Ucoarte. Revista de Teoría e Historia del Arte, 10, 2021, pp. 138-154, ISSN: 2255-1905
LAS PINTURAS MURALES DE LA CAPILLA DE LAS ÁNIMAS
DE LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE MÁLAGA Y SU
CORRESPONDENCIA CON UNA OBRA GENOVESA
ALFREDO LARA GARCÉS
Universidad de Málaga
Fecha de recepción: 28/08/2021
Fecha de aceptación: 25/10/2021
Resumen
Aún ocultas y a la espera de su pertinente restauración, las pinturas murales halladas en
las paredes del camarín de la capilla de las Ánimas de la iglesia de San Juan Bautista de
la ciudad de Málaga, conforman uno de los escasos ejemplos conservados en la urbe de
ornamentación pictórica de carácter ilusionista en el interior de un templo. Pese a su
estado actual, las catas realizadas han permitido descifrar someramente su composición
a modo de pórtico abierto a un paisaje natural en el que emergen algunos edificios
históricos. El estudio comparativo de estos elementos con la semejante decoración de
la capilla genovesa del palacio Tobia Pallavicino supone la apertura de nuevas vías de
investigación en torno al origen de las pinturas malagueñas y su correspondencia con
las del monumento ligur.
Palabras clave
Pintura mural, Capilla de las Ánimas, Barroco, Siglo XVIII, Málaga, Génova.
THE WALL PAINTINGS OF THE CHAPEL OF THE SOULS IN THE
CHURCH OF SAINT JOHN BAPTIST OF MALAGA AND ITS
CORRESPONDENCE WITH THOSE OF THE CHAPEL OF THE
TOBIA PALLAVICINO PALACE IN GENOA
Abstract
The mural paintings found on the Souls chapel alcove walls in the San Juan Bautista
church in Malaga, which are still hidden and awaiting their relevant restoration,
represent one of the few conserved examples from illusionism painted decorations
inside a temple in the city. Despite its current state, the trials trenchings carried out have
allowed a superficially decoding of its composition like an open portico to a natural
landscape in which are emerging some historic buildings. The comparative study of
these decorative elements with the similar ones from the genoese chapel inside Tobia
Pallavicino palace, means the opening of new research approaches around the origin of
Malaga’s painting decorations and their correlation with the ligurian monument.
Key words
Mural painting, Chapel of Souls, Baroque, 18th century, Malaga, Genoa.
Las pinturas murales de la capilla de las Ánimas de la iglesia de San Juan Bautista de Málaga
139
Introducción
Tras el hallazgo en el año 2009 de las pinturas murales existentes en la capilla de las
Ánimas de la parroquia malagueña de San Juan Bautista, han resultado fallidas las escasas
iniciativas que, desde entonces, han surgido en torno a su recuperación y difusión. Ocultas
tras un cortinaje y en serio peligro de desaparición, suponen un interesante testimonio acerca
de la ornamentación pictórica del Barroco en la ciudad de Málaga y su desarrollo en los
espacios interiores de la arquitectura eclesiástica del siglo XVIII. Junto a ello, durante el
presente año el valor de su conocimiento se ha visto aquilatado por las concomitancias que
tras un estudio visual y comparativo ante la ausencia total de referencias documentales en
torno al origen de las mismas han sido detectadas respecto a las pinturas existentes en el
ábside de la capilla genovesa del palacio Tobia Pallavicino, realizadas por el artista ligur
Lorenzo de Ferrari en torno a 1740. El presente artículo trata de visibilizar esta desconocida
y frágil pieza del patrimonio histórico-artístico malagueño planteando además la hipótesis de
un origen común al de las pinturas del oratorio genovés en cuanto a sus fuentes de inspiración
se refiere.
La capilla de las Ánimas: origen, morfología e imagen primitiva
La fundación de congregaciones dedicadas al culto de las Ánimas del Purgatorio surgirá
como reacción a las corrientes luteranas que negaban la existencia de este ámbito
supraterrenal como paso previo del acceso de las almas difuntas al Paraíso
1
. El carácter
eminentemente asistencial de estas hermandades, focalizado en el sustento funerario
dispensado a sus hermanos, fomentará la presencia de las mismas en casi todos los templos
de la urbe. La Hermandad del Santísimo Cristo de Ánimas, asentada en la parroquia de San
Juan, será una de las más pujantes de la ciudad de Málaga dentro de su género, consiguiendo
pingües beneficios a través de importantes rentas y bienes raíces de su propiedad. Dicha
estabilidad económica se verá materializada en una espléndida capilla construida y
ornamentada durante la segunda mitad del siglo XVIII
2
.
