
Documentación para una propuesta de reconstrucción virtual: Tristes Ayes del Aguila Mexicana y el grabado…
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descripción del túmulo se encuentra en verso, hecho que dificulta su análisis morfológico para
el posterior modelado tridimensional. En este sentido, se han descrito diferentes órdenes
arquitectónicos dentro de la máquina, su composición piramidal de tres cuerpos, elementos
aislados de su arquitectura como pedestales, capiteles, cornisas, molduras, arcos, barandales o
cúpula y los materiales empleados como mármoles, jaspes u oro, entre otros. También sus
iconografías, donde las aves fueron las protagonistas y, de entre todas, el águila como cenit de
la pira, junto a las abundantes métricas, epigramas y jeroglíficos7.
En cuanto a su autoría, esta no se cita de manera directa, pero en ella se advierte “la mano
anima de un indiano Apeles, causando a Phidias zelos”8, aludiendo a las doce esculturas, “los
cinceles olviden de Protógenes famoso, burlen de laborioso Praxiteles”9, indicándose así la
factura de un maestro mestizo o indígena en la máquina fúnebre10, quien contaba con una alta
capacidad artística, comparable con la talla de grandes creadores de la antigüedad: Fidias,
Protógenes, Praxíteles o Apeles, entre otros. Por tanto, se desconoce su mano, más allá de su
posible naturaleza racial, lo cual tampoco es un dato revelador, al ser una constante en los
territorios de ultramar, fruto de la realidad social de la Nueva España, donde “Españoles,
europeos, criollos, mestizos, indígenas y negros convivían y se relacionaban, luchaban y se
sometían, en un intercambio continuo de ideas y conceptos bajo la supervisión constante de la
Corona y la Iglesia, sus principales mentores”11. Al igual que en la metrópolis, los artífices
novohispanos se integraban en gremios por oficios artísticos: arquitectura (canteros, albañiles),
pintura (pintores, doradores), escultura (retablistas, entalladores, ensambladores) y platería (oro,
plata o batihojas), muy reformulados por nuevas ordenanzas con la llegada de la Ilustración y
las academias de corte europeo12. A pesar de la colaboración entre diferentes profesionales, los
conflictos entre ellos fueron una realidad, pues poco tiempo después a este evento funerario,
Antonio Moreno13, grabador en el libro de exequias, volvió a trabajar con el mismo equipo para
estampar las imágenes producidas para las honras a Fernando VI en 1760, pero publicada con
gran demora debido a los conflictos entre artífices, como indica Prieto Hames en su tesis
doctoral14. En aquella ocasión se dispusieron treinta y un jeroglíficos -obra de Moreno-, mientras
que en esta fueron treinta y cuatro, así como unos cincuenta poemas de diversas métricas, por
lo que no es de extrañar que se acabase publicando la relación de sucesos sin que estuvieran
listas las planchas con los emblemas, quizás sea este el motivo por el que no hay apenas
ejemplares de la oración fúnebre acompañada de la estampa del túmulo a Bárbara de Portugal,
a diferencia del caso de su esposo, publicado dos años después.
7 VV.AA., 1760: s.f.
8 Ídem.
9 VV.AA., 1760: s.f.
10 Para ser maestro se debía superar un examen teórico-práctico y, además, un certificado de limpieza de sangre. Sin
embargo, el crisol de razas de una sociedad plural hizo que se sustituyese por un informe de buenas costumbres del
aspirante. A pesar de ello, seguía rechazándose a negros y mulatos en estos oficios. En Halcón, 2001: 101.
11 Ibídem, p. 91.
12 Ibídem, pp. 98-99 y 101.
13 También conocido como Antonio Onofre Moreno, criollo nacido en la ciudad de México, donde se formará en
la Casa de Moneda como grabador. Tras su formación intensiva en un breve período de tiempo, abriría su propio
taller en la calle Tacuba, en el centro de la capital, a mediados de siglo. Realizó numerosas planchas calcográficas de
temática religiosa y algunas que representaban máquinas fúnebres como las de Felipe V en Guatemala (1747),
Fernando VI en México (1760) y la que estamos comentando. Cfr. Calvo Portela, 2023:
https://nierika.ibero.mx/index.php/nierika/article/view/604/761#info; y Donahue-Wallace, 2001: 292-293.
14 Prieto Hames, 2024a: 127.