ISSN:
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Física cuántica, postmodernismo y traducción: el caso de
Douglas Coupland
Javier Martín Párraga
Universidad de Córdoba
javier.martin@uco.es
Fecha de recepción: 18.06.2012
Fecha de aceptación: 30.09.2012
Resumen: A lo largo del presente trabajo analizaremos el corpus narrativo de
Douglas Coupland (1961), uno de los novelistas postmodernos canadienses más
innovadores y experimentales, prestando una atención especial a las diferentes
traducciones que de sus obras se han publicado en España hasta el momento
actual. Para llevar a cabo esta tarea, comenzaremos por reflexionar sucintamente
sobre las complejidades inherentes a la traducción de textos literarios postmodernos,
prestando especial atención al papel que la ciencia y los conceptos científicos
juegan en estas manifestaciones literarias en particular. En segundo lugar,
procederemos a estudiar el corpus literario de Douglas Coupland, deteniéndonos en
los aspectos concretos que mayores problemas traductológicos suscitan.
Palabras clave: Traducción, Literatura canadiense, Douglas Coupland.
Quantum Physics, Postmodernism and Translation: Douglas
Coupland’s Case
Abstract: The present paper examines the literary corpus of Douglas Coupland
(1961), one of the most innovative and experimental Canadian contemporary
novelists, together with the different translations into Spanish language that have
appeared till the present moment. In order to do so, I will start by considering the
complexities that arise when translating any postmodern literary text, focusing on the
role scientific terms and motives play in these specific literary creations. Secondly, I
will move on to study Coupland’s corpus, highlighting the most problematic elements
from the point of view of translation.
Keywords: Translation, Canadian literature, Douglas Coupland.
Sumario: 1. Postmodernismo y física cuántica. 2. Douglas Coupland.
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1. Postmodernismo y física cuántica.
Aunque escapa por completo del ámbito de estudio del presente
trabajo el desarrollar un análisis detallado traductológico que se plantean al
trasvasar un texto postmoderno del inglés a cualquier otra lengua (en el
caso que nos ocupa, al castellano), estamos convencidos de la necesidad
de esbozar si quiera un somero resumen de las mismas; puesto que
resultarán fundamentales para apartados subsiguientes.
Comenzaremos por señalar que el postmodernismo opta por no
renunciar a la ambigüedad en pos de simplificar la tarea del lector, como
venía haciendo la novela “tradicional” desde el siglo diecinueve
(entendiendo por tradicional la concepción de la novela dickensiana). Por el
contrario, los principales exponentes de la literatura postmoderna dan a la
ambigüedad un papel absolutamente privilegiado dentro de los recursos
narrativos, ya que lo sitúan como una suerte de catalizador entrópico
literario.
Podemos, por lo tanto, decir que toman como punto de partida la
literatura modernista (de la que son herederos, tanto a nivel cronológico
como conceptual). Así pues, la impresionante y taxonómica Seven Types of
Ambiguity de William Empson (1930), aspira a diseñar una ambigüedad
indisoluble que no plantea ya dos posibles senderos hermenéuticos, sino
que abre la puerta a una miríada de ellos. No obstante, dentro del
postmodernismo norteamericano proliferan los ejemplos en los que no nos
encontraremos ya, en verdad, ante una pareja de opuestos binarios
excluyentes, sino más bien ante dos conceptos que, si bien de manera
paradójica en determinadas ocasiones, se complementan de manera mutua.
Resulta en este momento necesario volver la vista a uno de los
grandes teóricos del movimiento posestructuralista, Roland Barthes que, en
“The Death of the Author”, manifestaba lo siguiente,
In the multiplicity of writing, everything is to be disentangled, nothing
deciphered; the structure can be follow, ‘run’ (like the thread of a
stocking) at every point and at every level, but there is nothing beneath:
the space of writing is to be ranged over, not pierced; writing
ceaselessly posits meaning ceaselessly to evaporate it, carrying out a
systematic exemption of meaning (2000: 145).
Como se deriva de la cita precedente, transitar cualquier texto
postmoderno no se asemeja ya a un viaje guiado por el narrador, al verse el
lector privado en todo momento de la salvaguarda de la linealidad, así como
del consuelo que supondría alcanzar una lectura unívoca. En otras
palabras, en lugar de invitar al lector a pasear por uno de los numerosos
bosques ficcionales a los que refería Umberto Eco en su brillante trabajo del
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año 1994, se le sumerge desde el inicio del relato (muy frecuentemente in
media res) en un laberíntico jardín borgiano de senderos que se bifurcan.