Morfológicamente, la capilla tiene planta cuadrada cubierta con bóveda semiesférica
rematada en cupulino y elevada sobre tambor cuyo anillo descansa sobre pechinas. La
ornamentación de yeserías parte desde dichas pechinas, las cuales se definen con molduras
mixtilíneas que encierran menudas guarniciones de elementos vegetales con espejos en su
centro. El anillo, por su parte, presenta el friso decorado con roleos y los ejes resaltados con
cartelas de acantos, dando paso tras ello al potente tambor. Este se estructura a través de
pilastrones corintios de fustes quebrados con decoración vegetal en su interior, los cuales
enmarcan cuatro plafones conformados con placas y molduras recortadas en cuyo centro se
sitúan tibias y calaveras tocadas con atributos de estamentos eclesiásticos: tiara, mitra, bonete
y otra descubierta. Desde los pilastrones arrancan los nervios de la bóveda que, junto con los
segmentos, aparecen guarnecidos con placas recortadas, los primeros; y molduras mixtilíneas,
veneras y follaje, los segundos. La linterna, que actúa como eje en el que confluyen los
distintos componentes de la bóveda, suscribe los mismos elementos decorativos ya citados y
se corona con un gran plafón central
3
.
Bajo la bóveda, la pared frontal de la capilla se abre con una gran hornacina central casi
a modo de camarín flanqueada en el intradós por pilastras cajeadas decoradas con festones
y capiteles de orden compuesto. En cuanto a los muros laterales, estos se componen de arcos
1
Sánchez López, 2001a: 153.
2
Sánchez López, 1990: 82.
3
Camacho Martínez, 1981: 202.
Alfredo Lara Garcés
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ciegos enmarcados por molduras mixtilíneas, y ornamentados con elementos del repertorio
rococó: cintas, medallones y rocallas. Bajo estos se cobijan unos originales doseles realizados
con telas encoladas que denotan la ejecución de esta parte de la capilla en fechas cercanas a
las postrimerías de la centuria. La riqueza plástica de la capilla se aquilata con el acabado
cromático de sus elementos, compuesto por el blanco de los paramentos, el tono gris-azulado
de las molduras, el color rdeno de pechinas, pilastras y algunos detalles ornamentales y los
dorados contrastados con blanco del resto de elementos decorativos (fig. 1).
El discurso simbólico y estético se completaba con el preceptivo amueblamiento
retablístico y tenía su razón de ser en las imágenes titulares que, entronizadas allí, presidían
tan fascinante estancia. Tanto los informes e inventarios emanados tras los sucesos de los
años 30 como las dos fotografías conservadas anteriores a dicha década serán las fuentes
documentales que revelen el aspecto primitivo del conjunto artístico de la capilla. Así pues,
orlados por un retablo barroco de potentes estípites ornamentados con carnosos festones,
embocadura de ricos golpes de talla y quebrado entablamento, se presentaban el Crucificado
de las Ánimas y una Dolorosa sedente a sus pies. Según las fuentes escritas, tras estos, un gran
lienzo ocupaba el testero del fondo de la hornacina; mientras sobre el altar se disponía un
busto de Ecce Homo pintado en acuarela, obra de Joaquín Martínez de la Vega4.
Respecto al retablo, la información visual sobre el mismo es muy limitada, aunque el
empleo de estípites como soportes y, sobre todo, el diseño de estos nos induce a relacionarlo
con ejemplos del primer cuarto del siglo XVIII de la ciudad, cuyos modelos serán tomados
4 Pérez López, 1903: 212.
Fig. 1. Capilla de las Ánimas del Purgatorio.
Segunda mitad del siglo XVIII.
Iglesia parroquial de San Juan
Bautista. Málaga. [Autor].
Las pinturas murales de la capilla de las Ánimas de la iglesia de San Juan Bautista de Málaga
141
como referencia hasta los años centrales de la centuria5. No obstante, dado el reducido
espacio del paramento frontal de la capilla, copado casi en su totalidad por el hueco del
camarín, debió tratarse de una ensambladura de estructura sencilla, dispuesta a modo de
portada de la citada hornacina. En cuanto al Cristo de las Ánimas, a pesar de que estas
hermandades de sufragios solían contar como titular con un cuadro o relieve con la
representación de la Santísima Trinidad o la Virgen como corredentora de las almas
redimidas en el purgatorio, en el caso de la congregación de San Juan se optaría por una talla
escultórica de Cristo muerto en la Cruz.
