El cuarto número de la revista Esferas Literarias, que se publicará en el último trimestre de 2021, contará con la sección monográfica El mal que no cesa: pestes, pandemias, plagas y enfermedades en la literatura y el arte occidentales. Además de esta, como es habitual, el número contará con las secciones Varia, Notas y Reseñas.

      El plazo de presentación de originales para la sección monográfica será desde el 15 de marzo hasta el 15 de mayo de 2021. Las contribuciones para Varia y Notas podrán enviarse, del mismo modo, hasta el 15 de mayo de 2021.

      Los envíos se realizarán a través de OJS desde la página de la revista (Enviar un artículo).

 

                                                                                                   Sección monográfica

            El mal que no cesa: pestes, pandemias, plagas y enfermedades en la literatura y el arte occidentales

                                     Coordinada y editada por Virginia Capote Díaz y Yadira Segura Acevedo

 

        Hay que remontarse al siglo V a. C. para certificar todo lo concerniente a la tipología discursiva de la llamada literatura pestífera, cuyos arcanos se remontan a los escritos reunidos por el historiador griego Tucídides bajo el título de Historia de la guerra del Peloponeso. Fue Tucídides quien consolidó el motivo literario de la peste (Ramírez de Verger, 1985; Alsina, 1987), referido a la pandemia que asoló Atenas (430-426 a. C.), después de haber devastado amplias zonas de Etiopía, Egipto y Libia, dejando a su paso, no solo un reguero de muertos y familias aniquiladas para festín de las ratas y todo tipo de alimañas, sino también y, sobre todo, el retrato de la descomposición moral de una sociedad que era capaz de visibilizar sus zonas más oscuras, sus pulsiones más abyectas, antes que quedaran atestadas las fosas comunes. En las páginas del historiador heleno numerosas descripciones entroncan con la estética del realismo escabroso, donde están presentes los múltiples estragos provocados por un sinfín de enfermedades y calamidades que se van adhiriendo a la propia pandemia, donde no faltan los tripajos descompuestos y humeantes, el olor a heces que todo lo invade, las aves que avizoran el sórdido banquete, los cuerpos arrojados a cualquier muladar para escándalo de los hombres y sus dioses.         Si para nosotros es importante Tucídides, es porque consolida un modelo arquetípico en el que la corrupción y la destrucción de los cuerpos lleva aparejada la degradación de las almas, la enfermedad irreversible del cuerpo social. Y es Tucídides quien primero nos cuenta que los atenienses “fueron víctimas de una amnesia total y no sabían quiénes eran ellos mismos ni reconocían a sus allegados” (1990: 472), consolidando de esta forma un motivo fundamental –—la “peste del insomnio”–—, desarrollado en la parte inicial de Cien años de soledad de García Márquez.

          Es evidente que las pandemias, pestes, enfermedades y plagas a lo largo de la historia han generado comportamientos parecidos, con protocolos y actitudes que guardan una gran semejanza, tal y como ha estudiado Susan Sontag en su clásico La enfermedad y sus metáforas (1996), y más recientemente Ole J. Benedictow (La Peste Negra (1346-1353). La historia completa, 2011) y Laura Spinney (El Jinete Pálido. 1918: La epidemia que cambió el mundo, 2018), referidos a la peste negra (1346-1353) y a la epidemia de 1918, respectivamente.  

        La peste, como tema literario, tiene su consolidación en un texto fundacional de nuestra tradición occidental, como es el Edipo Rey de Sófocles, en donde Edipo, empujado por los estragos de la peste tebana, desmontará, como ya analizó García Márquez, las reglas del género policial, siglos antes de que estas se hubieran creado para los lectores modernos, al descubrir de forma trágica el sino de su identidad. No menos importante resulta el modelo instaurado por Boccaccio a propósito de la peste que asoló Florencia en 1348 y que fue utilizada en su Decamerón para crear las condiciones de aislamiento necesarias que dieran rienda suelta a diez días de relatos continuados como antídoto a los zarpazos de la muerte que rondaba por los extramuros de la obra.

            En otro clásico de la literatura pestífera, el escritor inglés Daniel Defoe recogió en su Diario del año de la peste, a modo de queja, la degradación moral de la gente y “la corrupción de la naturaleza humana, la cual no puede tolerar el verse a sí misma en una situación más desgraciada que la de otros seres de su misma especie, y abriga una suerte de deseo inconsciente de que todos los hombres sean tan felices o estén en la misma situación desgraciada que ellos” (1969: 182). En una línea parecida se encuentra La peste (1947) de Albert Camus, inspirada en un primer nivel de lectura en la pandemia que asoló a Argel hasta 1944, aunque, en un segundo nivel se vislumbra una lectura simbólica que permite equiparar los estragos de la enfermedad con los provocados por la ocupación nazi en territorio francés.

          Textos de muy diversa condición y morfología, que van desde la tragedia profética, como La peste escarlata (1912) de Jack London, a la no-ficción o al cómic reconvertido en éxito televisivo (The Walking Dead), pasando por la novela clásica o la colección de relatos medievales, que apuntalan la riquísima dimensión simbólica que tiene la literatura pestífera y pandémica, con ejemplos de gran proyección literaria y social, como El amor en los tiempos del cólera (1985) o Del amor y otros demonios (1994), de García Márquez, el Ensayo sobre la ceguera (1995) de José Saramago, Peste & Cólera (2012) de Patrick Deville o Los días de la peste (2017) de Edmundo Paz Soldán.

           La pandemia mundial que estamos viviendo desde principios del año 2020 con la propagación del COVID-19, está generando todo tipo de textos, de morfología y alcance desiguales, que tratan de explicar la complejidad que entraña el azote de la enfermedad con multitud de derivadas literarias, monográfico de Esferas Literarias para el que se hace la siguiente llamada, con estas posibles líneas temáticas:

 

        a) La literatura (narrativa, lírica, teatro, ensayo, etc.).

        b) Otras manifestaciones culturales sobre la enfermedad (artes plásticas, fotografía, cine, series, periodismo, cómic, arte urbano, arte en redes sociales, videojuegos, etc.).

        c) Relaciones interartísticas acerca de expresiones de pandemias y plagas a lo largo de la historia.

        d) Reescrituras de obras clásicas sobre pandemias, enfermedades y plagas

        e) Arte y pestes

        f) Cultura de la COVID-19

        g) Arte, cultura, pandemia, biopolítica y necropolítica.

        h) Cultura, pandemia y cuerpos.