Nos vemos, pues, impelidos a aceptar que lejos de ofrecernos
artefactos literarios cuidadosamente diseñados pero unidimensionales, el
postmodernismo presenta una serie de realidades ficcionales que pueden
ser calificadas como poliédricas en unas ocasiones y como auténticas
hidras significativas en otras. Como ejemplos paradigmáticos de este tipo de
estructura narrativa, brillan con alambicada luz propia las novelas de John
Barth, Donald Barthlme, o más recientemente de Chuck Palahniuk o
Jonathan Safran Foer, así como Se una notte d’inverno un viaggatore, del
narrador italiano Italo Calvino (1979).
Llegados a este punto, no nos queda sino alejar la vista de los
estudios humanísticos y dirigirnos hacia la investigación científica
experimental. El 18 de abril de 1955 fallecía uno de los científicos más
lúcidos, provocadores, audaces y verdaderamente revolucionarios de todos
los tiempos.
Albert Einstein dejaba tras de un monumental legado consistente
en tres centenares de obras científicas, junto con más de cien trabajos no
eminentemente científicos y un Premio Nobel. Sus publicaciones,
conferencias y correspondencia personal contienen un manantial de
conocimientos tan vasto e inabarcable como complejo y, en muchas
ocasiones, desconcertante. No resulta, pues, exagerado afirmar que sin las
aportaciones del teórico de Ulm, nuestro conocimiento actual del universo
se vería reducido en gran medida, las leyes de la termodinámica no
contarían con la entropía, la producción energética mundial sería diferente,
al no contar con la energía nuclear como aliada, el mundo de la informática
no habría llegado a avanzar con la rapidez que lo ha hecho, por lo
mencionar algunas de las disciplinas científicas que se han beneficiado de
sus investigaciones.
En definitiva, no es descabellado aseverar que la muerte de Einstein
privaba a la humanidad de una de las mayores mentes de la historia. En
contrapartida, el difunto genio dejaba tras de sí un corpus lo suficientemente
amplio y rico como para continuar abriendo puertas al saber y los avances
técnicos y científicos que ha continuado décadas después su muerte (por no
hablar del nutrido y exclusivo grupo de discípulos y colegas más jóvenes
que han continuado avanzado por las líneas que el maestro comenzara a
insinuar).
Ya en 1950 Leopold Infeld afirmaba que “relativity theory, essentially
the work of one man, changed our concepts of space, time, mass, energy,
gravitation, and the geometry of the world” (1950: 112). Si el papel como
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científico de Einstein estaba destinado a configurar en gran medida el
mundo como se conoce en la actualidad, la huella de Einstein en la historia
universal estaba destinada a ser más importante, ya que el científico
contaba con el dudoso honor de haber jugado un papel indispensable en la
creación de la bomba atómica que desoló las ciudades de Hiroshima y
Nagasaki.
1
Asimismo, a pesar de que Einstein se definió durante toda su
vida como un pacifista convencido y de que no tardó en catalogar las
misivas en las que abogaba por el uso de armamento nuclear como “(the)
great mistake in my life” (Clark, 1970: 752), su influencia a la hora de
convencer al presidente de Estados Unidos de la conveniencia de apostar
por el armamento nuclear jugó un papel decisivo.
Sin lugar a dudas, los bombardeos atómicos tuvieron una relevancia
histórica fundamental tanto por la desolación y tragedia humana que
causaron de manera inmediata como por las terribles secuelas que aún a
día de hoy sufren estas poblaciones. No obstante, la bomba atómica iba a
jugar un papel mucho más importante en la historia moderna, al mantener al
mundo entero sumido en un estado de guerra fría durante medio siglo.
Aunque fantasear con qué hubiera ocurrido en caso de que el Enola Gay y
el resto de bombarderos que conformaron el terrible escuadrón no hubieran
liberado su mortal carga sobre territorio nipón constituya una tarea tan
absurda como infructuosa, pocas voces osarían discutir que sin la amenaza
de un armagedón casi instantáneo la tensa paz sostenida entre los dos
bloques hegemónicos tras la Segunda Guerra Mundial hubiera cedido al
peso de unos idearios diametralmente opuestos, pero al servicio de unas
ambiciones igualmente desbocadas.