Esta concepción del crucificado, como mediador de las almas ante Dios, no fue un hecho
aislado en la ciudad, puesto que la Cofradía de las Ánimas de los Ciegos del convento
franciscano de San Luis el Real ya había sentado precedente, en 1649, al concertar para su
capilla la hechura de un crucificado
difunto con el escultor Pedro de
Zayas6. El destino quiso que ambas
corporaciones acabaran juntando
sus caminos cuando tras la citada
reforma de la parroquia, culminada
en 2009, el titular de la actual
cofradía fusionada pasara a presidir
la capilla de la caduca hermandad
de San Juan.
No obstante, como se ha citado,
ocupando el testero frontal del
camarín se situaba un lienzo de
grandes proporciones7 del que se
desconoce su iconografía, pero
intuimos que, al igual que ocurriera
en la capilla de la Hermandad de las
Ánimas de San Francisco, en la de
San Juan se darían cita tanto la
estampa escultórica del crucificado
como la pictórica con la tradicional
advocación mariana. La presencia
de dicho cuadro, además, daría
sentido al repertorio figurativo
mural descubierto en las paredes
de la hornacina, el cual actuaría
presumiblemente como marco
paisajístico, escenográfico e
incluso simbólico, del asunto
principal plasmado en el lienzo
(fig. 2).
5 Vid. Lara Garcés, 2015: 43-76.
6 Sánchez López, 2001a: 153.
7 Parroquia de San Juan. Relación de hechos ocurridos en esta parroquia, con motivo de la guerra
determinada por el levantamiento cívico-militar del 18 de julio de 1936, Informe rubricado por el párroco
Emilio Cabello el 24 de octubre de 1938, Archivo Histórico Diocesano de Málaga, Málaga (AHDM),
Obispado de Málaga, legajo 12, pieza 2, s/f.
Fig. 2. Capilla de las Ánimas (detalle de la hornacina principal
flanqueada por estípites y de las imágenes del
Crucificado y la Dolorosa). Antes de 1931. Iglesia de
San Juan Bautista. Málaga. Foto: [Colección
particular].
Alfredo Lara Garcés
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Centrándonos en el titular escultórico, el Cristo de las Ánimas era un crucificado difunto de
tres clavos, de marcada frontalidad y cabeza inclinada hacia el lado derecho. Media 1,60
centímetros de altura, alcanzando junto con la cruz los 3 metros8. La testa se resolvía con
una cabellera lacia peinada al centro, y repartida a uno y otro lado de la cara con dos gruesos
mechones, compactos y ondulados, que caían sobre la zona infraclavicular del torso. La barba
bífida era ancha y se hundía sobre el pecho. Los brazos rectos, casi en paralelo al madero,
reforzaban la composición frontal de la escultura, quizás por su condición de imagen de culto
interno no sujeta a la necesaria visión poliédrica de la imaginería procesional. El modelado
era somero, aunque más pormenorizado en el esternón y las regiones intercostal y abdominal.
Los mayores recursos expresivos se vinculan a la policromía, que parece de tonos claros
en las carnaciones y más intensos en los regueros de sangre que recorrían el pecho, los brazos,
la llaga del costado y las piernas. Junto a ello, la talla completaba su naturaleza escultórica
con elementos postizos de carácter escenográfico en busca de una mayor verosimilitud. Estos
eran una gruesa corona de espinas metálica a modo de “turbante” y el perizoma de tela
anudado sobre el costado derecho de la cadera, y de voluminosa caída. Se disponía la imagen
sobre una cruz de madera cepillada, de sección rectangular achaflanada, con pirindolas y
ribetes metálicos en los remates y los perfiles, respectivamente. Remataba el estipe un sinuoso
Titulus Crucis.
Por su parte, no sabemos en qué momento se situaría la Dolorosa sedente a los pies del
crucificado. En cualquier caso, su incorporación junto al Señor determinará la composición
de una escena iconográfica distinta: el Misterio del Stabat Mater, incrementándose de paso la
riqueza escultórica y semántica del conjunto de la capilla. Esta enigmática imagen mariana
será relacionada con la primitiva talla de la actual Virgen de Lágrimas y Favores.
