los discursos de lo real, el espacio urbano o la representación de los cuerpos.

Es así como Santos Zunzunegui abre una de esas líneas esenciales con su estudio sobre Abismos de pasión (1953), la adaptación buñueliana de Cumbres borrascosas. La presencia de Buñuel en un homenaje a Pedro Poyato no podía ser más pertinente. La tesis doctoral de Pedro, sus publicaciones posteriores y buena parte de su reconocimiento científico están vinculados al análisis de las imágenes cinematográficas de Buñuel. Él ha sabido leer en el cine buñueliano no solo sus motivos temáticos más visibles, sino sus estructuras formales, sus asociaciones con el surrealismo, sus vínculos con otras artes, sus mecanismos de deseo, desplazamiento, fragmentación y extrañamiento. El texto de Zunzunegui, al detenerse en la transposición de la novela de Emily Brontë a las tierras mexicanas y en la inscripción del amor imposible en una tradición hispánica de resonancias necrofílicas, dialoga de manera directa con ese universo de preocupaciones. Buñuel aparece aquí como un territorio compartido, como una patria crítica en la que varias miradas pueden encontrarse.

También Jesús España prolonga esa filiación buñueliana al estudiar El fantasma de la libertad (1974) desde sus relaciones con René Magritte, el discurso-collage, el relato estallado, el umbral y el momento de pánico. Su artículo remite explícitamente a líneas ya descritas por el profesor Poyato, lo que convierte su aportación en un ejemplo claro de continuidad crítica. Pedro ha insistido en la necesidad de pensar a Buñuel en relación con otras formas artísticas, y especialmente con la pintura de Magritte para detectar procedimientos comunes como disociaciones, encuentros imposibles, rupturas de la lógica convencional o desplazamientos entre mundos heterogéneos. En ese sentido, el trabajo de Jesús España muestra cómo una investigación anterior puede abrir caminos que otros continúan, amplían y reformulan.

Por otro lado, el cine de Pedro Almodóvar, otro de los grandes campos de interés de Poyato, comparece en el artículo de Álvaro Martínez dedicado a Extraña forma de vida (2023). Su lectura del western almodovariano como reescritura del deseo masculino y como reformulación queer de las matrices del género enlaza con una preocupación que Pedro ha sabido formular con especial agudeza: la atención a los procedimientos formales mediante los cuales un cineasta trabaja sobre los géneros heredados para desplazarlos, tensarlos o convertirlos en otra cosa. Almodóvar ha interesado a Pedro precisamente por su modo de poner la forma al servicio no solo de la narración, sino también de la experimentación. En el análisis de Álvaro, la contraposición entre exterior e interior, entre espacio de conquista y espacio de intimidad, entre ley del western y ética de los cuidados, muestra cómo el género puede ser reescrito desde sus propios códigos.

Otros trabajos del volumen se sitúan en el fértil campo de las relaciones entre cine, literatura y narrativas de lo real. Así, M.ª Ángeles Hermosilla y Cristina Jiménez estudian la técnica conductista en Santa Olaja de acero (1968), de Ignacio Aldecoa, atendiendo a la impronta de procedimientos fílmicos en la literatura, como la cámara objetiva, la observación externa de acciones, gestos y diálogos, y la presencia de códigos visuales vinculados al neorrealismo italiano y al expresionismo alemán. Desde esta perspectiva, el cine aparece como una forma que contamina, fecunda y reorganiza otros discursos. Algo semejante ocurre, desde otro lugar, en el trabajo de M.ª Paz Cepedello sobre la novela sin ficción y el falso documental. Su reflexión sobre Anatomía de un instante (2009), de Javier Cercas, y Operación Palace (2014), de Jordi Évole, aborda la inestabilidad entre factualidad y ficcionalidad y obliga a repensar la verdad narrativa como efecto construido, de tal modo que propone pensar en cómo los discursos producen sentido a través de formas, pactos, convenciones y expectativas de recepción.

Por su parte, Celia Fernández Prieto analiza el paso de Anatomía de un instante desde el texto literario de Javier Cercas hasta el thriller televisivo dirigido por Alberto Rodríguez. Su artículo se sitúa en el espacio de la adaptación entendida como proceso de apropiación, revisión y transformación de estructuras narrativas, parámetros retóricos y condiciones pragmáticas. Además, este trabajo permite enlazar la tradición del análisis cinematográfico con los nuevos objetos de estudio que la cultura audiovisual reclama hoy.