De esta manera, el paso por el mundo de Einstein hizo avanzar las
ciencias teóricas y aplicadas de manera exponencial y contribu de
manera determinante a perfilar el complicado e inestable panorama
geopolítico mundial que se había constituido tras la derrota del bando nazi
en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la importancia del físico para
la cultura occidental es aún mayor, al erigirse como una de las mentes
filosóficas más brillantes de todos los tiempos. Tras la celebérrima fórmula
Σ=mc2 se ocultaba una auténtica caja de Pandora filosófica de proporciones
indescriptibles. En primer lugar, como Hans Reichenbach apunta “the
1
Aunque es cierto que Einstein no tuvo participación directa en el desarrollo de la terrible arma
nuclear, resulta indudable que sin sus aportaciones al campo de la física, el desarrollo de la
energía nuclear se encontraría muy lejos de ser capaz de crear una bomba de ese tipo. Por
otra parte, sí que jugó un papel determinante a la hora de promover el lanzamiento de la misma
al escribir una serie de cartas al Presidente Roosevelt en las que aconsejaba con la mayor de
las vehemencias el incremento en el presupuesto e interés a la hora de desarrollar la bomba
atómica.
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analysis of knowledge has always been the basic issue of philosophy; and if
knowledge in so fundamental a domain as that of space and time is subject
to revision, the implications of such criticism will involve the whole of
philosophy” (1970: 290).
La física cuántica y la teoría de la relatividad permitían conocer el
universo como nunca se había logrado, además de imponer una manera
nueva de enfrentarse al mismo, incompatible con concepciones, dogmas y
axiomas ancestrales y tradicionalmente aceptados. Desde un prisma
cuántico, el universo no debe concebirse de manera lineal, sino más bien
como una entidad altamente flexible que se pliega y repliega sobre sí
misma, por lo que el concepto de tiempo se problematiza. Este hecho lleva
a admitir una nueva dimensión
2
y la ontológica oposición binaria entre
ser/no ser deja de tener sentido.
Como Stanley L. Jaki apunta, “Einstein's work on relativity was not yet
completed when it began to be taken for the scientific proof of the view that
everything is relative. Such a view, widely entertained on the popular as well
as on the academic level, is now a climate of thought” (1987: 5). En este
sentido, el pensamiento de Einstein trasciende el ámbito científico para
abrirse paso con una inusitada fuerza en el mundo de la filosofía. Los
estudios científicos de Einstein siguen una senda similar a las teorías de
Sigmund Freud o Carl Gustac Jung sobre la mente humana, que enriquecen
y hacen avanzar el campo de estudio de la Psicología además de cimentar
una visión del ser humano y del mundo alejada de ideas ancestrales y
convenciones que no se habían puesto en duda hasta ese momento.
Al respecto de hasta qué punto debe entenderse la figura de Einstein
como la de un pensador y revolucionario intelectual a la par que como la de
un extraordinario científico, conviene señalar la opinión de Keith R. Burich,
quien asegura que “despite his obvious ideological bias, it was Lenin who
probably possessed the most perceptive understanding of the moral and
philosophical underpinnings of relativity” (1987: 19).
3
De esta manera, es perfectamente coherente definir a Einstein como
a un “maker of modern culture”, definición que le da Roland N. Stromberg
(1991) en un volumen en el que estudia a los cinco pensadores que, desde
su punto de vista, han contribuido mejor a cimentar el entendimiento que
tenemos del mundo en el siglo XX y albores del XXI. Asimismo, resulta
importante señalar la opinión de Arkady Plotnitsky (1994) de que el camino
2
Con las excitantes implicaciones que esto conlleva y que abren las puertas a la posibilidad de
universos paralelos, agujeros de gusano.
3
Sobre la siempre compleja relación entre la teoría de la relatividad en ciertos aspectos del
ideario soviético recomendamos los trabajos de Booker (1994) y Vucinich (2001).
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que toman algunos de los filósofos más revolucionarios del siglo XX como
Jacques Derrida es ciertamente influenciado por el cambio radical de
perspectiva a la hora de entender el universo que propone la física cuántica.