Particularmente, esta efigie era una imagen de vestir que suscribía los patrones
iconográficos barrocos de Virgen Dolorosa en su vertiente devocional universalizados por
José de Mora y sobre todo Pedro de Mena, derivados del exitoso modelo quinientista de la
Soledad creado por el escultor Gaspar Becerra9. Presentaba un rostro de hondo lirismo, cuyo
óvalo facial dibujaba un vértice de mayor angulación hacia la barbilla, el cual, junto con la
nariz recta, un tanto prominente y prolongada y los ojos entornados provocados por la
mirada baja, concordaban con los de la talla mariana recuperada en la posguerra. Sus manos
estaban unidas, en un gesto de recogimiento, redundando todos estos elementos en la
manifestación expresiva del profundo dolor contenido.
Los recursos escultóricos de cabeza y manos se veían complementados por las vestiduras
naturales, los postizos y el ajuar metálico. El diseño del atuendo estaba sujeto, lógicamente,
al gusto y las modas de cada época. Las fotografías existentes debieron realizarse entre finales
del siglo XIX y principios del XX, pero siempre con anterioridad a 1931. La indumentaria
de la Virgen en estas instantáneas se acerca a la de los modelos escultóricos de Dolorosa
promulgados por Mena en cuanto al tipo y disposición e incluso tonalidad de las prendas
empleadas, aunque trasladados, obviamente, al material textil. No sería descabellada dicha
inspiración dado el tremendo seguimiento que hasta principios del siglo XX tendrán los
citados modelos menoides en la ciudad en parte confundidos con la personalidad de Fernando
Ortiz10 los cuales no solo afectarán a la práctica escultórica decimonónica, sino también a
8 Palomo Cruz, 2005: 10.
9 Sánchez López, 2001b: 245.
10 Sánchez López, 1996: 292.
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otras disciplinas artísticas en lo que ha venido a teorizarse como un auténtico revival en torno
a la estética del maestro granadino11.
Por tanto, enmarcaba el rostro de la imagen una toca de color claro sobre la que se
disponía el manto, el cual caía desde la cabeza hacia los hombros, desembocando en el suelo.
No obstante, recogía sus extremos en los brazos, dejando al descubierto, sobre el pecho y las
piernas, la túnica de tonos oscuros. Bajo esta se distinguía la punta del pié izquierdo,
detectándose por lo tanto la composición adelantada de esta pierna. En ocasiones, el manto
le era dispuesto sobre la cabeza a modo de amplia capucha, creando mayores claroscuros
sobre el rostro en un remedo de las afinadas hasta el extremo láminas de los mantos
tallados por Mena. Este recurso aumentaba la expresividad del simulacro y hacía más visible
la peluca de cabellos naturales que completaba el aderezo de la imagen. Finalmente, de
acuerdo a su condición de Mater Dolorosa, un puñal traspasaba su corazón como evocación
simbólica de la profecía del anciano Simeón y un halo de estrellas o una diadema plateada
coronaba su testa como Madre del Hijo de Dios12.
En cuanto a la acuarela de Martínez de la Vega, será pintada y donada a la capilla de las
Ánimas por el artista decimonónico en 1893, en memoria de su difunta esposa Dolores
Casilari. De hecho, se disponía sobre el altar en un marco neogótico tallado por el escultor
malagueño Antonio Casasola13 con la siguiente inscripción: A la memoria de Dolores Casilari de
J. Martínez de la Vega. 1893. Rogad a Dios por su alma. Esta interesante imagen del Ecce Homo
parte de los modelos barrocos menoides retomados como se ha citado con inusitada fuerza
en la ciudad, a modo de revival, durante el siglo XIX para fundirlos con las modernas
tendencias simbolistas promulgadas en Europa en este momento. Dañado y desaparecido
temporalmente tras los sucesos de 1931 y 1936, será restaurado por el pintor Murillo Carreras
y depositado en el Museo de Bellas Artes donde aún hoy se conserva14.
Una vez perdidos el retablo y las demás obras escultóricas y pictóricas de la capilla, esta
se recompondría con una imagen seriada de los talleres de Arte Cristiano de Olot de
inconsistente calidad artística. Habrá que esperar a la última restauración del templo, ya en el
siglo XXI, para que de nuevo la capilla fuese presidida por un simulacro escultórico en
consonancia con el valor patrimonial e histórico de la misma.
11 Vid. Sauret Guerrero, 1990: 99-121.
12 Sánchez López, 1996: 281-282.
13 El prolífico taller de los hermanos Casasola será autor de otras importantes obras retablísticas y
escultóricas en la parroquia de San Juan.
14 Sauret Guerrero, 2001: 373.
Fig. 3. Bóveda de la capilla de las Ánimas. Iglesia
de San Juan Bautista. Málaga. Foto:
[Autor].