En esa misma línea de apertura hacia la ficción televisiva se ubica el estudio de José Luis Sánchez Noriega sobre Poquita fe (Movistar+, 2023-2025). La serie se analiza a partir de un sistema de enunciación que combina mímesis y diégesis, representación y narración, con apartes teatrales y comentarios de los personajes que desestabilizan las estructuras tradicionales de la telecomedia. Fernando Luque, por su parte, estudia Demasiado viejo para morir joven (Prime Video, 2019), de Nicolas Winding Refn, desde las formas y discursos del neonoir, atendiendo a la escenografía, el tiempo del relato, la violencia y la resignificación de la mujer fatal. En ambos casos, la serie televisiva se aborda con herramientas de análisis formal que proceden de una larga tradición de estudios cinematográficos, pero adaptadas a objetos audiovisuales contemporáneos.

Asimismo, el volumen incluye trabajos dedicados a los géneros, a sus reformulaciones históricas y a la manera en que estos permiten pensar las tensiones morales, sociales y visuales de cada época. Agustín Gómez y Nekane Parejo revisitan Miss Muerte (1966), de Jesús Franco, desde la figura del Mad Doctor y su creación, atendiendo al género fantástico, al fantaterror y a los procesos intertextuales que atraviesan la película. Alberto Añón estudia Morena Clara (1936), de Florián Rey, para reflexionar sobre la tradición costumbrista, los estereotipos populares, la imagen cinematográfica de Andalucía y los procesos de significación formal que permiten articular discursos sobre el racismo. Manuel Jódar, por su parte, se detiene en los retratos urbanos de Jules Dassin a partir del caso de París en Rififí (1955), para subrayar el papel del paisaje urbano en la construcción cinematográfica. A esta línea de análisis se suma la aportación de Diane Bracco, quien estudia Última noche en Milán (2023), de Andrea di Stefano. Su trabajo examina desde una perspectiva semionarratológica la construcción de un relato criminal regido por la polifonía narrativa, el largo flashback y la reinterpretación contemporánea de la regla clásica de las tres unidades: la unidad de lugar, concentrada en Milán; la unidad de tiempo, condensada en una noche; y la unidad de acción, orientada hacia el desvelamiento progresivo de la ambigüedad del protagonista. Estos trabajos, aunque muy diferentes entre sí, comparten una misma confianza en el análisis de la forma como vía de conocimiento histórico, cultural y estético.

La dimensión interartística aparece con especial fuerza en el artículo de Gloria Camarero sobre la artista del siglo XX en el cine argumental. Su estudio de biografías cinematográficas de mujeres artistas permite reflexionar sobre la representación de la creación, la diferencia entre los relatos dedicados a artistas mujeres y hombres, los recursos cinematográficos empleados y los referentes pictóricos o escultóricos que esas películas convocan. De nuevo, cine y artes plásticas se encuentran, no como mera acumulación de temas, sino como un campo de relaciones significantes. Pascale Thibaudeau, desde otra perspectiva, aborda la investigación-creación como espacio de colaboración entre artistas e investigadores, deteniéndose en el proyecto Franquicias postales, vinculado al exilio republicano español y los campos de concentración franceses. Su trabajo incorpora una reflexión metodológica de enorme actualidad, esto es, cómo investigar con las artes, desde las artes y junto a quienes crean. En un homenaje a Pedro Poyato, que ha defendido siempre la necesidad de tender puentes entre el cine y el resto de las artes, esta aportación adquiere un sentido particularmente oportuno.

Como venimos observando, este conjunto de artículos confirma la amplitud de unos estudios que, sin referirse explícitamente al legado de Pedro Poyato, participan de una idea exigente de los estudios audiovisuales. En ellos, el cine y la televisión aparecen como objetos complejos, atravesados por formas, géneros, discursos, espacios, cuerpos, tradiciones e intertextos que nos permiten seguir pensando y avanzando. 

Para quienes somos sus discípulos, su figura no puede separarse de una determinada ética de la docencia. En mi caso particular, hablar de Pedro como maestro tiene un significado especialmente íntimo. Fue mi guía en los primeros pasos de una trayectoria que, de un modo u otro, continúa dialogando con él. Sin duda, es para mí un referente académico, pero también una presencia decisiva en mi manera de comprender la universidad. Desde ese lugar entiendo que este homenaje se traduce en un regalo afectivo e intelectual de mí para él.

Por último, y como cierre a mis palabras, quisiera expresar mi gratitud a todas las personas que han participado en este número: a aquellos que, desde una trayectoria consolidada, han querido sumarse a este reconocimiento con generosidad y afecto; y a los que, desde generaciones más jóvenes, prolongan el magisterio de Pedro con nuevas preguntas y nuevos objetos de estudio; en definitiva, a quienes han hecho posible que este número se haya convertido en un espacio de encuentro cuyo centro pivota en torno a la admiración, el diálogo y la memoria compartida a través de la figura de nuestro querido amigo Pedro Poyato.