Tras considerar el monumental impacto que el pensamiento de Einstein tuvo
en los más diversos ámbitos de la ciencia, historia, cultura y sociedad del
siglo veinte, es lógico pensar que la literatura contemporánea fuera también
permeable a las revolucionarias teorías del genio suizo. Al igual que los
avances técnicos y el descubrimiento del Nuevo Mundo constituyeron una
fuente inagotable de influencias y metáforas para los literatos renacentistas
y poetas metafísicos británicos, que la exploración de nuevos mares y
tierras ignotas dieron alas a las narraciones de aventuras del siglo XVIII,
que los descubrimientos de Tesla y Edison se abrieron paso en la genial
novela de Mary Shelley Frankenstein o que las obras de Dickens serían
imposibles de entender sin tener en cuenta los avances científicos de la
Revolución Industrial y sus consecuencias sociales, la literatura de la
segunda mitad del siglo XX refleja ciertos aspectos de la física cuántica y
teoría de la relatividad, hasta el punto de verse condicionada por estas
corrientes científicas.
Como Carol Donley explica: “The poetic responses to relativity appear
in two ways: first, writers used Einstein and concepts of relativity as content
or subject matter of their poetry; second, writers invented formal or structural
analogues to relativistic space and time” (1987: 119). Aunque, como se
acaba de afirmar, la influencia de los postulados de Einstein se ve reflejada
en innumerables movimientos literarios del siglo XX, ésta es especialmente
importante en el seno del modernismo y postmodernismo estadounidense.
Así, como Stephen R. Mandell apunta, las concepciones científicas
de la relatividad y la cuántica y sus connotaciones filosóficas ejercen una
influencia notoria en el corpus de determinados poetas modernistas, como
William Carlos Williams o Louis Zukovsky (1987: 135).
4
Si algunos de los
miembros más representativos de la poesía modernista abrazan las ideas
de Einstein, en el campo de la narrativa las teorías del genio suizo tendrán
un eco mayor dentro del campo del postmodernismo. Mientras que la novela
modernista había buscado huir de la narrativa decimonónica adentrándose
en las profundidades de la mente humana, apoyándose en Freud y el
psicoanálisis, numerosos novelistas postmodernos verán en las ideas de
Einstein una manera equivalente de esquivar el realismo literario porque,
como Christopher Norris señala, la misma esencia de los postulados de
Einstein deny the knowability and hence the very existence of objective or
4
Los vínculos entre las teorías de Albert Einstein y la literatura modernista el siguiente
volumen: The First Moderns: Profiles in the Origins of Twentieth-Century Thought (Everdell,
2007).
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verification-transcendent truths” (2000: 40) y, por lo tanto, hace imposible
una aproximación realista a ningún fenómeno que tenga lugar en el
universo. De esta forma, un número significativo de escritores del siglo XX
descubrirán en las ideas de Einstein un correlato perfecto a su propia
concepción del mundo, puesto que como Robert Hauptman e Irving
Hauptman explican en su artículo “The Circuitous Path: Albert Einstein and
the Epistemology of Fiction”:
The zeitgeist and the general inferences drawn from Einstein's work
come to bear most seminally on a group of philosophically oriented
novelists conveniently termed absurdists, authors who believe that man
is, in Heidegger's phrase, "thrown" into a world devoid of absolutes,
order, and meaningfulness. The world that these novelists depict is one
in which external meaning is elusive, metaphysical underpinnings are
questioned, and knowledge is ephemeral (1987: 125).
Aunque en esta cita los autores se refieran a novelistas del absurdo y
en el texto de su artículo traten específicamente de creadores como Franz
Kafka, Jean Paul Sartre o Albert Camus, esta apreciación puede hacerse
extensiva a la narrativa de un gran número de narradores postmodernos,
como por ejemplo John Barth, Donald Barthelme o, más recientemente
Chuck Palahniuk o Douglas Coupland, que comparten una visión del mundo
como caótico y resistente a cualquier intento humano de reducirlo a unas
leyes lógicas de cognoscibilidad.
Además de servir como sustento para el sentido de la existencia
universal que mantienen algunos de los más relevantes narradores del siglo
veinte, las teorías de Einstein permiten articular los hilos argumentales de
innumerables novelas del período. Un postulado científico que abre la
puerta a un universo que se pliega sobre mismo y alberga agujeros de
gusano que abren la puerta al viaje interdimensional (por no hablar de la
naturaleza no lineal del tiempo) excitará la imaginación de incontables
escritores del momento, muy especialmente dentro del género de la ciencia
ficción.
