o sus trabajos en torno a los años 50 para la parroquia
de San Mateo y en el convento mercedario calzado. Una actividad laboral que parece
languidecer a partir de 1550.
Paralelamente y como muestra del prestigio alcanzado, Álvarez fue elegido para continuar
proyectos de la entidad del Puente de Cartuja, para dar diversos dictámenes y aprecios de
obras, así como para que fuera aceptada su propuesta de tomar a su cargo el grave problema
con el abastecimiento de agua que soportaba la ciudad.
Este periplo laboral fue recompensado con una acreditada posición social que le permitió
llevar una vida desahogada económicamente, ya intuida por los estudios que se han acercado
a su figura,
Como tales herederos, la viuda, Isabel de Andino, junto con sus hijos
Diego, Jerónima y Blasina, ésta última representada por el convento del Espíritu Santo donde
era monja profesa, y su nieto Fernando Álvarez Mexía nombraban a sus respectivos
apreciadores para la tasación del patrimonio dejado por el cantero. Francisco Ruiz de la Oliva,
Juan Rodríguez y Bartolomé Sánchez, albañiles y nombres bien conocidos dentro de la
producción arquitectónica local, tomaban el cargo, en primer lugar, de “apreciar y baluar la
casa y pozos y cañería y alcoba y pilar y todos los demás edificios que en esta heredad están”,
así como “cantillos y ripio y ladrillo y caños viejos y nuevos”. Es decir, todo el sistema de
captación y distribución con que el albañil se encargó de surtir de agua potable a la ciudad.
Los citados apreciadores pasaron posteriormente a tasar “las casas de su morada con la
bodega que sale a la calle del escuela”. Los carpinteros Bartolomé Ruiz Trompeta, Alonso de
Baño y Sebastián Sánchez se encargarán, por su parte, de evaluar con todo detalle lo
concerniente a la madera de la vivienda, bodega y el complejo edilicio de los pozos de
Álvarez, “y asimismo vieron las viñas y estacada naranjal y huerto que está en los dichos
pozos y asimismo vieron las dos aranzadas de pinal”.
A continuación de esto, Isabel de Andino incorporaba al auto de las particiones “todos
los bienes que quedaron del dicho su marido”. En este inventario, que incluía las tasaciones
anteriores de los inmuebles dadas por los peritos, se agrega todos los tributos que disfrutaba
su marido, las deudas a favor y la tasación del resto de sus activos.
Esta particular descripción y tasación de estos patrimonios permite conocer la
localización de cada uno de ellos, así como la distribución en las distintas estancias de la
vivienda, de lo que resulta una información de gran valor para conocer su ordenación. Palacio,
Portal, Cámara, Palacio Nuevo, Patio, Corral, Soberado del Trigo, Azotea y Soberado Alto eran los
diferentes espacios domésticos en que se distribuían los distintos elementos. El inventario
también detalla aquellos bienes que se acumulaban en los “pozos”, la citada heredad donde se
asentaba la estructura de captación de agua.
Presentado el inventario, Isabel de Andino pormenoriza los gastos de la “funeraria” que
habían de considerarse como parte del caudal que habría de ser repartido, pues se habían
pagado del dinero en efectivo dejado por Álvarez al fallecer. En el entierro y en los lutos para
la viuda y para el menor Fernando Álvarez Mexía se gastaron 17.529 maravedíes. Para el
mismo destino, se dieron 6.612 maravedíes a Jerónima y a su marido en cuenta de lo que les