Alfredo Lara Garcés
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Simbólicamente, los diferentes motivos desplegados en la capilla aluden deliberadamente
al tema central de la muerte calaveras de Papa, obispo, eclesiástico y seglar insondable a la
condición humana con independencia de su estatus vital, y la variabilidad del tiempo y la
fugacidad de la vida espejos que nos recuerda la inutilidad del apego a los placeres
materiales y terrenales. Se trataba pues de componer un sugestivo y catequético memento mori
en perfecta consonancia con el culto desarrollado por la Hermandad de las Ánimas del
Purgatorio y, en definitiva, con uno de los grandes asuntos del Barroco (fig. 3).
La ornamentación pictórica de carácter ilusionista
En dicho contexto arquitectónico, ornamental y simbólico se encuentran las pinturas
murales descubiertas tras la realización de unas catas, tanto en los paramentos interiores de
la hornacina como sobre los doseles de las paredes laterales durante la rehabilitación del
templo llevada a cabo entre los años 2005 y 2009. El hecho de no haber sido posible hasta
el momento la restauración de estas pinturas, impide por ahora realizar un estudio técnico
pormenorizado e integral, así como una posible interpretación de estos elementos dentro del
programa iconográfico global de la capilla.
Tampoco se ha encontrado documentación escrita o gráfica que aluda directamente a
estas pinturas, por lo que, en espera de dicha intervención especializada y científica, solo
puede ser descifrado lo que las catas realizadas muestran. Así pues, si bien no es posible
desarrollar un discurso plenamente documentado sobre la cronología, el mensaje o la autoría
de estas pinturas, la observación y el análisis formal de las mismas permite, al menos,
vislumbrar una serie de concordancias con algunos de los motivos ornamentales de la capilla,
que revelan su más que posible relación con el proyecto original acometido en la
ornamentación de dicho espacio.
Centraremos el estudio en las catas realizadas en las paredes de la hornacina-camarín, las
cuales revelan una representación pictórica de carácter paisajístico y arquitectónico. La misma
se estructura a través de una serie de pilares al menos dos a cada lado de la hornacina entre
los cuales se vislumbra un paisaje donde observamos tanto edificios turriformes rodeados de
vegetación como diferentes especies arbóreas. La composición de dicho paisaje se presenta
con la línea del horizonte dispuesta a la altura del primer tercio de los soportes fingidos,
dejando el resto de la altura de los paramentos para el desarrollo de un celaje de tonos azules
y verdosos. Suaves cumbres de montañas de tonos marrones marcan el citado límite entre el
cielo y la tierra y el fondo de la vista, desplegándose en primer término diversas especies
arbóreas. En el caso de las del lateral derecho de la hornacina, los árboles se disponen
paralelamente en grupos de dos y tres ejemplares, y presentan alzados muy esbeltos con finos
troncos de extrema verticalidad y ramas de proyección horizontal y escasa frondosidad. Por
su parte, el lado izquierdo concentra la presencia de arquitecturas, concretamente dos
edificios cuyas cubiertas y torres emergen entre el montuoso paisaje, enmarcados por lo que
parecen abetos.
El primero de los edificios muestra una torre de planta cuadrada cubierta con alta cúpula
rematada con chapiteles, junto a la cual se intuye otra de similares características, pero de
menor tamaño quizás por encontrarse más lejana. El segundo, muestra un frontis
triangular centrado por un óculo flanqueado por un grueso torreón de planta circular cubierto
con cúpula sobre abultado anillo y rematada con pináculo de menor esbeltez que en al
anterior caso. En cuanto a las antas, estas se elevan sobre altos plintos cajeados y se coronan
con capiteles de orden compuesto. Estos soportes son de color grisáceo, aunque presentan
los fondos de las cajas de color cárdeno, sobre los que, además, cuelgan festones de tonos
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amarillentos. En conjunto, estas pinturas parecen simular un espacio arquitectónico, a modo
de pórtico-mirador, abierto a la naturaleza y el paisaje. La intención de crear un efecto visual
ilusionista se ve reforzada además por la perspectiva forzada a la que se someten los pilares
representados en el centro de los paramentos laterales, los cuales se adaptan al reducido
espacio rectangular de la hornacina y generan una mayor sensación de tridimensionalidad y
profundidad de la composición al ser contemplado el camarín desde la posición frontal
habitual (figs. 4-7).
Figs. 4-7. Distintos detalles de las catas realizadas: edificios torreados, especies arbóreas, y celaje.
Foto: [Autor].