5
Se ha tratado hasta el momento la enorme repercusión que tienen las
teorías expuestas por Einstein en el seno de la comunidad científica y en el
ambiente político y cultural del siglo veinte. Igualmente se ha expuesto de
manera somera cómo la literatura norteamericana del momento las aceptó
con auténtico entusiasmo.
5
Por supuesto, esta influencia no es exclusiva del género de la ciencia ficción, ya que, por
ejemplo, determinados pasajes de Thomas Pynchon serían ininteligibles sin tener en cuenta
determinados conceptos provenientes de la física cuántica y la termodinámica avanzada.
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A continuación, analizaremos cómo la figura de Einstein y sus
discípulos y los descubrimientos que llevan a cabo afectan no sólo a la
literatura postmoderna, sino también (y de manera muy especial)
contribuyen a dificultad en gran medida sus traducciones a otras lenguas.
Como ejemplo paradigmático, nos serviremos de Douglas Coupland y su
corpus literario.
2. Douglas Coupland.
Douglas Coupland, nacido en 1961 en la base aérea alemana de
RCAF Station Baden-Soellingen (Alemania), es uno de los artistas
canadienses contemporáneos más eclécticos y polivalentes; puesto que
además de haber dado a la imprenta numerosos textos literarios también ha
explorado otros campos artísticos y profesionales con notable éxito. En este
sentido, su labor como escultor y pintor le ha valido numerosos premios y
galardones a nivel internacional. Asimismo, también ha diseñado diversos
objetos de mobiliario para la franquicia sueca IKEA, además de actuar como
modisto para HM y otras conocidas marcas de moda. Por otra parte,
también en el mundo del cine y la televisión podemos encontrar diversas
propuestas escritas o inspiradas por el autor (no podemos dejar de señalar
en este apartado la serie de televisión jPod, que estrenó la cadena de
televisión canadiense en el año 2008 con relativo éxito de crítica).
Una actividad profesional no relacionada con las artes pero que
define perfectamente su constante interés por la ciencia y la tecnología que
Coupland ha desarrollado durante los últimos años ha consistido en ejercer
como Relaciones Públicas de la empresa RIM (conocida a nivel global por
sus populares teléfonos Blackberry).
Si, como hacemos en este artículo, nos centramos en el corpus de
Coupland como novelista; lo definiremos como un autor ciertamente prolífico
que desde la publicación de su opus primum en el año 1991 ha dado a la
imprenta 13 novelas hasta el momento presente (así como 3 colecciones de
relatos breves y 8 obras no ficcionales).
Su primera novela, Generation X, Tales from an Accelerated Culture
(1991), ya nos presentaba un argumento un tanto caótico en el que un
grupo de venes yuppies desencantados se dirigen al desierto en busca de
una nueva vida. Sin embargo, son incapaces de desprenderse de sus
prejuicios, ansiedades y dependencia tecnológica. Fascinado por la ciencia
y sus neologismos, el lenguaje de la novela muestra todo un catálogo de
nuevos términos que plantean innumerables complejidades traductológicas.
Como ejemplos paradigmáticos, proponemos los siguientes:
“Ethnomagnetism” (32), “Vaccinated Time Travel” (13), “Clique
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Maintenance” (26), “Recurving” (29), “Safety Net-ism” (39), Celebrity
Schadenfreude” (78), “101-ism(97), “2+2=5-ism(161), “Metaphasia” (190),
o “Cryptotechnophobia” (200), entre muchos otros.
Tras Generation X, al año siguiente, Coupland daría a la imprenta
Shampoo Planet (1992), en la que proliferan de nuevo los neologismos, así
como innumerables términos tomados de las ciencias experimentales y la
informática.
Si en la novela anterior, la informática ya jugaba un papel importante,
ésta será la base fundamental de la tercera novela del autor, Microserfs
(1995). Asimismo, a la hora de traducir esta novela es absolutamente
necesario tener nociones de química, puesto que medicamentos como el
Robitussin y compuestos como Dextromethorphan nos esperan
virtualmente en todas y cada una de las páginas de la obra.
De modo general podemos decir que, aunque existen obvias
diferencias, las siguientes obras (Girlfriend in a Coma [1998], Miss Wyoming
[2000], All Families are Psychotic [2001], God Hates Japan [2001], Hey
Nostradamus [2003] y Eleanor Rigby [2003]) siguen apostando por
presentar una trama argumental compleja y bifurcada poblada por
personajes sumidos en un estado permanente de letargo existencial y
propensión al nihilismo heideggariano. Además de las obvias dificultades
que entraña su traducción como textos postmodernos, se añade en todas
ellas un significativo número de términos y conceptos técnicos y científicos.
Asimismo, Coupland muestra una indudable tendencia hacia los términos no
ingleses, que se evidencia muy especialmente en God Hates Japan, donde
párrafos enteros del texto se ofrecen al lector en un perfecto japonés que
Coupland no es capaz de escribir pero los traductores informáticos han
convertido en idioma oriental para él.
Tras estas obras, llegará jPod (2006), ejemplo paradigmático de la
imbricación que se establece entre la narrativa de Coupland y la ciencia y
tecnología de los siglos XX y XXI. En es este sentido, la novela ofrece las
primeras cien mil cifras del número pi, invitando al lector a ubicar la cifra
incorrecta que Coupland ha colocado entre ellas (389-437); así como los
8.363 números primos entre el 10.000 y el 100.000, entre los cuales el lector
interesado habrá de encontrar la única cifra no prima (252-269).
Otro ejemplo interesante en este respecto lo constituye el siguiente
párrafo, escrito por completo en lenguaje de programación informática,
//called each frame and updates camera position based on position of its
target and the current camera cut void
GmMsCameraFollow::vUpdate(TReal rTimeDiff)
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// vUpdate2(rTimeDiff);
// return;
GmMsPosKeyFrame *poCurrentDesiredKeyFrame;
(…)
if(ReallsApproxZero(o Temp.m_rZ))
//If the player’s Z position hasn’t changed,
//then slide the box up
[o Temp.m_rZ = rTimeDiff*400.0f;]
else
//If the player’s Z position is changing, leave (444).
El último ejemplo de término científico complejo de traducir que
podemos encontrar en la novela jPod corresponde al término Econo/Stor©
(204).
Tras esta compleja y extravagante novela, Coupland publica The
Gum Thief (2007) que, sin ser precisamente sencilla, no alcanza las cotas
de complejidad expresadas con anterioridad. Sin embargo, en el año 2009
aparece la secuela de la opus primum de Coupland, Generation A (2009),
donde aparecen secciones criptografiadas, como la siguiente,
S/-/ip 70 T0ky0 fi135 L8r 70d4y. /\/0, 7/-/3y d0/-/’7 /-/4v3
4 m4(/-/i/-/3 5/-/4p3d 1ik3 4 fu(ki/-/g ki773/-/ 7/-/47 m4k35
5u5/-/i (292).
Asimismo, se juega en esta obra con nociones pertenecientes a la
lingüística cognitiva, como el siguiente ejemplo,
In any event, I feel that when you think of a coulour, the chattering part
of your brain turns off and you are calmed. I recomed this technique to
anybody in need of peace.
ATLANTIC FOG
BABY BLANKET
BAKERY BOX WHITE
BELL FLOWER
BITUMEN
BLUE ASTER
BLUE CORN
BOC TURTLE
BROOM HANDLE
CAKE BATTER
CAMEO
CASHEW
CHALKBOARD GREEN
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CLOUDLESS DAY
CURLEW
DAGUERROTYPE
DUCK’S BILL
FADED INK
FOXGLOVE (181)
Por último, creemos interesante remarcar el siguiente ejemplo, en el
que Coupland no sólo inventa el nombre, propiedades terapéuticas,
posología y efectos secundarios de un medicamento, sino que también
ofrece la formulación química del mismo, que reproducimos a continuación,
PRODUCT INFORMATION
SOLON CR©
(Dihydride Spliceosomic Protein snRNP-171)
Sustained-Release
Chronosuppresant Tablets
DESCRIPTION: SOLON is a protein with chronosuppresive features. It
is a synthetic splioceosomic protein, a complex of specialized RNA and
protein subunits that removes introns from a transcribed pre-mRNA
(hnRNA) segment (112).
La última novela del autor aparecida hasta la fecha, Player One
(2010), es una adaptación de las conferencias que el novelista impartió
como parte de las Massey Lectures a lo largo de una década. Una vez más,
en este caso tanto el lector como el traductor se verán forzados a reconocer
una larga lista de términos científicos y técnicos, sin los cuales le será
francamente difícil, cuando no imposible, comprender la obra en toda su
compleja y exuberante plenitud.
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